El documental “Bosque Seco Tropical: COLOMBIA” dirigido por Ricardo Cruz y Alan Giraldo, profesor del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, hace parte de la selección oficial del 6° Festival Internacional de Cine Verde de Barichara FESTIVER, en la categoría de cortometrajes, que se realizará del 21 al 25 de septiembre de este año.
El documental permite evidenciar la alta riqueza de especies de flora y fauna en este ecosistema, y alerta, con base en la investigación realizada, sobre el impacto negativo que tienen los procesos de fragmentación de los bosques secos tropicales debido a actividades humanas, en este caso específico, en Guarinocito (Caldas), región del Magdalena medio.
“Bosque Seco Tropical: COLOMBIA” es producto de la investigación “Implementación de indicadores biológicos como herramienta para evaluar cambios en la integridad ecológica de los fragmentos de bosque seco tropical presentes en Victoria-La Dorada, Caldas” que el Grupo de Investigación Ecología Animal realizó en el 2015 en convenio con Ecopetrol, la Corporación Autónoma Regional de Caldas – CORPOCALDAS y la Universidad del Valle.
El Festival de Cine Verde de Barichara FESTIVER es un espacio para la promoción, difusión y apoyo de obras cinematográficas que traten temas ambientales, entendidos a partir de la definición de medio ambiente, como el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos, sociales, económicos y culturales que impactan directa o indirectamente la vida humana y a los seres vivos en general.
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El Programa Académico de Ingeniería Civil de la Universidad del Valle recibió del Ministerio de Educación Nacional la acreditación de alta calidad, por seis años.
Para la acreditación, el Ministerio tuvo en cuenta la trayectoria histórica del Departamento de Ingeniería y el amplio historial del Programa con 49 años de existencia, convirtiéndolo en el primero de esta naturaleza creado en la región.
En la Resolución 16820 de agosto de 2016, mediante la cual el Ministerio concede la acreditación, se señalan varios aspectos positivos del Programa:
La planta de profesores integrada por 16 docentes de tiempo completo, de los cuales 7 son doctores, 8 magísteres, un profesional y un profesor de medio tiempo. Cuenta además, con 45 profesores de apoyo directo al Programa vinculados a la Facultad. La planta docente atiende a una población de 268 estudiantes, en una relación de 16.7 por profesor.
La existencia de tres grupos de investigación categorizados por Colciencias de la siguiente manera: Grupo de Investigación en Ingenierías Sísmica, Eólica, Geotécnica y Estructural, A; Grupo de Investigación Aplicada en Construcción, categorizado en B; y el grupo de Biomecánica en A. La producción en proyectos de investigación desarrollada por los grupos, si se tiene en cuenta que entre 2010 y 2016 han realizado 38 proyectos de investigación, la mayoría con financiación institucional y otros a través de Colciencias.
La gama de convenios de cooperación interinstitucional con empresas del ámbito local, regional y nacional, fortaleciendo la movilidad de los estudiantes y profesores en este contexto, especialmente para campos de práctica y proyectos conjuntos. En la actualidad el programa cuenta con 58 convenios activos.
Mediante esta resolución de Acreditación, el Estado hace público el reconocimiento de los pares académicos a la calidad del Programa de Ingeniería Civil, su organización, funcionamiento y el cumplimiento de su función social.
“El arte y la cultura son contrarias al conflicto y la guerra y se desarrollan en un contexto de paz, que es cuando el arte florece y hace una lectura, transforma la experiencia traumática en conocimiento”.
Así lo expresó el escritor Santiago Gamboa durante el conversatorio “Construcción de paz desde la cultura”, en el que compartió reflexiones con la docente jubilada de la Universidad del Valle Carmiña Navia.
Esta actividad hizo parte de “Cali, Epicentro de paz”, evento organizado por la Sociedad de Mejoras Públicas, la Alcaldía de Cali, la Fundación para el Desarrollo Integral del Pacífico y la Corporación Consorcio Ciudadano.
Al terminar una guerra inicia una reflexión y es allí donde el arte y la cultura tienen un papel fundamental, añadió el escritor.
“El arte y la cultura son el ámbito de la representación. La tarea necesaria en una cultura de paz es mirar al otro como alguien con quien dialogo, me encuentro”, mencionó la profesora Navia. Agregó la académica que en Colombia, de una manera elitista, se han dado representaciones que excluyen y que se necesita que éstas sean desde la fraternidad. “Es desde la educación donde podemos poner las bases de una cultura de paz”.
Gamboa dijo que una de las cosas que el arte y la cultura permiten es la cercanía con el otro. “La guerra significa luchar contra ese otro que me define, que no es como yo, ese que no conozco y que me inquieta. El arte lo que hace es acercar. Los países con una cultura más rica son los que han permitido espacios de encuentro y diálogo”, enfatizó.
Carmiña Navia dijo que en el proceso de construcción de una cultura de paz es necesario reconocer las narrativas propias que han sido dejadas de lado y que, en la medida en que éstas se fomenten, se enriquezcan y se valoren, se avanzará en la construcción de esa cultura de paz.
Una cultura de paz no evade ni evita el conflicto, dijo Gamboa. El arte y la literatura transforman esas experiencias traumáticas y ayudan a continuar y construir la paz.
“El arte y la literatura siempre son sanadores. Los creadores los han usado para sanar sus demonios. En el caso del escritor, la literatura va a servir como ejercicio de sanación”, finalizó Carmiña Navia.
Santiago Gamboa Samper es un escritor, filólogo, diplomático, columnista, corresponsal y periodista colombiano. Es autor de las novelas Páginas de vuelta, Perder es cuestión de método, Vida feliz de un joven llamado Esteban, Los impostores, El síndrome de Ulises, entre otras.
Carmiña Navia Velasco es poeta, teóloga, feminista, investigadora y gestora cultural colombiana; es profesora jubilada de la Escuela de Literatura de la Universidad del Valle y cofundadora de la Casa Cultural Tejiendo Sororidades de Cali.
“Cali, epicentro de desarrollo y paz” es un evento organizado la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali, la Corporación Consorcio Ciudadano, la Fundación para el Desarrollo Integral del Pacífico – FDI y la Alcaldía de Cali, con el apoyo de varias instituciones y la Universidad del Valle.
Una invitación a “despartidizar” el plebiscito de paz hicieron los periodistas María Elvira Bonilla y Jaime Abello Banfi durante el conversatorio “Los medios de comunicación y su papel en la construcción de paz”, realizado en la casa de la Sociedad de Mejoras Públicas, que hizo parte de las actividades de “Cali, epicentro de paz”, que concluyó este miércoles 24 de agosto.
Los periodistas mencionaron que es necesario que la ciudadanía lidere la campaña por el plebiscito y no sean las figuras políticas tradicionales las que promuevan esta iniciativa.
“Creo que los medios hemos hecho mal la tarea. De haberlo hecho bien, no estaríamos en este ambiente de polarización”, mencionó Bonilla quien agregó que los medios de comunicación no han sabido relatar el conflicto, aun cuando el acceso a algunas zonas del país ha sido imposible. Con ese panorama, los medios han construido narraciones muy pobres, que no complejizan la realidad, y que precisamente, esa es la tarea de los periodistas.
Por su parte, Abello Banfi agregó que en algunos medios de comunicación, más que todo impresos y digitales, se han dado experiencias significativas en esa vía. Sin embargo, hace falta, de manera general, dejar de dar la voz a políticos y permitirle hablar la voz a otros actores, en una búsqueda de pluralidad.
Agregó que uno de los grandes logros de los acuerdos de paz será el mejoramiento de las condiciones de seguridad para el país.
María Elvira Bonilla sostuvo que el momento que vive Colombia es oportuno para darle cabida a otros rostros, encontrar nuevos líderes ciudadanos que desde los territorios están construyendo y aportando a la paz.
“Hay que abrir el abanico de voces a las organizaciones. Los medios de comunicación no pueden asumir una militancia, su obligación es registrar y hacer una gran sinfonía de voces para “despartidizar” el plebiscito. El gran actor, de cara a este momento, es la ciudadanía y los medios deben estar detrás de ellos ayudando a hacer eco de esas voces”, mencionó la periodista.
María Elvira Bonilla es la directora del portal informativo Las Dos Orillas, medio digital creado por periodistas y columnistas reconocidos del país, con el objeto de convertirse en un espacio para representar la pluralidad de miradas en los sucesos. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Los Andes y literatura en Nueva York. Lleva más de 25 años en el ejercicio periodístico; ha sido directora de las revistas Cambio 16, La Nota, Cromos y del periódico El Espectador.
Jaime Abello Banfi es director de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano¸ creada y presidida por Gabriel García Márquez para trabajar en la formación y perfeccionamiento profesional de los periodistas de los países iberoamericanos. Egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana¸ ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a la industria de los medios de comunicación. Ha sido asesor de diversas instancias del gobierno colombiano en la reforma de la legislación en materia de televisión¸ telecomunicaciones y cinematografía.
“Cali, Epicentro Desarrollo y Paz” es un evento organizado la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali, la Corporación Consorcio Ciudadano, la Fundación para el Desarrollo Integral del Pacífico – FDI y la Alcaldía de Cali. Este evento contó con el apoyo de la Universidad del Valle y otras universidades de la región, así como la Organización Internacional de Migraciones, la Unidad de Acción Vallecaucana, Fundación Alvaralice y el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría.
El Departamento de Artes Escénicas de la Universidad del Valle, en función especial, presenta “Griots, Cuentos de África” uno de los espectáculos de mayor impacto y recordación realizado por los estudiantes de la Licenciatura en Arte Dramático de la Sede Pacífico. La obra es una adaptación de cuentos tradicionales africanos, bajo la dirección de Juan Carlos Osorio y se presenta este viernes 26 de agosto a las 5:30 pm, en la Sala de Teatro Univalle.
“Griots, Cuentos de África” es una adaptación de relatos tradicionales que representan una muestra de la esencia del continente africano. En los relatos encontramos valores universales en donde se alternan personajes populares, seres fantásticos y la magia del mundo animal. Las historias llegan al espectador a través de los Griots, ancestrales narradores depositarios de la tradición oral.
Para la puesta en escena se han escogido cuatro maravillosos relatos. La escenografía y el vestuario reflejan a los tradicionales Griots, acompañados con breves elementos que enmarcan la esencia de África. Y el concepto visual está inspirado en el artista americano Keith Mallett.
La dirección es de Juan Carlos Osorio Molano, actor, director y docente de la Licenciatura de Arte Dramático de la Universidad del Valle, Sede Buenaventura, quien junto a sus estudiantes ha realizado una delicada adaptación que traspone la poética africana, su sabiduría y cosmovisión, a nuestro litoral.
Fechas: viernes 26 de agosto de 2016
Hora: 5:30 pm.
Lugar: Auditorio 4 – Sala de Teatro Univalle
Informes: http://escenicas.univalle.edu.co
Ramiro Arbeláez, docente de la Universidad del Valle, hace repaso de la industria cinematográfica.
Tomado de El Tiempo.
Por: Ramiro Arbeláez Docente en la Universidad del Valle Cali.
La cinefilia no es otra cosa que la pasión por el cine. En Cali, esa pasión ha estado presente tanto en las clases medias y altas, como en las populares, y se ha expresado de diferentes maneras, no solo durante el siglo pasado, sino también en lo que llevamos del presente.
Recurrentemente oímos decir que una de las razones que ha hecho posible el éxito de varias producciones caleñas del presente y del pasado, ha sido la pasión y el conocimiento que los directores de las películas han tenido de la historia del cine; lo que les ha permitido no sólo emular con creatividad a sus referentes, sino incluso distanciarse de formas anteriores en busca de su propia expresión.
En Cali comenzamos a tener salas de cine estables y dedicadas con exclusividad al cine desde los años 30, ya que el fenómeno cinematográfico tardó años en estabilizarse. Las primeras aparecieron en el centro, pero a partir de los años 40 comienzaron a aparecer en los barrios. Esto posibilitó la formación de públicos distintos de acuerdo con las características de la sala, su ubicación geográfica y el entorno socio-económico del sector.
Cada sala fue encontrando, poco a poco, su vocación, es decir estableciendo una estrecha relación entre el cine que exhibía y el público asistente. Esto permitió la conformación de audiencias, contribuyó a forjar fuertes identidades urbanas y a distinguir culturas. El cine no fue el único medio de comunicación que intervino en el proceso, pero fue muy importante para las generaciones que crecimos en la ciudad, sobre todo a partir de los años 50.
Para los sectores populares fue muy importante la existencia de salas como el Teatro Cervantes, el San Nicolás, el Sucre y el Belalcázar, desde los años 40; posteriormente también el Teatro Roma, el Ángel, el Rialto, el Avenida, el Imperio, el Ayacucho, el Alameda, el María Luisa, el Libia, el Troncal y el Asturias, para nombrar solo algunos. Lo mismo que para las clases media y alta fueron importantes el Colombia, Jorge Isaacs, Municipal, Bolívar, Aristi, Colón, San Fernando, Cid y Calima, para no agotar a los lectores.
Tanto el antropólogo urbano Alejandro Ulloa, como después la comunicóloga María Fernanda Arias, han demostrado la importancia que tuvo el cine para las clases populares, sobre todo cierto cine mexicano (Tin Tan, Resortes, las rumberas y otros) y estadounidense (musicales, especialmente con Fred Astaire, Gene Kelly, Ginger Rogers) con los que los caleños afianzamos la competencia en el baile y el gusto hacia el melodrama y la música popular durante las décadas del 40 y 50.
Para las clases media y alta también el cine americano y europeo fueron importantes para reforzar identidades culturales.
Pero el cine también fue importante por el simple hecho del encuentro, lo que permitió al ciudadano ejercer su socialidad en los teatros al momento de ver y gozar colectivamente las películas.
Hace algunas décadas, ir a cine en Cali constituía un programa fundamental en la vida social del fin de semana, cuando las ofertas de diversión pública eran reducidas. Las salas eran diseñadas como espacios de encuentro y decoradas en un estilo adecuado para el disfrute de un público preparado para la ocasión.
La arquitectura, el diseño y la iluminación de estas construcciones pudieron revelar también un espíritu y una ideología. Y la concurrencia del público a ellas significó el deseo de ver proyectados ciertos sueños colectivos concomitantes con aquellas formas.
En Cali encontramos grupos que se organizaron para ejercer su cinefilia desde finales de los 50. El pionero, tal vez haya sido el Cine Club La Tertulia, del grupo comandado por Maritza Uribe de Urdinola. Finalizando los 60 la cinefilia de Carlos Mayolo, por ejemplo, se convirtió en militancia cinematográfica, pues junto a Jaime Vásquez y Enrique Buenaventura armaron el Cine Club Cine Estudio 35, que exhibía cine con un proyector de 16 milímetros en sindicatos y centros culturales.
El siguiente grupo importante fue el comandado por Andrés Caicedo, quien fundó el Cine Club de Cali en el Teatro San Fernando en 1971, responsable también de la revista de crítica cinematográfica Ojo al Cine. A ese cine club pertenecieron también Luis Ospina y Carlos Mayolo.
Es reconocida la declarada pasión de este grupo por el cine, especialmente por el género de terror, presente no solo en la obra caicediana, sino también en las primeras películas de Ospina y Mayolo. El primer largometraje de Ospina, Pura Sangre (1982), es un singular homenaje al cine de vampiros, el que aprovecha para contar la historia del ‘monstruo de los mangones’, personaje real que aterrorizó nuestra infancia caleña en los 60.
El primer largo de Mayolo, Carne de tu carne (1983), cuenta una historia de terror familiar, de vampiros y zombies dedicado al director Roman Polanski.
En ese cine club también moldeó su cinefilia el cineasta Oscar Campo, cuyas primeras producciones hacen referencia al cine de géneros. Pero no solo fueron directores los que asistían fervorosamente al Cine Club de Caicedo los sábados al medio día: Escritores, fotógrafos, diseñadores, escenógrafos, sonidistas, productores, actores y actrices, que serían clave para el cine caleño y colombiano de esta época y del futuro, abrevaron en la pantalla de Caicedo y pulieron allí sus primeras ilusiones cinematográficas.
Pero hay que reconocer que no fue el único cine club de la época que el caleño tenía para escoger para ejercer su cinefilia. Surgieron otros como el Cine Club Nueva Generación, el Cine Club Casa de la Amistad con los Pueblos, el Cine Club Cuarto del Buho, el Cine U-Clu de la Universidad del Valle -para citar unos cuantos- pero sobre todo la Cinemateca La Tertulia, que desde finales de los setenta y durante la década de los ochenta, representó el refugio seguro y permanente para los cinéfilos que habían quedado desamparados con la muerte de Caicedo.
El auge de cine clubes se da al tiempo que las tecnologías audiovisuales propiciaban cambios en la recepción del cine y las salas comerciales, tanto las de barrio como las del centro, fueron quedando paulatinamente vacías. Con el tiempo, algunas se cerraron, otras se demolieron.
Hoy, las salas de cine están asociadas a los centros comerciales, aunque cómodas, se diseñan en serie, con un estilo standard e impersonal y una iluminación de bajo perfil. Mientras, el acto de ir al cine se ha convertido en una más entre muchas opciones de entretenimiento que tiene el ciudadano.
La oferta de exhibición cinematográfica de sala oscura es ahora más fragmentada, pero no necesariamente más abundante o diversificada, pese a la multiplicación de pantallas.
La reducción del tamaño masivo de una sala grande al pequeño espacio de una sala de multiplex también ha repercutido en la magnitud del antiguo ritual y su importancia social. Hoy, ir a cine, hace parte del mismo hábito consumista que se vive en los centros comerciales.
Ya la película no es el centro del ritual porque la escasa rentabilidad financiera que ofrece ha hecho crecer desmesuradamente la oferta de comestibles para compensar: Se han diseñado elegantes y expeditos despachadores de comida, y de esta forma, el rito social del cine cuenta ahora con el ruido de paquetes, el crujir de masticaciones y olores oleaginosos que, para algunos, lo acercan a una prosaica comilona que perturba el goce estético, mientras que para otros, son componentes fundamentales sin los cuales el rito resultaría soso y desesperante.
Lo anterior no quiere decir que el cine se ha dejado de consumir, al contrario, hoy más que nunca tenemos acceso a él de formas impensables hace 30 o 40 años. Los viejos cinéfilos que ya no respiran envidiarían la posibilidad que tienen los cinéfilos de hoy para acceder por piratería o por Internet a ‘casi’ todo lo más importante de la historia del cine, y se asombrarían de saber que un estreno mundial puede lanzarse simultáneamente en diferentes puntos distantes del planeta.
Las tecnologías facilitan que los espectadores den el paso a la creación audiovisual, que se vuelvan productores y hasta archivistas. A falta de pantallas gigantes colectivas pululan las meso-pantallas familiares y las pantallas de disfrute individual, el mundo ha sufrido una ‘pantallización’: la historia del cine se puede portar en un pequeño dispositivo que puedo disfrutar en mi celular.
Ha crecido también el consumo doméstico de audiovisuales vía televisión y reproductor de discos, pero -para lo que interesa ahora- también ha crecido el número cine-clubes, tanto en las universidades como en los centros culturales y bibliotecas.
Desde hace 10 años hace méritos el cine club de la Fundación Lugar a Dudas, dirigido por Oscar Campo. Por el pasaron ejerciendo su temprana cinefilia investigadores y presentadores, cineastas que hoy han sido reconocidos con premios internacionales como Oscar Navia, César Acevedo, Diana Montenegro y Natalia Imery. También cineastas que comienzan a transitar el camino de su expresión como Luisa González y María Alejandra Álvarez.
Estudiantes de la Universidad del Valle se dieron cita anoche en el Auditorio 5 de la Sede Meléndez para ver la trasmisión del acuerdo final de la negociación entre el Gobierno y las FARC y la posterior alocución del Presidente Santos.
En un ambiente de júbilo y esperanza se vivió la firma del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado ante testigos nacionales y delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron igualmente como testigos, y que asienten el proceso como países garantes.
Luego de un enfrentamiento de más de medio siglo de duración, el Gobierno Nacional y las Farc-EP dieron fin de manera definitiva al conflicto armado interno, y los estudiantes vivieron cada una de las palabras con la expectativa del inicio de una nueva etapa y con el interés de ser agentes activos en la construcción de una sociedad más equitativa, incluyente y con justicia social.
La participación ciudadana es el fundamento de todos los acuerdos que constituyen el Acuerdo Final y en la construcción de la paz y participación en particular en la planeación, la ejecución y el seguimiento a los planes y programas en los territorios, que es además una garantía de transparencia.
Como cierre del evento, la Federación de Estudiantes Universitarios – FEU presentó un acto cultural.
En el mundo 3.3 billones de personas tienen riesgo de contraer malaria, un millón de personas muere cada año por malaria, 627,000 son niños menores de cinco años y más del 80% de los afectados viven en África. Frente a estos datos Paul Buriticá, egresado de Ingeniería Industrial de la Universidad del Valle y gerente de la cadena de abastecimiento de la división ambiental de Bayer CropScience, en Francia, lideró la creación de LifeNet, toldillos impregnados de un insecticida que reduce en un 50% la infección de enfermedades como la malaria, dengue y paludismo.
Este desarrollo fue presentado por Paul Buriticá en su ponencia “Experiencia Internacional en el área de suministro de bienes: De una producción local propia a una cadena de abastecimiento equilibrada” durante el III Congreso Internacional de Industria y Organizaciones – CIIO 2016 que organiza la Universidad del Valle, entre el 24 y el 26 de agosto.
Durante su intervención, Buriticá resaltó la importancia de la cadena de abastecimiento para desarrollar este producto. “La reducción de costos se convirtió en el enfoque principal debido a la guerra de precios del mercado, razón por la que se debe enfatizar en la importancia de las alianzas con los distintos proveedores de materias primas, con los productores de cadena hasta la distribución al cliente final”.
“LifeNet es un producto patentado por Bayer gracias a su trabajo en soluciones para proteger a las personas en enfermedades trasmitidas por mosquitos. Los toldillos tienen cerca de 3 años de vida útil después de 20 lavadas y completan una gama de productos que van desde matar las larvas de los mosquitos en el agua hasta matarlos en el aire. Por lo que hacía falta una protección contra el mosquito cuando no se ha podido erradicar” dijo Buriticá.
Este toldillo, producto de una investigación de seis años, ya tiene cerca de tres años en el mercado, ha entregado impactos positivos en la lucha contra brotes como el chikunguña y el zika, y su distribución se ha fortalecido en países de África y el Caribe.
“Es un honor estar aquí, de devolverle un poco a la Universidad del Valle lo que me brindó, de poder compartir con estudiantes que se están abriendo al mundo y que quieren intervenir como líderes en la cadena de abastecimiento. Los estudiantes no deben temer en involucrarse con los grupos de investigación, en tratar de contribuir al máximo en estos estudios e innovar con un nuevo producto que realmente es necesario, porque no se trata solamente de un producto que sea el mejor en el mercado si de todas maneras no hay alguien dispuesto a pagarlo o con costos de producción muy elevados” concluyó Buriticá.
Paul Buriticá es Ingeniero Industrial de la Universidad del Valle, con una especialización en el área de cadena de abastecimiento de la Universidad Concordia de Canadá, y experiencia en manufactura de bienes de consumo masivo.
Los deportistas de la Universidad del Valle tuvieron una destacada participación en la XVI Copa Loyola que se realizó en las instalaciones de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, entre el 16 y el 21 de agosto de 2016. Los nuestros se quedaron con el subcampeonato, que permitió mejorar la actuación realizada en el 2014, cuando ocuparon la tercera posición.
Durante los cinco días de competencias la Universidad del Valle participo en baloncesto, fútbol, fútbol sala, rugby, polo acuático, kung fu, natación, voleibol, tenis de mesa, y tenis de campo. En estas categorías los resultados de los deportistas son:
Baloncesto Femenino: segunda posición
Baloncesto Masculino: séptima posición
Fútbol Femenino: quinto puesto
Fútbol Masculino: séptimo puesto
Fútbol Sala Femenino: segunda posición
Fútbol Sala Masculino: tercera posición.
Kung Fu: ocupó la segunda posición, tuvo como deportistas destacados a Isabella Vivas, quien consiguió dos oros en rutinas individuales y Edgar Alvarado quien logró otro oro. Juntos consiguieron un cuarto oro para la Universidad del Valle en rutina Kung Fu en grupos.
Natación: ocupó la séptima posición
Polo Acuático: tercer puesto
Rugby Seven: tercera plaza
Tenis de Campo: Tercer lugar, mientras que en Tenis de Mesa fue cuarto
Voleibol: tanto en la rama femenina como en la masculina ocuparon la tercera plaza.
En el 2018 será la próxima versión de la Copa Loyola, donde los deportistas de nuestra institución esperan seguir mejorando la actuación que han venido presentando en este evento deportivo, uno de los más importantes en el deporte universitario.
Con los cambios que se avecinan, el reto de fondo es el de recuperar la política como el instrumento que defiende el interés de todos, como un espacio de debate de ideas, como el juego limpio de la representación de las distintas ideologías que permitan avanzar en la transformación de las instituciones, sostuvo el periodista, exconstituyente y exministro Juan Lozano Ramírez.
La afirmación la hizo durante el Foro Cali Epicentro Desarrollo & Paz, que se realiza en Cali, el 23 y 24 de agosto, organizado por La Fundación Para el desarrollo Integtral del Pacífico, Consorcio ciudadano, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y nla Alcaldía de Santiago de Cali, con el apoyo de la Universidad del Valle y con el propósito de discutir sobre “la región de cara a los acuerdos de paz”.
En un conversatorio con Juan Pablo Milanese, director de la Maestría en Gobierno de la Universidad ICESI, el exministro Lozano Ramírez explicó que para recuperar la política es necesario, bajarle el costo a las campañas políticas, pues su magnitud excluye a las mayorías y así ni as FARC ni cualquier otro grupo tiene garantías reales para hacer una campaña al Congreso de la República.
Agregó que lo ideal es reducir el costo de las campañas para cualquier corporación y hacerlas más transparentes y para ello se debe prohibir el manejo de dineros en efectivo en las campaña, para que todo quede documentado.
Es inaudito, explicó el exministro Juan Lozano, que por ejemplo, algunos candidatos registren, en sus campañas políticas, una valla publicitaria por 200 mil pesos mientras que para otros la misma tiene un costo de 15 millones de pesos, pues lo que demuestra es que se registra una cantidad y la otra se paga en efectivo, lo que implica falta de transparencia.
Dijo que si no hay un control no hay garantía de trasparencia, pero no todo puede ser policivo, también debe haber un cambio cultural de la transparencia y se castigue en las urnas a los deshonestos.
Por su parte el catedrático juan Pablo Milanese fue enfático en que con los acuerdos de paz serán necesarios algunos cambios institucionales sin embargo aclaró que éstos no llegan de inmediato, en uno o dos años, y que se requiere mucho tiempo para que se materialicen.
Explicó que Colombia es un país sobrelegislado, en el que se dictan leyes para todo, los actores sociales se ajustan a la nueva normatividad para seguir operando en iguales condiciones, por ello, con los acuerdos de la Habana, son necesarios algunos cambios institucionales y que es necesario iniciar esta labor aunque talvez muchos de los asistentes no los alcancen a ver.