El Consejo Académico de la Universidad del Valle, en su sesión extraordinaria el día de ayer, analizó los tristes y graves hechos ocurridos en la Seccional Palmira el pasado 8 de mayo en los cuales, en un acto violento contra dos de nuestras estudiantes, perdió la vida la estudiante Sirley Vanessa López y resultó herida la alumna María José Valencia. El rector, los decanos y decanas, representantes profesorales y estudiantiles integrantes del Consejo Académico condenan la violencia de género que hoy nos enluta y reiteramos el sentimiento de pesar, dolor y solidaridad con la madre, el padre, familiares, amigas, amigos y docentes de Sirley y María José.
En este contexto, rechazamos contundentemente todo acto de violencia basada en género que afecte a los estamentos estudiantil, profesoral y de trabajadores. Por eso, la Universidad se constituye como víctima frente a las diversas formas de violencia, y son todos los estamentos articulados con quienes podremos dar soluciones que garanticen la no repetición en los campus de estos hechos contrarios al ethos universitario, en donde se enfatiza el respeto a la vida, el reconocimiento de la diferencia, la tolerancia y la no discriminación.
Al mismo tiempo, hacemos un llamado para establecer un frente común de defensa de la universidad pública y rechazamos enfáticamente lo sucedido en el edificio de la administración central de la Ciudad Universitaria de Meléndez donde se repitieron agresiones contra las personas que laboran allí y se destruyeron bienes públicos, profiriendo injurias y falsas acusaciones hacia el Señor Rector, quien ha actuado de manera decidida y ajustada a la institucionalidad. Es inadmisible responder a la violencia con más violencia.
Ante la gravedad de la situación y atendiendo las propuestas de los miembros y la representación estudiantil, el Consejo Académico aprobó las siguientes decisiones:
1. Declarar los días comprendidos entre el 13 y 17 de mayo como una semana de luto y de profunda y amplia reflexión sobre el valor de la vida, el respeto a las diferencias y el derecho a tener una vida libre de violencias de género en todas las sedes y seccionales de la Universidad promoviendo la más amplia participación de estudiantes, profesores y funcionarios/as. Se propone que las actividades académicas no deben enfocarse en la cobertura de contenidos curriculares. En su lugar, se invita a que, en el marco de sus espacios, se propicien diálogos de reflexión crítica con las y los estudiantes sobre los acontecimientos recientes, sus implicaciones y el papel que le corresponde a la comunidad universitaria en la construcción de una convivencia pacífica, respetuosa y solidaria.
2. En todos los campus y sedes, fortalecer los procesos y las acciones que se han establecido para la atención inmediata de las violencias basadas en género en todas las sedes y seccionales. En tal dirección, en adelante, se ampliarán los espacios de participación, los procesos de formación y de sensibilización y se divulgarán las rutas de atención a las víctimas de las VBG aprobadas por la Universidad.
3. Fortalecer los equipos psicosociales para la atención de estudiantes y de la comunidad universitaria en general en todas las sedes y seccionales.
4. Adoptar, en el corto plazo, las medidas de seguridad que contribuyan a mejorar la seguridad y las dinámicas de uso y convivencia en los campus la Universidad.
5. Realizar el acompañamiento a las familias de las víctimas y todas las acciones y estrategias de apoyo, para ellas y para la comunidad de estudiantes con el acompañamiento de entidades de protección, con un programa de la Defensoría del Pueblo.
6. Aprobar todas las medidas académicas especiales para los y las estudiantes de la seccional Palmira, atendiendo la situación crítica que han afrontado debido a los efectos de los hechos mencionados, que fueron solicitadas por la representación estudiantil. En tal sentido, se modifica para los programas académicos de pregrado que se ofrecen en la Seccional Palmira las siguientes fechas del desarrollo de Semestre:
Cancelación de asignaturas: 30 de mayo
Fecha límite para cancelar semestre: hasta el 30 de mayo
Finalización de clase: 20 de junio
Finalización del periodo: 27 de junio
Exámenes finales y habilitaciones: hasta el 27 de junio
Registro de Calificaciones de TG y prácticas y pasantías: 11 y 12 de septiembre
La División de Admisiones y Registro Académico registrará de oficio el reingreso para el segundo período académico de 2025 a aquellos estudiantes que están matriculados en el período febrero - junio de 2025, y lo hayan cancelado entre la fecha de expedición de la presente resolución y el 30 de mayo de 2025. Los reingresos de estudiantes admitidos a primer semestre en el periodo 1-2025, que cancelen el período febrero - junio de 2025 se podrán realizar de oficio, siempre y cuando el Programa Académico en el que se encuentren matriculados haya tenido proceso de admisión a primer semestre para el segundo período de 2025. En los demás casos, deberán esperar al siguiente período académico en el que el programa tenga oferta y realizar su solicitud de manera regular.
Por el respeto de la vida, por campus más seguros para todas y todos, rechazamos en forma contundente las violencias basadas en género y convocamos a un frente común de defensa de la Universidad Pública.
Consejo Académico de la Universidad del Valle.
Cali, 13 de mayo de 2024
Tomado de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Medellín.
Como grupo directivo de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín expresamos nuestra solidaridad con la comunidad universitaria de la Universidad del Valle por la muerte de la estudiante Sirley Vanessa López Loaiza, estudiante de Licenciatura en Literatura, luego de hechos lamentables ocurridos hace pocos días en uno de sus campus, relacionados con Violencias Basadas en el Género (VBG), según lo ha informado un comunicado oficial de la institución.
Por varios años las mujeres de nuestras comunidades universitarias han visibilizado de diferentes maneras las vulnerabilidades y riesgos a las que se enfrentan como producto de dinámicas patriarcales y machistas que existen en la sociedad y que no son ajenas a nuestra cotidianidad como instituciones de educación superior. Este hecho, profundamente doloroso, nos conmueve, nos interpela y nos invita como comunidad universitaria y como sociedad a rechazar todo acto que atente contra la dignidad, la integridad de las mujeres y su derecho a vidas libres de violencias.
La situación en la Universidad del Valle y otros hechos que vivimos también en nuestros campus nos conminan a seguir trabajando en la detección, prevención y atención de las VBG. En este marco, resaltamos algunas acciones institucionales que desde la UNAL Medellín nos han permitido abordar este tema con la prioridad que requiere y con la seguridad de que hay más por hacer desde los lineamientos institucionales.
En ese sentido, hemos avanzado en un plan de trabajo conjunto desde el Comité de Asuntos de Género que se reúne mensualmente y es presidido por la vicerrectoría, que contempla acciones pedagógicas, administrativas y comunicativas; estamos acompañando el proceso de revisión y ajuste del protocolo institucional para abordar las VBG y esperamos que pronto se anuncien a la comunidad universitaria los avances que buscan mayor efectividad de este. Además, en el Plan de Acción de Sede 2025-2027 hay una línea de trabajo que busca seguir movilizando la conversación y la acción articulada desde las diferentes dependencias y actores para contribuir a erradicar las VBG en nuestros campus.
Que sea este un momento para resaltar la responsabilidad compartida para garantizar una sana convivencia como comunidad universitaria y el fortaleciendo de nuestra Sede como campus sustentables y del cuidado.
Reiteramos nuestra ruta institucional de atención frente a la VBG, que contempla tanto el apoyo sicosocial como el jurídico, dispuesto por Bienestar Universitario.
Vicerrectoría Sede Medellín
Universidad Nacional de Colombia
Más allá de una mirada desde la atención y la enfermedad, en la Universidad del Valle consideramos que la salud debe abordarse con un enfoque integral. Esto significa pasar de una concepción relacionada con un abordaje biológico o corporizado, a contemplar diferentes elementos, entre ellos la relación de los sujetos con los entornos.
Los seres humanos somos interdependientes. La relación con los otros y otras impacta la vida individual y colectiva. En esas interacciones que se dan en la vida cotidiana se construye la salud, entendida como una serie de prácticas, interacciones y situaciones donde el ser humano busca su satisfacción biológica, relacional y emocional.
Desde esta mirada, que está contemplada en nuestra Política de Universidad Saludable, se asume que la salud es una producción humana que se hace desde la vida cotidiana, en el día a día de la universidad, en las relaciones tanto laborales, como académicas y sociales. Es integral porque va más allá del cuerpo.
Es una tarea de todos los actores de esta institución la promoción de entornos protectores, resilientes, sostenibles, donde se pueda desarrollar una formación integral e incluyente, una cultura del cuidado de la salud física, mental, espiritual, social y ambiental de manera transversal en los procesos del proyecto institucional.
Maria Cecilia Gonzalez Robledo es directora del Área de Investigación en Equidad para la Salud en el Centro de Investigación en Sistemas de Salud del Instituto Nacional de Salud Pública de México y estuvo como invitada en la Primera Semana de Internacionalización de la Facultad de Salud que se realizó entre el 5 y el 9 de mayo de 2025. En un diálogo con la Agencia de Noticias Univalle habló sobre porqué son necesarias y cómo se hacen las evaluaciones cuando se hace un proceso de intervención que afecta a la salud pública
Agencia de Noticias Univalle
¿Porqué es importante que desde las instituciones de educación superior se adelanten procesos e intervenciones en evaluación de salud pública?
Maria Cecilia Gonzalez
La salud pública es práctica, es acción. Entonces, las instituciones de educación superior estamos en el proceso y tenemos que pasar de la academia y de la investigación a la acción. Y la acción solamente se da a través de intervenciones y esas intervenciones, requieren ser evaluadas para saber finalmente si son útiles, si son efectivas y además para entender cuáles son los cambios que generan en la salud de las poblaciones. Entonces, este es un aspecto clave que está en desarrollo y que necesitamos profundizar para poder ayudar al sistema de salud a ser más efectivo.
ANU. Desde su experiencia, ¿cuáles son los criterios que deben primar al momento de evaluar las políticas que las regiones establecen alrededor de la salud pública?
MCG. Tenemos que entender qué se está haciendo, cómo se está haciendo y qué resultados estamos obteniendo. Yo creo que esos son los puntos clave que tenemos que entender. En México estamos desarrollando toda esa parte de evaluación desde hace bastante tiempo con un modelo que se llama Evaluación Integral de Programas de Desarrollo Social que incluye el tema de la salud.
Es importante para nosotros entender el proceso integral de evaluación: primero, cómo se diseñan las intervenciones y si tienen el potencial de resolver el problema público. Tenemos que hacer evaluaciones de diseño, pero no nos quedamos ahí, necesitamos saber, después del diseño, cómo se están implementando, entonces necesitamos hacer evaluaciones de proceso e implementación, esas evaluaciones básicamente nos dicen qué, cómo, quién, con quién y por qué. Podemos tener diseños muy buenos, pero que a la hora de ser ejecutados por algún motivo no funcionan, porque eso depende de la adopción, de la fidelidad, de la cobertura de una serie de características que no necesariamente tienen que ver con el implementador solamente, también con la los beneficiarios, con la población.
Entonces necesitamos monitorear esa implementación para saber qué está funcionando y para saber si algo no está funcionando, para hacer las adecuaciones que necesitamos para cumplir con el objetivo. Luego viene una tercera fase, que es la evaluación de resultados y esa evaluación de resultados lo que nos dice es qué tanto efecto de corto y mediano plazo se está logrando con relación al programa o a la intervención, porque al final, las evaluaciones de impacto que son de largo plazo, nos van a decir qué tanto estamos cambiando la sociedad.
ANU. ¿Podemos nombrar algún caso? ¿Un ejemplo de evaluación de intervenciones en América Latina que haya generado un impacto considerable en la salud pública?
MCG. México ha tenido muchas políticas públicas e intervenciones evaluadas, por ejemplo, en el caso de la nutrición: en el 2014, se empezaron a implementar algunas políticas de etiquetado de alimentos y otro tipo de políticas como el impuesto a los refrescos para generar cambios de comportamiento de las personas para disminuir el sobrepeso y la obesidad. Todas esas intervenciones en México han sido evaluadas y hay algunas que han tenido unos efectos muy interesantes y hay otras que no y eso finalmente es lo que nos permite entender si el dinero que se le está poniendo al programa está funcionando y si está logrando los objetivos y si no, para decir por ahí no es, tenemos que buscar otras alternativas.
El etiquetado frontal en México era inicialmente toda la tabla nutricional, te decían cuánta grasa trans, cuánto sodio, qué elementos tenía el producto. Pero también entendimos después de evaluaciones que la gente no sabía leer la etiqueta de ese tipo de cosas, entonces no podía tomar decisiones informadas. Para ello se cambió la forma de etiquetado, que son estos rombos de color negro que te dicen, si esos alimentos son altos en sodio, en carbohidratos, en azúcares y tú con base en eso puedes tomar una mejor decision informada. Esos son ejemplos prácticos de cómo la evaluación ayuda a tomar mejores decisiones.
ANU. ¿Cómo lograr en contextos de desigualdad e inequidad que las poblaciones más vulnerables puedan tener acceso a servicios básicos y a salud?
MCG. Esa es la pregunta del millón. En este momento estamos trabajando mucho en entender cuáles son esas brechas y la manera más eficiente de poder entregar servicios oportunos y de calidad a estas personas y es a través del trabajo intersectorial.
El sector de la salud no puede resolver todos los problemas. Lo que sí nos toca es asumir las consecuencias de la pobreza, de las carencias que tienen las personas en educación, en ingresos, en vivienda, porque eso finalmente afecta la salud física, emocional y esas consecuencias, el tratamiento, la atención de la salud, la tenemos que asumir nosotros. Entonces necesitamos trabajo intersectorial, nos tenemos que sentar un montón de gente, un montón de actores, nos tenemos que involucrar.
ANU. ¿Cuáles serían esos actores?
MCG. Son de todo tipo, por ejemplo, a la población que la hemos dejado por fuera, o sea, creemos que a la población hay que dejarla por fuera, porque los tomadores, los que sabemos tomar decisiones, somos nosotros, no la población. Hablamos también de profesionales de la salud, organizaciones no gubernamentales, legisladores, personas que hagan apoyos gubernamentales. Entonces, yo creo que esa es una tarea de todos.
La definición de sistemas de salud es la respuesta social organizada para atender las necesidades de salud de la población. Y cuando decimos respuesta social organizada, ahí nos estamos involucrando absolutamente todos en la sociedad: gremios, académicos, profesionales.
Esto no es del gobierno o del sector privado o de alguien, es de absolutamente todos.
En un avance que redefine los límites de la medicina reconstructiva, investigadores de la Universidad del Valle lograron un hito trascendental: el desarrollo exitoso de trasplantes de oreja en cerdos con un protocolo que favorece la recuperación del paciente y disminuye el uso de fármacos. Este nuevo tratamiento responde al momento histórico que atraviesa Colombia con la reparación integral a las víctimas de violencia de género y del conflicto armado.
Las cifras son alarmantes, según el Hospital Militar, el 42% de los heridos en escenarios de guerra ingresaron con compromisos de cabeza y cuello, cerca de 366 personas en sólo dos años. La mayoría son hombres menores de 31 años. Mientras que las mujeres jóvenes son las más afectadas por los ataques de ácido, que está dejando a más de 100 afectadas cada año, para un promedio de 500 mujeres en los últimos diez años.
Valioso es el salto paradigmático que representa el desarrollo de estas operaciones, porque los cerdos recibieron satisfactoriamente las orejas de otros cerdos sin la necesidad de inmunosupresores. Hecho que abre las puertas a futuros trasplantes de cara, ofreciendo una alternativa de recuperación más rápida que contrasta con los costosos y preocupantes efectos secundarios de los medicamentos.
El desafío: aumentar la participación de las víctimas
"Nosotros tenemos un gran porcentaje de población víctima del conflicto, sobre todo gente joven, que a los 20 o 19 años a duras penas salen de sus hogares por el daño que ha dejado la guerra en sus rostros", explica el doctor Óscar Gutiérrez, líder del grupo de Medicina Regenerativa de Univalle, quien conoce de cerca los casos más graves que llegan al Hospital Departamental Evaristo García, producto de una guerra que mermó, pero que dejó a muchas personas con secuelas.
Aunque los trasplantes son una realidad en algunos países, en Colombia no están aprobados por los altos riesgos de rechazo y los graves efectos secundarios de los medicamentos inmunosupresores, que los pacientes deben tomar de por vida. Se estima que, durante el primer año del trasplante, aproximadamente el 85% de las personas experimenta uno o más episodios de rechazo agudo, que no alcanzan a ser evitados por los fármacos. Situación a la que se suma el elevado precio (14,000 dólares al año).
Casos como el de Isabelle Dinoire, la primera persona en recibir un trasplante de cara, quien falleció por un cáncer relacionado con la inmunosupresión, y Carmen Blandin Tarleton, quien sufrió un rechazo crónico que amenazó su vida, ilustran los desafíos y las limitaciones de los tratamientos convencionales, que lo convierten en una espada de doble filo. Riesgo que el Ministerio de Salud y Protección Social prefiere no asumir, pero que podría cambiar con los resultados de la Universidad del Valle.
El origen de la solución: el viaje de un científico impulsado por la comunicación
La búsqueda de una solución para aumentar la tolerancia y aceptación del tejido implantado comenzó hace décadas, con la visión del doctor Óscar Gutiérrez. “Cuando empecé a investigar, pensaba en crear un laboratorio para producción de piel humana para tratar a niños quemados", recuerda el doctor acerca de sus primeros años como docente en la Facultad de Salud.
El camino para elaborar el proyecto surgió en el año de médico rural en el departamento del Vichada, cuando entró en contacto con la sabiduría ancestral de las comunidades indígenas y su creencia en la profunda conexión entre todos los seres vivos. Esta idea, que muchos consideran una metáfora, se convirtió en el punto de partida para explorar el concepto de la comunicación celular.
“En nuestro organismo ocurren cientos de conversaciones, nuestra microbiota es un ejemplo de ello”, explica Gutiérrez. La comprensión de este fenómeno comunicativo lo impulsó a ser médico internista, a estudiar cardiología y farmacología, todo detrás de un cambio radical. El método tradicional de trasplantes está basado en hacer que el cuerpo esté tan débil que no pueda reaccionar contra el trasplante, pero el protocolo de quimerización que desarrolló ayuda al cuerpo a reconocer y no ver en el injerto una amenaza.
Una vez se recoge el órgano "lo cultivamos durante 20-24 horas y le sacamos todas las células circulantes, linfocitos, glóbulos rojos, todas las células," explica el doctor Gutiérrez, detallando el meticuloso proceso de preparación del injerto; después se pone en contacto con las células del paciente y finalmente se hace la operación. Este enfoque demostró su eficacia en trasplantes de tráquea, pulmón y riñón, y así, las personas logran vivir sin inmunosupresores.
El regreso al presente: el significado del trasplante de oreja en cerdos
Aunque diariamente se realizan trasplantes de córnea, de riñón y de corazón, los de rostro son más complejos al ser un tejido compuesto por grasa, músculos, arterias y piel, trama que conlleva muchos tipos de células y funciones. Un desafío que necesitaba del otorrinolaringólogo Jorge Holguín Ruiz, con amplios conocimientos en cirugías de nariz y reconstrucción del oído medio.
La decisión de iniciar por las orejas respondió a su ubicación estratégica, en la que hay contacto cercano con la arteria carótida, la yugular, los maxilares, el nervio facial y músculos que comprometen los movimientos del rostro. Cirugía que permitió evaluar la seguridad del procedimiento, la movilidad y la sensibilidad de los animales.
Después de superar los desafíos iniciales y ajustar la técnica quirúrgica, el equipo logró un éxito sin precedentes: los cerdos sobrevivieron, se mantuvo la funcionalidad de sus orejas y no se presentó ningún tipo de rechazo. Ambos médicos recuerdan con felicidad ver a los cerdos comiendo y disfrutando, diez días después de la intervención, bajo observación médica y sin necesidad de inmunosupresores.
Mirando hacia el futuro: un horizonte de esperanza
El triunfo de esta operación se acerca al sueño de Gutiérrez de una piel que se adapte a todos los cuerpos y represente la posibilidad de trasplantes localizados, sin todos los efectos y dificultades que trae la dependencia a los inmunosupresores. Hecho relevante para Colombia, donde la mayoría de las víctimas de la guerra están en la ruralidad, lo que dificulta la adherencia al tratamiento convencional.
En este momento, el laboratorio de Quimerización mira hacia el futuro con optimismo. Esta dupla médica fue invitada a reunirse con expertos de Harvard y la Sociedad Brasileña de Cirugía Craneomaxilofacial, en Sao Paulo, Brasil con el objetivo de exponer los resultados, discutir técnicas y hacer alianzas.
“Todos nos dicen que busquemos financiación en Estados Unidos, pero allá están enfocados en sus propios intereses”, exclama el profesor Gutiérrez. Él conoce el panorama internacional, sabe los efectos de los ‘cerebros fugados', así que prefiere profundizar en las relaciones interinstitucionales con Brasil a través del convenio de la Universidad del Valle con el Departamento de Trasplantes de la Universidad de Sao Paulo.
A veces Gutiérrez quisiera agilizar los procesos, pero prefiere dar pasos seguros para que las y los colombianos accedan a procedimientos reconstructivos y el protocolo pueda ser usado en el país.
Por: Laura Parra Rodríguez
Agencia de noticias Univalle
¿Qué sería de la vida en un mundo sin bosques, ni ríos?
Por muchos años, la selva amazónica ha sido el corazón verde de nuestro planeta. Con sus extensos bosques, ríos majestuosos y biodiversidad incomparable, la Amazonía representa mucho más que un paisaje: es un pilar fundamental de la vida en la Tierra.
Este lugar enfrenta retos importantes como el orden público, los cultivos ilícitos, cambios políticos y económicos, los cuales obstaculizan la gobernanza ambiental y dificultan la implementación de políticas sostenibles, comprometiendo la conservación de su biodiversidad y el bienestar de las comunidades que lo habitan.
Cada árbol talado y cada hectárea devastada debilitan la capacidad de la selva amazónica para capturar carbono, conservar el agua y servir de refugio a una biodiversidad sin igual. Esta región, que solía absorber grandes cantidades de dióxido de carbono, podría estar convirtiéndose en un emisor neto de gases de efecto invernadero. Un cambio alarmante que amenaza no solo a la región, sino al planeta entero.
La deforestación y los incendios en la Amazonía han tenido efectos devastadores en la biodiversidad y en el ciclo del agua. La pérdida de árboles reduce la capacidad del bosque para liberar humedad al ambiente, lo que puede alterar los patrones de lluvia y aumentar la vulnerabilidad a sequías. Además, la destrucción de hábitats naturales amenaza a numerosas especies y comunidades indígenas que dependen del bosque para su sustento y cultura.
Arturo Madera Parra, vicedecano de Investigaciones de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle señala que “En los últimos 20 años se han deforestado diariamente, más o menos, 2.5 veces el tamaño del campus Meléndez”.
El programa REM Visión Amazonía es una iniciativa del Gobierno de Colombia, liderada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con el apoyo financiero de los gobiernos de Noruega, Alemania y Reino Unido, canalizado a través del banco de reconstrucción alemana KfW. Su objetivo principal es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, provenientes de la deforestación en la Amazonía colombiana, promoviendo estrategias de protección de los bosques y el uso sostenible de los recursos naturales, al tiempo que empodera a las comunidades locales y los pueblos indígenas mediante alternativas productivas bajas en deforestación.
La segunda fase del programa, REM II, se enfoca en la transformación productiva de focos activos de deforestación en Núcleos de Desarrollo Forestal y la Biodiversidad. En estos núcleos, las comunidades tienen el poder de detener la deforestación y mejorar su calidad de vida mediante el aprovechamiento sostenible de productos maderables y no maderables del bosque .
Este programa ha tenido un impacto significativo, alcanzando a más de 12.465 familias campesinas y estableciendo acuerdos de conservación que protegen 318.644 hectáreas de bosque en el territorio.
Desde su implementación en 2016, los avances han sido importantes. En ese año, la Amazonía colombiana perdía anualmente cerca de 144.000 hectáreas de bosque. Para 2023, esa cifra se redujo a 44.000 hectáreas, el registro más bajo en más de dos décadas. Si bien el último año presentó un leve repunte, la tendencia general demuestra que frenar la deforestación es posible con una acción coordinada y sostenida.
José Yunis Mebarak, coordinador nacional de Visión Amazonía, explica que “No estamos contentos con la tasa de deforestación; hay que reducirla a cero. Pero creemos que hay una estrategia y un camino, con altas y bajas, que ya estamos abordando con mayor profundidad”.
Uno de los pilares fundamentales de esta estrategia es el trabajo con las comunidades locales e indígenas. Estas poblaciones, que han vivido durante siglos en armonía con la selva, no solo conocen su dinámica, sino que también poseen prácticas sostenibles que garantizan su conservación.
Fortalecer sus capacidades, asegurar el acceso a tierras y recursos, y generar alternativas económicas basadas en productos maderables y no maderables del bosque, son medidas clave para asegurar que el desarrollo no se traduzca en destrucción.
La Amazonía es cultura, historia, identidad y, sobre todo, futuro. Es el hábitat de miles de especies únicas y de pueblos originarios con saberes ancestrales. Es un pulmón que da oxígeno y una fuente de esperanza para la humanidad y conservarla no es solo una obligación ambiental.
Desde la Universidad del Valle reafirmamos nuestro compromiso con esta causa. A través de la ciencia, la educación y la innovación, seguiremos sumando esfuerzos por la Amazonía, por Colombia y por el planeta, porque conservarla es creer en el futuro.
Por: Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle
El año pasado murieron en Colombia 161 personas por causas relacionadas con el embarazo, una cifra que disminuyó en comparación al periodo anterior, pero que sigue siendo alarmante y tiene al país en la línea roja de los derechos reproductivos. El doctor Julián Herrera Murgueitio es el líder del equipo que ha investigado la mayor causa de muertes maternas: la preeclampsia.
Sus investigaciones parecían controversiales hace dos décadas, al combinar la genética, la salud bucal y la nutrición.
Una carrera por activar o desactivar genes
Imaginemos por un momento la rutina de un control prenatal. Presión arterial, peso, ecografías. Daniela Suárez, con un embarazo de 37 semanas, salió tranquila de su consulta, “en ese momento tenía una presión arterial de 120/80, un parámetro normal, pero no imaginaba lo que sucedería después todo había cambiado, mi presión era sobre 140/100 y me diagnosticaron preeclampsia”.
Resulta que “la probabilidad genética de repetir la preeclampsia es 43% y de la diabetes del 40%” enfatiza Herrera. En el historial familiar de Daniela, la bisabuela y el papá sufren de hipertensión, así que los genes fueron el factor desencadenante de su enfermedad gestacional.
“Pero la genética no es destino", enfatiza el doctor Herrera, “lo que sabemos hoy es que la nutrición es importantísima para activar o desactivar esos genes. Deficiencias o excesos de nutrientes pueden ser el interruptor que desencadena la enfermedad". Asistir constantemente a los controles prenatales fue el principal factor que previno la muerte de Daniela, pues su cambio en la presión arterial fue detectado a tiempo. Aun así, la pregunta que se hace Herrera es ¿qué otros factores estaban sugiriendo la preeclampsia y pasan desapercibidos?
La pista bucal: una inflamación con consecuencias
Con la tenacidad de un detective, el doctor Herrera exploró una conexión inesperada. Sus estudios en Cali, publicados en el Journal of Periodontology (2006), con la participación de 130 mujeres con preeclampsia y 243 controles sanas, revelaron una asociación significativa: el 63.8% de las mujeres con preeclampsia presentaban periodontitis crónica, en contraste con solo el 36.6% en el grupo sin la complicación.
“No sabía que la salud oral estaba relacionada y no recuerdo que me lo hayan dicho”, expresa Daniela. La mayoría de los doctores no saben de este síntoma, por eso la investigación de Herrera es significativa, al indicar que la inflamación bucal podría ser un factor clave para indicar que la mujer puede padecer de preeclampsia.
Tras la pista del yodo: el otro extremo de la preeclampsia
El exceso de sal es un tema recurrente para evitar la hipertensión que se traduce en preeclampsia, pero en Colombia este ingrediente es el ingrediente más común para acceder al yodo, indispensable durante el embarazo. Para Herrera, “tanto el exceso de yodo como la falta de pueden ser un problema y más ahora con el consumo de sal marina que no es yodada”.
La deficiencia de yodo en mujeres indígenas de cinco departamentos fue rastreada por herrera y sus resultados son alarmantes: el 34 % tenían alta sospecha clínica de bocio de tiroides, y hasta el 46% tenían bajos niveles de yodo, situación que puede ocasionar hipotiroidismo, incrementar el riesgo de aborto, anomalías congénitas y deficiencias cognitivas en el bebé.
De allí que el doctor recomiende una dieta sin excesos de sal y rica en alimentos con alto contenido de yodo (rábano) una de las verduras que aporta yodo de manera natural. Estos hallazgos lo han llevado a participar en investigaciones en Asia para comparar los modelos de atención, así como los efectos positivos del seguimiento en los riesgos biopsicosociales.
Las ventajas económicas y sociales de la prevención
Daniela hace ejercicio desde los 16 años y tiene una alimentación saludable. Aunque sus genes fueron relevantes para tener preeclampsia, la pronta atención y sus estilos de vida favorecieron su recuperación: catorce meses después de dar a luz no tiene problemas de hipertensión y su bebé está saludable.
Esta experiencia concuerda en cifras con los resultados del doctor Herrera, quién comprobó en el departamento del Cauca que un buen control prenatal y acompañamiento a las gestantes redujo en un 0.17% los gastos del sistema de salud y ahorró hasta 2.904.392 millones de pesos en complicaciones y servicios de salud destinados a la recuperación o atención de las enfermedades maternas y neonatales.
Súper alimentos para la salud materna en la dieta criolla
Las investigaciones con las comunidades indígenas del país y su experiencia también le dieron pistas para identificar factores protectores dentro de las dietas criollas y autóctonas donde el marañón y el chontaduro están bajo la lupa.
El químico y docente Jaime Restrepo, destacado por investigar las propiedades del chontaduro, confirma que este alimento de fácil acceso en nuestra región es rico en carotenoides o ácidos grasos esenciales; además “de los 8 tipos de proteínas esenciales, el chontaduro tiene 7, así que es un alimento excelente que, además, aporta fibra”, lo que podrían tener un impacto positivo durante el embarazo.
Así como el chontaduro está en el pacífico, el marañón y el sacha inchi son alimentos ricos en grasas insaturadas que ayudan a eliminar las grasas saturadas y que se cultivan en el Caribe, el Vichada y el Amazonas. Estos alimentos de fácil acceso en Colombia pasan desapercibidos en las consultas médicas y para Herrera y Restrepo son fundamentales.
Hacia una política pública basada en la evidencia
"Nuestro objetivo final es traducir estos hallazgos en políticas públicas efectivas", concluye el doctor Herrara. “Debemos generar un debate informado sobre la importancia de los factores biopsicosociales en la atención prenatal”. Esto implica tener evidencia científica que demuestren la importancia de los Controles Prenatales y recomendaciones de los exámenes y síntomas que se deben observar con mayor detalle. Además, tener en cuenta la diversidad cultural, que implica adaptar los programas sin perder su efectividad.
En las veredas del Catatumbo y a orillas del Pacífico, mujeres han bordado lo que el conflicto les arrebató. Con hilos, cobijas y cuerpos marcados por la ausencia, madres, hermanas y buscadoras dibujan una cartografía del duelo colectivo que no aparece en los mapas oficiales. Dos investigadoras propiciaron el encuentro para convertir el dolor en memoria y el silencio en lenguaje.
En todo tejido hay una lógica secreta. Una hebra lleva a otra, como si cada puntada conociera su lugar incluso antes de tocar la tela. La aguja entra y sale, a veces firme, otras temblorosa, dejando tras de sí una huella de hilo que, con paciencia, toma forma y se convierte en historia. No es diferente lo que ocurre en el cuerpo: nuestras cicatrices también son hilos que marcan donde entró el dolor que el tiempo se encarga de coser, si es que cicatriza la herida.
Al igual que la tela, el cuerpo guarda lo que no se dice. A través de él se transmite el duelo, la pérdida, pero también la voluntad de resistir. En ciertas regiones de Colombia, donde el conflicto armado ha borrado rostros y sembrado el silencio, las mujeres han aprendido a bordar la ausencia. Con cobijas tomadas de sus casas e imágenes de sus desaparecidos en sus manos, han hecho del tejido una forma de memoria.
A través del proyecto Voces sin sentido. Cartografía de una figura inasible, realizado con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para la iniciativa Orquídeas, Mujeres en la Ciencia: Agentes para la Paz y la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, bajo la tutoría de la profesora María Eugenia Ibarra Melo; Paula Olaya Goez, psicóloga, doctora en Ciencias Sociales y docente de la Universidad Autónoma de Occidente y la Universidad del Valle, acompañó a las madres buscadoras de Buenaventura y el Catatumbo. Con aguja en mano, ellas reconstruyeron una cartografía afectiva, la del cuerpo herido que sigue andando, del recuerdo que se rehúsa a morir.
La decisión de ponerse en el centro
En Colombia, hay territorios donde el conflicto armado no es un capítulo del pasado, sino una presencia constante que reconfigura lo cotidiano. Buenaventura, con 940 personas desaparecidas, y el Catatumbo, con 2083, son dos regiones donde la vida se sostiene entre la memoria del dolor y la fuerza de la resistencia. En Buenaventura, la sombra de la violencia urbana y de las economías ilegales se extiende sobre un tejido social que, pese a las heridas, se niega a romperse. En el Catatumbo, los caminos rotos, las largas distancias y la presencia de múltiples grupos armados han sembrado un aislamiento que duele tanto como las ausencias.
En ambos territorios surgieron las madres buscadoras –aunque entre ellas también hay hermanas, hijas y esposas–, mujeres que encarnan la lucha contra la desaparición forzada. Su tenacidad ha sido reconocida con la creación del Día Nacional de las Mujeres Buscadoras, que cada 23 de octubre visibiliza su papel de defensoras de la vida y la verdad. Sin embargo, la búsqueda no está exenta de riesgo, estas mujeres se han visto expuestas a hostigamiento, amenazas e incluso exilios forzados cuando exigen respuestas al Estado y los actores armados. En medio de investigaciones propias y recorridos por morgues, ríos o fosas clandestinas, estas mujeres han pasado de ser familiares dolientes a sujetas políticas que tejen redes y reclaman justicia.
Cuando llegaron a los territorios, Paula Olaya e Isabel Cristina Garcés, joven socióloga que participó durante cada instancia del proyecto, lo hicieron con líneas de trabajo abiertas, margen que les permitió a las propias buscadoras marcar el rumbo de los encuentros. A pesar de que el objetivo inicial era hablar sobre los desaparecidos, las mujeres tomaron la decisión de ponerse en el centro de la investigación. La psicóloga constató un hallazgo decisivo: “hay un gran tejido que se ha creado a partir de las trayectorias de búsqueda que tienen en cada uno de los territorios, entonces ellas se han cuidado las unas a las otras”. Ese tejido de apoyo es la primera línea de resistencia frente a la ausencia institucional y al peligro constante.
Ser mujer en Buenaventura o en el Catatumbo implica desafiar violencias superpuestas. No basta con sobrevivir en medio del conflicto, también deben lidiar con “un patriarcado que las sigue revictimizando, que las sigue poniendo en lugares de mucha vulnerabilidad y violencia” en palabras de Olaya. De ahí que señalen un dolor preciso en la matriz, donde sienten el dolor de parir a un hijo para la guerra, convirtiendo al cuerpo materno en una frontera entre la vida y la desaparición.
Sin embargo, la exposición institucional en estas comunidades, que han sido explotadas y revictimizadas en repetidas ocasiones por el Estado y actores externos, termina moldeando cómo las mujeres narran su experiencia. Es por esto que los encuentros planteados por las investigadoras buscaban otra clase de voz, se quería “dar un discurso que emerge desde su corazón”, objetivo que fue posible sólo cuando la confianza permitió que cada mujer hablara desde su propia historia y no desde el libreto impuesto por la categoría de víctima.
Bordar los dolores
Paula, quien no llegó “con la intención de encontrar respuestas, sino de aprender a escuchar de otro modo”, acompañó un proceso donde la costura, el movimiento y la palabra se entrelazaron, hilvanando una cartografía afectiva que continúa expandiéndose más allá del taller. Durante los primeros encuentros, las participantes fueron invitadas a moverse con la guía de Estefanía Gómez, psicóloga del colectivo bogotano Cuerpo Consciente, buscando conectar a través del cuerpo como territorio. Algunas mujeres mostraron resistencia al comienzo, pero la dinámica abrió paso al flujo de emociones necesarias para bordar.
Este ejercicio de cartografía –representación gráfica de mapas– aparece dentro de la investigación debido a la necesidad de pensar formas diferentes de acercarse a personas que, sin figurar oficialmente como víctimas, han sido atravesadas por la violencia histórica del país. De esa premisa surge el ejercicio creativo de mapear a través de la costura: “Pensar la cartografía es poner sobre la mesa esos territorios subjetivos para comprender cómo se van construyendo en medio del conflicto armado” comenta la psicóloga. La tela se convirtió en un territorio simbólico donde cada puntada marcaba un lugar de duelo, esperanza o resistencia.
La cobija, objeto íntimo y cotidiano, es el soporte del bordado porque se trata de un objeto con el que todas las mujeres entran en contacto y forma parte de su historia familiar. No se trata solo de arte o terapia, el acto de bordar se convirtió en una forma de narrar lo indecible y de recomponer lo roto. Mientras las agujas avanzaban, se registraban silencios y dolores que eran difíciles de reconocer con la palabra.
No se puede intervenir sin ser intervenido
Al comenzar los encuentros, las investigadoras pronto comprendieron que no se puede ser inmune, ya que cada puntada que dieron las mujeres removía dolores propios y ajenos. El bordado se convirtió en un ejercicio de catarsis que permitió a las participantes reconocerse en la experiencia de la otra y, al mismo tiempo, liberar tensiones contenidas hasta el momento.
El proyecto también tendió puentes entre realidades distintas. En Buenaventura, la cercanía geográfica favorecía que las buscadoras se conocieran, en contraste con el Catatumbo, donde veredas dispersas y caminos precarios, dificultaba que las mujeres se encontraran. La llegada del equipo investigador permitió que aquellas que buscaban en soledad coincidieran, se escucharan y tejieran alianzas capaces de sostenerlas más allá del taller compartido.
Esa posibilidad de escucharse mutuamente quedó cristalizada en la cartilla metodológica, elaborada dentro del marco del programa Orquídeas, que detalla los pasos seguidos durante los talleres participativos. “Entonces la cartilla sirve para inspirar nuevas alianzas, nuevos tejidos, otras formas de escucharse entre ellas mismas y poner en el centro de la atención del cuidado, tanto en la intervención como en la investigación, al cuerpo”, comenta Paula. Ella espera que el material inspire nuevos encuentros de cuidado en otros territorios porque en esas páginas no está consignada una metodología aislada, quedó también el eco de una experiencia tejida entre cuerpos y memorias.
Como en todo tejido, hay hebras que no se ven, pero se sostienen. La ausencia no se borra, pero se nombra; el dolor no desaparece, pero se comparte. En las veredas del Catatumbo y a orillas del Pacífico, las mujeres tejieron no sólo recuerdos, sino también presencia, pues lo que la violencia quiso arrancar de estos territorios, ha sido bordado de vuelta. Y mientras haya hilos, habrá memoria.
Por Salomé Mizrachi
Agencia de Noticias Univalle
Esa mañana Ana Sofia Franco me recibió en su casa. Al abrir la puerta Tita y Piña ladraron emocionadas ante la visita, las acaricié y pasamos de inmediato al comedor que es también el espacio donde enseña la técnica de fieltro agujado. Allí junto a la mesa están los materiales y las piezas que guiarán a los asistentes en sus talleres.
Desde cuando se graduó en 2001 como comunicadora social, Ana Sofia se ha dedicado a la televisión, un campo que le apasiona y en el que ha ocupado todos los roles; primero como editora y luego como montajista, libretista, directora, y productora. En 2018 empezó a interesarse por la animación; “había historias que sentía solo podía contar de esa manera y ha sido un camino de mucha exploración, investigación, aprendizaje, fallos, frustraciones y alegrías. He podido hacer ya tres series animadas y era justamente lo que quería hacer. Las historias que deseaba narrar son las que estoy contando ahora”.
En su apartamento hay vestigios de ese interés: bocetos con ilustraciones, maquetas, afiches de las series que ha realizado y lo que parece ser un nuevo proyecto de exploración, una especie de marioneta aún en proceso de elaboración que seguro será un próximo proyecto de contenido para público infantil, “estoy inclinada hacia los contenidos infantiles desde que empecé, incluso mi primer trabajo en Telepacífico como realizadora y libretista fue en un trabajo en un programa juvenil educativo que se llamaba Educa TV, era una serie sobre geografía, de allí trabajé en un programa de Señal Colombia que se llamaba Cromosomas. En esa época el Ministerio de Educación invertía dinero en franjas educativas para Señal Colombia y allí trabajé también dos años como libretista y realizadora de un programa también juvenil, aunque mi enfoque es mucho más por el lado infantil, este fue un buen inicio”.
Vinieron luego muchos otros proyectos para la televisión pública. “La amo, creo que uno puede expresar muchas cosas y tener mucha más libertad en ella, así se haga con recursos moderados. Pero creo que también eso ha sido lo lindo, porque he aprendido a trabajar con muy poquitos recursos y eso nunca ha sido un impedimento para hacer cosas buenas”, dice Ana Sofia, mientras enumera series documentales, magazines y otros productos audiovisuales en los que ha participado.
Ochiii, la historia de un armadillo
Mientras Ana Sofia trabajaba como libretista en la franja infantil de Telepacífico, en una serie con títeres titulada Coco y Lala, aparecieron varios personajes extras en la trama. Uno de ellos fue Guillo el Armadillo: “se me metió en la cabeza. Yo sentía mucha insatisfacción escribiendo para otros, porque cuando veía el resultado en la pantalla no era lo que me imaginaba. Entonces tuve una revelación: tengo que hacerlo yo misma, dirigir mis contenidos”.
Una marca distintiva de los contenidos educativos juveniles e infantiles producidos por Ana Sofia es el humor, algo relegado a un segundo plano cuando hacía realización audiovisual para otros. Su premisa en esta decisión de hacer sus propios productos audiovisuales fue la de soltarse, de hacer algo gracioso y divertido: “No voy a enseñar ni los números, ni voy a enseñar las letras, ni voy a enseñar el cuidado del medio ambiente. Yo quiero hacer algo para que los niños se conecten con emociones lindas”.
Una convocatoria del Ministerio de Cultura llamada Claves Alharaca fue el impulso para que Guillo viera la luz. La convocatoria consistía en una serie de capacitaciones y talleres para la cualificación en la producción de contenido infantil. Para Ana Sofia fue como hacer una maestría; era entrar en un campo de conocimientos nuevos ofrecidos por los profesionales más importantes del área en latinoamérica. Pero el nacimiento de Guillo tardaría 4 años más “la fase de desarrollo de Guillo ha sido la más larga porque yo estaba aprendiendo, tenía que aprender mucho. Aprendí más sobre televisión infantil, sobre diseño de personajes, hubo mucha gente que intervino con ideas”.
Entre estas ideas estaba la de aprovechar el talento de Ana Sofia haciendo muñecos en diversas técnicas y su experiencia en la televisión real. La respuesta para Guillo parecía estar en el stop motion, una forma de animación donde objetos tridimensionales se animan a partir de la captura de su movimiento en fotografías cuadro a cuadro. Vino luego un proceso de investigación en esta técnica, que aún continúa, pero los costos y las pocas oportunidades que tenían estos proyectos para ser seleccionados en convocatorias de producción sellaron el destino de Guillo en la animación 2D.
Uno de los logros de Guillo el armadillo es el equipo convocado para el proyecto, muchos de ellos han continuado trabajando con Ana Sofia en sus otras series animadas y le han permitido conocer más sobre los alcances y posibilidades de esta técnica de animación. Guillo sigue rodando por festivales y se sigue emitiendo por canales públicos.
En cada capítulo Guillo tiene una serie de aventuras en la laguna a la que acaba de mudarse y en donde viven Iván el caimán y otros animales. En cada capítulo se explora el poder creativo e inquieto de la niñez, la amistad y el amor familiar. https://youtu.be/7BfK5yikils?si=4s8S8zJEa7hVRbM-
Chiquifantástica y descubrirme como autista
Un año después de lanzar Guillo el armadillo, Ana Sofía estrenaría su segunda serie animada.
Edgar Cruz. Chiquifantástica es una serie que tiene mucho de Ana Sofía, de su vida personal
Ana Sofia Franco. Chiquifantástica fue como la tesis; se hizo con la mitad del dinero de Guillo el armadillo y en menos tiempo. Escribí ese proyecto en una semana y lo mandé a Min. Cultura, que daba una sola beca y yo gané y una asesora me dijo, “no digas que lo escribiste en una semana porque lo cierto es que te has pasado toda la vida escribiéndolo”. Y sí. En el 2015, cuando estaba terminando Guillo fue como un momento especial en mi vida, porque empecé a entender mucho más de mí. Tuve un autodiagnóstico primero y luego un diagnóstico confirmado de autismo, antes se llamaba Síndrome de Asperger, un autismo con necesidades de apoyo nivel uno que yo lo llamo autismo invisible, y estaba en ese proceso justamente cuando también estaba aprendiendo a dibujar. Y cuando empecé a dibujar empezó a aparecer Chiquifantástica. Dibujar fue como una terapia y en esos dibujos empezó a aparecer ella y la película, que era la película de mi vida. También leía sobre el autismo femenino y era como leer mi biografía. Una niña que a los cinco años empezó a leer sola, la timidez, la hipersensibilidad a muchas cosas. Fue como descifrar una película que uno no entiende porque la ve por pedacitos pero que luego empiezan a tener sentido.
E.C ¿Y así fue que nació Chiquifantástica?
A.S.F La convocatoria era para cuatro episodios y en ellos metí las cuatro cosas más fuertes que yo decía que en mi niñez se habían podido haber visto como rasgos de autismo, pero obviamente en esa época ni siquiera estaba diagnosticado el Síndrome de Asperger y en los noventas se decía que eran solo los hombres los que podían tener autismo.
Descubrí una comunidad gigantesca de mujeres con diagnóstico tardío de autismo. Eso es lo que se cuenta en Chicafantástica de una manera tierna sin dramas, aunque reconozco que sí hay muchos dramas en esas historias, pero haber puesto eso allí de todas maneras también fue muy sanador. Y la idea pues es que otras personas también puedan verlo y puedan sentirse identificadas o puedan aliviarse también.
Hay una escena en el episodio especial que se llama, Anita sabe leer, es la que a mí más me gusta, porque la profesora le dice a todos los niños que se despidan de Anita porque ya va a pasar a segundo grado. Esa escena me hacía llorar, podía por fin entender a esa niña y lo que va a sentir esa niña en un mundo en el que no parece encajar. El personaje de Catalina que es el peluche de Anita, que en verdad es mi peluche, yo todavía lo tengo, era mi peluche favorito, es como el catalizador, ella es el consuelo, es quien la juzga y quien le da ánimo. Es como una voz interior que siempre viene desde la alegría.
E.C ¿Cómo ha sido la recepción de Chiquifantasatica?
A.S.F Todavía le falta mucho, apenas está empezando su camino. En Colombia hay muchas ayudas para la producción, pero hay cero ayudas para la circulación, justamente en este momento y este año mi meta es trabajar en eso, porque Chiquifantástica ha viajado por muchos países, ha estado en festivales de animación, todavía no me las creo haber estado en Annecy, también estar seleccionada en el Japan Prize que es el festival de televisión educativa más importante del mundo. Pero más allá de eso, Chiquifantástica no se ha emitido en canales, este año apenas se va a hacer. Y sin embargo, cuando se ha presentado en encuentros pequeños es muy lindo, porque sí se nota que toca el corazón de las personas, que muchas se sienten identificadas y que genera muchas preguntas.
Chiquifantástica narra situaciones en la vida de Anita, una niña de 5 años que junto a su peluche Catalina, vive una serie de situaciones que ponen de manifiesto su gran imaginación y sus grandes habilidades pero también sus limitaciones.
https://maguare.gov.co/chiquifantastica/
Un chanchito muy caleño
Si para Ana Sofía, Chiquifantástica es la tesis, Chanchito bacano fue la graduación. Las dos series anteriores le permitieron a Ana Sofía consolidar un equipo y entender el proceso de animación. Aprendiendo a dibujar, Ana se obsesiona por los chanchitos, me hace esta confesión mientras me muestra en su cuaderno de dibujo varios bocetos de quien sería el protagonista de su última producción, “fue algo muy muy libre y que disfruté mucho” me dice.
Ana pone mucho de sí en cada uno de sus proyectos animados y Chanchito no es la excepción, para este proyecto tomó referencias familiares para dibujar los escenarios, así como en Chiquifantástica uso sus álbumes familiares para inspirarse, tomando de ellos los objetos, la ropa y otros elementos que cobraban todo el sentido dentro del proceso de creación. “Son pequeñas cosas en las que uno se siente artista porque realmente se puede expresar todo lo que uno quiere decir”.
Hoy Ana Sofia es la líder de su propia empresa de animación. Entre sus proyectos está la promoción de las series animadas y un proyecto editorial de Chanchito bacano.El éxito de su empresa radica para ella en que hay mucho respeto y mucho amor. “Creo que eso se nota en cada reunión, en cada entrega, las personas que hacen parte del equipo tienen ese mismo feeling, se sienten inspirados también por lo que yo hago y siempre hay mucho amor, mucho respeto. Yo valoro mucho lo que ellos hacen, los admiro mucho”
Chanchito bacano es una serie narrada en verso que nos presenta a un protagonista a quien le ocurren una serie de aventuras divertidas mientras disfruta con amigos y vecinos de diferentes espacios icónicos en Cal, como Pance, el Boulevard del Río o la Galería del Alameda.
Por Edgar Cruz
Agencia de Noticias Univalle
Parece un asunto lejano pensar hoy en la pandemia, como si hubiera sucedido hace mucho tiempo. Apenas van cinco años de esta coyuntura que significó una erosión en nuestra cotidianidad. Fueron populares imágenes, videos y las fotografías tomadas en las calles de lugares como New York, Nueva Delhi, Madrid, Reino Unido o Nara (Japón), en las cuales se apreciaban animales como pumas, zorros, zarigüeyas, jabalíes, deambulando donde antes hubo ríos de personas y vehículos. Mientras la humanidad bajó el ritmo, la naturaleza siguió el suyo.
Para muchos afortunados la rutina se vio desplazada por otro tipo de lógicas. La vida cotidiana transcurrió desde y a través de una ventana: la de los hogares por donde veíamos pasar al vendedor de aguacates y a los grupos de mariachis que recorrían las calles buscando el sustento; las ventanas de los navegadores web con miles de informes, las plataformas como Meet o Zoom donde se desarrollaban reuniones y clases.
Ese es el contexto de origen del libro Desde la ventana. Historias y escenas de la cuarentena del profesor de la Escuela de Comunicación Social Manuel Silva Rodríguez, con dibujos de Miguel Bohórquez y Mónica Bravo, y editado recientemente por el Programa Editorial de Univalle, donde se recopilan esas sensaciones que evocan pensar en la pandemia. “Quienes gozamos del privilegio de permanecer en nuestras casas pudimos mirar hacia afuera y hacia dentro, extraviados en una difusa realidad”, expresa el autor en la presentación del libro.
Los relatos que componen esta publicación hablan de esas nuevas rutinas que los habitantes de las capitales desarrollaron e incorporaron a su día a día. Los dibujos además dan cuenta de la angustia del encierro, de la incertidumbre ante ese enemigo microscópico que representaba el virus, de la necesidad del contacto humano, de la vida que podíamos ver a través de los ventanales, única posibilidad de establecer una comunicación con nuestros vecinos y allegados. Esos breves relatos representan instantáneas que fueron comunes durante la pandemia: los correos electrónicos que llegaban con información abrumadora, los rumores de posibles contagiados, el caos en los supermercados, el temor al contacto humano por el riesgo a la transmisión del virus, las reuniones virtuales, los problemas de conexión y conectividad, la esposa pendiente de una gata callejera, escenas que transcurrieron entre la incertidumbre del futuro y la desazón por el amigo, el familiar o el conocido que falleció en la distancia.
Desde la ventana lo componen una serie de textos breves, precisos y certeros, entre la ficción, la autoficción, la crónica, los apuntes del diario y el microrrelato, que sumado a las gráficas que acompañan la publicación dan cuenta de esos largos minutos suspendidos durante la cuarentena, de esos días que parecían interminables, de esa larga espera, de esos momentos a los que como sociedad tendremos que regresar para reflexionar sobre aquello que nos hace humanos.
Por Diego Alejandro Guerrero
Agencia de Noticias Univalle