Hasta el 7 de septiembre está abierta la convocatoria, una invitación de la Alcaldía de Cali, la Universidad del Valle y la Fundación Spiwak.
Después de tres años de pausa, regresa el Concurso de Cuento para Jóvenes Andrés Caicedo. Se trata de la IV versión que se presenta en el marco de la Feria Internacional del Libro de Cali, FIL Cali 2025 y convoca a jóvenes colombianos residentes en el país, con edades entre 15 y 25 años, quienes podrán participar enviando cuentos inéditos y originales sobre cualquier temática.
La convocatoria está abierta desde el 4 de agosto, hasta las 11:59 p. m. del 7 de septiembre de 2025. El concurso está conformado por dos categorías, A: de 15 a 18 años y la categoría B: de 19 a 25 años.
Así será la premiación
En cada categoría se premiarán tres cuentos. El primer lugar recibirá $5.000.000, el segundo lugar $3.000.000 y el tercero $2.000.000. Además de los seis cuentos ganadores, los organizadores seleccionarán otras seis obras finalistas, todas las obras serán publicadas. Para conocer las bases del concurso, visite: www.filcali.com
“Las seis obras ganadoras y seis más, de otros finalistas de cualquiera de las dos categorías, que es potestad de los jurados considerar, serán publicadas por los organizadores del concurso o por uno o varios terceros que los organizadores determinen. La publicación podrá circular en cualquier tipo de soporte actual o por inventarse, de forma gratuita y/o comercialmente, en Colombia y otros países, según estimen los organizadores del concurso”, detallaron los organizadores.
Los seis ganadores, si lo necesitasen, recibirán transporte aéreo o terrestre para asistir al lanzamiento del libro y premiación en el marco de la Feria, que se realiza del 24 de octubre al 3 de noviembre en el Bulevar del Río y Paseo Bolívar. En caso de ser menor de edad, será invitado con un adulto representante. Recibirán además hospedaje, alimentación y transporte interno en Cali.
Los jurados
El jurado está integrado por los escritores Pepe Zuleta, Carolina Andújar y Miguel Ángel Manrique.
José Zuleta Ortiz, durante quince años coordinó el taller de escritura Libertad Bajo Palabra en cárceles colombianas. Ha editado cinco libros de cuentos, cuatro de poesía, un volumen de retratos y la novela Lo que no fue dicho (Seix Barral, 2021), obra que obtuvo el Premio Nacional de Literatura a novela publicada del Ministerio de Cultura en 2022. Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés, portugués, italiano y holandés.
Carolina Andújar, escritora colombo-húngara nacida en Cali. Ha vivido en Estados Unidos e Italia, experiencias que enriquecieron su apertura cultural y le permitieron explorar diversas tradiciones y épocas en su obra, alejándola de la narrativa local convencional. Inició escribiendo teatro y guiones de cine, y complementó su formación con estudios empíricos, destacando el análisis onírico inspirado en Carl Gustav Jung. Es autora de la serie Carmina nocturna, con títulos como Vampyr (2008), Vajda, príncipe inmortal (2012), La princesa y el mago sombrío (2013), Pie de bruja (2014) y El despertar de la sirena (2016).
Miguel Ángel Manrique Ochoa, de Carmen de Bolívar, estudió Literatura en la Universidad Nacional y se especializó en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido docente en la Universidad Central —donde inició en el Taller de Escritores en 1987— y en la Universidad Externado de Colombia. Su trayectoria literaria incluye reconocimientos como finalista del Premio Nacional de Cuento (1998) con La mirada enferma y Mención de Honor en el Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá (2002) con Confesiones de un mutante.
Ganadores de la última edición 2021-2022
El Concurso para Jóvenes Andrés Caicedo- III edición reunió los trabajos de los ganadores: Categoría 15 a 18 años: primer lugar para Johan Ruíz, autor de Luz tenue; Juan Felipe Chalco, autor de Chispitas mariposa, segundo lugar y Alberto Vélez, tercer lugar con Por los siglos de los siglos. Categoría 19 a 25 años: Raúl Felipe Ospina, ganador con el cuento Planes de reparación; Natalia Rozo- Con los ojos cerrados, segundo lugar y Juan José Mondragón, tercer lugar con Derrumbe.
Para conocer las bases del concurso, visite: www.filcali.com
La Universidad del Valle Sede Tuluá ha iniciado su proyecto de expansión con la puesta en marcha de los estudios de suelos en el terreno donde se construirán sus nuevas aulas modulares. La iniciativa, que busca ampliar la capacidad académica de la sede y mejorar la existente, se financiará con recursos del Ministerio de Educación Nacional y será ejecutado por la Banca de Desarrollo Territorial, FINDETER.
Este proyecto de infraestructura es crucial para la comunidad universitaria, ya que permitirá aumentar el número de salones disponibles para los estudiantes de la región. La construcción se llevará a cabo con un sistema modular que agilizará los tiempos de entrega sin comprometer la calidad.
Según los detalles del plan, las nuevas instalaciones constarán de:
Cuatro aulas dobles, de 108 metros cuadrados cada una; dos aulas sencillas de 54 metros cuadrados cada una; dos unidades sanitarias de 54 metros cuadrados cada una; dos áreas administrativas y un espacio destinado para la ubicación del rack de equipos tecnológicos.
El estudio de suelos es un paso fundamental que garantiza la viabilidad y seguridad de la futura construcción. Una vez finalizada esta etapa, se dará inicio a la obra para que la comunidad académica tulueña pueda beneficiarse de las nuevas oportunidades académicas que se abrirán con las nuevas instalaciones.
El 9 de septiembre nos vestiremos de jazz y fiesta. Una cita imperdible.
En 25 años, por los escenarios del Festival Ajazzgo han pasado figuras nacionales e internacionales del jazz, el latin jazz y la fusión de ritmos, deleitando a millones de personas. Artistas como Diego el Cigala, John Fadis, Chucho Valdés, Paquito D’Rivera y Omara Portuondo, han llegado a Cali gracias a la gestión el Festival, que también es plataforma para proyectos musicales nacionales y locales de las mejores calidades como Espiral 7, La Mambanegra o Ana María Oramas.
Univalle, con mucho orgullo, ha sido parte de la historia que escribe AJAZZGO en la ciudad y en el corazón de la comunidad universitaria, vallecaucana y nacional desde la década del 2010. Somos parte de la memoria del Festival y este año no será la excepción.
El martes 9 de septiembre recibiremos la visita de dos de las agrupaciones convocadas al Festival AJAZZGO, cuya calidad musical sorprende y encanta a su público.
Se trata de Minor Sing, de Francia y Hermanos Álvarez Cuarteto, de Colombia. Éstos últimos ofrecerán un Diálogo intercultural abierto para todas las personas interesadas, músicos y comunidad en general.

Serán dos eventos en el mismo día: Septiembre 09 de 2025
|Diálogo Intercultural
11:00 a.m.
Espacio pendiente
|Concierto de apertura del Festival
5:30 p.m.
Plazoleta Biblioteca Mario Carvajal
Agéndate, arma tu parche y quédate pendiente de nuestras redes sociales.
El Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle lidera la Red NANOMAT, una alianza de seis universidades públicas del país que busca fortalecer la ciencia a través de I+D+i en el campo de energía y agua empleando la nanociencia y la nanotecnología.
Esta iniciativa se desarrolla como parte del proyecto “Fortalecimiento de las capacidades en CTeI y transferencia de conocimiento en nanociencia y nanotecnología aplicadas a energía y agua”, financiado por la Convocatoria No. 36 de la Asignación para la Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías (SGR).
El proyecto articula a la Universidad del Valle, la Universidad del Atlántico, la Universidad de los Llanos, la Universidad del Quindío, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y la Universidad de la Amazonía. Su objetivo es impulsar la construcción de conocimiento científico con impacto en los departamentos de Atlántico, Boyacá, Caquetá, Meta, Quindío y Valle del Cauca, consolidando capacidades descentralizadas para enfrentar retos en generación de energía, almacenamiento de hidrógeno y tratamiento de aguas.
De acuerdo con el profesor Edgar E. Mosquera Vargas, director del CENM, “este proyecto es una oportunidad para que desde la nanociencia y la nanotecnología se generen soluciones sostenibles a retos en energía y agua, integrando capacidades regionales y fortaleciendo la infraestructura científica del país”. A su vez, la profesora Adriana K. Niño Vargas, directora científica del proyecto, destacó que la articulación entre seis universidades públicas “refleja el compromiso con el fortalecimiento de la ciencia en los territorios y con la formación de nuevas generaciones en áreas STEAM”.
La Red NANOMAT trabaja en tres frentes estratégicos: la generación de nuevo conocimiento a través de investigaciones experimentales, teóricas y aplicadas en materiales funcionales; el fortalecimiento de la infraestructura científica con la adquisición de equipos de última generación para los laboratorios de la alianza; y la apropiación social del conocimiento mediante programas de formación STEAM, foros consultivos, semilleros de investigación e intercambios con comunidades.
Entre los impactos esperados se encuentran la publicación de artículos en revistas de alto impacto, la modernización de centros y laboratorios, la formación de talento humano altamente cualificado y el fortalecimiento entre la academia y la sociedad. Como resalta la Dra. Noralba Martínez Lozano, administradora del CENM, este esfuerzo conjunto “contribuye a mover la frontera del conocimiento en Colombia y a consolidar capacidades científicas con impacto nacional e internacional”.
Con esta apuesta, la Universidad del Valle a través del Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM), reafirma su liderazgo en investigación de frontera y su compromiso con el desarrollo científico y tecnológico del país, generando soluciones innovadoras para los retos globales en energía y agua desde y para los territorios.
Las investigaciones y desarrollos que genera la comunidad académica de la Universidad del Valle son una fuerza que nos permite transformar nuestra sociedad. El conocimiento que se genera en aulas, laboratorios y auditorios busca dar respuesta a las necesidades apremiantes de las comunidades y del sector empresarial.
La aplicación de la investigación, la transferencia tecnológica, la innovación, la creación artística y la apropiación social del conocimiento son fundamentales para que el trabajo de los grupos de investigación se articule con las comunidades. Este trabajo se realiza a través de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación - OTRI de la Vicerrectoría de Investigaciones.
Los procesos que orientan la investigación que se desarrolla con las comunidades, así como los que se desprenden de las estrategias de apropiación social del conocimiento son un aprendizaje en doble vía: tanto investigadores como los miembros de la comunidad pueden generar un trabajo colaborativo que impacta de manera positiva los desarrollos.
Este trabajo en conjunto nos permite entender que las comunidades tienen un conocimiento valioso, construido a lo largo de su historia, de sus luchas y de su experiencia y que, en ese diálogo de saberes que se abre con la articulación de la academia, se pueden tejer, transformar e integrar los saberes. En ese sentido, las instituciones de educación superior tienen un papel fundamental: fomentar, no solo los procesos de apropiación, sino también incentivar a que cada vez sean más los intercambios de saberes y experiencias.
En contextos marcados por las desigualdades y las inequidades, el conocimiento que se genera desde las universidades es una potente herramienta para construir un país más justo y sostenible, donde se ve cabida a la reflexión crítica, a la construcción de paz, al respeto por la diferencia. En esa tarea, la Universidad del Valle no puede ser solo una espectadora, está convocada a ser protagonista.
Martha se bajó del avión y empezó a caminar por un aeropuerto donde de todas las puertas de embarque salían más mujeres que hombres. Esta fue la primera imagen de su llegada a Beijing. Era 1995 y todas asistían a la IV Conferencia de la Mujer, el evento de Naciones Unidas que sentó las bases políticas mundiales para iniciar el siglo XXI sin inequidades de género. Este evento sigue marcando las leyes en Colombia, las mediciones del DANE y las políticas de infancia y adolescencia ¿Cómo fue y por qué sigue siendo relevante?
Entre la emoción y la realidad de ser las “incómodas”
Al salir del aeropuerto, las autoridades chinas separaron a las 20 colombianas, entre ellas Martha, de los cuerpos diplomáticos y las guiaron a un bus que las alejó del centro de la ciudad, donde se llevaría a cabo la conferencia diplomática mundial. El destino era Huairou, a 30 minutos de Beijing, el lugar asignado para el Foro de Organizaciones. En ese momento, sospecharon que se trataba de una medida para mantenerlas lejos de los espacios de decisión.
En 1970 Martha Quintero se nombró feminista y, años después, en compañía de otras mujeres de la Universidad del Valle conformaron el Grupo Amplio, uno de los movimientos feministas más fuertes de Cali. Trabajó arduamente en el proceso constituyente, hoy considera que este proceso quedó imperfecto. “Las mujeres no ganamos paridad”, el trabajo doméstico, la crianza, el acceso a la tierra, la autonomía corporal y la participación política paritaria son una deuda. Este proceso democrático inacabado la inspiró a conformar con otras mujeres del país la Red Nacional de Mujeres. Ahora, en China, era su momento de incidir.
En Huariou, las recibió un edificio de apartamentos en hormigón nuevo y sin residentes. El gobierno chino construyó este complejo para albergar a activistas mundiales, después sería ocupado por el campesinado de la zona. Estos edificios “conservan la estética austera del país comunista”, recuerda Martha, sin embargo, sintió un buen augurio al ver las pancartas rojas que colgaban sobre las fachadas de las tiendas con un mensaje que traducía: “Bienvenidas a Huairou, destino turístico, y que todo salga como desean”
La marea global: Un hito para la lucha
La verdadera sorpresa, sin embargo, vino el día de la inauguración oficial de la Conferencia. En el estadio de Beijing se dieron cuenta de que el movimiento era fuerte: 30 mil mujeres hicieron parte del Foro de Organizaciones. Para las colombianas fue una revelación. "Allí descubrimos que el feminismo y la reivindicación de las mujeres era mundial y que podíamos hacer muchas cosas juntas", afirma.
De regreso al Foro de Organizaciones, “la jornada que más recuerdo fue cuando las japonesas tomaron la palabra. Ellas hablaron sobre las violencias vividas durante la segunda guerra mundial y sus cantos en la cárcel para mantener la esperanza”. Allí se dimensionó el eje de paz y sus voces resonaron con la violencia sexual y las desapariciones en el conflicto armado colombiano. Sin compartir el mismo idioma, las asistentes reafirmaron que la guerra también es contra las mujeres.
Las mujeres chinas tenían derecho a heredar e igual salario, su disputa era por la identidad, la pobreza y la alfabetización. Las musulmanas buscaban la paz, una agenda agraria y educación. “Este espacio era de aprendizaje y de fortalecimiento de una agenda global”, recuerda Martha. Pero las más decididas de convencer a las demás sobre una agenda global por la salud sexual, fueron las latinoamericanas. Estaban cansadas de poca educación sexual, de los embarazos riesgosos y de la alta mortalidad por abortos clandestinos.

La disputa principal: las palabras
Al llegar a la Conferencia de la ONU el ambiente tenso contrastó con el arropamiento sororo del Foro. Más allá de los temas, la disputa principal era el lenguaje, el foco de la disputa fueron los términos "salud sexual", “aborto”, "derechos reproductivos" y "derechos sexuales". El Vaticano y la mayoría de países con tradición musulmana tenían la firme intención de vetarlos.
“Se debía buscar un lenguaje que no vulnerara las diferencias culturales”, explica Gabriela Castellanos, recordando que “es necesario lograr que los países firmen o de lo contrario no habría acuerdo”. Anticipando este escenario, en todo el país, activistas como Gabriela Castellanos y Martha Quintero trabajaron para preparar la delegación gubernamental colombiana “para que entendieran cuál era la importancia de ese trabajo y qué era lo que deberíamos exigir las mujeres del mundo”, allí conocieron a Cecilia López, Piedad Córdoba y a funcionarias de la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle que viajaron a Beijing con la delegación del gobierno, a quienes les dieron sus mejores argumentos para defender sus posturas ante las 12 líneas de trabajo.
“En la Conferencia de la ONU no podíamos hablar, por eso, fue fundamental conversar con la delegación de Colombia”, aclara Martha. Pero también, estar allá de manera física fue fundamental “incluso nos inventamos una manera para hacer protesta pacífica,- que estaban prohibidas-, y nos tomamos las escaleras”, añade. Sin la presencia de las mujeres activistas, las decisiones habrían tomado otro rumbo.
Gabriella Castellanos asistió en 1994 a la Conferencia de Población realizada en El Cairo, Beijing, fue el turno de otras compañeras del Grupo Amplio y ella dio todo para preparar a sus colegas y las funcionarias. Ella recuerda que siguió este evento por las noticias y se dio cuenta por unos “pocos correos electrónicos”, pues el puesto de comunicaciones en Beijing era alejado y concurrido, y el wifi todavía no existía.
A pesar de las tensiones, la conferencia logró un avance significativo. La Plataforma de Acción de Beijing reconoció el "derecho de todas las mujeres a controlar todos los aspectos de su salud, en particular su propia fecundidad", e instó a los estados a actuar. A pesar de esta declaración, la mortalidad materna en Colombia sigue siendo alta y el derecho al aborto apenas se reconoció en el 2005 con la sentencia C-355, diez años después de la conferencia.
Voces que empujaron los derechos
En los salones de la Conferencia, las voces de otras mujeres se hicieron escuchar. Entre las más famosas estuvieron Hillary Rodham Clinton y Beverly Palesa, una activista sudafricana negra de tan solo 18 años, quien subió al podio y abordó ante los derechos de las mujeres lesbianas. Su discurso marcó un antes y un después, al ser de los primeros ejemplos de activismo interseccional en un foro de esa magnitud.
Aunque no se logró reconocer oficialmente la orientación sexual y el goce pleno de la sexualidad -una deuda pendiente-, la declaración oficial incluyó la palabra “género”, un paso crucial hacia la equidad, pues reconoció el peso de los roles asignados a las personas y marcó un hito irreversible hacia una visión más integral de la igualdad. Además, sentó las bases para los derechos LGBTIQ+.
Gina Vargas, de la delegación peruana, también rompió el protocolo de no hacer manifestaciones. En el escenario desenrolló una pancarta con la consigna "Las mujeres necesitamos recursos", visibilizando un problema que, aunque menos polémico que el aborto, exigía que los compromisos se vieran reflejados en asignaciones presupuestales.
La Conferencia de Beijing no solo se conmemora como un hito. Sentó las bases para las políticas nacionales como la Ley 1257 de la no violencia contra las mujeres; los derechos de las niñas, la ley de cuotas, la Política Nacional de Educación Sexual, y la participación de las mujeres en la paz, adelantándose a los diálogos que se desarrollaron en La Habana. Además, reunió los argumentos para que los Objetivos de Desarrollo Sostenible tuvieran perspectiva de género y se trazara el objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
Profesora Gabriela Castellanos
Nos merecemos una nueva conferencia
“A medida que las mujeres vamos logrando espacios y posibilidades, hay una arremetida contra eso”, afirma Castellanos. Ella celebra cada paso dado, pero mira con detalle los movimientos reaccionarios mundiales, el recrudecimiento de la violencia, la xenofobia y la misoginia.
Expresiones nuevas como los “incel”, como se denomina al movimiento de hombres jóvenes célibes involuntarios, “quienes creen que por ser poco atractivos las mujeres no quieren relaciones sexuales y amorosas con ellos”, y que por este motivo justifican las violencias que ejercen contra las mujeres
Han pasado 30 años y los avances en derechos son notables, pero, “la lucha sigue vigente” porque “la paridad política no se ha logrado y todavía muchas mujeres del país y del mundo crecen en la violencia y la pobreza” reitera Martha Quintero. Ambas coinciden que es el momento de una nueva conferencia para actualizar los retos y que la lucha por los derechos, la equidad y la igualdad se vea robustecida con las ideas de las más jóvenes.
Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de Noticias Univalle
Seguramente has visto más de una vez, ese pajarito amarillo pequeño e inquieto. La mayoría lo llama “canario”, pero su nombre verdadero es Sicalis flaveola, y no, no es un canario, sino una tangara, miembro de la familia Thraupidae.
Con un tamaño promedio de 14 cm y un plumaje amarillo brillante, esta especie se ha convertido en una presencia familiar en muchas ciudades colombianas, incluyendo Cali y particularmente la Universidad del Valle, donde es abundante y fácil de observar.
El Sicalis flaveola habitaba en Colombia, principalmente la región Atlántica y la Orinoquía, hoy es residente habitual del suroccidente del país. Su llegada a esta región no fue accidental, y existen dos hipótesis sobre su expansión. La primera sugiere que el deterioro progresivo de ecosistemas naturales a lo largo del país, especialmente por la región del Darién, facilitó su desplazamiento y colonización gradual de nuevas zonas. La segunda plantea que algunos individuos pudieron haber sido liberados de cautiverio y lograron establecerse con éxito en estos nuevos entornos.
Una de las características más notables del sicalis, es su increíble capacidad de adaptación al ambiente urbano. Aunque prefiere hábitats abiertos como pastizales, se ha habituado con facilidad a las ciudades. Podemos verlo anidando en grietas de muros, cavidades de edificios, estructuras abandonadas, e incluso dentro de luminarias públicas. Esta especie utiliza cavidades ya existentes, como las que crea el arquitecto de la naturaleza “El carpintero”, mostrando una gran plasticidad en su comportamiento y una capacidad de ingenio sorprendente para su tamaño.

La profesora Lorena Cruz Bernate, del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, nos explica acerca de esta especie y su impacto en el entorno.
Esta ave es considerada una especie granívora, lo que significa que su dieta está basada principalmente en pequeñas semillas de plantas herbáceas, sin embargo, también consume algunos insectos. Gracias a esta alimentación, el sicalis cumple un papel clave en el ecosistema urbano y rural, al contribuir tanto con la dispersión de semillas como con el control natural de ciertas poblaciones de insectos.
La biología reproductiva del Sicalis flaveola también es fascinante. Durante el periodo de reproducción, la hembra incuba los huevos durante aproximadamente 15 días. Luego, tanto ella como el macho se encargan de alimentar y proteger a los polluelos durante unos 25 días, hasta que estos alcanzan la madurez suficiente para dejar el nido. El macho no es solo un colaborador activo, sino también un comunicador excepcional. Canta al amanecer en lo que se conoce como el coro del amanecer, una serie de vocalizaciones que cumplen múltiples funciones: atraer a la hembra, reforzar vínculos de pareja y marcar su territorio ante otros machos. Después del canto matutino, se acerca al nido, vocaliza para motivar a la hembra a salir a alimentarse, y luego ambos se van juntos a buscar comida, regresando coordinadamente al sitio de anidación.
Los Sicalis flaveola no solo emiten cantos agradables, también poseen una comunicación acústica compleja, con vocalizaciones individuales que permiten a los padres reconocer a sus crías, incluso si estas se alejan del nido. Así que, si alguna vez encuentras un polluelo en el suelo, no te apresures a tocarlo. Lo mejor es buscar el nido cercano y si no lo encuentras, simplemente déjalo allí. Sus padres sabrán cómo encontrarlo, guiados por sus vocalizaciones.
Esta especie tan común, no había sido estudiada en Colombia hasta hace apenas diez años, desde entonces, gracias a un proyecto financiado por la Universidad del Valle, se han ido descubriendo muchas cosas sobre ellos. Cómo aprenden a cantar, cómo cuidan a sus crías, cómo eligen sus sitios de anidación, y hasta cómo resuelven problemas, mostrando una inteligencia sorprendente.
Así que, la próxima vez que veas uno de estos pequeños pájaros amarillos picoteando el suelo, posado en una reja o cantando desde lo alto de un poste, recuerda: no es un simple “canario”, sino un Sicalis flaveola. Un habitante nativo, inteligente, clave en el ecosistema y con una vida fascinante que apenas estamos empezando a comprender.
Por Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle
Por Edgard Collazos Córdoba
Es verdad que la literatura se construye sobre ruinas, ya sean escombros de la realidad o del recuerdo, alterado este por el transitar del ser en el tiempo. Es por eso que uno de los elementos que erosiona la racionalidad del lector es la evocación, provocando, no solo una experiencia personal, (no otra cosa es la lectura) también compromete al lector en la creación de ese mundo paralelo a la realidad, que está imaginando en cada página. Agreguemos que el escritor crea la novela y la novela crea al lector.
La evocación que produce nuestra literatura, creada por escritores de diversas generaciones y distintas procedencias, es variada, y aunque tiene como común denominador la historia de nuestra región, y hechos acaecidos en el vasto territorio del Valle Geográfico del Rio Cauca, desde las crónicas de Pedro Cieza de León hasta los escritos de cuentistas, cronistas y novelistas del siglo XXI, su infancia es la misma, procede del romanticismo de Isaacs, que a su vez, tuvo como influencia el romanticismo francés, aunque ciertas traducciones que hizo de los poemas de Lord Byron me sugieren que conocía mejor la poesía inglesa.
Así que, cuando nos acercamos a la literatura escrita en el Vale del Cauca; “un cúmulo de obras que nos acechan en silencio desde los anaqueles de las bibliotecas” o yacen en la memoria de los lectores, es inevitable omitir la evocación que esas narraciones han generado en los lectores, sobre todo en los escritores que han salido de la Universidad del Valle.
Si hacemos una selección de dichos escritores, estimando que toda selección es un hecho injusto, podríamos conjeturar que desde las intrincadas creaciones sobre el poder y la violencia de Álvarez Gardeazabal; las novelas históricas de Fernando Cruz Kronfly; la cuentística formidable de Harold Kremer; los mundos imaginarios de Fabio Martínez; los exquisitos relatos de Hernán Toro; las imaginaciones desbordadas de Marco Tulio Aguilera Garramuño; la fina poética de Carmiña Navia; los poemas de Alvarado Tenorio, pasando por escritores más jóvenes como Oscar Osorio y Alejandro López; William Ospina y Andrés Caicedo, que aunque no eran univallunos, su actividad estuvo ligada a los sucesos que partían de la actividad literaria de la Universidad del Valle, se puede concluir que dicha literatura ha creado la región, así como Balzac, Proust y Mallarme crearon ese Paris imaginario de la literatura.
Estos escritores tienen como elemento destacado la rigurosidad que ofrecen los elementos literarios creacionales, o artificios que se desprenden de la trama, como los llamaba Borges. La precisión quirúrgica de estos escritores deviene del estudio, del transitar por el conocimiento académico, a sabiendas de que no son propiedad de ningún escritor, pertenecen a la historia de la literatura, los encontramos indistintamente en Ana Karenina, en La Montaña Mágica, en Cien Años de Soledad , en todos los clásicos, tienen la utilidad y el efecto evocativo que cada escritor quiere obtener, a sabiendas que en la literatura no hay leyes porque aquello que es benéfico para una novela puede no ser tan bueno para otra.
Llegará el día en que alguien se ocupe de la dispendiosa labor de estudiar esos elementos en las novelas, cuentos y crónicas. Sé que esa loable labor le ocupará una buena parte de su vida, pero, por ahora, glorifiquemos los espacios literarios que la Universidad del Valle ha generado en sus ochenta años de existencia y conozcamos ese Valle del Cauca, ese Cali imaginario creado por las ruinas del recuerdo y de la realidad, erigida desde la imaginación de sus escritores.
En un mundo cada vez más interconectado y dinámico, desarrollar habilidades que permitan abordar los problemas de forma lógica y sistemática es fundamental. Consciente de esta necesidad, Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera, ingeniera, magíster y candidata a doctora de la Universidad del Valle, diseñó un marco de estandarización para la enseñanza del pensamiento computacional. Su propuesta incluye una estrategia didáctica que combina los estilos de aprendizaje y la gamificación para facilitar y motivar el proceso formativo, teniendo el potencial de transformar la pedagogía, incluso, en otras áreas del conocimiento.
Pensamiento computacional: más allá de los dispositivos
La globalización, las nuevas tecnologías, las migraciones, la competencia internacional, la evolución de los mercados, los desafíos medioambientales y las políticas transnacionales son factores que rigen la vida en el siglo XXI y que, según la Unesco, caracterizan las competencias y los conocimientos que las personas deben desarrollar para enfrentar los retos del presente y del futuro. En ese contexto, una de las habilidades clave es el pensamiento computacional: una forma de entender el mundo y resolver problemas descomponiéndolos en partes más pequeñas e identificando sus elementos centrales, patrones y algoritmos (entendidos como conjuntos de pasos ordenados y finitos).
El pensamiento computacional no solo es útil en contextos digitales o computacionales, sino también en una amplia variedad de campos, incluidas las artes y las humanidades. No obstante, su importancia en áreas como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM), fundamentales en la creciente integración entre habilidades humanas y tecnologías, es lo que lo ha convertido en un foco de atención para personas, empresas, instituciones y gobiernos. Estos actores reconocen en su desarrollo un motor clave para la innovación tecnológica, el crecimiento económico y el bienestar social.
Frente a esta necesidad, han surgido múltiples iniciativas orientadas a fortalecer el pensamiento computacional en niños y jóvenes. Sin embargo, muchas de ellas se limitan a entregar dispositivos electrónicos y a enseñar su uso, lo que no garantiza el aprendizaje real de esta habilidad. De hecho, cuando el acceso a estas herramientas no está acompañado de una adecuada orientación pedagógica, pueden surgir riesgos como la sobreestimulación, con consecuencias negativas para la salud y el desarrollo cognitivo.
Además, los gobiernos suelen implementar programas que restringen el pensamiento computacional al ámbito tecnológico, desaprovechando su potencial transversal en distintas disciplinas.
Estandarizar para enseñar mejor
En este contexto surge la investigación Marco de trabajo para promover el pensamiento computacional en estudiantes de educación secundaria incorporando gamificación orientada por estilos de aprendizaje, desarrollada por Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera como tesis doctoral en Ingeniería, con énfasis en Ciencias de la Computación, bajo la dirección y codirección de los profesores María Patricia Trujillo Uribe y Juan Francisco Díaz Frías, respectivamente.
“Mi carrera ha sido principalmente como docente y siempre me he interesado en estrategias para facilitar y motivar el aprendizaje. Por eso, comencé a explorar la gamificación, que, al final, fue lo que me llevó a conocer el concepto de pensamiento computacional”, explica Yuri sobre la elección de su enfoque investigativo.

María Patricia Trujillo Uribe y Juan Francisco Díaz Frías, profesores de la Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación de Univalle.
El principal reto de la investigación fue la ausencia de una definición clara y consensuada sobre qué es el pensamiento computacional y cuáles son sus componentes, lo que dificulta estructurar de manera adecuada su enseñanza. Por ello, la investigadora asumió el desafío de enmarcar esta habilidad dentro del enfoque de formación basado en competencias, establecido por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia para estandarizar la educación básica y superior en el país. En ese proceso, identificó tres competencias principales de este tipo de pensamiento:
-Abstracción, entendida como la capacidad de identificar, extraer y representar los elementos esenciales de una situación, problema u objeto, priorizando lo relevante.
-Descomposición, la habilidad de dividir problemas complejos en partes más pequeñas y manejables para facilitar su comprensión.
-Pensamiento algorítmico, la capacidad de diseñar secuencias ordenadas de pasos o instrucciones para resolver tareas de manera lógica y sistemática.
A partir de ello, y con base en la taxonomía de Bloom, Yuri definió resultados de aprendizaje e indicadores de logro para cada una de las competencias, lo que permitió precisar los conocimientos y habilidades que los estudiantes deben adquirir en el desarrollo del pensamiento computacional. Con esta información, además, construyó una rúbrica que facilita su proceso de evaluación.
“Con esto, los y las docentes pueden comenzar a estructurar sus procesos de enseñanza del pensamiento computacional, haciendo una planeación más clara y sólida, y pudiendo evaluar con más justicia y certeza a los y las alumnas”, señala Yuri.
Una estrategia didáctica transformadora
Realizada la estandarización del pensamiento computacional desde el enfoque de enseñanza por competencias, la ingeniera centró sus esfuerzos en diseñar herramientas que facilitaran su educación, considerando su carácter transversal. Con este propósito, retomó su interés inicial: la gamificación de los procesos educativos.
La gamificación consiste en incorporar elementos propios de los juegos (como los sistemas de puntuación, las narrativas, los retos, la competencia, etc.) en contextos no lúdicos, esto con el fin de motivar, aumentar el compromiso y mejorar el aprendizaje o la productividad.
“La idea es usar los elementos de los juegos e incorporarlos en las estrategias de enseñanza para generar motivación extrínseca en los estudiantes. Además, tuve en cuenta los estilos de aprendizaje, porque no todos aprenden igual ni los motiva lo mismo”, comenta Yuri.
Relacionando el modelo de estilos de aprendizaje de Felder y Silverman con los arquetipos de jugadores propuestos por Andrzej Marczewski, la investigadora desarrolló una estrategia didáctica que ofrece lineamientos para diseñar instrumentos de enseñanza-aprendizaje lúdicos, ajustados a las actitudes de cada estudiante y orientados a motivar la formación del pensamiento computacional.
“La propuesta es que los docentes, con esto, puedan crear sus propias actividades y trabajar el pensamiento computacional de forma transversal en todas las áreas del conocimiento. Además, les da un estándar evaluativo para saber si el estudiante realmente aprendió o no”, explica Yuri.
Aplicaciones más allá de la computación
Esta estrategia didáctica no solo fortalece la enseñanza del pensamiento computacional, sino que también puede adaptarse a otras áreas del conocimiento, promoviendo una educación contextual, motivadora y flexible.
“Por ejemplo, alguien puede tomar esta propuesta de gamificación y diseñar actividades que favorezcan el aprendizaje de las matemáticas o el lenguaje, ya que se basa en cómo la gente aprende y eso es interdisciplinario. Claro, se trabaja bajo la lógica de la motivación extrínseca, pero eso puede ser el punto de partida para desarrollar la motivación intrínseca en los estudiantes”, destaca la ingeniera.
Con esta propuesta, Yuri Mercedes Bermúdez Mazuera amplía los alcances de la ingeniería, al contribuir a la transformación de la educación y a la formación de estudiantes capaces de enfrentar los desafíos del presente y construir activamente el futuro. Por ello, desde la Universidad del Valle, exaltamos su labor y celebramos su mirada visionaria y transformadora.
Por Joan Zuñiga
Agencia de Noticias Univalle
Frente a los retos que implica conservar las fresas en buen estado para su comercialización, Angie Lizeth Quintero Pinilla y Esteban Flórez Jaramillo, estudiantes de Ingeniería de Alimentos de la Universidad del Valle, sede Tuluá, desarrollaron un recubrimiento orgánico que reduce las pérdidas ocasionadas por hongos y microorganismos. Esta innovación permite extender la vida útil de la fruta, preservando sus propiedades nutricionales, fisicoquímicas y sensoriales, y se perfila como una alternativa natural a los fungicidas sintéticos tradicionales.
Fresas: un cultivo de interés mundial

Las fresas provienen de una amplia variedad de especies de plantas rastreras de la familia Rosaceae, presentes en casi todos los continentes. Su domesticación para el consumo masivo comenzó en Europa en el siglo XIV d. C., aunque fue en el siglo XVII cuando se desarrolló la variedad Fragaria × ananassa, hoy la más popular en el mundo por su tamaño y color. Dicha especie es el resultado del cruce entre F. virginiana y F. chiloensis, ambas de origen americano.
Actualmente, las fresas representan un mercado global de más de 20.000 millones de dólares, con una producción anual de 9,2 millones de toneladas. China es el mayor productor y Estados Unidos el principal comprador de esta fruta, que se consume tanto de forma directa como procesada, ya sea en la industria gastronómica, cosmética o médica.
Por su parte, Colombia es el decimoquinto productor de fresa a nivel mundial y el tercero en Latinoamérica, con más de 100.000 toneladas al año. Su cultivo se concentra en la región Andina, a altitudes entre los 2000 y 2800 metros sobre el nivel del mar, abarcando más de 13.000 hectáreas. Aunque el sector ha crecido progresivamente en el país, enfrenta desafíos importantes relacionados al cambio climático y las limitaciones logísticas. Entre estas últimas se destacan las dificultades para mantener la cadena de frío y garantizar un manejo adecuado del fruto, lo que favorece la proliferación de bacterias, hongos y virus, además de daños mecánicos que disminuyen su calidad y vida útil.
Innovaciones frente a los retos logísticos y naturales
Ante este panorama, Angie y Esteban decidieron, en el marco de sus trabajo de grado y de la convocatoria del Sistema de Control de Proyectos de Investigación de la Universidad del Valle, desarrollar una solución para enfrentar los factores que reducen la vida útil de la fresa.
“Nos interesamos en la fresa porque es una fruta ampliamente consumida por sus cualidades sensoriales y nutricionales, y porque tiene una gran importancia económica a nivel mundial, nacional y local. Particularmente, Tuluá es uno de los principales productores en el Valle del Cauca. Sin embargo, debido a sus características fisiológicas, la fresa presenta pérdidas significativas en todas las etapas de su producción, situación que se ve agravada por el sistema productivo del país”, explica Angie sobre las motivaciones del proyecto.
La investigación, bajo la dirección de las docentes Anna María Polanía y Cristina Ramírez Toro, inició con la identificación de los principales agentes biológicos responsables del deterioro de la fresa: los hongos Aspergillus niger, Rhizopus stolonifer y Botrytis cinerea, que se presentan como moho y pueden afectar tanto la calidad del fruto como la salud humana.

Cristina Ramírez Toro, profesora de la Escuela de Ingeniería de Alimento y directora de la Tecnología de Procesamiento de Alimentos de Univalle.
“Una vez reconocimos estos microorganismos, comenzamos a experimentar con bacterias con capacidad antifúngica, es decir, que pudieran reducir el crecimiento de los hongos. Para ello, analizamos el desarrollo de los hongos en presencia de estos microorganismos”, cuenta Esteban, quien destaca el valioso apoyo del grupo de investigación de Microbiología y Biotecnología Aplicada, de la Escuela de Ingeniería de Alimentos de Univalle, en la gestión de las cepas bacterianas empleadas en los experimentos.
Tras las pruebas, los estudiantes identificaron a la Lactiplantibacillus plantarum como la bacteria con mayor capacidad para inhibir el crecimiento fúngico. Este microorganismo, inocuo para los seres humanos, realiza fermentación láctica, un proceso biológico en el que los azúcares se transforman en ácido láctico, lo que, junto con otros mecanismos, puede contribuir a la conservación de los alimentos.
“Lo siguiente que hicimos fue generar un entorno óptimo para el desarrollo de las bacterias, de modo que pudieran cumplir su función contra los hongos. Para eso, utilizamos bacterias del género Weissella confusa para producir un exopolisacárido, una sustancia secretada por diversos microorganismos que los protege, facilita la captura de nutrientes y mejora su comunicación y adherencia”, explica Angie.

El apoyo del grupo de investigación Microbiología y Biotecnología Aplicada fue clave para la investigación. Suministrada por Univalle Tuluá.
Combinando las células vivas de Lactiplantibacillus plantarum con el exopolisacárido, los estudiantes crearon la base del recubrimiento, cuyo efecto antifúngico buscaron potenciar sin alterar las características fisicoquímicas de las fresas. Para ello, decidieron incorporar los siguientes compuestos a la mezcla:
-Glicerol: agente plastificante que ayuda a mantener la flexibilidad del recubrimiento.
-Alginato de sodio: aditivo que actúa como gelificante y estabilizador, lo que permite mantener la firmeza del alimento y la estabilidad de la sustancia.
-Tween 80: emulsificante que contribuye a mantener la homogeneidad de la mezcla, reduciendo la tensión superficial de sus componentes y mejorando la textura resultante.
-Ácido oleico: tensoactivo que facilita la adherencia del recubrimiento a la superficie de la fresa.
Para definir la proporción ideal de cada ingrediente, los estudiantes realizaron una revisión bibliográfica de estudios científicos relacionados, formularon diversas mezclas y las aplicaron sobre fresas. Estas fueron sometidas a pruebas para evaluar variables como la acidez titulable, el pH, la pérdida de peso, la firmeza y los grados Brix, brindando datos que fueron analizados con el software Minitab para facilitar la identificación de la mejor composición para el recubrimiento.
Arriba, de izquierda a derecha: Angie Lizeth Quintero Pinilla y Esteban Flórez Jaramillo, estudiantes de Ingeniería de Alimentos de la Universidad del Valle, sede Tuluá. Suministrada por Univalle Tuluá.