En agosto de 1977, Cali fue la anfitriona del Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas, convocado por la Fundación Colombiana de Investigaciones Folklóricas y liderado por Manuel Zapata Olivella. Un evento que marcaría un hito en los estudios sobre sociedades y comunidades afrodescendientes. Ese fue el tema de la mesa de debate que se abrió en el X Simposio Internacional Jorge Isaacs durante la jornada de la tarde del martes 30 de octubre, en el Auditorio Germán Colmenares.
En esta mesa participaron los docentes del Departamento de Historia de la Universidad del Valle Jairo Henry Arroyo Reina y Mario Diego Romero Vergara y la profesora Silvia María Valero, de la Universidad de Cartagena.
Como señaló este grupo de panelistas, en el Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas reunió en la ciudad a un grupo de intelectuales provenientes de Brasil, Estados Unidos, Ecuador, Panamá, entre otros países, que se habían articulado a su vez a los movimientos sociales de sus países de origen y que estaban pensando en temas afro.
En este evento se citaron intelectuales y representantes de organizaciones negras de América para realizar por primera vez un examen multidisciplinario de la problemática continental de la realidad social y de la cultura de los africanos y sus descendientes en América. El Congreso fortaleció los movimientos de las negritudes que se fueron consolidando al terminar la década de los 70.
Para el profesor Arroyo Reina, hablar de una cultura negra de las Américas, como reza el nombre del evento, era pensar que había una sola cultura homogeneizada y que no se expresaba así en la práctica. Para este docente, la cultura afrodescendiente tiene una historia llena de coyunturas, a través de la cual sus miembros han tratado de representarse e identificarse.
Fue gracias a ese congreso que Cali posicionó un debate importante para la región porque permitió el reconocimiento de las comunidades afro estaban construyendo su percepción de identidad.
El profesor Mario Diego Romero Vergara destacó que el Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas marcó un precedente del cual hoy somos protagonistas porque su realización permitió pensar procesos y comunidades invisibilizados. Aclaró que en aquel entonces, la antropóloga colombiana Nina S. de Friedemann, pionera de los estudios afro, se preguntaba por qué las ciencias sociales no estudiaban las sociedades afro. Para ella, en ese momento, en la historiografía colombiana no había un corpus sólido sobre las comunidades y sociedades negras.
El profesor Romero Vergara sostiene que en ese momento había muy pocos estudios que abordaran estas temáticas. Algunos acercamientos se habían dado desde aspectos económicos, en tanto fuerza de trabajo, pero lo étnico racial estaba invisibilizado, aún no era considerado por los académicos del momento. Aparecieron trabajos en Perú, Venezuela y Ecuador que aún no abordaban los temas sociales.
La literatura que se estaba produciendo en regiones como el Valle del Cauca y Chocó permitió el abordaje desde perspectivas históricas y antropológicas sobre las comunidades afro.
Dice Romero Vergara que en la década de los 70, el historiador Germán Colmenares produjo dos obras que indabagan por los orígenes de las sociedades afro de la región y que era muy probable que en ese mismo momento Manuel Zapata Olivella estuviera en proceso de escritura de su obra “Changó, el gran putas”.
Se estaban dando trabajos en toda Latinoamérica, pero fue el Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas el motor que impulsó a una generación que asistió a procesos sociales y desarrollos culturales que permitieron vincular la academia.
Este evento impulsó un examen de varias disciplinas de las realidades sociales de la región y además de la formación de centros de estudios y movimientos negros interesados en descubrir sus raíces y reafirmar su identidad.
Jairo Henry Arroyo Reina es licenciado en Historia, especialista en Docencia Universitaria y magíster en Ciencias de la Organización de la Universidad del Valle. Mario Diego Romero Vergara es licenciado en Historia y magíster en Historia Andina de la Universidad del Valle y doctor (Ph.D.) en Historia de la Universidad de Huelva, España.
Al estudio y análisis de la violencia y conflicto armado en Colombia dedicó su vida el investigador colombiano Germán Guzmán Campos, autor de los libros ‘Sociología Rural’, ‘La Violencia ¿un fenómeno colombiano?’, ‘Camilo: Presencia y Destino’ y ‘Tres estamentos de poder en Colombia’, entre otros.
Guzmán Campos junto a Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna fue coautor de las obras ‘La Violencia en Colombia’, ‘La Familia y la Ley en Colombia. Aspectos socio-jurídicos de la familia en Colombia’.
Por su trabajo como investigador se convirtió rápidamente en un referente del estudio de los conflictos sociales del país y hoy es recordado por haber ejercido como sacerdote y ser elevado a la dignidad de monseñor por Su Santidad el Papa Juan XXIII quien lo nombró como su camarero secreto.
Fue por medio de la iglesia católica, la cual lo designó como el único sacerdote miembro de la Comisión Gubernamental Investigadora de las Causas de la Violencia, nombrada en 1958 por el Presidente Alberto Lleras Camargo, que conoció profundamente las causas de la violencia y recolectó una valiosa serie de testimonios, fotografías y documentos que serían la base para el libro ‘La violencia en Colombia’.
Estas fueron algunas de las ideas expuestas en el lanzamiento del archivo virtual ‘Germán Guzmán Campos’ y presentación del libro ‘Tres estamentos de poder: Colombia Siglo XX’ publicado por el Colegio de Posgraduados de México y la Universidad del Valle.
El evento fue celebrado como un homenaje a este reconocido investigador de las ciencias sociales y se realizó en la programación de Charlas de los Viernes en el Auditorio Antonio J. Posada en el campus de Meléndez.
En calidad de conferencista invitado estará Fernán González González, Ph.D. en Historia de la Universidad de California, Berkeley.
Germán Guzmán Campos, nacido en San Antonio, Tolima, Colombia el 19 de diciembre de 1912. Fue un persistente y sensible investigador, a lo largo de toda su vida y una referencia obligada en los estudios sobre los conflictos en Colombia con su trabajo pionero: ‘La Violencia en Colombia’. Libro producido en compañía de Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna.
Por su controvertida labor de denuncia social y política, en septiembre de 1968 se vio obligado a radicarse en México donde fue profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM e investigador del Instituto de investigaciones Sociales de la misma universidad. Durante 1973 y 1978 fue consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Tegucigalpa – Honduras. En 1982 viajó nuevamente a México invitado como profesor e investigador en la Universidad Autónoma Chapingo. Allí murió en una cirugía de corazón abierto en la ciudad de México el 13 de septiembre de 1988.
Como parte del X Simposio Internacional Jorge Isaacs, se celebrará el concierto Huellas de africanía en la música brasileña y colombiana, este jueves 1 de noviembre, a las 7:30 p.m., en la Sala Beethoven del Conservatorio Antonio María Valencia, ubicado en el Instituto Departamental de Bellas Artes. La entrada es libre.
El concierto estará a cargo de Andrea Albuquerque Adour Da Câmara, maestra de música y canto de la Universidad Federal de Río de Janeiro, y Viviane Sobral, destacada pianista de la Escuela Nacional de Música; también participará en la marimba el maestro Héctor Javier Tascón Hernández, del Instituto Departamental de Bellas Artes.
El repertorio de música brasileña estará constituido mayoritariamente por composiciones de procedencia oral, será acompañado con la marimba para evidenciar cómo la música tradicional del Pacífico colombiano puede ser trasladada a otros escenarios.
Como parte del espacio Universidades en la Feria, una de las actividades con las que arrancó la Feria Internacional del Libro de Cali, se llevó a cabo el Lanzamiento del Libro 'Ritual y Carnaval: Sincretismo en el carnaval de Barranquilla', cuyo autor es el profesor del Departamento de Artes Visuales y EstéticaJavier Mojica Madera.
En el libro, a través de fotografías y textos críticos, Javier Mojica devela desde su interior los semblantes y rituales del Carnaval de Barranquilla, evidenciando las circunstancias culturales que convergen en este territorio e instituyendo una característica particular que sintetiza la condición del hombre caribe.
Esta publicación hace parte del Programa Editorial de la Universidad del Valle y es uno de los resultados del proyecto de investigación-creación 'Carnaval de Barranquilla: Huellas de la africanía' que adelantó el profesor Mojica.
Como parte de los resultados también se encuentran la Exposición fotográfica 'Miradas de Carnaval', que se exhibió la Sala Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal en el año 2016 y un documental, el cual se puede adquirir junto con el libro.
El profesor Javier Mojica es Doctor (Ph.D.) en bellas artes de la Universidad Politécnica de Valencia -España y maestro en artes visuales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante su trayectoria académica y artística ha realizado múltiples exposiciones, entre las que se encuentran “ARCO” en la Xarxa de la Diputación de Valencia- España, la exposición itinerante por el territorio colombiano con el Banco de la República “Viaje sin Mapa” y “Mandinga sea” en el Museo de Antioquia de Medellín.
El economista egresado de la Universidad del Valle Carlos Andrés Rebellón fue nombrado por la junta Directiva Servicio Postal Nacional como gerente del operador postal 4-72
El nuevo gerente ha hecho parte de la CRC y de la Superintendencia de Servicios Públicos
Así lo confirmó la organización por medio de un comunicado, en el cual destacó los más de 15 años de experiencia en el sector de telecomunicaciones. Entre otros cargos, ha sido asesor de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, director técnico de la Superintendencia de Servicios Públicos y asesor de UNE EPM Telecomunicaciones.
“El nuevo Gerente de 4-72 tiene maestrías en economía ambiental y economía de la Universidad de Los Andes; y en gerencia de comunicaciones de la Universidad de Strathclyde de Glasgow”, resaltó el comunicado.
Con ocasión del X Simposio Internacional Jorge Isaacs, abrió en la Biblioteca Mario Carvajal de la Universidad del Valle la cuarta edición del Salón Yemayá, un espacio de exposición de las artes afrocolombianas.
El Salón Yemayá es un proyecto cultural que la universidad recuperó, consciente de la importancia de ofrecer un espacio expositivo a las artes afroamericanas, incluido desde luego, las afrocolombianas. Artes que son el resultado de la actividad de los artistas del Caribe y de nuestros dos continentes que asumen el legado africano, lo renuevan y actualizan en términos contemporáneos.
Los artistas que hacen parte de este salón promueven un renacimiento cultural que asume la expresión de los conflictos, las exigencias y las esperanzas que el presente depara a los afrodescendientes, contando con el pasado del que aún intenta separarlos el colonialismo residual que aún padecen.
Una de las invitadas a la reapertura del Salón es la artista Margarita Ariza, decana de la Facultad de Artes Visuales del Instituto Departamental de Bellas Artes. Ella participa con Blanco Porcelana, el polifacético proyecto con el cual saca a la luz el racismo subyacente en nuestra sociedad, el racismo que se niega a decir su nombre, y que permea tanto los usos y las costumbres como al lenguaje cotidiano, cargándolo de expresiones que desprecian y ofenden a aquellos cuya piel no tiene un color “blanco de porcelana” y que, de manera paradójica, son usadas por muchos de los que tienen piel oscura.
“Blanco Porcelana trabaja a partir de elementos muy sencillos y que podrían pasar desapercibidos, pero que tienen alto contenido político: las prácticas de belleza aprendidas en casa, las frases familiares que se dicen y las historias personales en relación con el color. Se cuestiona la aspiración de blancura vigente en nuestras cabezas, en nuestra sociedad. Tenemos una carga histórica que repetimos y se reflejan en nuestros prejuicios e imaginarios” señaló durante la apertura del salón.
La artista explicó que la mayoría de los elementos que componen su exposición aluden a la infancia, “un momento en que se asimilan todas las construcciones culturales y los mensajes que van directo a la construcción de la subjetividad”. Para Ariza, este trabajo es una relectura de su historia personal que se cruza y da una visión de la sociedad.
El hecho de que Margarita Ariza haya recurrido al análisis de su propia experiencia personal, involucrando a destacados protagonistas de su escena familiar, es una prueba de cuán importante ha sido para ella este proyecto y de cuánto coraje le fue requerido para ahondar en dramas que también afectan su intimidad.
El salón incluye además obras de siete artistas que respondieron al llamado de Ariza de pintar un retrato de Juan José Nieto Gil, el primer presidente negro de Colombia. Y obras de arte africanas de la Colección Bertrand de Univalle, con el propósito, en primer lugar, de mostrar cuán altos han sido los logros de las culturas africanas en el ámbito de las artes para acallar a quienes siguen despreciándolas. Y en segundo, de probar que en África las culturas llamadas tradicionales aún son fecundas y actuantes: las piezas expuestas, aunque sometidas a patrones consuetudinarios, fueron realizadas en la segunda mitad del siglo XX”.
Margarita Ariza dirige el grupo de investigación Aisthesis: Teoría y Creación. Trabajó como coordinadora del área de Educación Artística de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura. Dirigió el Proyecto Industrias Culturales de Cali, del Banco Interamericano de Desarrollo operado por Comfandi.
Ha trabajado en el área de curaduría del Museo de Arte Moderno de Bogotá y en el área de educación del Museo de Arte Moderno de Barranquilla. Ha sido docente en universidades como la Javeriana de Cali, Icesi y la Escuela de Artes y Letras de Bogotá.
El Salón Yemayá realizó en la sala Mutis de su Biblioteca Central, tres ediciones. La primera dedicada a artistas afrocubanos, la segunda a artistas afrobrasileños y la tercera al notable trabajo de documentación fotográfica de las comunidades afro del litoral Pacífico, realizado por François Dolmestch en la segunda mitad del siglo pasado.
Esta exposición estará abierta al público en la Sala Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal hasta el 13 de noviembre.
El X Simposio Internacional Jorge Isaacs estará dedicado a la vida y obra de Manuel Zapata O.
Por Fabio Martínez, profesor de la Escuela de Estudios Literarios
Publicado en El Tiempo
Conocí a Manuel Zapata Olivella en una fiesta folclórica que realizó su hermana Delia en su casona del barrio La Candelaria de Bogotá. Allí, rodeado de músicos, escritores y amigos, estaba el autor de ‘Changó, el gran putas’, la novela que nos habla del viaje cruel y ominoso de los negros africanos a América.
Nacido en Santa Cruz de Lorica, un bello pueblo situado a orillas del Sinú, Manuel comenzó a descollar en los años sesenta con las novelas ‘Tierra mojada’, ‘La calle 10’ y ‘En Chimá nace un santo’.
El autor loriquero, quien había estudiado Medicina en la Universidad Nacional, fue receptivo al movimiento negro internacional que en aquellos años era comandado por el intelectual senegalés Leopoldo Sedar Sengor y el poeta martiniqués Aimé Césaire.
Fueron Sengor y Césaire quienes en París reivindicaron por primera vez el concepto de ‘negritud’. “Quien no me comprenda, no comprenderá el rugido del tigre”, dice Césaire para reivindicar sus orígenes afros.
Según el investigador Luis Carlos Castillo, en el año de 1943, un grupo de intelectuales negros del Caribe y el Pacífico conformaron el Club del Negro, como una manera de reivindicar la africanidad invisibilizada por las élites colombianas que siempre se han creído ‘blancas’ y herederas en línea directa de la Casa de Lara de España.
En el grupo figuraban los jóvenes caribeños Manuel y Delia Zapata y los intelectuales del Pacífico caucano Helcías Martán Góngora, Marino Viveros, Adolfo Mina y Natanael Díaz.
Zapata Olivella fue uno de los pioneros en hacer conciencia sobre la presencia de la cultura negra en Colombia, y el rico aporte que esta le ha brindado al país. Junto con su hermana Delia fueron los primeros en establecer el puente cultural entre el Caribe y el Pacífico.
En 1963, Delia Zapata fue coreógrafa y directora del cuerpo de danza del Instituto Popular de Cultura de Cali (IPC), y Manuel realizó en 1977, en esta misma ciudad, el Primer Congreso de las Culturas Negras de las Américas.
A diferencia de la obra de Gabo, donde escasean los negros, la presencia de la etnia afro en la obra literaria de Zapata Olivella es rica y copiosa. Lo podemos apreciar en sus libros ‘La calle 10’, ‘Chambacú, corral de negros’ y ‘El fusilamiento del diablo’.
Pero es en ‘Changó, el gran putas’ donde la impronta afro queda plasmada en una de las mejores novelas de la literatura hispanoafroamericana, como afirma el editor español Basilio Rodríguez Cañada.
El libro comienza con un poema épico donde se reivindica el panteón africano que viene de la cultura yoruba, y donde Changó, el dios de la guerra, el fuego y los tambores, es el orisha protagonista de la novela.
En 2003, la Universidad del Valle le otorgó a Manuel Zapata Olivella el doctorado ‘honoris causa’.
El X Simposio Internacional Jorge Isaacs (del 29 de octubre al 2 de noviembre), que dirige el académico Darío Henao Restrepo, estará dedicado a la vida y obra del escritor de Lorica, quien supo mantener el legado afro en el país y establecer el puente intercultural que existe entre el Caribe y el Pacífico colombianos.
El concierto - conferencia 'Dúo ar. co. Música académica latinoamericana para violín y piano' se realizará el próximo jueves 01 de noviembre en el auditorio Carlos Restrepo del edificio E15 a las 4:00 p.m.
La conferencia, coordinada por la Escuela de Música, tiene como objetivo presentar los resultados de investigación de las maestras Tatiana Tchijova y Dora de Marinis, quienes con su amplia trayectoria han articulado una propuesta de investigación y práctica del repertorio musical académico latinoamericano para violín y piano.
Tatiana Tchijova, docente de la Escuela de Música resalta que, con este trabajo, “Se involucraron con las obras para Violín y Piano de los compositores latinoamericanos de los siglos XX y XXI que representan no solo la tradición enraizada en las corrientes nacionalistas propias de cada país, sino también los estilos contemporáneos y de vanguardia. Se trata de brindar a las jóvenes generaciones de músicos y público en general, espacios de intercambio entre intérpretes y creadores musicales, además de ampliar, consolidar y construir nuevos públicos”.
La Profesora Tatiana Tchijova también es directora del Festival de Música de Cámara de Guadalajara de Buga, cuya quinta versión se realizará del 08 al 11 de noviembre y tendrá como invitada internacional a la pianista argentina Dora de Marinis.
DORA DE MARINIS
Egresada de Música, especialidad Piano de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina y de la Musikhochshule des Saarlandes en Alemania, donde obtuvo su Maestría en Interpretación Pianística.
Como pedagoga desde 1980 ha desarrollado una intensa actividad en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, donde ha formado discípulos de destacada trayectoria no solo pianística, sino también en Investigación musicológica e interpretativa, campo de la Investigación artística creado por ella.
Ha creado y dirigido el programa de Maestría en Interpretación de Música Latinoamericana del S. XX de la Universidad Nacional de Cuyo, en donde también se ha desempeñado como directora de Investigación y Desarrollo, asesora de Relaciones Internacionales y Cooperación Internacional.
En 1994 creó y dirigió el Grupo “Ostinato”, para el estudio y difusión de la Música Argentina para Piano.
De Marinis ha dictado cursos, seminarios y clases magistrales sobre Música Latinoamericana del siglo XX en connotadas universidades de Argentina, Canadá, Estados Unidos, México e Inglaterra
Como concertista ha llevado a cabo 65 Conciertos con Orquestas Sinfónicas, más de 200 recitales como solista de piano y más de 600 en Música de Cámara.
Desde 2010 y durante seis temporadas consecutivas ha dirigido el Festival Internacional “Música Clásica por los Caminos del Vino”, posicionándolo como uno de los más destacados en su género.
TATIANA TCHIJOVA
Tatiana Tchijova es directora de los programas académicos de Música y Licenciatura en Música. Cuenta con un doctorado en Artes y es magister en violín del Conservatorio Estatal de San Petersburgo (Rusia). En su tesis de doctorado abordó la obra del compositor colombiano Antonio María Valencia.
Es miembro de la Asociación de Procultura de San Petersburgo. Dentro de su labor pedagógica se ha desempeñado como profesora de Violín en el Colegio Musical de M. Rostropovich en Rusia y desde el año 1994 como profesora de Violín y conjunto de Cámara en la Escuela de Música de la Universidad del Valle.
Es directora artística de la Fundación Camerata Alférez Real de Cali. Ha ofrecido recitales de música de cámara en Rusia, Polonia, Serbia, Venezuela, Guatemala, Colombia, Argentina y Cuba con artistas renombrados como Harold Martina, Tatiana Pavlova y Dora De Marinis. Desde 2010 es profesora invitada de violín y música de cámara en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico y del Departamento de Música de la Universidad del Norte, en Barranquilla.
PROGRAMA
• LUIS GIANNEO (Argentina, 1897-1968)
Siete Piezas infantiles para Violin y Piano
- Vidala
- Canción incaica
- Chacarera
- Canción de cuna
- Zapateado
• CELSO GARRIDO LECCA (Perú, 1926)
Danzas Populares Andinas para Violín y Piano.
• HEITOR VILLA-LOBOS (Brasil, 1887-1959)
Sonata-Fantasía #2 para Violín y Piano.
-Allegro non troppo
-Largo
-Allegro
El sexto conversatorio de la segunda temporada de 2018 de Viernes de Letras contó con la participación de Alberto Ruy Sánchez, escritor mexicano reconocido internacionalmente tanto por sus publicaciones de carácter creativo como por su trabajo de editor de la revista Artes de México. Esta actividad fue coordinada por Mario Jursich Durán, editor de la revista El malpensante, y Hernando Urriago Benítez, director de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.
El invitado, oriundo del norte de México, deleitó al público asistente a la velada con una conversación de ilustrado cosmopolita. Contó los inicios de su carrera intelectual a través del interés que tuvo, siendo estudiante de pregrado, por la cinematografía soviética, interés que cristalizó con una investigación sobre la estadía de Eisenstein en México.
Reveló cómo a este deslumbramiento con el cine al servicio del socialismo siguió, en breve espacio de tiempo, el desengaño o descubrimiento de la verdad, por medio de las lecturas de las novelas de Aleksandr Solzhenitsyn y de un trabajo de documentación en torno a la biografía de André Gide, escritor que tempranamente asumió su equivocación ante el totalitarismo soviético, lo que le valió el desprecio del gremio de intelectuales favorables a dicho sistema.
Una investigación de Ruy Sánchez acerca de Willi Münzenberg, el artífice de la propaganda leninista, fue crucial para su posicionamiento crítico frente a la utopía de las utopías, motivo del que se sirvió profusamente en la elaboración de sus primeras novelas.
De su etapa de formación destacan los años como estudiante de doctorado en París, donde fue alumno del entonces muy cotizado Roland Barthes, quien, dentro de una academia de implacable tecnificación lingüística, era el representante de una forma de estructuralismo que no había roto del todo con la tradición humanística. Francia primero y Marruecos después ampliaron las perspectivas de Ruy Sánchez, que retornó a México como un intelectual adulto con una visión distinta de su propio país, amablemente divorciada de las determinaciones localistas y de los imperativos indigenistas en que militan de ordinario los letrados de Hispanoamérica, prohibiéndose a sí mismos el acceso a lo mejor de la cultura universal.
El artesano de palabras
Por Pedro Chávez
Quiero comenzar citando unas palabras de un libro de ensayos del autor con las que explica de cierta manera el título que lleva: Con la literatura en el cuerpo: [Cito] “Escribir ensayos es como ir bailando muy gozosamente con nuestros temas y autores y problemas; y por supuesto, también es devorarlos ritualmente: hacerlos nuestra carne, nuestros pasos. Es aceptar que la literatura nos entra por el cuerpo y muchas veces se queda en él”.
De manera que Alberto Ruy Sánchez comenzó a “bailar” desde muy pequeño “con [sus] temas y autores y problemas”, entre Ciudad de México, lugar donde nació en 1951, y los desiertos de Sonora y Villa Constitución, al Norte del país. Pero fue en el desierto, lugar ajeno a las escuelas, donde su madre le enseñó a leer los libros y su padre “la arena silenciosa que se mueve como el mar”. Desde entonces, la literatura formó parte de su vida y en compañía de su padre fue capaz de leer las variaciones del sol durante el día, la presencia de los animales en el rocío lamido de los Nopales o el vuelo del colibrí—al que luego se refiere cuando lo compara con un enamorado de la siguiente manera: “El colibrí es una flor que vuela / que contagia de ave a las flores”. En una entrevista cuenta que durante este primer periodo en México escribió el cuento Eco perdida en el Bosque, experiencia que le enseñó a “esperar el tiempo para que la forma sea la que desea el artesano”, a pesar de los elogios de un jurado de escritores como Juan Rulfo y Juan José Arreola. [Sobra decir que el cuento fue premiado].
Así pues, Alberto Ruy Sánchez aprendió desde muy pequeño que “todo pasa por nuestro cuerpo”, pero también que un “buen lector” es aquel que percibe las imágenes corrientes de su entorno de otra manera y con ello sale de la uniformidad. La melancolía de Fatma, personaje principal de su primera novela Los nombres del aire, revela el mecanismo interno de este proceso cuando siente de repente, producto de la contemplación a la bahía de Mogador y a la música del deseo que comenzaba a tocarse en su cuerpo, que “un mar secreto la estaba modelando” por dentro. Y entonces Fatma fue tempestad callada e inició “un viaje sin regreso, muy dentro de ella misma”, y su alteración, [porque ya vimos que la Literatura entra por el cuerpo] “fue una de esas heridas que ya no cicatrizan”. Esta novela fue publicada en 1987 y recibió el Premio Xavier Villaurrutia, el más prestigioso de México, pero en realidad se empezó a escribir desde que el autor viajó a París y rompió su itinerario para visitar el desierto del Sahara, donde conoció Mogador a dos horas y media hacia el Atlántico desde Marrakech. De manera que inició ese “viaje sin regreso” que venía preparando desde su infancia con esta novela y parece que habitara en Mogador desde entonces.
De este “viaje” también es responsable Roland Barthes, de quien aprende siendo su alumno que “donde el Saber toma Sabor aparece el escritor y desaparece el escribano”. Al respecto, Alberto Ruy Sánchez recordando a su maestro dice en la introducción de su libro de ensayos [que cité al comienzo], que “a mitad de curso transformó completamente sus puntos de vista (…) e introdujo en todo lo que escribía una buena parte de lo que estaba viviendo”; su maestro se había enamorado de una mujer. Le sucedió también a Ibn Hazm, personaje de Los nombres del aire, cuando descubre que el Corán es insuficiente para descifrar a Fatma y recurre a los libros paganos; le sucedió también a Alberto Ruy Sánchez, cuando sintió la necesidad de comprender a su esposa Margarita, investigación que sigue llevando a cabo como un minucioso documentalista y se refleja en toda su obra poética, sobre todo en el Quinteto de Mogador, publicación que reúne el trabajo de más de veinticinco años de escritura e indagación alrededor del tema.
Por tal motivo, en su obra podemos ver cómo se conjura la forma en que los cuerpos reaccionan y leen su espacio, con esa búsqueda del erotismo interior que se ha vuelto esclavo de las imágenes convencionales “de espejo de pared”, imágenes que limitan su significado cuando focalizan la mera exterioridad. Hay que tener en cuenta que para Alberto Ruy Sánchez “cualquier género es un yo ensayándose en el mundo”, de manera que más que ver en los géneros una receta literaria para darle forma a sus fantasmas, Alberto trabaja sobre su yo y así reinventa dichos caminos establecidos más propios de la ortodoxa crítica literaria que de la creación poética. Por ejemplo: Nueve veces el asombro se publicó en España como un poema, en Estados Unidos como un ensayo y en Francia como una novela. Los géneros son un problema para los editores, confesó en una entrevista. Lo importante es transmitir la vida a través de la literatura, y para ello hay que entender que “cada uno crea su método a partir de su propio cuerpo”.
Alberto Ruy Sánchez es Doctor por la Universidad de París VII Denis Diderot y actualmente se desempeña como Director General de la revista Artes de México junto con su esposa. A lo largo de su carrera ha escrito siete novelas, cuatro antologías de cuentos y relatos, trece libros de ensayos, seis libros de poesía, y con ello ha cosechado más de veinticuatro premios nacionales e internacionales, entre los que se destaca el nombramiento como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia; y el Doctorado Honoris Causa, otorgado por el Centro Universitario de Integración Humanística de México. Como profesor ha sido invitado a varias universidades e imparte con frecuencia conferencias y seminarios en cuatro de los cinco continentes del mundo.
En la mesa de coordinadores también se encuentra esta noche el periodista, poeta, escritor y traductor colombiano, Mario Jursich Durán, director y miembro fundador de la revista Malpensante de Bogotá. Estudió Filosofía y Letras en la Pontificia Universidad Javeriana y se ha desempeñado como profesor de periodismo en esa misma universidad y la de los Andes. Tradujo obras de Alessandro Baricco, Rubem Fonseca y Gesualdo Bufalino. Como poeta se dio a conocer en 1990 con su libro Glimpses. Ha publicado ensayos y crónicas donde explora aspectos inéditos de la vida sociocultural del país. Por otro lado, también se encuentra esta noche Hernando Urriago Benítez, director de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle. Como poeta y ensayista obtuvo el Premio Departamental de Poesía del Ministerio de Cultura en 1998 por la colección de poemas Magisterio de ceniza, y en 2006 el Primer Premio de Cuento y de Poesía en el Concurso Palabras Autónomas de la Universidad Autónoma de Occidente.
Para terminar, se puede decir que Alberto Ruy Sánchez es un escritor que explora todas las dimensiones del deseo, un tema inagotable que está vinculado a la diversidad humana y a la posibilidad que tiene cada uno de contar el amor y sus anhelos. Y la tarea que emprendió como artesano fue darle forma a esa pasión, materializar “a la luz de los ojos humanos la escritura escondida en todas las cosas y en toda la gente”, construir un lugar “donde las mujeres de Mogador puedan tejer sus complicidades”. Doy paso al autor, Alberto Ruy Sánchez.
El quinto conversatorio de Viernes de Letras de la segunda temporada de 2018 tuvo como invitada a Andrea Serna, escritora de textos para el público infantil, la cual goza de una reconocida trayectoria en el ámbito nacional e iberoamericano. Silvia Valencia y Alice Castaño, docentes de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle, coordinaron el conversatorio.
Durante la velada se tocaron puntos atinentes a la investigación de índole psicológica que debe efectuar el escritor adulto de textos dirigidos a niños. Asimismo fueron comentados los aspectos de carácter comercial que determinan tipológicamente a las publicaciones de este género.
La invitada compartió detalles y anécdotas de su desempeño como creadora de contenidos de producciones audiovisuales e hizo énfasis en que el texto literario no debería ser identificado ni confundido con materiales extraliterarios como los que corresponden a la semiótica de la imagen.
Algunos vídeos proyectados durante el conversatorio mostraron al público asistente la labor de Andrea Serna como promotora de lectura en diversos lugares del país.
Literatura infantil
Por: Diana Satizabal Herrera
Cuando hablamos de literatura infantil es común que a nuestra mente lleguen imágenes representativas de magia, hadas, princesas, dragones y piratas. Mundos mágicos que embargan al ser de fantasía. Es normal encontrar estos arquetipos representativos de las tradiciones culturales en las historias infantiles. No obstante encontramos que en las últimas décadas estos paradigmas mentales han ido evolucionando. Se han ido transformando en una continua búsqueda del enigma humano. Es decir, se considera el infante un ser complejo y autónomo, el cual en su devenir se enfrenta realidades igualmente complejas. Es a partir de este punto donde surge la transformación de la literatura infantil. Como lo expresa Yolanda Reyes “los niños siempre quieren leer cosas sobre cómo hicieron algo los otros. Tienen curiosidad por conocer otras miradas, por ver cómo funciona el mundo de afuera, pero también cómo funciona el de adentro. Encontrar libros que les permitan refugiarse en el fondo de sí mismos.”
La autora con la cual compartiremos la noche de hoy es un reflejo de esto, además encarna la filosofía de la nueva ola en lo concerniente al propósito de la literatura infantil. Andrea Vega Serna nació en Cali es guionista, productora y diseñadora de contenidos para público infantil. Egresada en literatura de la universidad del valle. Su enfoque práctico hasta la fecha había sido el Campo Audiovisual. Es miembro fundador de LaTetera S.A.S, colectivo de realización de contenidos. Su búsqueda personal la ha conectado con las narrativas del yo y el discurso autobiográfico, de modo que sus proyectos están permeados por sus experiencias infantiles y su vida adulta. Ha sido productora y guionista de las series infantiles Salta la Página, A Que Sí y (Des) Conocidos, para la renovación de la franja infantil del canal regional Telepacífico. Entre sus trabajos se destacan las cuatro temporadas de ‘Guillermina y Candelario’, para Señal Colombia y la productora valluna Fosfenos Media.
Afirma que su amor por la literatura se lo debe a su mamá y a su abuelo, que sembraron en ella el gusto por los libros. Entre sus influencias resalta la lectura de autores como Irene Vasco, Yolanda Reyes y Claudia Rueda, cuyas historias la han ayudado mucho, incluso para la construcción de sus guiones. Ganadora de la beca de escritura de largometraje infantil del Ministerio de Cultura 2015 con su proyecto La carta de Rafaela. Beca Ibermedia, Taller Andino de desarrollo de proyectos con su guión La Carta de Rafaela. Co-directora de (Re) Paso, proyecto documental ganador de la convocatoria Estímulos 2016 de la Secretaría de Cali. Ganadora de estímulos de la Secretaría de Cali 2017 para el desarrollo del cortometraje Cosiánfiras, animación experimental dirigida a público infantil - 2017.
Uno de sus últimos reconocimientos es el Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor y la publicación de la obra “Adiós, Oscurita” en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2018. El cual tiene como propósito promocionar la literatura infantil y juvenil en todo el territorio nacional. “Adiós Oscurita” es un relato dirigido a niños entre los siete y nueve años de edad, que entra a formar parte de la Serie Azul del Plan Lector de SM. El libro, que fue ilustrado por el ecuatoriano Roger Ycaza, narra la conmovedora historia de la inquieta Rafaela, quien mantiene una comunicación por medio de cartas con Oscurita, su mascota recién fallecida.
La novela infantil “Adiós, oscurita” es una historia que llega y conmueve todos los corazones, y me atrevo a decir, que no solamente el de los niños sino el de los adultos. La historia de este pequeño libro relata un momento por el que todos hemos pasado, un enfrentamiento al curso natural de la vida que, aunque doloroso, todos deberíamos aprender a aceptar. La muerte y el duelo son situaciones las cuales nos cuesta tratar con ellas en cualquier etapa de nuestras vidas, pero estas, hacen parte de nuestra condición humana y por tanto debemos enfrentarnos a ellas tarde o temprano.
Rafaela es una niña llena de sueños y rodeada de un mundo mágico repleto de payasos, guaduales y riachuelos. Además tiene la compañía de su mejor amiga, en medio de este paraíso, una labradora negra de nombre Oscurita. La cual la acompaña hace muchos años en sus aventuras infantiles. Sin embargo Oscurita Muere y la tristeza embarga a Rafaela por la pérdida de su compañera y amiga leal. Y aunque el dolor es infinito, como suele ser el dolor de la muerte, Rafaela encuentra en el lápiz y el papel la manera de sortear esa sensación tan misteriosa que le sale del corazón.
Es por eso que “Adiós, Oscurita” es también un diario que explora la escritura como mecanismo de sanación, Un libro repleto de cartas que Rafaela le escribe a su mejor amiga, interrogándola sobre el dolor de su pérdida y todas las incógnitas que puedan surgir en medio del dolor. El libro es una muestra de expresión íntima, un reflejo del alma y de la sensibilidad de una pequeña niña que encuentra en la escritura una herramienta para aliviar su dolor y lidiar con la pérdida. Además encuentra un camino que la lleva a convertirse en autora y creadora.
Unos de los aspectos más valiosos de esta novela de la escritora caleña Andrea Serna, es el encuentro entre Rafaela y el Señor Muerte, un hombre grande con traje de colores y sombrero, de actitud amable y graciosa. Una representación bastante alejada de todos los paradigmas mentales y sociales que comúnmente asociamos con la muerte. Resulta fundamental que este personaje pueda alejarse del temor y la oscuridad que lo ha identificado a lo largo de la historia. Y es precisamente esto lo que le permite a Rafaela, mirarlo a la cara y comprender que no debe temerle, puesto que es natural y amigable. Y es a través de esa relación, que surge en medio del bosque de papayos, que el dolor de la muerte se vuelve efímero con la presencia de un ser bonachón y dulce que es, en este caso, el Señor Muerte.
Observamos que la autora nos presenta una obra tan basta y agradable, pero no sencilla. Leer “Adiós, Oscurita” es asistir a una catarsi, a un encuentro con las emociones más profundas del ser, enfrentarse a los miedos primigenios de la vida, las grandes pérdidas y lo sobrenatural. Sin embargo la autora ha logrado por medio de la estética literaria mostrarnos otra cara de la moneda de la muerte, ha logrado que esta figura y este proceso sean nuestro amigo y nuestro aliado en la superación del dolor.
Las relaciones de los niños con los animales fueron el camino más sencillo para contar esta historia. Andrea Serna encuentra en este libro, un arma para hablar sobre la muerte como un tema que nos atraviesa a todos y que más allá de las creencias religiosas necesita tener un tratamiento especial para saber cómo lidiar con el dolor que ella produce, especialmente en los niños. Como lo expresa la autora Yolanda Reyes “Cuando yo hablo de poética y política lo que estoy diciendo es que debemos dar a los niños la posibilidad de descifrarse, construir un lenguaje, de conversar de nutrir su psiquis con historias, estímulos, arte. Es un acto puramente político. Por esta ruta se lleva el lenguaje y las alternativas de representación simbólica, está la construcción de la ciudadanía, la capacidad para aprender, expresarse etc. Está todo eso y en esos primero años, se construye o se deja de aprovechar esto”.
Finalmente no queda sino agradecer a nuestra escritora Caleña Andrea Serna, por el compromiso social que su obra refleja, por ese viaje al centro del alma humana que nos transforma y nos permite encontrarnos a nosotros mismo en un mundo lleno de emociones y procesos confusos. Nos permite dialogar con nuestros miedos y transformarlos en nuestros amigos para hacer la vida y la muerte más llevadera.