Homenaje a quienes sostienen la educación regional

Más de 450 funcionarios y funcionarias fueron el corazón de un acto que celebró décadas de dedicación y servicio.

En un emotivo encuentro que trascendió la formalidad de un protocolo, la Universidad del Valle, en conmemoración de sus 80 años de fundación, realizó un homenaje al trabajo de las y los funcionarios de la institución. Más de 450 personas  fueron el corazón de un acto que celebró décadas de dedicación y servicio.

El auditorio se llenó de aplausos y sonrisas durante la entrega de los "Botones de Antigüedad", símbolo de la trayectoria intachable de 281 personas. Por quinquenios —desde los 5 hasta los 35 años o más—, estos botones reflejan el legado de quienes han dedicado gran parte de su vida a la universidad.

Desde el personal administrativo que gestiona becas y matrículas, las y los aseadores que mantienen la infraestructura en pie, y docentes que apoyan la investigación, cada persona hace parte del tejido vital que permite que la juventud del departamento acceda y permanezca en una educación de calidad. Su labor, a menudo discreta, es el cimiento sobre el cual se construye el futuro.

“Yo llevo casi toda mi vida en Univalle. Ingresé como estudiante en el año 1977. Una vida llena de satisfacciones, una vida llena de crecimiento, una vida llena de alegría”, afirmó la profesora Isabel Cristina Gutiérrez de la Facultad de Ciencias de la Administración, una de las docentes con mayor trayectoria en la institución. 

 

El reconocimiento fue más allá de antigüedad. La "Orden por Servicios Distinguidos" fue conferida a 174 personas, que fueron nominadas por sus colegas y directivas. Esta distinción subraya la excelencia, la iniciativa y el impacto positivo que tienen estos funcionarios en el ambiente laboral y en el cumplimiento de la misión institucional. 

“Me voy con broche de oro”, expresó Consuelo Gutiérrez, funcionaria de la Dirección de Comunicaciones, quien este semestre empezará a disfrutar de su jubilación. Ella es reconocida por su amabilidad y liderazgo en tareas cruciales para la institución como la organización de las ceremonias de grado, labor que desempeñó por más de 30 años.

De esta manera, la Universidad del Valle continúa la conmemoración de los 80 años de fundación y de impacto en la vida de las y los vallecaucanos.

Se conmemoraron los 80 años de la Universidad del Valle

 

Nostalgia e identidad regional por la conmemoración de los 80 años de la Universidad del Valle.

Con un reconocimiento a la labor de 23 docentes y un concierto abierto a la ciudadanía caleña y vallecaucana, este jueves 12 de junio se llevó a cabo en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura la conmemoración de los 80 años de la Universidad del Valle . 

El evento fue precedido por la Gobernadora del Valle, Dilian Francisco Toro y el rector Guillermo Murillo Vargas, quienes recordaron los orígenes de la Universidad en 1945 y los líderes que hicieron posible la creación de la institución.

Hoy el legado de esos primeros hombres y mujeres lo llevan las y los docentes, quienes siguen dedicando su vida al acompañamiento de las nuevas generaciones de estudiantes y lideran los procesos de investigación.

“La universidad me ha dado la oportunidad de ser lo que soy. Me formé y llevo 49 años aquí y no me arrepiento", afirmó el profesor Felipe García Vallejo de la Escuela de Ciencias Básicas, uno de los maestros con mayor trayectoria. "Para mi crecimiento personal, me formó no solamente como profesor, sino como persona. Siempre he dicho: profesor es una cosa y maestro es otra. Y considero que he formado bastantes personas de posgrado y he ayudado a la formación de muchos estudiantes. Para mí, es lo más gratificante."

Distinción a la profesora Ángela María Franco de la Facultad de Artes Integradas

Desde la Escuela de Trabajo Social, la docente Liliana Patricia Torres Victoria, con casi 30 años en la institución, destacó el profundo sentido social de su labor. "Aquí me he formado profesionalmente y he tenido la oportunidad de ser profesora, de desempeñar cargos y de formar generaciones de trabajadores sociales", explica. Para ella, el ejercicio de la docencia es "un compromiso social muy importante. Me siento muy honrada con este reconocimiento porque siento que estoy haciendo país, formando personas para la vida y para contribuir en lo social."

 


Distinción al profesor Óscar Buitrago Bermúdez  de la Facultad de Humanidades

El obsequio de la Filarmónica de Cali 

La velada contó con un concierto abierto al público de la Orquesta Filarmónica de Cali. bajo la dirección del maestro Martín Buitrago Echeverri, egresado de nuestra institución, quien eligió dentro del repertorio una composición de Lucas Jaramillo, docente y egresado de la Universidad del Valle.

Se sumaron a este onomástico representantes de distintas organizaciones gremiales y académicas como la Asociación Colombiana de Universidades ASCUN, quien exaltó el compromiso de nuestra institución con la educación superior del país “a la cual aporta de manera significativa mediante la generación, transformación, aplicación y difusión del conocimiento en los ámbitos de las ciencias, la técnica, la tecnología, las artes, las humanidades y la cultura general”, expresó el director Óscar Domínguez Gonzáles en su carta 

Asimismo, la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado, Universidad ICESI, Universidad Pontifica Javeriana de Cali, Universidad Autónoma de Occidente, Universidad El Bosque. Así como la International Ergonomics and Human Factors Asociation, Academia de historia Leonardo Tascón, Centro Interuniversitario de Desarrollo, Personería del Distrito de Santiago de Cali, Arquidiócesis de Cali, Doctora Claudia Blum de Barberi, Fondo de empleados docentes de la Universidad del Valle Fonvalle. Además, de empresas como Asocaña, la Cámara de Comercio de Cali, la Asamblea del Valle del Cauca.

 

Reconocimientos a su legado

Las diez facultades de la Universidad del Valle propusieron a sus docentes en cinco categorías, de acuerdo con su legado y dedicación con la formación. Estos son los nombres y la categoría de cada docente que recibió la distinción.

Maestro Universitario

Jaime Alfonso Arango Cabarcas – Departamento de Matemáticas, Facultad de Ciencias Naturales y Exactas

María Victoria Casas Figueroa – Escuela de Música, Facultad de Artes Integradas

Juan Francisco Díaz Frías – Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación, Facultad de Ingeniería

Olga Lucía Gómez Gutiérrez – Escuela de Salud Pública, Facultad de Salud

Liliana Patricia Torres Victoria – Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano, Facultad de Humanidades

 

Profesor Distinguido

Óscar Buitrago Bermúdez – Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades

Diego José Caycedo García – Escuela de Medicina, Departamento de Cirugía, Facultad de Salud

Ángela María Franco Calderón – Escuela de Arquitectura, Departamento de Proyectos, Facultad de Artes Integradas

Carlos Andrés Fandiño Losada – Escuela de Salud Pública, Facultad de Salud

Carlos Alexis Gómez Ruiz – Departamento de Matemáticas, Facultad de Ciencias Naturales y Exactas

Luis Alexánder Lovera Montilla – Escuela de Enfermería, Facultad de Salud

Diego Fernando Manotas Duque – Escuela de Ingeniería Industrial, Facultad de Ingeniería

Óscar Wilson Osorio Correa – Escuela de Estudios Literarios, Facultad de Humanidades

Claudia Patricia Valencia Molina – Escuela de Enfermería, Facultad de Salud

 

Profesor Honorífico

Jesús Felipe García Vallejo – Escuela de Ciencias Básicas, Departamento de Ciencias Fisiológicas, Facultad de Salud

Amparo Micolta León – Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano, Facultad de Humanidades

Lyda Elena Osorio Amaya – Escuela de Salud Pública, Facultad de Salud

 

Profesor Emérito

Rodolfo Espinosa López – Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades

Emperatriz Figueroa López – Escuela de Música, Facultad de Artes Integradas

Humberto Quiceno Castrillón – Escuela de Educación y Pedagogía, Facultad de Educación y Pedagogía

Claudia Santamaría de Herrera – Escuela de Enfermería, Facultad de Salud. RECIBE LA DIRECTORA ESCUELA DE ENFERMERÍA, PROFESORA LUZMILA HERNÁNDEZ SAMPAYO. 

Jesús Anselmo Tabares Giraldo – Departamento de Física, Facultad de Ciencias Naturales y Exactas



Congreso aprueba ley histórica para Univalle con inversión de $100 mil millones

El Congreso de la República aprobó una ley de honores que autoriza la destinación de $ 100.000 millones para la Universidad del Valle para los próximos cinco años. Está pendiente la sanción presidencial.

Tomado de KienYKe

Con un voto de confianza en la educación pública y una mirada puesta en el futuro, el Congreso de la República aprobó en último debate el proyecto de ley que conmemora los 80 años de la Universidad del Valle y los 40 años de su sistema de regionalización. La iniciativa, liderada por el representante a la Cámara por el Valle del Cauca, Víctor Manuel Salcedo, marca un hito no solo simbólico sino también presupuestal: autoriza una inversión histórica de 100 mil millones de pesos para los próximos cinco años.

Este reconocimiento legislativo no se queda en las palabras. Los recursos asignados se destinarán al fortalecimiento de la infraestructura, dotación, investigación y extensión de la Universidad del Valle, en el marco de su Plan de Desarrollo Institucional.

“La Universidad del Valle no es solo un orgullo para el Valle del Cauca, sino una institución clave para el desarrollo científico, académico y social de toda la región. Con esta ley estamos reconociendo su historia, pero también asegurando su futuro”, expresó el representante Salcedo, al confirmar la aprobación del proyecto que ahora pasa a sanción presidencial.

Además del respaldo económico, la iniciativa contempla un homenaje a toda la comunidad universitaria: directivas, docentes, personal administrativo, estudiantes y egresados, resaltando sus aportes al progreso del Valle del Cauca y del país.

Con este avance legislativo, el Congreso reafirma su compromiso con el fortalecimiento de la educación superior pública y con una visión de desarrollo regional más equitativa y sostenible.

Ocho décadas de excelencia, investigación e impacto

El 11 de junio de 2025 se conmemora una fecha especial para la Universidad del Valle y toda su comunidad académica: los ochenta años de fundación de esta Alma Máter. A lo largo de estas ocho décadas, la institución se ha consolidado como uno de los pilares centrales del desarrollo científico, social y cultural del suroccidente de Colombia, además de ser una de las principales instituciones de educación superior pública del país.

Mediante la Ordenanza N° 12 del 11 de junio de 1945, la Asamblea Departamental creó la Universidad del Valle, con lo que inicia uno de los proyectos culturales más significativos en la primera mitad del siglo XX para el departamento y para la educación superior en Colombia. El fundador fue don Tulio Ramírez, quien se desempeñaba en ese momento como rector del Instituto Antonio José Camacho, un hombre visionario que creyó en el potencial de los jóvenes de la región y pensó en el proyecto de formación de científicos, administradores e ingenieros que pudieran acompañar y liderar el desarrollo industrial de este departamento.

La Universidad comenzó su funcionamiento en octubre de ese mismo año con cuatro programas: comercio superior y administración de negocios, ingeniería química, arquitectura e ingeniería eléctrica. Este proyecto académico inició con 173 estudiantes. La primera sede fue un local situado en las inmediaciones del antiguo Batallón Pichincha, en el actual Centro Administrativo Municipal. Luego se trasladó a las anteriores instalaciones del Claustro de Santa Librada, en la Carrera 4ª con Calle 13.

Hoy Univalle cuenta con diez facultades: Ciencias de la Administración, Salud, Ingeniería, Humanidades, Ciencias Naturales y Exactas, Artes Integradas, Ciencias Sociales y Económicas, Psicología, Educación y Pedagogía, Derecho y Ciencia Política; con campus en Cali, Buenaventura, Yumbo, Palmira, Zarzal, Cartago, Caicedonia, Tuluá, Buga y Santander de Quilichao (Norte del Cauca), así como nodos en municipios como Sevilla, Candelaria, Florida, Jamundí, Miranda y Suárez, estos dos últimos en el departamento del Cauca. Su influencia se irradia al eje cafetero, a la región pacífica y al norte del Cauca.

La Universidad cuenta con 35 mil estudiantes, que provienen de cerca de 600 municipios de Colombia más de 138 mil egresados. Con corte a noviembre de 2024 la Universidad tiene registros de 383 programas académicos, de los cuales, 240 corresponden a Cali (87 de pregrado y 153 de posgrado) y 143 a sedes, seccionales y convenios (123 pregrado, 20 posgrado) entre los cuales de destacan 25 doctorados, la oferta doctoral más importante del suroccidente de Colombia

El papel que ha desempeñado la Universidad ha sido clave para impulsar el desarrollo de esta región. Sus estudiantes, docentes, funcionarios, trabajadores y egresados son una muestra del compromiso con la excelencia, la calidad, la investigación, la innovación y el pensamiento crítico. Esta comunidad ha generado invaluables aportes, desde los diferentes campos del saber, para el devenir de la sociedad colombiana.

El cuerpo docente lo integran investigadores e investigadoras con los más altos niveles de formación, articulados a 250 grupos de investigación, quienes han contribuido desde las aulas y laboratorios universitarios, en el posicionamiento de la Universidad en diferentes rankings nacionales e internacionales. En áreas como la ingeniería, salud, educación, artes, biología, memoria y paz, por citar algunas de ellas, la comunidad académica ha generado múltiples propuestas que no solo fortalecen el conocimiento, sino que han permitido la generación de políticas públicas y respuestas a algunas de las necesidades más apremiantes de la sociedad.

El potencial de la Universidad del Valle no solo se expresa en el saber, sino también en la sólida vocación social de la institución. Ha sido reconocida en diferentes momentos, como una de las IES más incluyentes del país, gracias a sus políticas para el acceso a la educación superior, de bienestar, entre otras. Por ello, el Ministerio de Educación Nacional le renovó el año pasado la acreditación institucional en alta calidad por diez años, distinción que comparte con seis universidades más.

Esta efeméride es una oportunidad para resaltar los aportes de los docentes que han contribuido a la formación de miles de jóvenes que han ingresado a las aulas, con el sueño de formarse en una de las instituciones de educación superior más importantes del país. Los ochenta años de esta Alma Máter nos invitan a pensar en el futuro, en esa visión institucional que juntos, como comunidad académica, debemos construir de cara a la celebración del centenario de la universidad. Es un momento para reafirmar nuestro compromiso con la reflexión, con el avance de la ciencia y del saber, para afirmar con profunda convicción que, de la mano de todos los actores y fuerzas vivas de la región, seguiremos construyendo futuro.

 

Ingeniería Civil aplicada a la recuperación de fracturas

Cada año, miles de colombianos enfrentan el dolor y el largo camino de la recuperación tras una fractura grave. Para jóvenes como Elián Hernández, estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad del Valle, el fijador externo, como se conoce al dispositivo de estabilización ósea para la inmovilización de ciertas fracturas, ha sido un compañero inseparable desde sus dos años.

Por ser deportista de waterpolo y tener una condición congénita que lo ha llevado a siete cirugías de alargamiento con el uso de fijadores externos, Elián es uno de los candidatos idóneos para validar el dispositivo diseñado por la Universidad del Valle orientado a mejorar el proceso de recuperación de fracturas.

De la creatividad a la usabilidad
De cada 100 ideas brillantes que nacen en las universidades, apenas un puñado, quizás solo el 1% salen del laboratorio y llegan al mercado. Ese es el gigante reto de la transferencia tecnológica, una promesa para que la investigación universitaria sea apoyada y la creatividad se materialice en soluciones concretas. Pero lograrlo es un proceso complejo en el que distintos actores deben estar en el lugar y el momento adecuado.

“La transferencia tecnológica es un proceso estratégico para la gestión del conocimiento y la innovación que se desarrolla en las universidades” explica Jalime Zúñiga, gestora de innovación de la Universidad del Valle. Ella se dedica a crear las condiciones propicias para que actores claves de la industria, la sociedad y la academia se conozcan y trabajen en conjunto, dado que las buenas ideas deben llegar a la empresa o comunidad correcta para que juntos puedan adaptarla al mercado.

Por su parte, Angélica Ortiz, directora ejecutiva de Implemeq, señala: "No es suficiente con tener un producto que se vende muy bien, es necesario seguir innovando para poder mantenerse en el mercado y el mejor aliado para ello son las universidades". Considera que, el desarrollo industrial del país se relaciona con el avance tecnológico y la producción nacional.

El desarrollo que nació en las aulas y laboratorios de la Universidad del Valle sería apenas una idea, si no fuera porque poco a poco los actores se han ido alineando para que el fijador externo pueda ser posible. Gracias a un ejercicio de vigilancia tecnológica donde participaron distintas empresas y universidades, Implameq, una empresa especializada en fabricación e importación de implementos de salud, vio el prototipo y captó su atención a primera vista. Tras un primer acercamiento identificaron el potencial de esta propuesta y no dudaron en evaluar su viabilidad.

Modelo de fijador externo

Ingeniería para sanar los sueños
La instalación de un fijador externo, ya sea en el fémur, la tibia o el peroné, es un procedimiento de fuerza y precisión. En lugar de abrir por completo la zona de la fractura, un especialista en ortopedia y cirugía hace pequeñas incisiones en la piel, lejos de la herida principal. A través de ellas, inserta unos clavos o pines especiales directamente en el hueso, por encima y por debajo de la ruptura. Estos clavos sobresalen de la piel y se conectan a un armazón metálico rígido que queda en el exterior de la pierna.

El resultado es asombroso: 'Con ajustes precisos en este armazón, el equipo médico alinea y estabiliza los fragmentos del hueso, creando las condiciones perfectas para que el hueso comience a regenerarse de manera natural', explica Elián Hernández, quien gracias a su experiencia no solo domina la teoría, ha vivido esta realidad en su propio cuerpo. Estas intervenciones operaciones no solo han mejorado su salud, sino que le han permitido desarrollar todo su potencial en waterpolo universitario, una pasión que encontró luego de abandonar el parkour porque su cuerpo no podía recibir impactos fuertes.

Sin un fijador las personas con fracturas no podrían sanar de forma adecuada y sus músculos, tendones y ligamentos se atrofiarían. Eso llevaría a que situaciones congénitas como las de Elián no se subsanaran, como tampoco las fracturas por accidentes de tránsito.

Para el año 2023 en Colombia, el mayor motivo de las consultas ortopédicas fueron las lesiones a causa de accidentes de tránsito con 30.000 personas valoradas. Una cifra que equivale a llenar seis veces una piscina olímpica con todas esas personas de pie y apiñadas. Se podría llenar una sola piscina tan solo con quienes tengan una enfermedad congénita como la de Elián. Lo que da cuenta de la necesidad de estos implementos médicos.

Los secretos del laboratorio: innovación con sello colombiano
El proceso de desarrollar un fijador externo ha sido similar a como se construye un puente de soporte fuera del cuerpo. El reto ha sido mantener y cambiar la posición de las columnas constantemente. Por eso, el médico traumatólogo Andrés Machado Caicedo decidió resolver el acertijo de optimización de los fijadores externos con docentes de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, quienes cambiaron el cemento y las vías por fragmentos de aluminio, fibra de carbono y carros de tres centímetros. El profesor José Jaime García lidera el equipo interdisciplinar en el que ortopedistas, especialistas en Ingeniería Civil, de materiales y diseño industrial que dejan volar su imaginación.

¿Cómo crear un sistema que sea más cómodo para el paciente? ¿Cómo asegurar una estabilidad torsional óptima en el riel? ¿Qué mecanismo garantiza que la prensa se ajuste con precisión milimétrica sin aflojarse? Cada pregunta es un desafío que se aborda con cálculos exactos, simulaciones y la construcción de prototipos iniciales.

Este es núcleo de la innovación donde Univalle logró el cambio radical al Dispositivo de fijación externa. Su diseño busca optimizar la mecánica de estos dispositivos: permite que los 'clamps' o carros que sujetan las varillas al hueso, tengan movilidad en distintas direcciones, sin necesidad de desensamblar el fijador, una ventaja que los modelos actuales no ofrecen. Esto se traduce en un mejor servicio y comodidad para el paciente.

Equipo de la Universidad de Valle e Implameq

El precio de la dependencia y la apuesta por lo propio
Con costos entre los 30 y 50 millones de pesos por unidad, y al menos una fractura diaria, la pandemia dejó el aprendizaje de que el país no puede depender de un mercado externo, a través del cual se importan cerca de 518 toneladas de dispositivos ortopédicos al año, una cifra que viene creciendo cada año con la necesidad de garantizar la recuperación de los pacientes.

Esta dependencia no sólo encarece los tratamientos, también hace vulnerable al país ante cualquier interrupción en las cadenas de suministro globales, tal como sucedió en el 2021. Es por este motivo que Implameq busca, no solo importar implementos médicos, sino también producirlos.

'Cada mejora, por mínima que parezca, se convierte en un beneficio gigante' afirma Elián. Él recuerda que, al principio, los fijadores eran más pesados, más grandes, lo que lo hacía propenso a que transeúntes despistados se tropezaran con él. Además, enfatiza: 'La calidad de los clavos debe ser suficiente para prevenir las infecciones'. Por eso, sin conocer este nuevo producto a fondo, su mayor esperanza es que sea accesible y de alta calidad para todos los que lo necesiten.

Hacia la producción masiva: un camino de ajustes y alianzas
Antes de llegar a la producción masiva, el equipo de Implameq pide a los profesionales del laboratorio de fabricación digital y biomecánica de la Universidad calcular la "tolerancia", es decir, que cada parte debe ensamblar con otra incluso en cambios de hasta 5 milímetros. Esto se hace al considerar que algunos materiales se expanden más que otros o puede haber una diferencia milimétrica en la fabricación. A lo que se suma el valor de cada insumo, que se vende por gramo y en el que cada parte debe ser costeada.

"Estamos evaluando qué máquinas de las que ya tenemos pueden hacer parte de la cadena de elaboración de este fijador, lo cual nos ayudaría a agilizar y ahorrar costos", explica Angélica Ortiz.

Marcaciones de arriba, abajo, dirección de cerrado, son los últimos detalles que hacen la diferencia entre un diseño y un equipo ortopédico aprobado. Todo esto hace parte de lo que se discute en las reuniones mensuales para lograr que en el fijador esté listo para pasar a la fase de fabricación a gran escala. Mientras este futuro se hace posible, Elián se prepara para su octava cirugía, anhelando que no interrumpa ningún torneo de waterpolo.


 

Universidad del Valle, 80 años construyendo futuro

Hoy celebramos 80 años de la fundación de nuestra Universidad del Valle.

Han sido ocho décadas de una historia marcada por la excelencia académica, la investigación de impacto y la proyección social, en la que no solo hemos formado profesionales, sino también ciudadanos que aportan a la construcción de un país más justo y equitativo.

Sin embargo, hoy no solo remembramos el pasado, sino que también reafirmamos nuestro compromiso por construir un porvenir donde la educación sea el motor que impulse la transformación social.

Universidad del Valle, 80 años construyendo el futuro de las y los vallecaucanos para Colombia y el mundo.

Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
Rector

La transformación de Cali: el impacto de la COP16

 Durante quince días, Cali fue una ciudad más verde, más hablada, más caminada. Se llenaron los hoteles, se encendieron los teatros, se activaron los parques. La COP16 fue más que una cumbre de expertos en biodiversidad, también fue un encuentro vivo entre el mundo y una ciudad que se puso a la altura. Dos economistas de la Universidad del Valle se propusieron descubrir qué le dejó la COP16 a la ciudad.

 Por: Salomé Andrea Mizrachi
Estudiante de Comunicación Social
Agencia de Noticias Univalle

Quien caminó por Cali en octubre de 2024 fue testigo de cómo la capital del Valle se convirtió en un organismo vivo con calles al ritmo de pasos provenientes de todas partes del mundo. A lo largo de la ciudad se desplegaron intervenciones artísticas, jornadas de sensibilización ambiental, conversatorios, exposiciones, entre otras tantas actividades que invitaban a pensar el futuro del planeta. Cali no fue la sede de la COP16, fue su corazón palpitante.

Detrás de la música, los debates y las pancartas, hubo algo profundo: un movimiento que dejó marcas en la economía local, en el turismo, en la manera como la ciudad se piensa a sí misma. Medir ese impacto no es contar dinero ni personas, es preguntarse cómo un evento internacional transforma lo cotidiano. Es necesario saber qué quedó cuando se apagaron las luces y cómo ese pulso sigue latiendo.

Por eso, desde el Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (CIDSE) de la Universidad del Valle, un equipo liderado por los profesores Harvy Vivas, doctor en Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y actual decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, y Javier Castro, doctor en Estudios Políticos de la Universidad del Externado, realizó una evaluación del impacto socioeconómico de la COP en Cali. Con encuestas, entrevistas y análisis de datos, construyeron un informe que no solo habla de cifras, sino también de la ciudad. 

Cifras que hablan claro

Durante la COP16 se activaron sectores claves de la economía local, se observó cómo restaurantes, hoteles, transporte y comercio sintieron el impulso de esos días intensos. El profesor Harvy Vivas señala que lo importante no fue únicamente cuánto se gastó, sino lo que generó en la ciudad: aumentaron empleos, ingresos y lo que se conoce como valor agregado, es decir, la capacidad real de una región para generar riqueza y bienestar. “Hubo impactos muy importantes sobre valor agregado, sobre ingresos operativos de las empresas que fueron elevados”, explica. Esto significa que muchas empresas aumentaron su actividad, incrementaron sus ventas y crecieron.

Saber qué dejó un evento de esta magnitud no solo es crucial para gobiernos o universidades, sino para toda la ciudadanía, porque cuando se habla de cinco mil empleos generados en la primera semana de la COP, no se habla de números abstractos. Se habla de familias que llevaron más ingresos a casa, de personas que encontraron una oportunidad laboral en un momento difícil. “Generar esta cantidad de empleos no es fácil y mucho menos en una economía donde las tasas de desempleo son elevadas y existen altos niveles de informalidad”, explica el profesor Vivas. Cada empleo genera una cadena que permite un alza en el consumo y mayor tranquilidad en el hogar. “Implica tener una mayor disponibilidad de ingresos para estudio, recreación, salud, y a su vez genera efectos indirectos sobre el bienestar de las personas”, agrega.

A este impulso económico se suma otro resultado. Por cada peso invertido por la Alcaldía de Cali, se generaron cuatro en beneficios económicos. Y detrás de los datos, la cooperación fue igual de valiosa. “Se vio un ejercicio de gobernanza efectivo entre lo público y lo privado, con beneficios tangibles”, resalta Vivas. El sector académico, la sociedad civil y el empresariado coincidieron en esfuerzos, generando una especie de “círculo virtuoso” que vale la pena repetir, según el profesor. 

La ciudad también se transformó simbólicamente, zonas verdes como el corredor del río Cali, la zona de biodiversidad y espacios públicos recuperados se llenaron de vida y conversación. Ese impulso ciudadano es parte del legado menos visible, pero potente, que dejó el evento y fue consagrado en la Evaluación de impacto económico y social de la COP16 sobre la actividad económica del distrito de Santiago de Cali.

 

Bajo la lupa de muchos ojos

La ardua tarea de analizar todas estas cifras para realizar un informe sobre la magnitud que tuvo la COP16 no era posible con tan solo las manos de dos profesores. Así que al equipo se unió un extenso grupo de personas que hizo posible la recolección y el análisis de la información a través de métodos cualitativos y cuantitativos. Participaron expertos en investigación provenientes de distintas disciplinas como la sociología y las comunicaciones, claves para entender las cinco dimensiones que se habían propuesto analizar: económica, de percepciones, de valoración, mediática, y de comunicaciones y difusión. También se contó con un equipo de monitores y el apoyo técnico de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia - Cotelco, encargada de aplicar los cuestionarios creados por el CIDSE.

Esta experiencia fue un reto personal y profesional para el profesor Harvy, quien había sido nombrado recientemente como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Aunque ya había dirigido estudios de este tipo sobre la ciudad alrededor de eventos como la Feria de Cali, la COP16 planteó un desafío único por ser una cumbre abierta, con participación masiva y eventos distribuidos por toda la ciudad. “Representaba un reto poder captar esas cinco grandes dimensiones, siendo riguroso y respetando la aplicación de los diferentes instrumentos” menciona.

La investigación no se vivió desde los escritorios. El profesor estuvo en el terreno, caminando por las Zonas Verde y Azul, asistió a eventos académicos y conferencias. Junto a sus colegas estuvo en los espacios donde había una mayor circulación de población y lo que lo marcó fue ver cómo el río Cali se convertía en un escenario vivo para hablar de sostenibilidad y biodiversidad. “Se mostró como sitio de congregación, de confluencia, de interacción, no solamente alrededor de la salsa, sino también alrededor de temas ecológicos” comenta Vivas.

Más allá de los modelos, los cálculos y las matrices, la experiencia dejó huella. “Para mí fue motivo de regocijo, ver las magnitudes del impacto y poderlo compartir”, recuerda el profesor, quien valora este trabajo como una oportunidad única para proyectar a Cali como una ciudad sensible a los temas ambientales y capaz de albergar eventos de talla mundial.

 

 

 

Lo que no se debe perder

Cuando termina un evento como la COP16, es fácil que las cifras queden guardadas en un archivo, que los afiches se borren de las paredes y que los discursos se pierdan entre nuevas noticias. Pero detrás de todo lo que pasó durante esos días en Cali, se dio una transformación real que merece ser comprendida. Por ello, resulta necesario examinar las evaluaciones de impacto.

Aparte de mostrar lo que ocurrió, estos estudios ayudan a entender el pasado reciente y a prepararse mejor para lo que viene. “Si una ciudad como Cali va a apostar por eventos de gran magnitud, al menos tiene estos antecedentes que le dicen «Oiga, Mire, Vea, por cada peso invertido se generan tantos impactos»”, señala Vivas. Sumado a esto, conocer cómo se usaron los recursos públicos —más de 125 mil millones de pesos entre aportes locales y nacionales— permite evaluar con rigor qué funcionó y qué se puede mejorar.

Entonces, ¿cómo asegurarse de que todo lo que se logró no se pierda entre el ruido de lo cotidiano? El profesor lo resume con claridad: “Yo diría que hay que conservar el sello distintivo de Cali como una ciudad biodiversa, que puede traer resultados sorprendentes aprovechando todo el entorno ecosistémico que tenemos en la ciudad y en la región”.

Es decir, que lo sembrado durante esas dos semanas siga creciendo. Que los farallones, los ríos, los humedales, —ese “corazón verde” de la ciudad— no vuelvan a ser solo paisaje, sino parte de un proyecto colectivo. “Yo me imagino una Cali del futuro en la que podamos explorar un turismo ecológico de alto nivel, competitivo en el escenario internacional”, dice Vivas, con la esperanza de una ciudad que combine participación ciudadana, visión académica y gobernanza pública. 

Si Cali fue un organismo vivo durante la COP16, ahora el desafío es mantener ese pulso. Que la sensibilidad y la proyección que dejó no sean apenas un recuerdo, sino una hoja de ruta para lo que viene.

Por Salomé Mizrachi Medina, Agencia de Noticias Univalle

 



El cuerpo es la casa que habitamos

“No podemos permitir que la alimentación se convierta en una relación sufrida. Comer debe ser un acto amoroso”

Es normal que a lo largo de la vida cambiemos nuestra relación con la comida: en los gustos, en las cantidades, en los horarios. Sin embargo, hay momentos en los que esas transformaciones dejan de ser simples adaptaciones y se nos convierten en un problema. Un problema que, en la mayoría de los casos, no tiene que ver solamente con el alimento, sino con la forma en que nos percibimos a nosotros mismos.

El tema “Trastornos en la alimentación. De comer demasiado a no comer nada” fue el eje central de una reciente emisión del programa radial Sanemos Juntos, conducido por Fulvia Carvajal, directora de Comunicaciones de la Universidad del Valle. En este espacio, Carolina Zapata Galeano, médica egresada de la Universidad Libre y médica psiquiatra de la Universidad del Valle, compartió su experiencia profesional sobre este tema que afecta a tantas personas.

La relación con la comida se construye desde el nacimiento. A lo largo de la vida, se moldea según nuestras vivencias, crisis personales o situaciones emocionales. “A veces, la comida funciona como un flotador emocional: algo que nos ayuda a transitar el dolor o la ansiedad”, comenta la médica. Pero cuando este vínculo se convierte en la única herramienta para enfrentar la realidad, cuando se prolonga en el tiempo, cuando se transforma en una obsesión, debemos detenernos y prestar atención. 

Para la psiquiatra, hay señales que no se pueden ignorar: la preocupación excesiva por el peso, la distorsión de la imagen corporal, la pérdida progresiva de peso, especialmente en adolescentes, y el cambio en la forma de relacionarse con el alimento.

La médica Carolina Zapata advierte que muchas veces la pérdida de peso no es notada a tiempo por la familia. A veces pasan semanas, meses, incluso años, antes de que alguien se dé cuenta de que un adolescente ha perdido seis o siete kilos, por eso es importante compartir las comidas en familia, observar, conversar, prestar atención a lo que se dice y a lo que no cuando se está en la mesa.

El gusto por ciertos alimentos también habla de nosotros. Muchas personas encuentran refugio en los dulces, y no es casualidad: el azúcar suele estar vinculado a recuerdos de la infancia, a momentos de tranquilidad o, en contraste, a momentos de gran ansiedad. 

También hay factores económicos y de tiempo que afectan la alimentación. En un mundo acelerado, muchas veces se opta por alimentos ultraprocesados que no requieren preparación, a costa de una nutrición adecuada.

El entorno social y cultural también tiene un gran impacto. Hoy, los modelos de belleza impuestos por las redes sociales promueven cuerpos extremadamente delgados, muchas veces inalcanzables, y eso genera una presión constante, sobre todo en los jóvenes. Cada cuerpo es distinto y tiene su propia estructura. La médica insiste en que es fundamental aceptar esa corporalidad y construir desde ahí una relación sana con el cuerpo y la comida. No se trata de encajar en un molde, sino de entender quiénes somos y qué necesita nuestro organismo.

Esta presión social también se vive con fuerza en disciplinas como la danza, el modelaje o el deporte, donde se exige un patrón corporal específico. Por ejemplo, en los últimos años, la cultura coreana ha influido notablemente en adolescentes que buscan replicar la apariencia de sus ídolos: quieren su delgadez, su tipo de piel, su dieta. En ese intento, muchas veces terminan adoptando conductas alimentarias extremas que los afectan profundamente.

Los trastornos alimentarios no son una moda ni un estilo de vida. Son enfermedades médicas serias que afectan tanto la salud física, como la emocional. Pueden causar daños en órganos vitales, alteraciones hormonales, problemas gastrointestinales, deficiencias cognitivas, entre otros. En los casos más graves, se cronifican. Las cifras son alarmantes: entre el 10% y el 20% de los casos pueden volverse permanentes, y de ellos, el 10% termina en muerte. El 5% se relaciona directamente con el suicidio.

La anorexia, por ejemplo, se manifiesta en la pérdida significativa de peso, la restricción alimentaria, los ayunos prolongados y el uso de laxantes o vómitos inducidos. En adolescentes mujeres, un signo alarmante es la desaparición de la menstruación, lo que indica que el cuerpo ya está comprometido nutricionalmente. 

En la bulimia, en cambio, se alternan atracones de comida con episodios de culpa y vómito. Estos comportamientos pueden presentarse incluso en adultos, y tienden a volverse repetitivos e incontrolables.

Sin embargo, para muchas personas, acudir al psiquiatra sigue siendo una decisión difícil. Todavía existe un estigma, un temor asociado a la locura o a lo irreversible, por eso es tan importante explicar que “el tratamiento no solo involucra medicamentos para estabilizar procesos biológicos, sino también un acompañamiento emocional, una escucha profunda que ayude a sanar desde la raíz. Ambos enfoques deben ir juntos”.

“Cuando una persona llega a consulta, el primer paso es entender en qué momento del trastorno se encuentra. Algunos pacientes están comenzando y no necesitan medicación; otros requieren atención médica urgente y un equipo interdisciplinario: nutricionistas, psicólogos, pediatras, endocrinólogos, trabajadores sociales y, en muchos casos, la familia porque el síntoma no siempre pertenece solo al paciente. A veces es la expresión de un entorno familiar silenciosamente enfermo. Muchas adolescentes, por ejemplo, heredan sin saberlo los mandatos de una madre obsesionada con la delgadez, que pesaba la comida, que vivió a dieta toda su vida. Estos mensajes quedan instalados en el inconsciente y pueden manifestarse años después, sin que nadie lo note”, señala.

Carolina Zapata lo resume con una frase que suele repetir a sus pacientes: “El cuerpo es la casa que habitamos y esa casa debe estar bien por dentro.” Cada cuerpo es único, y no todo lo que funciona para uno funcionará para otro. Por eso, más allá de modas o tendencias, lo más importante es tener una alimentación adecuada a nuestras necesidades reales, guiada por profesionales que nos ayuden a hacerlo con conocimiento, respeto y cuidado.



La universalidad de la universidad

Fue una mujer quien fundó la primera universidad del mundo

Por: Edgard Collazos Córdoba
Profesor Escuela de Estudios Literarios

Doscientos veintisiete años después de la muerte de Mahoma en Medina, Fatima al- Fihiri fundó la primera universidad del mundo en Marruecos; y en el año 1088 después de Cristo, los monjes cristianos en la Edad Media fundaron en Bolonia, Italia, la primera universidad de Europa.

Fátima al- Fihiri era hija de emigrantes de Cairuan. Había llegado a la ciudad de Fez, con sus padres, huyendo de las controversias sociales y políticas. De niña, su padre, un rico comerciante, le impartió educación universal y la instruyó en el único mundo que consideraba debía existir: el universo de los libros y el estudio. A su muerte, Fátima, iluminada por sus deidades, tuvo la genial e insólita idea de invertir su enorme herencia en fundar una institución educativa, y así fue, como inició la construcción el primer día del Ramadán o el noveno mes del calendario islámico, caracterizado por el riguroso ayuno diario del amanecer hasta la salida de los astros; esas largas horas dedicadas a la reflexión y a la intensa lectura e interpretación del Corán.

La construcción duró dos años, tiempo en el que Fátima extendió su Ramadán y ayunó día a día, quizás solicitando la ayuda de Alá, quien escuchó el fervor de sus oraciones y permitió que el proyecto educativo se llevara a un final feliz.

La Universidad de Al Qarawyyin está situada en el corazón de Fez, en una plaza conformada por una enorme y sagrada biblioteca, y una mezquita. En el inicio solo se leía el libro sagrado, pero poco a poco los discípulos de Al Qarawiyyin se formularon más preguntas y así se transformó en una institución universitaria, donde se enseñó lingüística, gramática, medicina, música y astronomía. Su influjo en el mundo occidental fue tan vasto, que el Papa Silvestre Segundo, en el siglo X, después de asistir a sus claustros, introdujo los números arábigos en Europa y Maimonides, el filósofo judío, en la rigurosidad de esas aulas, trazó las primeras ideas de su filosofía.

Doscientos veintisiete años después, en Bologna, inspirados por centenares de preguntas imposibles de responder, tal vez bajo el precepto socrático “solo sé que nada sé” y de la filosofía nominalista de Aristóteles, en la Edad Media, época de cruzadas religiosas y escolástica, cuando se trataba de apoderarse de Jerusalén y de unir razón y fe, los monjes cristianos, hacia el año 1088, fundaron la primera universidad de occidente.

Nació de las escuelas monásticas capaces de reunir una comunidad de intelectuales a la que llamaron en latín Universitas magistrorum et scholrium, comunidad que evolucionó y fue imitada en toda Europa donde florecieron las universidades que hoy conocemos, instituciones donde hasta en nuestros días el espíritu de Al Qarawiyyin y la Universitas Magistrorum prevalece intacto, quizás porque en esas dos partes del mundo el saber es una forma de acercarse a lo divino o es un designio que seguirá inspirando a oriente y occidente.

 

El pequeño mundo de las ardillas de cola roja

¿Has escuchado pequeños chirridos entre las ramas de los árboles? Corren, se persiguen, se detienen, se observan y vuelven a jugar. Su cola larga y esponjosa, su color rojo anaranjado y sus ágiles movimientos las delatan: son las ardillas de cola roja.

Por Melissa Pantoja Osorio
Agencia de Noticias Univalle

Esta especie, científicamente conocida como Sciurus granatensis, es nativa de América Central y del norte de Sudamérica. Su hábitat abarca desde Costa Rica hasta Ecuador, incluyendo amplias regiones de Colombia. Se trata de un animal diurno, arbóreo y, en general, solitario, aunque puede observarse en grupos durante la época reproductiva, en zonas de alimentación o cuando cuida a sus crías.

La cola de estas ardillas no solo es vistosa, sino también funcional. Les ayuda a mantener el equilibrio mientras se desplazan entre las ramas, les sirve de abrigo en climas fríos y actúa como un medio de comunicación con otras ardillas. Esta versatilidad ha sido clave para su éxito evolutivo y su adaptación a diversos entornos.

Un dato curioso sobre esta especie: las ardillas hembras son territoriales y defienden activamente su espacio frente a otras hembras vecinas, mientras que los machos, en cambio, son mucho más tolerantes entre sí.

Estos mamíferos juegan un papel ecológico fundamental: son dispersoras de semillas. Al alimentarse de frutos y semillas, muchas veces las entierran o esconden como reserva para épocas de escasez. Además, su dieta omnívora incluye insectos y pequeños vertebrados, lo que demuestra su gran capacidad de adaptación alimenticia.

Según el biólogo Óscar Enrique Murillo García, docente del Departamento de Biología de la Universidad del Valle, las ardillas comenzaron a colonizar la Ciudad Universitaria de Meléndez a finales de la década de 1990. Desde entonces, se han distribuido ampliamente por el campus, estableciendo una población saludable. “Se reproducen con frecuencia y se observa una población estable. Todo indica que pueden mantenerse en el futuro si se siguen preservando sus condiciones de vida”, señala el docente.

Desde la biología, las ardillas ofrecen lecciones fascinantes, gracias a su excelente memoria espacial: recuerdan con gran precisión dónde dejaron cada reserva. Esta habilidad, explica el profesor Óscar Murillo, podría ser clave para futuras investigaciones sobre el funcionamiento de la memoria y algunas enfermedades.

A pesar de su adaptabilidad, las ardillas enfrentan serias amenazas. En ambientes urbanos, los principales peligros provienen de los animales domésticos, especialmente perros y gatos, que pueden cazarlas. Otra amenaza es el ser humano: su apariencia tierna y simpática lleva a que algunas personas intentan capturarlas como mascotas, lo cual representa un grave error. Las ardillas son animales silvestres y deben mantenerse en su entorno natural.

En ambientes rurales, estos mamíferos se enfrentan a depredadores naturales como los monos capuchinos y las boas. Sin embargo, estas especies no se encuentran en áreas urbanizadas como el campus."

Las ardillas hacen parte de la vida cotidiana en el campus de Univalle. Con el tiempo, se han convertido en compañeras silenciosas, en curiosas observadoras de pasillos y árboles.

En el marco de la celebración de los 80 años de la Universidad del Valle, exaltamos su presencia como símbolo de convivencia con la naturaleza, como ejemplo de adaptación, y como recordatorio de que la biodiversidad también tiene un lugar dentro de la ciudad.

Cuidarlas, respetarlas y aprender de ellas es, también, una forma de celebrar nuestra historia y proyectar un futuro más consciente y sostenible.