Por Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Cuando llegué a la Universidad del Valle en 1966 a estudiar Letras, el decano de la Facultad de Filosofía, Letras e Historia era mi inolvidable maestro Oscar Gerardo Ramos, quien la había fundado dos años antes contando con el patrocinio de las fundaciones norteamericanas, en especial de la Rockefeller.
Estudiar allí resultó ser un lujo que solo el paso de los años vino a ser constatado. No solamente por lo que aprendí, cuanto por lo que pudo servirme de trampolín para mi vida literaria y para gestar un liderazgo del que no he podido desprenderme ni llegando a los 80. Pero es que por esos días se juntaron allí muchos factores.
El esquema fundacional de la Facultad estaba copiado de la estructura de escuelas similares norteamericanas aunque el eje fundamental de la enseñanza se daba sobre la cultura francesa y norteamericana, minimizando la amplitud tradicional que se daba en Colombia a la literatura española.
Pero el honor, el impulso y la sapiencia lo otorgaban la excelsitud de los profesores que nos tocaron. Eran de nivel de doctorado y nos los trajeron como maestros de pregrado. Tuvimos entonces a un Walter Langford, el experto en literatura mexicana; a un John Newabuer, el discípulo de Luckás; a Jorge Zalamea, de nuestras escalinatas; al famoso historiador chileno Retamal; al francés Jean Bucher, traído desde La Sorbona. Y de esa magnitud y nivel los demás que ayudaron a ser lo que somos.
Muchos de mis compañeros terminaron iluminando el horizonte de la literatura nacional como inmensos catedráticos y escritores: Carmiña Navia, Eduardo Serrano, Harold Alvarado Tenorio, Amparo Urdinola. A todos ellos, y en recuerdo a esos sapientísimos profesores ya desaparecidos, la Universidad del Valle celebró elegante ceremonia para honrarnos al cumplir 60 años.
Inhabilitado como estoy de asistir a tantos eventos prefiero asirme a la añoranza de los imborrables años y esperar que la historia enmarque lo orgulloso que me siento de la Facultad donde me gradué. Sin duda me alcanzó el pasado.
Dicen que murió a causa de la tuberculosis que por esos días hacía estragos por el litoral Caribe. Otros afirman que murió agotado de trajinar los pueblos de la costa, tocando y cantando acompañado de su guitarra bohemia y hay quienes dicen que lo envenenaron.
Por Edgard Collazos Córdoba, profesor de la Escuela de Estudios Literarios
Uno se pregunta, ¿por qué hacerle daño a quien solo prodigaba alegría, alguien que con su música descifró el ritmo de su tierra, renovando el folklor de la costa? La gente del Magdalena Grande, sus paisanos de Ciénaga, donde nació, negando la versión del crimen, coinciden en afirmar su naturaleza amistosa y jovial que rehuía las discordias.
Antes de ir a Barranquilla y ser un suceso musical en la Emisora Atlántico, inició sus correrías y lo vieron cantando en Fundación, Villanueva, Urubita, la Pava, Valledupar y los pueblos que la brisa del mar recorre desde el nororiente del Caribe Colombiano, donde distintamente lo llamaban: el trovador del Magdalena; el jilguero de la Sierra Nevada; el mono cantor y pocas veces Guillermo Buitrago Enríquez, el hombre que con su guitarra y su voz cariñosa creó el Vallenato, el género musical más representativo de Colombia que con los años se extendería por todo el continente americano.
Era hijo de Roberto de Jesús Buitrago Muñoz, un comerciante marinillo llegado a Ciénaga, donde conoció a la hermosa cienaguera Teresa Mercedes Enríquez. El matrimonio duró lo que duran los proyectos de un paisa andariego. De esa unión nació el inspirado Guillermo Buitrago, a quien los dioses le dieron todos los dones, el primero de abril de 1920, quien muy pronto se convertiría en el artista más importante de la música costeña.
En su infancia, para ayudar con los escasos recursos de la familia abandonada, trabajó en la elaboración de pólvora, y en las noches, aprendió a tocar el tiple, tal vez un instrumento olvidado por el marinillo y luego, ensayando, sin que nadie le enseñara, practicó en la guitarra que un novio de la hermana dejaba después de las visititas.
En un comienzo las raíces antioqueñas lo arrastraron a interpretar boleros, valses, tangos y rancheras, cantos que lo llevaron a visitar Manaure, Valledupar, la Paz, Villa Nueva, Urubita y los demás pueblos del Magdalena Grande, donde en amistad con los juglares y trovadores aprendió a escribir poemas y canciones. Los historiadores del Magdalena aseguran que en sus correrías visitó la provincia de Padilla y que fue ahí donde encontró la base de su propuesta musical, y donde bajo en el influjo de su sangre Caribe, se dio a la tarea de reunir puyas, merengues, sones, cantos dispersos en las regiones, renovando el folclor y dándolo a conocer en el interior del país.
En busca de un efecto diferente, junto a Julio Bovea, un amigo músico y panadero, eliminaron el sonido continuado de las maracas y las remplazaron por el acompasado de la guacharaca, dándole a la voz de Buitrago un espacio para que se destacara su acento dulce, la dulzura que el Caribe no conocía, un acento que le quedaba de las montañas antioqueñas y seguramente del recuerdo del tono del marinillo y que, con el acompañamiento de los tonos mayores de la guitarra y el ritmo sabroso de los costeños, detonó en el mejor arte musical popular de nuestro país. Con esa música iban de fiesta en fiesta y a decir de Bovea, cada parranda era una canción, porque entre tantos dones que tuvo Buitrago, fue el de ser un connotado repentista.
Los primeros que tuvieron el privilegio de escuchar los cantos de este artista parrandero sospecharon que las navidades de nuestro país ya no tendrían el acompañamiento de los villancicos europeos con los que por más de dos siglos nuestros antepasados celebraron las navidades, porque esta nueva música irrumpía desde muy adentro de nuestro ser, el dejo misterioso de la voz de Buitrago llegaba suave desde la alegría represada por las penurias de nuestra historia, una música con el don de descifrar nuestra tristeza y nuestra alegría como de verdad la siente el alma de los colombianos, y entonces cantó con su inimitable estilo una composición de Tobías Enrique Pumarejo, o don Tobías como le llaman sus paisanos.
La víspera de año nuevo
estando la noche serena
mi familia quedó con el duelo
yo gozando a mi morena
La grabó acompañado del grupo, Los trovadores de Barú. Todo en su canto es sentimiento, todo es territorio, frontera, humildad, grandeza y folklore, pues la unidad de su guitarra, el énfasis suave de su palabra y sus frases medio andinas y costeñas son un sortilegio encantado que entusiasma, y hace que todo aquel que repita sus canciones, sienta que desea “pegar un grito vagabundo”, “porque sus tonadas componen el día de hoy y el de mañana.
Como juglar, le cantó a todo lo que veía: a una araña peluda, a su amigo Eliodoro Miranda, al Ron de Vinola, a la belleza de las mujeres cienagueras. Cantó en una época cuando el vallenato no existía y el canto no se acompañaba con acordeón, era la guitarra puntera el instrumento encargado de hacer largas melodías. Era la época de Abel Antonino Villa y Luis Enrique Martínez, época de cultura y bonanza económica, eran los días de las bananeras.
Dicen que antes de acariciar la fama, existía en Barranquilla una cafetería llamada la Almendra Musical, y que fue Julio Medina Vizcaíno, el gerente para todo el Magdalena, quien construyó una tarima en la cafetería y presentó en público por primera vez a Buitrago, logrando un éxito tan avasallador que ningún artista de esa región ha conocido, porque hacía varias generaciones la gente estaba esperando esa tesitura, esa expresión del verdadero Caribe. Desde ese momento su público iba donde él se presentaba, si visitaba un bar, la gente hacia corrillo para verlo, lo paraban en la calle, los niños lo imitaban cuando pasaba, buscando que el jilguero los saludara, las mujeres querían ver sus brillantes ojos azules, acariciarlo, y escucharle y bastaba que un nuevo tema sonara en las emisoras, para que el pueblo entero, desde la Guajira hasta el Amazona, lo aprendiera y lo cantara en las fiestas de familia.
Así fue como en tan corto tiempo se constituyó en el artista más representativo del Magdalena y luego el de un país entero, al punto de que se dice que si Buitrago no hubiera muerto el ritmo no se llamaría vallenato, que el verdadero nombre tenía que ser música cienaguera.
Pero no todo fue composición, Buitrago sacó del anonimato a don Tobías Enrique Pumarejo grabándole Muchacha Patillanera; a Abel Antonio Villa le grabó Cinco noches de velorio; a Emiliano Zuleta la Gota fría, y varias canciones a Rafael Escalona cuando aún este no saboreaba las mieles del éxito, y que tan mal le pagó, llegando a decir a García Márquez que Buitrago le había plagiado. Así que su actividad fue prolífica, en solo cinco años que duró su creación musical, llegó a grabar cerca de sesenta temas de un género popular que se extendió por todos los rincones del continente.
Murió en 1940, había cumplido veintinueve años, de los cuales cinco estuvo inspirado por las musas y que le bastaron para imponer el inicio de un género musical que a lo largo del siglo XX se extendió por todos los rincones de la geografía, pues en los pueblos y ciudades del Caribe nadie se atreve a contradecir que es el creador del vallenato.
Lea aquí la Edición 199 de Campus
En la edición 199 de la Revista Institucional Campus, el profesor de la Escuela de Estudios Literarios Edgard Collazos publicó un perfil de Guillermo Buitrago, más conocido como El Jilguero de la sierra, pionero de la música popular. En su repertorio se encuentran canciones como "Las mujeres a mí no me quieren", "La piña madura" o "Grito vagabundo", populares en esta temporada.
El egresado de la Universidad del Valle sacerdote Alexander Matíz Atencio fue nombrado como nuevo obispo de la diócesis de Buga.
En la actualidad el sacerdote Matíz Atencio se desempeñaba como Vicario Episcopal de Economía de la Arquidiócesis de Cali.
Alexander Matíz Atencio se graduó en 1986 como Arquitecto de la Universidad del Valle; se especializó en Gerencia de Talento Humano en la Unicatólica; cursó un Diplomado en Alta Gerencia de la Universidad de Los Andes y estudios en liturgia y arte sagrado en el Centro de Pastoral Litúrgica de Cataluña.
Cursó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor San Pedro Apóstol de Cali y fue ordenado sacerdote el 25 de noviembre de 1990, incardinándose en la Arquidiócesis de Cali.
Ha desempeñado los siguientes encargos pastorales: Administrador Parroquial de San José Obrero (1990-1993); Vicario Parroquial en Barcelona – España (1993-1995); Administrador Parroquial de María Madre de Dios (1995-1997); Director de Liturgia Arquidiócesis de Cali (1996); Párroco de Jesús Obrero (1997-2003); Director Comisión de Vida Justicia y Paz (2002-2012); Director de Pastoral Social (2002-2012); Párroco de San Juan Evangelista (2004-2010); Párroco de Nuestro Señor de los Cristales (2010-2017); Párroco de María Inmaculada (2017-2024); y Vicario Episcopal de Economía desde 2024 hasta la actualidad.
En 1995, con el aval de monseñor Isaías Duarte Cancino y el apoyo de la Arquidiócesis de Cali y diferentes actores de la sociedad civil, el padre Alexander Matiz inició la creación de la Fundación Sergente, que tiene el propósito de “atender a las personas más vulnerables, los habitantes de y en calle, carentes de recursos para su autocuidado y vida digna, con el fin de asistirlos, promoverlos e incluirlos nuevamente en la sociedad”.
El anuncio lo hizo la Santa Sede de la Iglesia Católica el pasado 7 de diciembre de 2024.
*Redactado con información del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).
En el marco de un proyecto liderado por la CVC y la Universidad del Valle, que busca proteger la cuenca del río Cali, a través de un Gran Parque Metropolitano, se realizó la significativa siembra de alevinos, donde se da la oportunidad para educar y unir a la comunidad en torno a la conservación de su territorio.
Tomado del portal de la CVC
En un importante esfuerzo por preservar y potenciar la biodiversidad de la región, se llevó a cabo la siembra de 20 mil alevinos de bocachico y sabaletas en la cuenca media del río Cali, en la vereda Pilas del Cabuyal, justo a la entrada del Jardín Botánico en el corregimiento de Los Andes.
“Según diversos análisis físicos, biológicos y químicos, que hemos hecho en la zona el agua del río Cali a esta altura presenta condiciones adecuadas, lo que augura una siembra exitosa que aumentará la diversidad acuática en la zona”, manifestó Pedro Nel Montoya, director de la Dirección de Gestión Ambiental de la CVC.
La jornada se enmarca en un convenio entre la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca – CVC, y la Universidad del Valle, cuyo objetivo es fortalecer el proyecto de adecuación de un Gran Parque Metropolitano en el predio Piedragrande de la CVC, que abarca un área de 130 hectáreas.
La iniciativa busca convertir esta zona estratégica de Cali en un ecoparque, donde se involucre activamente a los habitantes de la comuna 1 en actividades de sensibilización, promoviendo así la protección y el cuidado del entorno natural, por lo que se lleva a cabo un trabajo profundo bajo líneas de conservación, enfocándose en la biodiversidad y los ecosistemas estratégicos de la región.
“Este proyecto entre la CVC y la Universidad del Valle es muy importante para nosotros como comunidad, porque nos están involucrando en actividades de sensibilización, talleres, mesas de trabajo y jornadas como la de hoy de la siembra de alevinos, que contribuyen a mejor nuestro río Cali”, expresó Lucía Camargo Carrillo del Comité Ambiental de la comunal 1 de Cali.
Dentro del proyecto se implementan tres componentes clave: la identificación de predios, estudios para el levantamiento del componente geológico de la biodiversidad un análisis jurídico de aquellas áreas que podrían estar limitadas por la eventual creación del parque metropolitano y el levantamiento de la línea base ambiental de la zona para futuras intervenciones.
Con estas acciones, la CVC y la Universidad del Valle reafirman su compromiso con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, fomentando un futuro más verde para Cali y sus comunidades.
Por: Redacción La Palabra Fecha: 9 de diciembre de 2024
En el Auditorio Germán Colmenares de la Universidad del Valle, se realizó la Cátedra de Paz, un evento que conmemoró los ocho años del Acuerdo de Paz firmado en 2016. Organizado por el Instituto de Investigación e Intervención para la Paz, el encuentro reunió a académicos, representantes de la sociedad civil, firmantes del acuerdo y organismos internacionales para reflexionar sobre los avances, limitaciones y retos de la implementación del acuerdo.
Un espacio para la reflexión
La jornada comenzó con la intervención de Adolfo Adrián Álvarez, director del Instituto, quien destacó la importancia del evento como una plataforma para el diálogo interdisciplinario. En dos paneles temáticos, los participantes discutieron temas cruciales como la reincorporación de excombatientes, los retos de la justicia transicional y la transformación territorial en las regiones afectadas por el conflicto.
Paneles destacados
El primer panel, dedicado al balance del Acuerdo de Paz, puso de manifiesto logros como la reincorporación del 85% de los firmantes, pero también señaló desafíos persistentes como la violencia contra líderes sociales y la limitada distribución de tierras. Por su parte, el segundo panel abordó la justicia transicional, destacando el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos, ejemplificado en casos como el río Cauca.
Hallazgos clave
Los participantes enfatizaron que, a pesar de los avances, persisten problemas estructurales. Desde 2017, más de 432 firmantes y líderes sociales han sido asesinados, lo que afecta la confianza en el proceso de paz. Además, solo se ha cumplido el 42% de la meta de distribución de tierras establecida en el acuerdo, lo que refuerza la desigualdad regional y limita las oportunidades de desarrollo.
La pedagogía para la paz, un reto urgente
Uno de los puntos más relevantes fue la falta de conocimiento sobre los puntos del acuerdo por parte de la ciudadanía. Los expertos destacaron la necesidad de implementar estrategias pedagógicas que permitan a las comunidades apropiarse de los logros y retos del proceso de paz.
Propuestas hacia el futuro
Entre las recomendaciones destacadas está la urgencia de acelerar la implementación de proyectos productivos viables, garantizar la seguridad de los firmantes y fortalecer la participación juvenil en las iniciativas de paz. También se subrayó la importancia de articular esfuerzos entre los gobiernos local, regional y nacional para garantizar una transformación territorial efectiva.
Conclusión
La Cátedra de Paz reafirmó el compromiso de la Universidad del Valle con la construcción de paz en Colombia. El evento no solo fue un espacio de reflexión, sino también un llamado a la acción para garantizar que los beneficios del Acuerdo de Paz lleguen a todos los rincones del país.
Con este tipo de encuentros, la Universidad del Valle sigue consolidándose como un referente en el análisis y promoción de la paz, fomentando el diálogo y la participación activa de diversos actores sociales.
En el marco de su 40º aniversario, la Facultad de Ciencias de la Administración de la Universidad del Valle recibió la prestigiosa Exaltación de Honor otorgada por el Concejo Distrital de Santiago de Cali, en una sesión de plenaria ordinaria celebrada el pasado 28 de noviembre de 2024.
Según lo señalado en la resolución, este reconocimiento fue otorgado a la Facultad de Ciencias de la Administración por el aporte a la formación de profesionales idóneos, en áreas de Administración, Contaduría, Políticas Públicas y Gobierno. Además, se resaltó su contribución al fortalecimiento de la Administración Pública mediante la elaboración de planes de desarrollo, la construcción de lineamientos y políticas públicas, así como el análisis de las mismas, con el propósito de promover estándares justos de inversión social bajo un enfoque de derechos.
Durante su intervención ante los honorables concejales, el decano Omar de Jesús Montilla Galvis indicó que “Esta Facultad acoge actualmente a más de 10,000 estudiantes, consolidándose como la más grande de la Universidad del Valle”. Asimismo, resaltó su amplia y diversa oferta académica, compuesta por cinco programas tecnológicos, siete pregrados, 18 programas de posgrado (incluidos dos doctorados), además del alto nivel de cualificación de su planta docente, con más del 70% de los profesores con título de doctorado.
Entre los logros que fortalecen su liderazgo, subrayó la acreditación internacional EQUAA, el Consultorio en Ciencias de la Administración, un comité editorial propio y un programa de televisión institucional, elementos que posicionan a la Facultad como una de las más importantes en el ámbito de las ciencias administrativas en Colombia.
El decano expresó su profundo agradecimiento a los miembros del Concejo Distrital de Santiago de Cali por el reconocimiento otorgado a la Facultad, calificándolo como una distinción merecida que refleja el compromiso y los logros alcanzados en beneficio de la educación superior en la región.
En representación de la Facultad, asistieron Omar de Jesús Montilla Galvis, decano; Claudia Patricia Mendieta Cardona, vicedecana académica; Benjamín Betancourt Guerrero, director de la Oficina de Extensión y Proyección Social y Carolina Díaz Polindara, profesional de apoyo de la misma oficina.
Este reconocimiento reafirma el compromiso de la Facultad de Ciencias de la Administración con la excelencia académica y el desarrollo social, consolidándose como un referente en la formación de líderes al servicio de la región y el país. ¡Un orgullo para la Universidad del Valle y toda su comunidad académica!
Como parte de las actividades de conmemoración del Día Panamericano del Médico, la gobernadora del Valle del Cauca Dilian Francisca Toro Torres y la secretaria de Salud Departamental María Cristina Lesmes Duque le otorgaron la Órden al Mérito Vallecaucano a cinco médicos destacados de la Facultad de Salud.
Los egresados de la Escuela de Medicina que recibieron este honorable reconocimiento son: Vicente Borrero Restrepo, Ernesto Martínez Buitrago, Héctor Raúl Echavarría, Adolfo González Hadad y Lina Triana.
Durante el homenaje, la Gobernadora del Valle del Cauca aseguró: “Sé que nuestra profesión es primordial para el desarrollo de un país. Los médicos tenemos un rol fundamental en la salud pública, no solo en la prestación de servicios médicos personalizados, sino también en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades. Nuestra labor va más allá de la clínica y se extiende a la mejora de los determinantes sociales”
“Con su liderazgo y visión han hecho importantes contribuciones en el sector de la salud y han aportado para que nuestra región resalte nacional e internacionalmente por sus avances en materia científica, en salud pública y turismo en salud”, agregó la Gobernadora.
Este acto se llevó a cabo el pasado lunes 9 de diciembre, en las instalaciones de la Gobernación. En el evento se exaltó la labor de estos cinco médicos, en reconocimiento a su aporte y compromiso con la salud de los vallecaucanos.
En el acto de reconocimiento se destacaron los siguientes aspectos de los egresados:
Vicente Borrero Restrepo: Hombre de grandes ejecutorias desde los lugares que ha ocupado como alcalde de Cali, asesor del Ministerio de Salud, Secretario de Salud del Valle, hoy Director Emérito de la Fundación Valle del Lili, institución hospitalaria que impulsó y consolidó como una de las mejores del país y Latinoamérica.

Ernesto Martínez Buitrago: Infectólogo con importantes aportes al seguimiento de la tuberculosis y los pacientes con VIH.

Héctor Raúl Echavarría: Eminente gastroenterólogo cuya vida ha estado dedicada al diagnóstico y tratamiento de enfermedades de común ocurrencia en el departamento. Además de resaltar su trabajo con la Inteligencia Artificial en la Universidad del Valle.

Adolfo González Hadad: Cirujano emergenciólogo, quien ante la llegada cada vez mayor de jóvenes heridos en hechos de violencia al área de emergencias del Hospital Universitario del Valle, creó un programa de intervención social con el que se ha logrado transformar círculos de violencia y salvar a muchos de estos jóvenes, ofreciéndoles nuevas oportunidades de vida.

Lina Triana: Quien además de ser una cirujana plástica excepcional, ha logrado ocupar cargos de liderazgo en el sector, desde los cuales ha promovido el potencial que tiene el Valle del Cauca en el turismo en salud, y además representando a las mujeres.
Más información: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
La Universidad del Valle invita a toda la comunidad universitaria, educativa, deportiva y académica de Cali, Colombia y de América Latina al 1er Encuentro Internacional Deporte y Educación, que se llevará a cabo el próximo jueves 12 de diciembre de 2024 en el Auditorio 5 de la Universidad del Valle, desde las 8:00 a.m.
Un contexto para reflexionar
América Latina enfrenta enormes desafíos en la integración del deporte y la educación, un sector con limitaciones estructurales que dificultan el desarrollo del talento y restringen las oportunidades para jóvenes deportistas. En contraste con modelos exitosos como el de Estados Unidos, donde el deporte universitario es un motor económico y formativo, nuestra región enfrenta la necesidad urgente de crear un sistema que permita a los atletas combinar su crecimiento académico y deportivo de manera efectiva.
Un panel de expertos internacionales
El evento contará con la participación de reconocidos profesionales y líderes del deporte y la educación a nivel internacional, quienes impartirán cinco conferencias magistrales sobre temas cruciales, como el futuro del deporte en la era de la inteligencia artificial y los modelos de negocio vinculados al deporte escolar y universitario.
Entre los expositores se encuentran:
Juan Luis Carter (Chile): Pensamiento prospectivo universitario basado en tecnología IA.
Ramiro Varela (Colombia): Nuevo modelo educativo deportivo, competitivo y recreativo.
Manuel Bravo (Ecuador): El deporte olímpico y universitario en el mundo desarrollado y la IA.
Marcos Melazzi (Uruguay): Educación, deporte y tecnología como negocio.
Juan José “Cheche” Vidal (Venezuela y Estados Unidos): El fútbol, su automatización, digitalización e IA.
Este evento es una colaboración entre la Universidad del Valle, el Centro de Pensamiento Deportivo de América Latina y el Caribe (CEPALAC) y el Comité Olímpico Colombiano. El encuentro busca plantear soluciones y analizar el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial en la educación y el deporte, destacando cómo estas herramientas pueden transformar el rendimiento y la gestión deportiva en las instituciones escolares y universitarias. Asimismo, se abordarán estrategias para fortalecer la infraestructura deportiva y educativa de nuestra región, con el objetivo de convertir el deporte en una herramienta clave para el desarrollo integral de nuestros jóvenes.
Participa presencial o virtualmente
Invitamos a directivos universitarios, profesores, estudiantes, entrenadores, y profesionales del deporte a unirse de manera presencial:
Jueves 12 de diciembre de 2024
Auditorio 5
Universidad del Valle sede Meléndez
O a través de la transmisión en vivo por YouTube, en el siguiente enlace: https://youtube.com/live/LWJgybh9G1o?feature=share
Este es el momento de ser parte de un diálogo transformador que une a la educación y el deporte con visión de futuro. ¡Les esperamos!
Este 9 de diciembre hemos recibido con alegría el nombramiento otorgado por la Academia Colombiana de la Lengua como Miembro Correspondiente a la escritora y profesora jubilada de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle Carmiña Navia Velasco. Esta distinción es un merecido reconocimiento a la larga y rica trayectoria de la escritora. En su primera reacción, la profesora Navia ha agradecido la postulación propuesta por la escritora Cecilia Balcázar de Bucher, Académica de Número de la Academia Colombiana de la Lengua.
La Academia Colombiana de la Lengua, la más antigua de las academias americanas, fue fundada en 1871 por un grupo de filólogos y escritores, entre los que sobresalían Rufino José Cuervo, padre de la filología hispanoamericana y Miguel Antonio Caro.
Carmiña Navia nació en Cali el 5 de agosto de 1948. Desde temprana edad se dedicó al estudio de la literatura, primero como estudiante de Letras en la Universidad del Valle y años más tarde como estudiante de la Maestría en Lingüística de la misma universidad. En 1978 viaja a España a cursar el Diplomado en Lengua y Literatura Española en el Instituto Iberoamericano de Cooperación en Madrid. Igualmente, desde muy joven incursionó en los estudios de género y ha sido este el motivo de muchas de sus investigaciones consignadas en libros como Judith, relato feminista en la Biblia (1998), Guerra y paz en Colombia: Miradas de mujer (2004), Guerra y paz en Colombia: Las mujeres escriben (2004) con el que le otorgaron el Premio Casa de las Américas en la modalidad de Premio Extraordinario sobre estudios de la mujer. También, su interés por los temas religiosos la llevó a realizar una Maestría en Teología en la Universidad Javeriana, y por mucho tiempo dictó cursos bíblicos en distintas universidades del país. Ha sido colaboradora permanente de distintas revistas nacionales e internacionales de literatura. Paralelo a los estudios de género y teología, su obra poética la ha puesto en un lugar importante dentro de la poesía femenina colombiana. En el año 2000 fue finalista del Concurso Internacional de Poesía Mística, Fernando Rielo, con el poema Oráculo, entre sus libros destacan El fulgor misterioso (2003), Senderos en destello (2004), La niebla camina en la ciudad (1975) y Caminando (1980).
Desde 1980 dirige el Centro Cultural Popular Meléndez, en donde además es investigadora y asesora de proyectos sociales. Su trabajo está enfocado principalmente a mujeres cabezas de familia y de escasos recursos. Este trabajo fue reconocido en el año 2001 cuando recibió el Premio Mujeres de Éxito en la Categoría Social. Este año también obtuvo el Premio Internacional de Literatura 'Virginia Woolf' por su libro Parajes de los días.
El pasado sábado 7 de diciembre se celebró la clausura del Diplomado en Gobernanza y Gestión Cultural en el auditorio Antonio J. Posada de la Universidad del Valle.
Este diplomado es parte de la Estrategia Territorial de Gobernanza Cultural para la Paz, impulsada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Se trata de una iniciativa que nace del mandato popular, cuyo objetivo es que los participantes adquieran habilidades y competencias en Gobernanza y Gestión Cultural, con el fin de promover una cultura de paz en sus comunidades.
Para el rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas, “La Universidad del Valle en asocio con el Ministerio, las sedes y la comunidad, participó de manera activa en la construcción de procesos de paz. El tema de gobernanza y gestión cultural es un tema fundamental que nos permite mayor capacidad de organización, de toma de decisiones. Para nosotros como universidad es muy importante participar en estas actividades”.
Este diplomado se llevó a cabo en municipios como Silvia, Santander de Quilichao (Cauca), Cali y Buenaventura (Valle del Cauca).
“Fue un reto que decidimos asumir desde la provincia, con un impacto en 20 municipios, son casi 1000 diplomantes que logramos atender durante casi cuatro meses y en ese sentido, estamos muy contentos porque demostramos que somos capaces y que podemos cumplir este tipo de objetivos. La satisfacción de los participantes en el diplomado nos da la tranquilidad del deber cumplido”, expresó Luis Augusto Quiñones, director de la sede Pacífico de Univalle.
La clausura del Diplomado en Gobernanza y Gestión Cultural refleja el compromiso de la Universidad del Valle y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes con la construcción de una cultura de paz en las comunidades del suroccidente colombiano.