La arquitectura fue la carrera perfecta para que esta artista se dedicara a su verdadera vocación
Por: Laura Parra Rodríguez
En un momento en que la profesión para las mujeres era ser maestra, Silvia Schiess Ibáñez quería ser pintora. La decisión de su familia de enviarla a Estados Unidos a estudiar docencia parecía una realidad, pero se atravesó la arquitectura. "vine a la Universidad del Valle con una profesora del colegio, ella enseñaba aquí inglés y me dijo que tomara unos cursos mientras me iba", recuerda esta artista sobre el encuentro inesperado con la carrera que fue su refugio perfecto. Su talento innato para plasmar el mundo en trazos la destacó desde sus primeros semestres, pero su espíritu inquieto la impulsó a explorar más allá de los planos y las maquetas.
50 años después de graduarse, la sala Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal abre sus puertas a la exposición “Naturaleza y Vida” de Silvia Schiess Ibáñez, una mujer tan fascinante como sus creaciones. Sus pinturas tejidas con hilos de arquitectura, paisajismo y una profunda conexión con la naturaleza, nos revela un camino donde la vocación se abre paso a las oposiciones a su carrera de artista.

El paisajismo como lienzo
Fue en el paisajismo, una disciplina que la conectó con la exuberancia de Cali, las planicies del Valle y la Costa Pacífica, donde encontró un nuevo lienzo para su expresión artística. Mientras conocía el Valle del Cauca y proponía senderos ecológicos para parques del departamento, se despertó en ella una necesidad de capturar la belleza efímera de los paisajes, aquellos que, como ella misma reflexiona, "van a desaparecer y se van a quedar en recuerdos".
Su herencia suiza, legado de un padre que admiraba su talento, y la pasión por la naturaleza de su madre, se fusionan en sus obras, donde los techos rojos de Cali se entrelazan con la frondosidad de los mangos y la nostalgia de la infancia de sus hijos en el Colegio Bolívar, donde egresó y fue maestra.
Su formación en paisajismo, lejos de ser una mera profesión, se convirtió en una herramienta para comprender y representar la relación entre el ser humano y su entorno. La excusa perfecta para llegar a casa a componer con maestría. Los detalles de sus óleos exudan el aire húmedo de la selva y los acrílicos dedicados a las travesuras infantiles están ambientados en montañas y casas pueblos que nos recuerdan la esencia campesina del país.

La luz de la memoria
La memoria, como hilo conductor, guía su pincel. Fotografías encontradas, recuerdos y la necesidad de sanar la relación con su madre que se opuso a que fuera pintora se transforman en lienzos que dan cuenta de su maestría.
Acuarelas mágicas, óleos de gran tamaño y acrílicos que retratan lo cotidiano nos invita a reconocer la belleza de nuestras propias historias. Su exposición nos recuerda que el valle del cauca siempre ha sido un suelo fértil para el arte.
Fotografía: Ana Sofía Domínguez, fotógrafa del área cultural de la Biblioteca Mario Carvajal.
La egresada y profesora de la Licenciatura de Arte Dramático de la Universidad del Valle Marleyda Soto, fue galardonada como mejor actriz en la gala 41 de los Premios India Catalina que rinden homenaje a lo mejor del talento audiovisual en Colombia e Iberoamérica.
Este reconocimiento le fue otorgado por su actuación en la serie Cien años de soledad de la plataforma de streaming Netflix.
En la serie, Marleyda interpreta a una Úrsula mayor, matrona de la familia Buendía, que tiene que hacerse cargo de la casa después de que su esposo José Arcadio enloquece y Macondo empieza a cambiar con la llegada de la presencia estatal y la iglesia. La actriz nos entrega un personaje en el que se refleja toda la carga emocional que este trae consigo, la severidad, pero también el humor ante la extrañeza de los acontecimientos mágicos que toma la serie del universo garciamarquiano.
Marleyda Soto tiene una amplia y laureada carrera en el cine y la televisión. En el año 2007 debutó en la película colomboalemana Dr. Alemán y un año después participó en la película Perro come perro de Carlos Moreno, participó en el largometraje Amores peligrosos y en 2015 protagonizó la cinta La tierra y la sombra de César Augusto Acevedo, también egresado de Univalle, película que fue premiada el festival de Cannes de 2015 con la Caméra d'or. En 2016 protagoniza la película de Felipe Guerrero Oscuro animal, interpretación con la que obtiene el premio a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. y en 2019 actúa en Los silencios, película de la cineasta brasileña Beatriz Seigner, actuación que le mereció el premio a mejor actriz en el Habana Film Festival.
En la ceremonia, Marleiya agradeció a sus compañeros del elenco y al equipo de producción y realización de la serie “por hacer posible lo imposible, por demostrarle al mundo que se puede hablar de Macondo”. También tuvo palabras para sus amigos y sus estudiantes y para las mujeres, madres, abuelas, mayoras “esas Ursulas Iguarán sin las que nuestras familias no serían lo que son”.
Fotografía de Catalina Jimenez tomada de El Espectador.
Como parte de la Asamblea General Ordinaria de la Asociación Colombiana de Facultades de Educación (ASCOFADE), la Universidad del Valle y la Facultad de Educación y Pedagogía fueron reconocidas por su sobresaliente trayectoria y su valioso aporte a la educación superior en Colombia.
ASCOFADE rindió homenaje a diversas instituciones de educación superior por su impacto en la formación de docentes, su compromiso con la calidad educativa y su contribución al desarrollo del país. En esta ocasión, la Universidad del Valle recibió un reconocimiento especial con motivo de la conmemoración de sus 80 años de fundación, destacando su liderazgo, excelencia académica y su papel clave en la construcción de políticas educativas y el fortalecimiento del sistema educativo nacional.
Asimismo, se reconoció a la Facultad de Educación y Pedagogía por sus 60 años de labor formativa, consolidándose como un referente en la preparación de educadores con altos estándares de calidad, compromiso ético y sensibilidad social. Su aporte ha sido fundamental para el fortalecimiento de la educación en el suroccidente colombiano y para la transformación de comunidades a través de la docencia, la investigación y la proyección social.
El reconocimiento fue entregado oficialmente al señor rector, profesor Guillermo Murillo Vargas, por parte del decano de la Facultad de Educación y Pedagogía, Edwin Germán García Arteaga, durante la sesión del Consejo Académico de la Universidad del Valle, realizada el jueves 3 de abril de 2025.
Estos reconocimientos se suman a los otorgados a otras destacadas instituciones como la Universidad Externado de Colombia, la Universidad de La Salle, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), la Universidad del Tolima, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, entre otras, evidenciando el compromiso colectivo del sector con la calidad, la innovación y la formación integral de los futuros maestros del país.
La Universidad del Valle agradece a ASCOFADE por este importante reconocimiento, el cual fortalece su compromiso con la excelencia educativa, la equidad y el desarrollo sostenible de Colombia.
La Asamblea General Ordinaria de ASCOFADE se llevó a cabo el pasado 26 de marzo en Barranquilla.

El Instituto de Investigación e Intervención para la Paz de la Universidad del Valle invita a toda la comunidad académica y al público en general a participar en la Cátedra de Paz y Democracia 2025, que se realizará el próximo miércoles 9 de abril, de 2:30 p.m. a 5:30 p.m., en el Auditorio Ángel Zapata de la Biblioteca Mario Carvajal, en el campus Meléndez.
En esta jornada, la cátedra abordará el tema “Retos de la educación para la paz en contextos de violencia y polarización”, una reflexión urgente y necesaria en el panorama actual. La educación para la paz es un componente fundamental en la construcción de sociedades más justas, democráticas y solidarias, tanto en Colombia como a nivel internacional.
Como invitada internacional contaremos con la participación presencial de la profesora Kathy Bickmore, reconocida académica de la Universidad de Toronto. La doctora Bickmore es docente del Instituto de Estudios de Educación de Ontario, donde ha dirigido el área de Educación Comparada Internacional y para el Desarrollo. Su trayectoria académica se centra en temas de ciudadanía democrática, resolución de conflictos en contextos escolares, pedagogías críticas, y construcción de paz a través de la educación.
Ha desarrollado investigaciones comparadas en países como México, Bangladesh y Canadá, y ha trabajado en temas como el manejo de conflictos estudiantiles, el poder en las dinámicas escolares, la educación ciudadana, y los desafíos de las políticas escolares “antibullying” en la formación para la paz. Su aporte enriquecerá el debate con una mirada global, crítica y comprometida.
En representación nacional, participarán dos destacados académicos, Adriana Anacona Muñoz y Javier Alfredo Fayad Sierra. La profesora Anacona, mujer indígena Yanakuna, es socióloga, magíster en Políticas Públicas y doctora en Historia y Arte por la Universidad de Granada. Actualmente es docente de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle, integrante del grupo de investigación en Educación Popular y consultora del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (CLAIP).
Javier Alfredo Fayad Sierra es profesor titular de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle. Licenciado en Ciencias Sociales-Historia, especialista en Ética y Derechos Humanos, magíster en Historia, doctor en Educación y posdoctor en Ciencias Sociales. Es miembro del grupo Historia de la Práctica Pedagógica y ha dedicado su carrera a la investigación crítica de la educación y la memoria.
La moderación del evento estará a cargo del profesor Julio César Alvear Castañeda, candidato a doctor en Educación (Universidad La Salle, Costa Rica), magíster en Derechos Humanos y Democracia, especialista en Cultura de Paz y profesional en Estudios Políticos y Resolución de Conflictos.
Este será un espacio de encuentro académico y ciudadano para reflexionar colectivamente sobre los desafíos que enfrenta la educación en la construcción de paz duradera en medio de la polarización y la violencia.
Las directivas de la Universidad del Valle, encabezadas por el rector Guillermo Murillo Vargas, así como los equipos técnicos de trabajo participaron de una jornada para avanzar en la concreción del Plan Estratégico de Desarrollo 2025-2035 visión 2045.
En la apertura del encuentro, el rector Guillermo Murillo Vargas recordó que la principal premisa del Plan es la participación de toda la comunidad universitaria, con el fin de que expresen sus ideas sobre la Universidad que sueñan. A lo largo de 15 meses esta ha sido la principal característica del proceso de formulación orientado por la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional, a cargo del profesor Luis Carlos Castillo Gómez.
El rector Murillo destacó algunas fortalezas de la Universidad, tales como el Sistema de Regionalización, las políticas y servicios de bienestar, en particular la oferta de sus restaurantes, entre otras. Invitó a su equipo de trabajo a establecer aquellos diferenciales que en el futuro próximo caracterizarán y proyectarán internacionalmente a la institución. Enfatizó que es muy importante tener siempre presente los propósitos a conseguir y no desviar esfuerzos para alcanzar metas de alto impacto para la Universidad, la región y el país.
En la jornada de trabajo se complementaron los desafíos que se han definido por parte de los distintos estamentos a lo largo del proceso de formulación del Plan y se definieron programas para cada uno de ellos.
En los próximos días continuará el trabajo entre Planeación y las directivas académicas y administrativas, así como con todos los estamentos de la Universidad para seguir construyendo el Plan decenal de desarrollo que se promulgará este año como parte de la conmemoración de los 80 años de Univalle.
El profesor Murillo Vargas destacó el compromiso y la constancia de todo el personal docente y administrativo de la universidad, de los estudiantes, sindicatos y organizaciones para avanzar en la apuesta de futuro, así como el trabajo constante y coordinado del equipo de la Oficina de Planeación.
En un esfuerzo por fortalecer la protección y el bienestar animal, la sección de Servicios Varios y Gestión Ambiental en conjunto con la División de Bibliotecas invitan a participar de un espacio de aprendizaje y reflexión en torno a los avances legislativos por los derechos de los animales y las rutas de atención en casos de tenencia irresponsable o maltrato.
La charla sobre derechos animales en Colombia se llevará a cabo el próximo 10 de abril, a las 4:00 p.m., en el Auditorio Ángel Zapata de la Biblioteca Mario Carvajal, Campus de Meléndez.
La invitada es Natalia Guevara, defensora de los derechos animales y experta en el tema, representante de la Unidad Administrativa Especial de Protección Animal (UAEPA) de la Alcaldía de Cali.
La UAEPA, creada bajo el Acuerdo 543 de 2022, es un organismo central con autonomía administrativa que lidera políticas, programas y proyectos para la protección integral de los animales. Entre sus funciones principales se encuentran:
*Administrar y operar equipamientos públicos como el Centro de Protección y Bienestar Animal y el hogar de paso.
*Formular políticas públicas de protección animal y estrategias de articulación interinstitucional.
*Realizar campañas de atención veterinaria y esterilización, promoviendo una cultura de cuidado animal.
Avances en legislación animal en Colombia
Colombia ha dado pasos significativos en la lucha contra el maltrato animal. La reciente aprobación de la "Ley Ángel" marca un hito al establecer penas más severas para actos de violencia contra los animales, incluyendo sanciones económicas y privativas de la libertad. Además, introduce medidas innovadoras como rutas nacionales de atención al maltrato animal y programas de sensibilización para agresores.
La Asociación Pandora, en colaboración con el Comité de Género y Bienestar Estudiantil del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle invita al I Congreso Internacional Pensamiento Filosófico, Literatura y Mujer, que se llevará a cabo los días 9 y 10 de abril de 2025.
Este Congreso tiene como propósito abrir un espacio de reflexión e intercambio académico en torno a las intersecciones entre el pensamiento filosófico, la literatura y las perspectivas de género. Será una oportunidad para dialogar y enriquecer nuestras miradas sobre estos campos de estudio desde un enfoque crítico y plural.
El congreso abarcará diversas líneas de investigación relacionadas con el pensamiento filosófico, la literatura y la mujer. Entre las áreas temáticas de interés se incluyen: Filosofía y Feminismo; Literatura y Representación de la Mujer; Género y Pensamiento Crítico; Historia del Pensamiento Feminista; y Literatura y Activismo Feminista.
Modalidad de Participación:
El congreso se llevará a cabo tanto en modalidad presencial como virtual, ofreciendo a los participantes la flexibilidad de elegir la opción que mejor se adapte a sus necesidades y circunstancias. Se espera una activa participación tanto de académicos como de estudiantes interesados en contribuir al diálogo interdisciplinario sobre estos temas fundamentales.
¡Les extendemos la invitación a participar y ser parte de este espacio de encuentro!
Coordinan: Asociación Pandora y Comité de Género y Bienestar Estudiantil del Departamento de Filosofía
Lugar: Auditorio Germán Colmenares, edificio D10, piso 1, Facultad de Humanidades - Sede Meléndez
Modalidad: presencial y virtual.
Información y programación: https://www.asociacionpandora.com/l/i-congreso-internacional-pensamiento-filosofico-literatura-y-mujer/
Enlace para oyentes virtuales: https://meet.google.com/cxt-kxzg-npi
Los estudiantes indígenas Carolina Quiguanas y Edgar Bomba, de los programas de Licenciatura en Literatura y de Estudios Políticos y Resolución de Educación respectivamente, ambos pertenecientes al pueblo Nasa, fueron los primeros estudiantes en realizar el proceso de validación de la lengua materna como primera lengua, en sustitución a la lengua extranjera para obtener su título de pregrado.
Edgar Bomba actualmente es consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas de Sa’th Tama Kiwe y es hablante del Nasa Yuwe. Durante el desarrollo de sus estudios de pregrado fue gobernador del Cabildo Universitario. Motivado por fortalecer las lenguas indígenas desde el contexto universitario, solicitó la modificación de la normativa que exige el aprendizaje de una lengua extranjera como requisito para la culminación de estudios y obtención del título.
A través de la Resolución 238 del 17 de octubre de 2024 emitida por el Consejo Académico se dio respuesta a la solicitud de los estudiantes indígenas por el reconocimiento institucional de sus lenguas maternas, en consideración a su condición de bilingüismo, donde el español opera como segunda lengua en función de su historia y cosmovisión. Este es un avance muy significativo debido a que las lenguas indígenas en Colombia tienen una importancia fundamental en múltiples dimensiones, desde la identidad cultural hasta el desarrollo educativo y la preservación del conocimiento ancestral.
"Este es un hecho histórico para los estudiantes indígenas, porque no está diciendo que nuestra lengua es valiosa. Muchos llegamos a la universidad y quisimos no volverla a hablar. Así que es fundamental que se nos impulse a seguir practicándola y que además volvamos a nuestro territorio a aplicar nuestros conocimientos", expresó Carolina Quiguanas, estudiante de Literatura y estudiosa de la tradición oral Nasa.
En la actualidad existen 65 lenguas en Colombia, pero en la práctica, muchas de ellas están en peligro de extinción debido a procesos históricos de colonización, discriminación y desplazamiento forzado.
Este reconocimiento de las lenguas maternas es importante, debido a que las lenguas indígenas son esenciales para la identidad cultural, la equidad social, la educación y la preservación del conocimiento ancestral en Colombia. Su protección no debe verse como un simple acto de reconocimiento simbólico, sino como una necesidad urgente para garantizar la diversidad lingüística y los derechos de los pueblos indígenas en el país.
Este avance representa un paso importante para la Universidad del Valle y los pueblos indígenas que hacen parte de la comunidad universitaria y es un aporte importante para la construcción de espacios más inclusivos, garantizando el reconocimiento de la diversidad cultural en la institución.
Isabella Romero Castaño, estudiante de la Licenciatura en Literatura y de Psicología de la Universidad del Valle, ocupó el segundo lugar del XII Premio Nacional de Cuento La Cueva con el texto ‘Ahora que estamos tan bien’.
Isabella forma parte de la tercera generación del Diplomado en Escritura Creativa y Crítica Literaria de la Universidad Nacional Autónoma de México y es fundadora del grupo de escritura Cuarto de Legua en Cali.
En 2018, obtuvo el primer lugar en el XIII Concurso de Poesía Inédita de Cali, el tercero en el Concurso Escritores Autónomos 2019 de la Universidad Autónoma de Cali, y recibió mención de honor en el XX Concurso Nacional de Poesía Eduardo Carranza en 2022. Además, ha alcanzado el tercer lugar en el concurso del Festival de Pereira Cuentos Cortos para Esperas Largas en 2020 y 2024, y el tercer puesto en el concurso de poesía multilingüe Versos de Babel 2024.
Ha sido publicada en la antología Poesía Joven del Valle del Cauca (2022), en la revista universitaria Lexikalia (décima edición, 2020) y en la revista Luna Nueva (2021) en su sección “Nuevas Voces”.
A los catorce años Isabella empezó a escribir. A esa edad hizo parte del Taller de escritura creativa que dirigen Julio César Londoño y Betsimar Sepúlveda (2015), luego ingresó al taller Écheme el Cuento (2018) que lidera Alberto Rodríguez, en coordinación con la Casa de la Lectura, el Banco de la República y la Red Relata del Mincultura, además del taller de poesía El traspatio del Cielo (2020) con Betsimar Sepúlveda y los talleres que ofrece la Red Relata, en este caso en poesía con Hellman Pardo (2022) y en cuento con Laura Ortiz (2023).
El Premio Nacional de Cuento La Cueva es un prestigioso concurso de literatura colombiana que no pone límite de edad a la creación. Este premio destaca igualmente a 22 finalistas en un libro anual antológico. A través de este certamen, la Fundación La Cueva cumple con su misión de impulsar la creación literaria, de manera especial la de este género, cultivado por importantes miembros del llamado Grupo de Barranquilla, como José Félix Fuenmayor, Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y escritoras barranquilleras imprescindibles como Marvel Moreno, Meira Delmar, Fanny Buitrago.
Desde el 2001 se han presentado al Premio Nacional de Cuento La Cueva más de 12 mil historias de autores nacionales y extranjeros que residen en Colombia, y de colombianos que viven en el extranjero..
En esta ocasión el jurado estuvo conformado por los escritores Gabriela Alemán Salvador, David Betancourt y Guido Tamayo, quienes leyeron los 210 cuentos seleccionados por los pre jurados entre los 1.712 recibidos.
Como parte de las actividades para celebrar los 80 años de la Universidad del Valle, la Biblioteca Mario Carvajal presenta la exposición “Naturaleza y vida”, en la cual se recoge la obra de la artista y egresada de la institución Silvia Schiess Ibáñez, arquitecta, paisajista y pintora, quien transforma la belleza del territorio en arte. A través de acuarelas, óleos y acrílicos, sus piezas capturan la esencia del agua, el viento y la vida en el paisaje colombiano.
Esta exposición estará disponible del 4 al 30 de abril en la Sala Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal, Campus de Meléndez. El acto inaugural se llevará a cabo el día viernes 4 de abril, a las 5:00 p.m.
Silvia Schiess Ibáñez es artista, arquitecta y paisajista, nacida en Bogotá en 1943. Desde niña tuvo una gran inclinación por el piano y la pintura. Gracias a esta sensibilidad artística ingresó a la entonces Facultad de Arquitectura en la Universidad del Valle en 1961. Su apreciación por el paisaje y el territorio la llevó a realizar una Especialización en Paisajismo, además de ser la principal fuente de inspiración para su obra, explorando la riqueza del territorio y la cultura colombiana por medio de distintas técnicas como lo son la acuarela, la pintura al óleo y la pintura acrílica.
Descubriendo a Silvia, la pintora
Por Rodrigo Escobar Holguín
Arquitecto de la Universidad del Valle
Éramos como cuarenta o cincuenta, entre ellos Silvia, los que habíamos logrado pasar los exámenes de admisión para Arquitectura, aquel agosto de 1961, en la sede de la Universidad del Valle en San Fernando. Por entonces nos matriculábamos no por semestres sino por años. Al comienzo para mí una apenas de esos compañeros desconocidos, ya iría yo poco a poco dándome cuenta de su ser de artista.
Nuestros profesores nos restringían en los medios de dibujo: trabajábamos sobre papel periódico en blanco, en las primeras semanas con crayola negra, y más tarde con estilógrafo. Se acercaba el final del primer año cuando alcancé a darme cuenta del trabajo de Silvia, pues sus presentaciones se destacaban por la calidad de la línea, por lo depurado de la composición, y por el uso de una gama amplia de tonalidades de gris. Para el último trabajo de ese año ya podíamos hacer uso de otras técnicas y de la gama plena de colores. La víspera de la entrega final de proyectos nos reunimos ella, otro compañero y yo en la casa de uno de nosotros para pasar la noche en blanco preparando nuestros dibujos. Fue la comprobación definitiva de la calidad de su trabajo: se anunciaba la futura pintora.
Al segundo año la fuerte presión académica continuó, para matizarse luego con dos profesores extranjeros: el chileno Carlos Avendaño, y el argentino Eduardo Sacriste. Con ambos siguió destacándose Silvia, pero fue de Sacriste de quien obtuvo los mayores elogios, pues dijo de ella que era de una sensibilidad exquisita. Ya por entonces todos los compañeros lo sabíamos.
Tercero era un año esperado por mí con impaciencia, por el curso de Arquitectura Paisajista que dictaba Lyda Caldas de Borrero. Esa asignatura tan placentera fue de nuevo una ocasión de trabajo conjunto; Silvia y yo hicimos equipo para el diseño de un jardín en la parte externa de la Escuela de Arquitectura, al lado de la Cafetería. Propusimos una secuencia de áreas circulares con caminos y setos de arbustos. Disfruté mucho esa experiencia.
El curso incluía de vez en cuando excursiones a diversos lugares del Valle. Conocimos El Topacio, en la cuenca del río Pance, y otros sitios que nos pusieron en contacto con el paisaje de la región y sus calidades. Esta relación cercana con la naturaleza iba a ser para Silvia una semilla de lo que florecería más adelante, y que hoy podemos disfrutar en esta exposición.
De allí en adelante, en los años cuarto y quinto, los proyectos se hacían individualmente. Para la tesis de grado se formaron grupos diferentes —habíamos sobrevivido doce de ese grupo de primíparos tan grande—, y ya no nos volvimos a encontrar sino el día del grado, el 17 de junio de 1967.
Nuestras carreras comenzaron a apartarnos. Pero años después, la vida nos acercó de nuevo, por una iniciativa de los profesores Harold Borrero y su esposa Lyda Caldas: fundaron la especialización en paisajismo en 1992, y Silvia decidió matricularse. Nos encontramos allí en algunas conferencias. Después de ella graduarse, Lyda, Harold y Silvia, con otros de sus compañeros, fundaron la Sociedad de Ambientalistas y Paisajistas del Suroccidente, en la cual me invitaron a participar.
Hacíamos muchas de las reuniones en la casa de Silvia, en Miraflores. Algunas acuarelas de ella, desde los muros, recordaban a los participantes el objeto de su trabajo, el cuidado de la belleza del Valle, de su mar, de sus costas y selvas. Tiempo después la encontré en el parque del Peñón, un lugar de especial significación para ella, pues no solo iba a mostrar allí sus acuarelas, sino que tuvo la oportunidad de hacer un hermoso diseño del parque, realizado después por el Municipio: uno de los tantos lugares de nuestra ciudad en los que pudo dejar su sello de paisajista.
La casa de Miraflores se fue llenando con sus acuarelas, y en determinado momento comenzaron a aparecer óleos. A veces hacíamos excursiones por el Valle con el grupo de paisajismo, tomábamos fotos, y al cabo de un tiempo veíamos los más hermosos lugares de nuestra región pintados por la mano de Silvia.
También los graduados en aquella ya lejana mañana de Junio de 1967 nos reunimos unas cuantas veces en su casa, y entonces podíamos disfrutar a través de ella tanto de la pintura como de la música, pues Silvia, hábil y disciplinada estudiosa del piano, nos deleitaba con sus interpretaciones de piezas colombianas y clásicas europeas, en otra valiosa expresión de su sensibilidad y su arte.
Fue así como gradualmente me fui dando cuenta de con quién había estudiado Arquitectura.
Para mí, los artistas cumplen un papel crítico en la sociedad. Dada la importancia de las comunicaciones, y la necesidad de generar signos y modos convencionales para comunicarnos, nos vemos por lo general atrapados en una cotidianeidad de convencionalismos. A través de su trabajo, los artistas nos sacuden, nos liberan de esa uniformidad, mostrándonos otros modos de ver lo que vivimos, lo que nos rodea. Refrescan nuestros sentidos, despiertan nuestra sensibilidad, nos ayudan a encontrar nuevas maneras de expresarnos y de compartir experiencias. Para ello tienen que desafiar lo convencional, y muchas veces entran en conflicto en ámbitos sociales dominados por las formas acordadas y acostumbradas de hacer las cosas.
Silvia es un ejemplo de una artista que ha logrado superar esos choques y convertirlos en aprendizajes. Se ha orientado a mostrarnos, a través de su arte, de sus ojos y de sus manos, un modo muy singular de ver el Valle del Cauca y las selvas y costas del Pacífico, en sus paisajes urbanos y rurales, y también, con menor frecuencia, las gentes que pueblan esos paisajes.
Y es que hay implícita en el arte una dimensión didáctica: nos enseña a percibir el mundo de un modo que nos enriquece. Silvia tiene una vocación hacia esa enseñanza, que ha revelado a través de diversas circunstancias de su vida. Por ello, conviene que disfrutemos de esta exposición como de un aprendizaje revelador.
Tengo en casa dos acuarelas suyas. Y hace unos meses, le encargué un óleo sobre los manglares y esteros del Pacífico, para regalárselo a alguien que ha navegado por ellos muchas veces. Ahora hace parte de esta exposición. Me alegré mucho cuando me contó que pronto lo veríamos junto a esta selección de su obra, expuesta en la Biblioteca Central con el auspicio del Departamento de Filosofía.
¡Muchas gracias!
Cali, 4 de abril de 2025