Con una inversión de 10.096 millones, el Ministerio de Educación Nacional y la Universidad del Valle iniciaron la construcción de una nueva infraestructura que fortalecerá las capacidades del Nodo Sevilla.
El acto, que se desarrolló este jueves 2 de octubre de 2025 en las instalaciones del nodo, contó con la presencia del viceministro de Educación Superior Ricardo Moreno, el vicerrector académico con funciones delegadas como rector Héctor Cadavid Ramírez, el vicerrector de regionalización Jaime Alberto Caycedo Ramírez, el alcalde de Sevilla Manuel Felipe Quintero, así como representantes estudiantiles Leidy Johanna Mejía de la Universidad del Valle y Any Sofía Londoño de la Institución General Santander.
Se trata de dos obras financiadas con el apoyo del Gobierno Nacional, que fortalecen la infraestructura física y tecnológica de la Universidad del Valle en el municipio de Sevilla.
Estas obras de infraestructura beneficiarán, no solo a los y las jóvenes de Sevilla, sino también de Caicedonia, Pijao, Córdoba, Buenavista y Génova, abordando los departamentos del Valle del Cauca y Quindío.
Dos edificios y el auditorio más grande del municipio
El primer proyecto se trata de la renovación de la infraestructura donde estaba funcionando el Nodo. Las actividades planteadas para esta fase se encuentran cambios de cubiertas y pisos, dotación de equipos tecnológicos. El avance de este proyecto va en un 65% de ejecución, destacó el vicerrector de regionalización Jaime Alberto Caycedo Ramírez.
La segunda obra se desarrollará en un lote contiguo, donado por la Alcaldía de Sevilla, en donde se construirá un edificio de aulas y laboratorio. La nueva edificación tendrá alrededor de 1.167 M2. Tendrá aulas de clases, 1 laboratorio de pruebas gastronómicas, 1 laboratorio agroambiental, 1 laboratorio de sistemas y desarrollo, auditorio, biblioteca, cafetería y baños.
“Esta nueva infraestructura fortalecerá nuestra capacidad institucional, para el desarrollo de nuestros programas académicos, así como otras actividades, tanto de bienestar como de extensión de nuestro nodo”, señaló el vicerrector académico Héctor Cadavid Ramírez.
Como comentó el vicerrector de Regionalización, la Universidad del Valle está trabajando desde ya para presentar ante el Ministerio de Educación Nacional la propuesta de conformación de la Seccional Eje Cafetero, integrada por la Sede Caicedonia y el Nodo Sevilla.
En estos 80 años de su creación, podemos afirmar que la Universidad del Valle ha consolidado un patrimonio material y simbólico, que va mucho más allá del ámbito académico. Nuestros campus universitarios son una muestra de cómo la arquitectura y la infraestructura son un elemento fundamental para la formación de generaciones de jóvenes que buscan la formación de excelencia en el nivel superior.
Cuando se piensa en la Universidad del Valle se piensa en un proyecto de región que es hoy un referente de inclusión, bienestar, investigación y de educación en los territorios. En los municipios donde se encuentran nuestras sedes, los campus son parte importante de la vida cultural, lo cual es una muestra del papel que desempeña nuestra comunidad académica.
La ciudadela universitaria de Meléndez de nuestra Sede Cali es un ejemplo notable de la forma en la cual arquitectura e infraestructura se conjugan para dialogar con el entorno, para articular conocimientos y albergar la universalidad de saberes. La construcción de lo que hoy es el campus, sirvió para alojar a los deportistas que competieron en los VI Juegos Deportivos Panamericanos, gesta que transformaría urbanísticamente la ciudad. Este fue un hito para el desarrollo de la ciudad porque a finales de los años 60 aceleró la expansión de Cali hacia el sur y se transformó en uno de los centros académicos y de actividad política estudiantil con mayor efervescencia para la época
Hace más de 50 años, el Campus de Meléndez abrió sus puertas a cientos de estudiantes que llegaron a formarse en la Universidad del Valle. Hoy, como parte de la conmemoración de estos 80 años de construir futuro, el presente número de la revista institucional Campulo hemos dedicado al tema “Infraestructura y arquitectura para la educación”.
Con esta publicación queremos resaltar los avances que hemos tenido en este aspecto. Muestra de ello la Casa de Paso del Cabildo Indígena Universitario y las obras que están proyectadas para la Seccional Tuluá y el Nodo Sevilla. Así mismo, hemos querido destacar la trayectoria de la arquitecta Gilma Mosquera, docente jubilada de la Escuela de Arquitectura, a quien el Consejo Superior aprobó otorgarle el Doctorado Honoris Causa en Artes por sus importantes aportes a la sociedad, que han sido centrales para entender, comprender y seguir estudiando la arquitectura del Pacífico colombiano.
La Universidad del Valle seguirá siendo referente en la arquitectura para la educación en Colombia. Con el aporte de nuestros docentes, estudiantes, empleados, funcionarios y egresados continuaremos construyendo y fortaleciendo nuestro legado material. Juntos, como comunidad académica seguiremos abriendo caminos y generando espacios de reflexión para que nuestros campus sean escenarios de encuentro, diálogo y creación.
Las raíces resilientes de la Capital del Café
Para entender el impacto de esta obra “es necesario recordar la historia de Sevilla”, dice el profesor Miguel Andrade, Coordinador de este nodo de la universidad. Durante décadas, este municipio fue un polo de desarrollo, un paso obligado en la ruta hacia del Eje Cafetero hacia Bogotá”; y su importancia se evidencia en que tuvo uno de los primeros cines en el país y en sus calles las mujeres vestían de guantes, abrigos de plumas y al salir de misa leían poesía.
Sin embargo, ante la guerra de nada valió que el padre casara a escondidas a parejas enamoradas de familias políticas adversas, la sangre corrió. Más tarde, vino la roya del café y como si fuera casualidad, se creó la calzada alterna por la Tebaida para llegar a Bogotá. Muchas familias emigraron para la cordillera occidental, otras se aferraron con paciencia al café y a la música para sembrar paz.
Carreras del futuro con tonos tradicionales
Ahora, la seccional del Eje Cafetero ve llegar jóvenes de 20 municipios del Valle del Cauca y sur del Quindío, quienes se entusiasman al conocer que una variada oferta académica está cerca de sus casas y que compiten con las grandes ciudades. Sin duda, la capital cafetera de Colombia demuestra que lo importante no es la cantidad de avenidas o calles, si no la calidad de la educación.
El eje cafetero vallecaucano, patrimonio turístico, académico y científico de Colombia
Por Laura Parra
Sevilla es un municipio empinado que, a mediados del siglo pasado, se reconoció como capital cafetera de Colombia y crecía a la par de Cali con 80 mil habitantes. Por una serie de infortunios, su ritmo de tangos y café fue mermando, y el título de esta ciudad se fue olvidando. Ahora, en esta región de heliconias y orquídeas florece la expansión de la Universidad del Valle con una inversión de más de 10 mil millones de pesos que impulsa al nororiente del departamento.
El proyecto de expansión, que se gesta sobre una donación de 3.000 m² de terreno y más de 1.500 m² de infraestructura, responde a la creciente demanda de estudiantes de más de 12 municipios de la región y a un trabajo articulado con el Gobierno Nacional.
Laboratorios de inteligencia artificial y más aulas de clase se alistan para el aumento de la oferta académica. Para profesores como Fernando Moreno Betancourt y Miguel Andrés Andrade, era momento de tener un campus universitario que garantice todas las condiciones de calidad e investigación, que enamore a sus estudiantes desde el primer día, que les inspire orgullo y ofrezca las bases suficientes para desarrollar todo su potencial.
Este ideal nueva edificación será de tres pisos, con una capacidad de 1.600 m², y contará con:
Un auditorio para más de 150 personas, el más grande del municipio.
Tres laboratorios de última tecnología, especializados en nutrición y calidad (enfocados en el café), suelos y aguas, desarrollo de software e integración de la inteligencia artificial.
Nuevos salones, oficinas administrativas y conectividad de alto rendimiento.
Actualmente, “las obras tienen un avance de más del 6% y un cronograma por delante de lo planeado”, evidencia de eficiencia y tecnología de punta, según el profesor Edwin Arango Espinal, Director de la seccional Eje Cafetero que comprende a Sevilla y Caicedonia. Además, este proyecto incorpora una perspectiva bioclimática que considera la dirección de los vientos y los movimientos del sol, lo cual favorece los ambientes frescos y el disfrute de un paisaje con plataneras, cafetales y casas de colores que se divisan desde la colina.
Las raíces resilientes de la Capital del Café
Para entender el impacto de esta obra “es necesario recordar la historia de Sevilla”, dice el profesor Miguel Andrade, Coordinador de este nodo de la universidad. Durante décadas, este municipio fue un polo de desarrollo, un paso obligado en la ruta hacia del Eje Cafetero hacia Bogotá”; y su importancia se evidencia en que tuvo uno de los primeros cines en el país y en sus calles las mujeres vestían de guantes, abrigos de plumas y al salir de misa leían poesía.
Sin embargo, ante la guerra de nada valió que el padre casara a escondidas a parejas enamoradas de familias políticas adversas, la sangre corrió. Más tarde, vino la roya del café y como si fuera casualidad, se creó la calzada alterna por la Tebaida para llegar a Bogotá. Muchas familias emigraron para la cordillera occidental, otras se aferraron con paciencia al café y a la música para sembrar paz.
Carreras del futuro con tonos tradicionales
Ahora, la seccional del Eje Cafetero ve llegar jóvenes de 20 municipios del Valle del Cauca y sur del Quindío, quienes se entusiasman al conocer que una variada oferta académica está cerca de sus casas y que compiten con las grandes ciudades. Sin duda, la capital cafetera de Colombia demuestra que lo importante no es la cantidad de avenidas o calles, si no la calidad de la educación.
Por Laura Parra
“Este es el terreno que cumple nuestras expectativas” dijeron las directivas, al adquirir el Campus Villa Campestre del municipio de Tuluá; y “no se va a quedar pequeño”, añadió el estudiantado de la época. Así, cada tanto, este campus ha venido creciendo con salones, laboratorios y un polideportivo. Este año, con un financiamiento del Gobierno nacional que asciende a cerca de 20 mil millones de pesos, la construcción de un nuevo edificio de aulas comienza en el campus Villa Campestre.
Este proyecto, que se espera esté terminado para julio de 2026 responde a un crecimiento sostenido de la matrícula y fortalece el corazón de la educación pública vallecaucana.
Un sueño de 20 años se vuelve realidad
El nuevo edificio de tres pisos contará con 16 salones de clase, un espacio vital para el crecimiento académico de la sede. Proyecto que se complementa con la adición de 10 aulas móviles. Con una iniciativa que suma 3.500 millones de pesos en inversión, esta construcción móvil incluye seis salones de clase, un laboratorio de ciencias básicas, dos oficinas y espacios para servicios. Obras que permitirán aumentar de 2.200 a 3.500 estudiantes.
“Este sueño se viene materializándo desde el 2005”, cuando la gobernación del Valle entregó el terreno a la Universidad en conmemoración de los 60 años, recuerda Luz Marina Arango, Bibliotecaria de la institución, quien ha sido testigo de cada avance.
Desde ese entonces, se han buscado estrategias para lograr incluir la ampliación en los proyectos de Planeación Nacional, explica el profesor Reinaldo Sabogal, director de la Sede.
Innovación en la gestión pública: el sello del siglo XXI
Esta sede continúa con su espíritu innovador que la caracteriza. Pionera en la carrera de Construcción, la calidad de la obra no podía ser menor: estos proyectos implementan la metodología BIM (Building Information Modeling), un modelo digital vivo e inteligente que reemplaza los tradicionales planos en 2D.
La adopción de esta tecnología implicó un desafío cultural y de procesos. El sector de la construcción, a menudo apegado a las costumbres de "siempre lo hemos hecho así", tuvo que adaptarse a una nueva forma de pensar. Ahora, el equipo del proyecto — desde profesionales en arquitectura, ingeniería civil hasta especialistas en redes eléctricas e hidrosanitarias— trabajan de forma colaborativa sobre un mismo modelo centralizado.
Esta estrecha coordinación evita conflictos y costosos "reprocesos" que, en el pasado, solo se descubrían en la obra, enfatiza la arquitecta Viviana Castillo, directora de Infraestructura de la Universidad del Valle. Desarrollo que se traduce en “una construcción mucho mejor planeada, con menos imprevistos, lo que garantiza el cumplimiento de los más altos estándares de calidad”.
Crecimiento con programas únicos y relevantes
La expansión de la infraestructura soportará la ampliación de la oferta académica. La sede planea incorporar seis nuevos programas de pregrado y seis de posgrado. De estos, al menos tres carreras de pregrado serán completamente nuevas para la Universidad del Valle e iniciarán en Tuluá. Este enfoque en la identidad local ya es una realidad. La sede de Tuluá es pionera en ofrecer el programa de Nutrición y Dietética de la Facultad de Salud.
Ubicación estratégica: Tuluá, epicentro regional
La inversión no es casualidad. Las autoridades nacionales reconocen la importancia estratégica de Tuluá, como "el centro del departamento", en el que convergen 14 municipios de las dos cordilleras. Además, esta ciudad es destacada por sus industrias en alimentos y la calidad de su sistema de salud, que demandan, de manera creciente, profesionales de alta calidad y competitividad como los de la Universidad del Valle.
Una casa con sentido de pertenencia, con espacios totalmente pensados y diseñados de acuerdo con sus cosmovisiones, con figuras representativas de su comunidad y con iluminación adaptable de acuerdo con sus celebraciones. Así es la nueva Casa de paso indígena de la Universidad del Valle.
Por Melissa Pantoja Osorio
La historia de la Casa de Paso Indígena de la Universidad del Valle es una historia de conquistas. Se remonta al año 2005, cuando, tras una serie de gestiones adelantadas por los entonces líderes indígenas estudiantiles como Marco Albeiro Gutiérrez Penagos, se consiguió en comodato un inmueble cedido por la Gobernación del Valle a la Universidad del Valle. Aunque no era lo mejor, esa casa se convirtió en un espacio de encuentro, resistencia y cuidado colectivo para generaciones de estudiantes indígenas provenientes del Cauca, Nariño y otros territorios del suroccidente colombiano.
“Cuando recibimos esa casa estaba prácticamente para ser tumbada, pero vimos su potencial. Soñamos que algún día ahí podría levantarse un lugar digno, y hoy ese sueño se ha cumplido”, recordó Marco Albeiro.
Para Luis Alberto Usa Tunubalá, exgobernador del CIU y estudiante de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, “ha sido un eje fundamental para los estudiantes indígenas y para las comunidades que vienen desde los territorios a Cali. Siempre hemos mantenido las puertas abiertas a quienes lo necesitan”.
Gracias al trabajo articulado entre la Dirección de Infraestructura Universitaria, el Cabildo indígena Universitario y la Vicerrectoría de Bienestar Universitario, se inaugura un edificio completamente nuevo, con capacidad para albergar a 40 estudiantes indígenas, en condiciones dignas, modernas y culturalmente pertinentes.
Esta casa, ubicada en el barrio Meléndez, representa no solo una mejora en las condiciones de vida de sus habitantes, sino un hito arquitectónico y simbólico que fortalece la permanencia, identidad y formación de los pueblos indígenas dentro de la educación superior.
Este edificio fue diseñado por la DIU, en colaboración con el arquitecto indígena Eyder Wuilson Ul Ascue, egresado de la Facultad de Arquitectura de Univalle, quien pertenece al pueblo Nasa. Este diseño fusiona los principios de la arquitectura occidental con los saberes ancestrales de los pueblos andinos, creando un diálogo entre cosmovisiones, formas y usos del espacio.
“La orientación del edificio, las formas geométricas de la fachada, los materiales, incluso la forma en que entra la luz solar, todo responde a nuestra cosmovisión indígena. El rombo, que aparece en la parte posterior de la fachada, representa el sol, la luna, los solsticios y los equinoccios. Es un símbolo poderoso de nuestros pueblos”, el arquitecto Wuilson UI.
Esta casa de paso cuenta con: cocina amplia, habitaciones totalmente adecuadas, terraza con paneles solares para generación de energía limpia, estudio adaptado con equipos tecnológicos, planta eléctrica de respaldo para emergencias, espacios pensados para la siembra de plantas medicinales, teatrinos, comedor comunitario y espacios sociales, entre otros. Aquí, los estudiantes pueden habitar, estudiar, dialogar y compartir sus saberes.
Para Miriam Andrea Montaño Velasco, actual gobernadora del Cabildo Indígena Universitario y estudiante de Administración de Empresas, “es un sueño colectivo hecho realidad. Aquí convergen la arquitectura, el pensamiento propio de nuestros pueblos y el conocimiento académico convencional. Es un espacio donde los estudiantes pueden sentirse acogidos, arraigados, y seguir construyendo su proyecto de vida en la universidad”.
Este edificio, refleja el compromiso de la Universidad del Valle con la educación superior, con la permanencia y el bienestar de sus estudiantes.
El Festival Internacional Unirock Alternativo (FIURA) llega este 2 y 3 de octubre de 2025 a la Universidad del Valle – Sede Meléndez (Cali) con más de 30 proyectos de música independiente.
Los artistas principales de esta XVII edición son:
⭐ El Haragán y Cía
⭐ Black Pantera
⭐ Silverio

A ellos se suman agrupaciones como Ordyn Nebur aka Chamizo, Take Off, Shikiman Lil, Fyah, Colérica, Dark Side, Últimos Nietos, Rex Marte, Juanvar, H2O - Hip Hop Organizado, Niko RST, Primal Sinner, N.O.F.E, D-Lirios, Vinilo Pintao’, El Pro, La Novena Agregada, Despertar Después del Medio Día, Orden Kaótico, Beyond I Die, Telégrafo, El Trío de las 3N, Mugre Sur, Lion Family Band, What Tha Funk, Smash-O y Samsara, entre otros...
Mañana comienza el festival y la boletería estará disponible en taquilla:
50 LKS x día
¡LA COMUNIDAD UNIVALLE TENDRÁ ENTRADA GRATUITA PRESENTANDO EL CARNÉ O TABULADO EN LA ENTRADA!
Adquiere tus entradas únicamente en el canal oficial de WhatsApp:
wa.me/573193392986

Más información en redes:
Instagram: @fiuracali
Facebook: Unirock FIURA
Por Edgar Cruz
Adscrito a la Facultad de Salud de la Universidad del Valle, se encuentra el Centro para el Desarrollo y Evaluación de Políticas y Tecnología en Salud Pública (CEDETES), creado en 1997 con la misión consolidarse como un centro interdisciplinario e interinstitucional para la investigación, innovación y desarrollo en la evaluación de intervenciones, tecnología y políticas en salud que brinden respuestas efectivas para mejorar la salud y el bienestar de los individuos, las comunidades y las poblaciones.
En la actualidad, CEDETES, con la perspectiva de la atención primaria en salud, trabaja un enfoque para garantizar el acceso equitativo y continuo a servicios de salud esenciales para toda la población, a partir de la promoción y prevención.
Como destaca la profesora Lena Barrera, directora de CEDETES, considerar este enfoque permite atender los problemas de salud desde la promoción, no únicamente desde el tratamiento o la intervención; y por eso, cada uno de los grupos y líneas de investigación del centro, trabaja en intervenciones, evaluación de estrategias o dispositivos que educan en salud, evalúan factores de riesgo o previenen problemas de salud de diversa complejidad que necesitan intervenciones en diferentes contextos tanto comunitarios como en instituciones especializadas.
Promoción, prevención y tecnología en salud
Este enfoque se centra en la atención primaria, a través del cual se enrutan y delimitan las acciones y las líneas de investigación emprendidas por cada uno de los grupos que componen el centro y tiene que ver con la distinción entre prevención de la enfermedad y promoción de la salud.
Nicolás Ortiz, profesor e investigador adscrito al grupo Condiciones de Vida en Salud, explica esta diferencia: “la prevención siempre está ligada a la enfermedad. Yo prevengo el cáncer, prevengo enfermedades de transmisión sexual. El ejemplo más claro para entender la prevención es la vacunación: se vacuna para prevenir enfermedades. Pero cuando hablamos de promoción de la salud, la gente la asocia con prevención. La verdad es que la promoción de la salud es más compleja, porque está relacionada con generar bienestar; no con curar enfermedades, sino con cómo hacemos para que la gente viva mejor; cómo hacemos para que la gente tenga más calidad de vida.”
Por lo general, se asocia al sector salud con el Sistema General de Seguridad Social; en particular, con las empresas o instituciones prestadoras del servicio. Pensar la promoción de la salud incluye a todo el conjunto de actores que genera bienestar, dentro del cual un centro de investigación como CEDETES juega un papel importante. Bajo estas consideraciones, la salud pensada según su promoción y desde lo que se hace para mejorar la calidad de vida de las personas, amplía considerablemente los campos de acción y las intervenciones en las que puede tener incidencia. “Un sistema de transporte masivo, limpio, cómodo, seguro, que no contamina el ambiente, que es amable para la gente: eso es promoción de la salud. Un parque seguro al que la gente pueda ir, eso es promoción”, ejemplifica el profesor Ortiz.
Así mismo, cuando hablamos de intervención, innovación o tecnología en salud imaginamos aparatos especializados para complicadas cirugías, avances en trasplantes, o tratamientos de punta para la cura o prevención de enfermedades hasta este momento imposibles o difíciles de tratar. Sin embargo, como lo explica el profesor Ortiz, va más allá. “En salud, aparece este concepto de tecnologías como dispositivos que nos ayudan a actuar en determinadas situaciones, las cuales no necesariamente pasan por lo que generalmente relacionamos con tecnología; por ejemplo, un protocolo de atención, una metodología de educación, pueden ser un desarrollo de un levantamiento y análisis de información poblacional para entender el problema de la pobreza y la salud. Entonces son dispositivos de diferente orden, una interfase entre quien opera y una población o una persona”.
La profesora Barrera recalca que el desarrollo de tecnologías desde protocolos hasta todos los componentes de telesalud como teleasistencia o teleconsulta permiten el fortalecimiento de la atención primaria. Desde CEDETES se está desarrollando la estrategia de fortalecimientode la atención primaria del Pacífico a través del Hospital Luis Ablanque de La Plata del municipio de Buenaventura. Esta estrategia integra la complejidad con los entes territoriales.
Como mensaje la profesora Barrera resalta que, este centro de innovación en investigación y evaluación en tecnologías para promoción, prevención e intervención de la salud se centra en el bienestar. “Tiene que ver con asuntos como la nutrición, o posibilidad de ambientes sanos desde el punto de vista de la contaminación; el fortalecimiento de las capacidades de los individuos para tomar las mejores decisiones para su bienestar; eso es educación para la salud, por ejemplo. Allí estamos trabajando”.
Grupos y líneas
CEDETES está soportado en el trabajo de 8 grupos de investigación en categorías B y C de Minciencias, cada uno de ellos con varias líneas de investigación que trabajan de manera inter y transdisciplinar:
-Cuidado de Enfermería
-Grupo de Investigación en Salud Sexual y Reproductiva
-Centro para el Desarrollo y Evaluación de Políticas y Tecnología en Salud Pública CEDETES
-Prevención y Control de la Enfermedad Crónica PRECEC
-Calimet (Calidad Y Metrología)
-Pacífico Siglo XXI
-Condiciones de Vida y Salud
-Grupo Salud Ocupacional Escuela De Salud Pública – Universidad del Valle
El Grupo de Investigación Cuidado de Enfermería, liderado actualmente por la profesora María Luisa Molano-Pirazán, desarrolla desde 1996 investigaciones que fortalecen la práctica disciplinar y promueven la humanización de la atención en salud. Sus líneas de trabajo incluyen el cuidado a escolares, adolescentes y adultos en salud y enfermedad mental; la atención a personas en situaciones de salud agudas y crónicas; el cuidado desí y de los otros; la pedagogía para el cuidado; y la sexualidad y procreación de los seres humanos a lo largo del curso de vida.
En este marco, el grupo ha impulsado estudios con niños con cáncer, familias de niños con síndrome de Down y procesos de duelo y pérdida, además de proyectos sobre universidad saludable, violencias basadas en género, suicidio en jóvenes, calidad de vida en niños con enfermedad renal crónica y validación de instrumentos. Sus aportes también se reflejan en la formación de talento humano en los niveles de pregrado, especialización, maestría y doctorado, donde la investigación se integra con la docencia y la proyección social.
En articulación con CEDETES y otros centros y grupos de investigación de la Universidad del Valle, el Grupo Cuidado de Enfermería ha contribuido a la gestión y desarrollo de estrategias de promoción de la salud, orientadas a incidir en políticas públicas y a mejorar el bienestar de las personas en diferentes etapas del curso de vida y en diversos entornos.
El profesor Nicolás Ortiz de la Escuela de Salud Pública hace parte del grupo Condiciones de Vida y Salud, donde se trabaja alrededor de las condiciones de vida que afectan la salud de las poblaciones. Sus líneas de trabajo están encaminadas en indagar cómo elementos o factores socioculturales alteran las condiciones de vida de las personas. En relación con prácticas sociales o imaginarios, menciona algunas de las líneas de trabajo de su grupo: “Otra línea o campo de trabajo son las políticas públicas, y cómo incide en la salud del otro. La otra línea es ¨los servicios de salud y las condiciones de vida¨ y otra es, ¨cómo incide la participación social, la acción colectiva de las personas en las condiciones de vida”.
Este grupo también trabaja sobre condiciones de desigualdad y vulnerabilidad con grupos específicos, como personas con tuberculosis, mujeres trans, población migrante venezolana, y familias pobres, trabajando la pobreza como una condición sociológica y estadística.
Pacífico siglo XXI es un grupo liderado por el profesor Bruno Gutiérrez de la Escuela de Odontología: “Apoyamos muchos proyectos en todas las áreas de la odontología, incluida salud pública bucodental y epidemiología. A su vez, trabajamos en abordajes diferenciales que dentro de entornos comunitarios y clínicos aporten a la construcción de atención primaria en salud y escenarios con prevalencias disminuidas de caries y enfermedad periodontal. Tenemos otras líneas con temáticas particulares como administración, auditoría de servicios de salud, revisiones sistemáticas, cáncer oral, odontología familiar, binomio madre-hijo, control de placa con la filosofía iTop y envejecimiento y vejez, todos enfocados al área de salud pública bucodental”.
Este grupo tiene contemplado dentro del currículo académico en odontología una clínica denominada Clínica de Atención Primaria en Salud para realizar y monitorear factores de riesgos sociales, clínicos orales y sistémicos y de mantenimiento en atención primaria en odontología. Uno de los elementos claves del grupo es la línea de odontogeriatría. “Actualmente nos encontramos en una transicion demografica y epidemiologica, tenemos una población de personas adultas mayores de 60 años aumentada, Colombia no es ajena a este fenómeno y la cavidad oral tiene una historia que contar alrededor del envejecimiento, es clave entenderla para poder abordarla”, dice el profesor Gutierrez.
La profesora Lena Barrera de la Escuela de Medicina y de la Escuela de Salud Pública también lidera el grupo Prevención y Control de la Enfermedad Crónica PRECEC,
centrado en la prevención y control de la enfermedad cardiovascular: “tenemos tres líneas: una, que hemos denominado génesis y desarrollo de la enfermedad cardiovascular, y viendo la génesis de la enfermedad crónica no solo desde el componente biológico, sino también conductuales y contexto familiar. Otra línea que estamos desarrollando, corresponde a los procesos de atención ofrecidos a las personas con enfermedad crónica. La tercera línea trabaja sobre el impacto de las intervenciones durante los procesos de atención en salud.
Este grupo también trabaja junto con el grupo de Bionanoelectrónica de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la Universidad del Valle en el desarrollo de dispositivos para ser utilizados en atención primaria con el objeto de fortalecer el monitoreo clínico en el domicilio.
El profesor Luis Fernando Rendón lidera el grupo CEDETES que tiene actualmente entre sus líneas de trabajo un convenio con la Secretaría de Bienestar Social y Desarrollo de la Gobernación del Valle para el seguimiento y caracterización de los usuarios de un programa de atención al adulto mayor. “Es un programa que tiene como referente los Centros Vida, centros día para adultos mayores en el Valle que tiene ocho sedes en ese momento, cuatro en Cali y cuatro en municipios del departamento: Buenaventura, Palmira, Buga y Cartago. Los usuarios de estos centros son población vulnerable y casi todos con efermedades crónicas y algunos con problemas mentales o con alguna otra limitación y pues los atienden en los les dan ese apoyo durante el día” precisa el profesor Rendón.
El grupo CEDETES acompaña el trabajo de otros grupos que trabajan temas relacionados con prevención de enfermedad cardiovascular y atención primaria en salud. Tiene otra línea de trabajo relacionada con el proceso de gestión clínica con hospitales, que hace seguimiento a todo lo que pasa con los pacientes cuando se hospitalizan; su estancia, su permanencia en la estancia y la seguridad del paciente.
Por Edgar Cruz
La arquitectura se define como el arte de idear, diseñar y construir edificios y estructuras donde se puedan desarrollar las actividades humanas, y que, además, sean funcionales y gocen de valor estético. Para Gilma Mosquera, arquitecta y docente jubilada de la Universidad del Valle, el interés de su trabajo ha estado centrado, no en la construcción de edificios, sino en la forma cómo la gente construye casas, construye pueblos, construye barrios. Y también en cómo esas construcciones están relacionadas con una cultura, con una forma de habitar y aprovechar la naturaleza, con la religión y con la vida en comunidad.
Egresada de la Universidad Nacional de Colombia, se vinculó como docente e investigadora de la Universidad del Valle en 1978, su trabajo y temas de investigación siguen vigentes en los trabajos de los estudiantes de la Escuela de Arquitectura y del Centro de Investigaciones en Territorio, Construcción y Espacio - CITCE que dirigió por muchos años y al que sigue vinculada como asesora. Mucho de su trabajo se centra en el hábitat de las comunidades afrocolombianas del Pacífico colombiano.
Agencia de Noticias Univalle: ¿De donde viene su interés por el hábitat en el Pacífico colombiano?
Gilma Mosquera: El interés sobre las comunidades del Pacífico y la forma como también construyen pueblos y construyen vivienda surge, no de un interés científico inicialmente, sino de una convivencia con las comunidades de Bahía Solano, donde con Jacques Aprile-Gniset, mi esposo, compañero de vida, de trabajo y de investigación,
construimos hace 53 años una casa y se establecieron unas relaciones de intercambio y ahí surgió la idea de averiguar sobre ellos.
ANU: En sus trabajos de investigación uno puede ver un especial interés permanente por la forma en que viven y construyen vivienda las comunidades del Pacífico. ¿Qué tienen de particular estas formas de vivienda?
GM:Trabajamos con la concepción de toda la región del Pacífico, desde desde la frontera con Panamá hasta la frontera con el Ecuador y los ríos, lo que se denomina las tierras bajas del Pacífico con unas investigaciones en cada uno de los diferentes territorios, pero con la concepción, primero, de la diversidad geográfica, ambiental, de la diversidad cultural y de la configuración de los poblados, del hábitat, pero también de la cultura. Para mí ha sido muy importante la relación entre lo que es la vivienda, el hábitat, la arquitectura y la cultura de acuerdo con las características de cada una de las comunidades
ANU: ¿Qué significa para usted haber sido elegida para ser parte del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, esta entidad que tiene un importante rol en la conservación del patrimonio cultural colombiano?
GM: Para mí es muy honroso. Además, es un reconocimiento a ese trabajo, particularmente en la región del Pacífico en la que trabajamos esa relación entre sociedad, vivienda y cultura.
En un momento determinado empecé a mirar cómo eran las distintas modalidades de producción de la vivienda y de los espacios de uso público de los pueblos y no se miraba el Pacífico bajo esa perspectiva cultural del hábitat de la vivienda. Entonces, a partir de las distintas investigaciones en las que participaban las comunidades, propusimos que el hábitat de la vivienda del Pacífico era un bien cultural, es decir que también deberíamos reconocerlo como una manifestación cultural, al igual que la gastronomía, que la música, que la danza, la vivienda y todo su sistema de organización espacial.

ANU: Cuando nos hablan de construcciones y patrimonio pensamos en casas con un valor histórico para preservar o restaurar; y también en estas otras actividades de carácter inmaterial que mencionaba anteriormente como festivales, danzas, comida. Usted dice que el patrimonio también tiene que ver con cómo viven las personas y cómo han construido su entorno.
GM: Creo que hay otra dimensión muy importante que es la historia y la manera como evoluciona el hábitat de la vivienda. Y desde el punto de vista de esa perspectiva de patrimonio, no es solamente aquel patrimonio culto de la música clásica o de esas edificaciones que hemos reconocido como patrimoniales - sino también los modos de vida de la gente, la forma como utiliza el espacio, el carácter del espacio colectivo donde se realizan esas manifestaciones culturales reconocidas, pues son también parte importante de ese patrimonio. La forma como una sociedad concibe, construye y usa sus espacios de acuerdo con sus valores culturales, con el valor o la consideración que tiene sobre el mundo material y el mundo espiritual y la relación entre esos dos mundos, y allí están las comunidades del Pacífico, pero también las comunidades indígenas o afrodescendientes, y también la gente en los barrios; en cualquier lugar de la ciudad tenemos esa relación que es de tipo cultural, que es la forma como habitamos y la forma como vivimos.
ANU: Usted recibe un doctorado honoris causa, el máximo grado que entrega la Universidad del Valle, por su trayectoria, y por su importante aporte a la sociedad y a la cultura.
GM: Yo estoy muy orgullosa, pero además estoy muy emocionada porque es el máximo reconocimiento que puede hacer la universidad a alguien, a una persona por su trabajo, por su trayectoria y por sus aportes. A mí la Universidad del Valle me dio la posibilidad, cuando me nombró profesora de tiempo completo en 1978, de trabajar este tema por cinco décadas, me dio los apoyos necesarios para investigar sobre un tema que me apasiona, pero no solamente la investigación, sino la posibilidad de transmitir el conocimiento a través de la docencia y de involucrar estudiantes en los distintos procesos de investigación.
ANU: Como profesora jubilada usted sigue aportando, dando ideas y en comunicación con profesores y estudiantes
GM: Yo siempre he tenido el deseo de estar aportando al desarrollo de las comunidades,
a que se entienda que la arquitectura popular hecha en cualquier lugar no es un problema, sino que es un aporte, que ahí hay unas alternativas y unas soluciones. Soy una profesora, que forma arquitectos con una sensibilidad social, una identidad nacional. Uno de los problemas es que no tenemos identidad nacional, desconocemos lo que somos por estar mirando aquello otro. Indudablemente el contexto de la arquitectura nacional e internacional es importante, forma parte de lo que los estudiantes aprenden, pero es necesario sensibilizarlos en términos de lo que es el país, de los distintos problemas en los que ellos después van a tener que trabajar, darles las herramientas necesarias para que puedan producir y ejecutar unos proyectos de excelencia. Ese ha sido siempre mi papel, de docencia, de transmisión, pero también la relación con las comunidades, porque para ellas, en ellas es donde se ven los distintos efectos de nuestro trabajo.
Por Diego Alejandro Guerrero
María Fernanda Ampuero es una periodista ecuatoriana que ha escrito varios libros de cuentos, entre ellos Pelea de gallos y Sacrificios humanos. En 2024 se publicó Visceral, un libro entre ensayos y autoficciones. Ella es reconocida como una de las voces más influyentes en el mundo de las letras contemporáneas.
Esta autora estuvo de visita en Cali, invitada a la programación del Festival de Literatura Oiga, mire, lea, que organiza la Biblioteca Departamental. La Agencia de Noticias Univalle tuvo la oportunidad de dialogar con ella y de tener un acercamiento a su obra.
Agencia de Noticias Univalle: Algunos críticos hablan de un elemento importante y central en tus cuentos. Se habla de la carne, de la herida, de la sangre. Quisiera que habláramos precisamente del lugar que ocupa el cuerpo y particularmente el cuerpo femenino en tu poética literaria.
María Fernanda Ampuero: Mientras me formulabas la pregunta, me ponía a pensar que es extraño que el cuerpo no haya sido un elemento central de la literatura universal, de aquello que Harold Bloom llamó el canon occidental. Creo que esto es una cosa muy de Occidente, blanco, grecorromano. Podría asegurar que en otras culturas, como por ejemplo en India, en su literatura el cuerpo está muy presente. Es que somos cuerpo, pese a lo que pueda decir cualquier filósofo alemán. Quizás ellos no lo son tanto, pero yo estoy aquí en Cali. Cómo no voy a hablar de ser cuerpo, cuando me han dicho que la salsa es poesía, con lo cual es un género literario que se genera con el cuerpo, ya ni siquiera que literariamente habla del cuerpo, sino se toma todas las pretensiones y todas las ideas, las metáforas y va directamente al asunto, al núcleo de la importancia del cuerpo, que es moverlo.
ANU: Y quizás eso lo pudiéramos ligar con algo que se menciona de tu literatura. Y es que incomoda, que duele, que da voz a esos cuerpos que se dan desde las otredades ¿Sientes que escribir es un acto de reparación?
MFA: Es difícil esa pregunta que me haces. ¿Reparación para quién? ¿Reparación, para qué? Yo creo que más bien - curiosamente - es un acto de solidaridad y empatía. Creo que las niñas, adolescentes y mujeres como yo, que no son físicamente ni por forma de ser ni por forma de vida canónicas o normativas, creen que están solas y no. Yo sí que creía que estaba sola, en esa sensación de odiar mi cuerpo, de sentir que me cambiaría por cualquiera. I’m a monster… la cita de Creep que, ya cancelamos a Radiohead entonces ya no podemos citarla. Yo era una persona que sufría, que era de la Facultad de Literatura, decía que era una creepy. Creo que no hay nada más horrible que sentir que eres una creepy y que estás sola, cuando somos un montón.
ANU: ¿Usted cómo hace para que en su literatura se plasme esa violencia, pero sin que se pierda la belleza en el lenguaje?
MFA: Bueno, esa es una parte que para mí siempre es difícil de responder, porque no me gusta mucho alabarme o ser como un señor blanco español, hablar de mi literatura y mi poética, y lo que hago, qué maravilla, me merezco esto... no me gusta hacer eso. Me gusta cuando tengo una oportunidad de hablar justamente de los y las marginales y de justo lo que tú decías de la violencia.
Si hay un trabajo duro en la literatura, es ese, el de buscar que cada palabra se convierta en bálsamo para ese horror que estoy contando. Es muy, muy difícil. Esa es mi búsqueda: decir una verdad dolorosísima de una forma bella. En eso se me va a ir la vida.
ANU: En Pelea de Gallos vemos una violencia íntima, cotidiana como territorio de exploración. ¿Qué la llevó a fijar su mirada como autora en esos espacios domésticos donde la crueldad muchas veces es silenciada’
MFA: Precisamente por eso, porque es silenciada. Creo que ya probablemente hay más libros sobre la guerra que sobre la violencia doméstica. No tengo los números pero, mirando la historia de la literatura, los libros icónicos no La Ilíada, Guerra y Paz, Por quién doblan las campanas… Y sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos estado en una guerra y cuántos de nosotros conocemos casos de violencia doméstica de cerca? Eso para mí era una obsesión ¿el material literario qué? ¿tiene que ser extranjero, lejano, epopéyico? ¿Donde los hombres se maten con otros hombres y donde las mujeres sean la razón por la que esos hombres se matan? cuando en verdad, en la vida cotidiana, en la vida de todas, de Latinoamérica y del planeta, hay muy pocos hombres yendo a la guerra y muchos hombres matando mujeres. Entonces, hablemos de esa otra guerra que se desarrolla en un campo pequeñito que es la casa de una familia.
ANU: En Sacrificios humanos da un salto y representa una violencia mucho más imbricada en el ámbito social. ¿Cuál fue esa motivación que la llevó a dar ese salto?
MFA: No están divorciados lo íntimo, lo social y lo público. En un hogar donde la gente sobrevive con menos de un dólar al día, no hay acceso a la salud, ni a la educación, ni a una posibilidad de cambiar de vida. No me refiero a lujos ni a que nos enloquezcamos con el capitalismo, sino me refiero a una vida digna, donde el Estado se asegure de que ninguna persona muera por falta de dinero. Creo que en esos lugares es donde se exacerba la violencia, porque hay un movimiento social que no quiere que esas personas salgan del lugar en el que están y viven. Para mí es importante hablar de eso, de la migración por ejemplo, porque hay un movimiento muy calculado que habla de “destruyo y consumo todos los bienes de un país, lo dejo en los huesos, me llevo el petróleo, me llevo sus bienes, me llevo absolutamente todos los minerales y dejo las montañas descascarada, pero luego no quiero que la gente de ese país venga a mi país”.
ANU: Pasemos ahora a Visceral, uno de tus libros más íntimos. Recuerdo mucho el texto con el que abre el libro, en donde se queja de la sociedad patriarcal que decide sobre los cuerpos de las mujeres y les prohíbe a unas niñas acceder a la interrupción del embarazo, al aborto. Quisiera que hablemos sobre lo que significó asumir esa postura tan personal, tan profunda, tan íntima.
MFA: Creo que es porque tengo edad de tener una hija o un hijo adolescente, y por otro lado, también porque tengo la edad que tenía mi mamá cuando yo era adolescente. El libro surge de cosas que quise que me dijeran y cosas que quisiera yo decirle también a la gente que es “provida” y que le parece una aberración absoluta que haya aborto legal, gratuito y para todas, cuando tenemos en el caso de Ecuador, por ejemplo, uno de los mayores problemas de embarazo infantil. ¿Esto qué significa? Significa que una niña de diez años está embarazada.
Tú no sabes lo que es ser una niña de diez años. Pero yo sí. Y cuando tienes diez años, estás pensando en que ojalá te regalen unos stickers de tu muñequita favorita, pero está gestando un bebé y entonces tu cuerpo se va a destruir, pero tu mente se va a destruir mucho más. Si le pasa a mujeres de 25 o 30 años, imagínate una niña de diez, pero que además está embarazada, no de un noviecito, porque Ecuador es uno de los países donde más incesto hay, y probablemente esa niña está embarazada de un primo.
Imagínate lo enferma que tiene que estar una sociedad para que diga “que esa niña tenga el hijo”, pero si yo como mujer soltera quiero adoptar ese hijo no puedo. Esa criatura va a pasar años dependiendo del gobierno, creciendo sin amor, porque el aborto no es legal en nuestros países. ¿Entonces cómo no me voy a enfurecer? Me dan ganas de gritarle a alguien a la cara y mostrarle a una niñita cuya barriga pesa tanto como ella misma. Decirle “¿Y si fuera su hija o su nieta, que tiene diez años y está embarazada?” Cómo es posible que me digan que eso no es legal, que esa criatura tenga una vida normal, que crezca, sea profesional, estudie, haga lo que quiera, que sea deportista, científica, que haga uñas, que haga lo que le dé la gana. Pero no puede ser mamá una niña. Entonces sí, me enfurezco y sí, me pongo vehemente.
ANU: Y es precisamente esa postura que asume al escribir, esa ira, esa rabia, es el sentimiento que atraviesa muchos de sus textos.
MFA: Sí, claro, he usado esa rabia, pero he llegado a la conclusión es que es una rabia que no tiene que ver con la violencia y con el asesinar al otro. Yo no quiero que la gente de derecha, o que está en contra del aborto muera. Lo que quiero es que las niñas tengan una oportunidad de tener una vida como la tuve yo. Creo que esa rabia viene del amor. Es una rabia que viene de la ternura, no de la ira, no de la violencia. Yo no llamo a la violencia, yo llamo a la compasión. Por Dios santo, tiene diez años, tiene 11 años, No puede llevar a término un embarazo, No puede ser mamá, no puede.
ANU: Al leer autoras como Mariana Enríquez, Liliana Collancy, Samanta Schweblin, Brenda Navarro, eh, la misma María Fernanda Ampuero ¿Qué se está dando en Latinoamérica o en estas autoras que han crecido en Latinoamérica, que les llama tanto la atención el horror, el terror en sus diferentes facetas y formulaciones y que nos llevan a pensar que la literatura de terror que se está produciendo aquí es de talla internacional.
MFA: Nosotras no somos las primeras que escriben terror. Hay una historia de mujeres a lo largo y ancho del mundo que escribieron terror, desde Amparo Dávila en México, Shirley Jackson en Estados Unidos, las hermanas Brontë en Inglaterra, o las Ocampo en Argentina. Creo que todas coincidimos en decir que no hemos inaugurado nada, que en realidad lo único que pasa es que el foco se lo ponían a un señor. Si esta conversación hubiese pasado hace diez o quince años aquí estaría un señor blanco, ecuatoriano, de la capital, hablando sobre su poética. Lo mismo sería un señor argentino, gringo, colombiano o peruano, sentados aquí hablando sobre sus libros. El foco se lo ponían a ellos y nosotras estábamos allá atrás. Incluso a veces, como en el caso de Elena Garro, siendo la señora de... Es el foco, no somos nosotras.
Hace mucho tiempo en Colombia un libro no generaba tanta recepción como lo está generando la nueva narración de Álvarez Gardeazábal
Por: Edgard Collazos Córdoba
Siglos y siglos de escritura narrativa no han pasado en vano para incidir en la creación y escritura de una novela o de cualquier obra narrativa. Desde aquel lejano día, perdido ya en la neblina del tiempo y el olvido, cuando el inspirado escritor decidió iniciar su obra, diciendo --, canta oh musa la furia del Pelida Aquiles --, hasta nuestros días, los elementos constituyentes y necesarios para lograr la buena factura de una obra literaria aumentan, no por capricho de los creadores, no, lo inverosímil es que tienen vida y son solicitados por la misma historia que se está escribiendo, en busca de lograr un indisoluble vínculo con el lector.
Borges los llamaba “artificios” y consideraba que indistintamente se desprendían de la trama. Artificios o recursos, pareciera que son ineludibles, pues los encontramos aplicados en las grandes obras de la literatura; en Balzac son diáfanos; en Thomas Mann forman parte del mismo tema que se narra; en Dostoievski son el recurso de tensión que busca atarnos a las escenas y en Hemingway, yacen ocultos intentando a veces trampear al lector.
Sospecho que vanamente ningún escritor se escapa a estas solicitas aplicaciones que, sin riesgo a equivocarme, casi se han convertido en una superstición del arte de escribir, alimentada por esos apóstoles llamados hoy novelistas.
En la mayoría de los casos, se corre el riesgo de aplicarlas como leyes inevitables, pero, el buen escritor sabe que en el arte de la novela no existen leyes porque aquello que es bueno para una novela puede ser desastroso para otra y entonces comprende que esos recursos no solamente derivan de la trama, como afirmó Borges, por el contrario, acepta que están atados al tono, al ritmo y a la voz del novelista.
En el último libro del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, donde pone toda la carne en el bracero y cuyo título parece anunciarnos la continuidad de una saga de historias interminables salida de una región que su talento literario ha convertido en mítica, pues desde su primera novela titulada La boba y el Buda, destacada en 1972 con el premio Ciudad de Salamanca, cuando apenas había cumplido veintidós años, el tono de su narrador y el ritmo de las parrafadas acostumbraron a sus lectores a pensar que la realidad de Tuluá es a veces delirante y más fantástica que la lograda por la fantasía.
Como la narración de El papagayo tocaba violín es autobiográfica --, nos lo anuncia el primer capítulo titulado – YO --, al lector le es lícito empezar a imaginar que a través de las páginas empezarán a aparecer los personajes de esa descomunal historia casi constituida en leyenda, y entonces, al lector no le queda más que amarrarse el cinturón e iniciar el viaje, donde placenteramente escucha la voz de la primera persona, que no es otra que la del mismo Gustavo, con sus dichos, sus recalcitrantes frases, su respiración valluna, su terrible humor, su inteligencia sin censura, sus frases a veces sincopadas o sentencias intempestivas y su inevitable maldad con la que nos atrapa y obliga a seguir leyendo, y como tiene la ventaja de ser el dueño de la madeja entera que constituye la narración de los hilos narrativos, conformada por historias e historias que se entrecruzan unas con o tras, de como dije, esa saga familiar de personajes a veces itinerantes, se vio en la actividad de desmadejar, de desenredar aquello que en más de cien años la vida y el tiempo habían enredado, y se encontró con el problema de tomar la decisión de cómo organizar esa vasta información que años y años de historia patria le tiraba a sus pies como diciendo –ahí está el reto – el reto de todo novelista: la creación de la estructura.
Y jalando de uno de los cientos de hilos narrativos, empezó como Penélope, a destejer el pasado y a tejer un presente literario, (desenrollando y enrollando el ovillo para poder tejer), alejándose esta vez de la influencia de Proust, de Thomas Mann, del Vargas Llosa, prolijo en ardides de las estructuras, y decide obrar como obró la vida en la constitución de su familia y esa es la nueva estructura, semejarse al azar, pero acomodando las historia como acomoda las fichas un experto prestidigitador.
Poco le importó saber que los recursos se desprendían de la trama, tenía la certeza de que en este caso se desprenden de la vida y por eso, antes de empezar a obrar como la vida misma, tuvo que hacer verosímil ante el lector que él posee el recuerdo de todas las vicisitudes que le permiten la creación de ese extenso legado, y entonces, este experto contador de cuentos, no pierde tiempo y en la primera página se despacha diciéndonos que fue premiado con el don del recuerdo -- Es el fruto del don infinito para recordar que tuve desde cuando nací, y con la edad me fue creciendo desproporcionadamente, usando la misma potencia con que he hundido la tecla del computador de mi memoria, borrando todos los malos momentos que he pasado.– y así da paso al torrente de historias e inicia el recuento de los personajes, sus inverosímiles historias de vida, sus aciertos, desatinos, hilvanado personajes; hay monjas, curas, alcaldes enanas, gigantes, sexo, envidias, amores correspondidos, matrimonios infelices, ultrajes, ahorcados en legendarios árboles de mango, miedo, temor, arrojo, hambre, riquezas, perros enormes y chihuahuas bullosos, viudas, belleza, fealdad y los papagayos de las abuelas que le pronosticaron que no aprendería a tocar violón.
Uno de los aciertos del libro lo constituye la posible certeza de que de cada capítulo se puede desprender una nueva novela, como en el caso del inmejorable número once, escrito con la destreza del novelista que ha sido, donde se narra la apasionada historia de Raquel y Matilde, para mí el más bello por lo que tiene de poético y humano. Lo dejo a consideración de los lectores.
Para finalizar, basta repetir, que de los recursos, o artificios empelados por Gustavo Álvarez Gardeazábal en este libro, el acierto más admirable está en la destreza de una nueva estructura; o en la manera como acomodó todo ese extenso fresco nominal de sus antepasados, en su percepción de fino escritor que le dictó el camino, en la seguridad con la que desobedeció a sus maestros clásicos e imitó a esa maestra que es la vida; la voz de la realidad que nunca lo ha traicionado; la historia de un país que él ha sabido interpretar, traduciendo en el sagrado arte continuado de destejer aquello que el tiempo y la vida fueron enredando.