Como parte de la Semana por la Paz, el Instituto de Investigación e Intervención para la Paz de la Universidad del Valle participa activamente en sus eventos y actividades.
Este evento que llega a su versión 39 en Colombia y tiene por eslogan “La paz nos llama, nos mueve y nos une”. En el Valle del Cauca, la dirección de este certamen está a cargo del profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Oscar Castro.
Durante el evento de inauguración se realizó el conversatorio “Reconstruir juntos: desafíos para la paz en tiempos de crisis y cambio” en el cual los participantes reflexionaron sobre la urgencia de reconstruir las relaciones, recuperar las confianzas y pensar en prospectiva sobre la sociedad queremos construir juntos. Así mismo, se presentaron diversos desafíos que plantea este momento para fortalecer las relaciones comunitarias y sociales, y avanzar en la construcción de paz en Cali y en el Valle del Cauca de la mano con la reconstrucción física en muchos barrios y veredas.
La moderación estuvo a cargo de Diego Luis Arias, profesional del Instituto, quien contribuyó con una amplia reflexión sobre aspectos primordiales de la paz y la convivencia en Cali, el Valle del Cauca y Colombia. Como panelistas participaron Carol Valentina Campaz, afrofeminista y activista de la Ruta Pacífica de las Mujeres; Ivonne Díaz Pérez, decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, Víctor Alfonso Barrera Miranda, Secretario de Paz y Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Cali; José Darío Rodríguez Cuadros, S.J, integrante del CINEP y profesor de posgrados en la misma universidad; y Harry Padilla Sánchez, líder comunitario en Jamundí, estudiante de Univalle y educador popular de infancias.
El Comité Impulsor de la Semana por la Paz, que congrega a distintas organizaciones sociales, entidades departamentales y municipales y líderes y lideresas, presentó un Manifiesto por la Paz que fue leído por la representante de la Ruta Pacífica de las Mujeres Valle del Cauca, Gloría Rodríguez Meneses. La organización, de acuerdo con este documento público, asume un compromiso frente a las urgencias actuales de la paz y hace un llamado a la sociedad para tejer paces desde los territorios, proteger la vida, apostar por el diálogo, sanar con la memoria, cuidar la casa común y construir empatía digital.
La Semana por la Paz es, desde hace décadas, un espacio para encontrarnos como sociedad y reconocer que la construcción de paz es una tarea colectiva. En esta ocasión queremos hacerlo desde una experiencia muy concreta que ha marcado a Cali y al Valle del Cauca: el terremoto del pasado 10 de agosto, manifestó Diego Luis Arias, durante el evento.
Por su parte, el profesor Jesús Sánchez, director del Instituto de Paz, destacó la urgencia de impulsar y fortalecer las capacidades de solidaridad y cuidado que las comunidades han puesto en movimiento e identificar aquellas fragilidades, desigualdades y fracturas que se han hecho manifiestas y frente a las que hay que trabajar entre todas las instituciones y actores del desarrollo regional.
La actriz vallecaucana fue reconocida en el municipio donde nació, después de una trayectoria que incluye premios internacionales por Oscuro animal y Los silencios, además del India Catalina que obtuvo por interpretar a la matriarca de los Buendía.
Tomado de Revista Semana
Mucho antes de que su rostro apareciera ante millones de espectadores como Úrsula Iguarán en Cien años de soledad, Marleyda Soto ya había construido una carrera alrededor del teatro, el cine y la enseñanza. Por eso, el reconocimiento que recibió en Vijes, el municipio vallecaucano donde nació, tiene para la actriz un significado que va más allá de la popularidad alcanzada con la producción de Netflix: es un homenaje a las raíces desde las que comenzó a imaginar su vida sobre los escenarios.
La Alcaldía de Vijes reconoció a Soto por exaltar con su trabajo artístico la cultura y el nombre de este territorio. Durante la ceremonia, la actriz recordó a la joven que, hace cerca de cuatro décadas, soñaba con hacer teatro y encontrar en las artes una manera de “hacer un poquito mejor el mundo”.
El momento también sirvió para que Soto hablara de las personas y los lugares que han acompañado su recorrido. “Yo no me hago sola… también mis raíces, mi pueblo”, afirmó durante el homenaje.
Soto se formó en la Licenciatura en Arte Dramático de la Universidad del Valle y durante años estuvo vinculada al teatro y a la docencia. En el Departamento de Artes Escénicas de esa institución participó en montajes como Fausto, Condenado por desconfiado y El gran teatro del mundo, además de realizar giras nacionales e internacionales.
Su carrera cinematográfica comenzó en 2007 con Dr. Alemán, película colombo-alemana en la que compartió elenco con August Diehl. Al año siguiente participó en Perro come perro, de Carlos Moreno, y posteriormente hizo parte de producciones como Amores peligrosos.
En 2015, Soto protagonizó La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo, una película que hizo historia en el Festival de Cannes al obtener la Caméra d’Or, además de otros reconocimientos durante su recorrido internacional. Un año después llegó Oscuro animal, dirigida por Felipe Guerrero, una película que aborda distintas formas de violencia contra las mujeres en el contexto del conflicto colombiano.
Por ese trabajo, Soto recibió el premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
En 2019 protagonizó Los silencios, de la directora brasileña Beatriz Seigner. Para interpretar a Amparo, uno de los personajes centrales de la historia, la actriz realizó una transformación física que incluyó ganar alrededor de 20 kilos. Su actuación le valió nuevamente un reconocimiento como Mejor Actriz, esta vez en el Havana Film Festival de Nueva York.
Ese recorrido, construido principalmente en el cine y el teatro, desembocó en uno de los papeles más importantes de su carrera: Úrsula Iguarán, la matriarca de los Buendía, en la adaptación televisiva de Cien años de soledad.
En la producción de Netflix, Soto interpreta a la Úrsula adulta, una mujer que sostiene a su familia mientras Macondo atraviesa transformaciones políticas, sociales y familiares. La actriz asumió un personaje que en la novela de Gabriel García Márquez funciona como uno de los grandes centros de gravedad de la historia: la mujer que mantiene en pie a los Buendía mientras el mundo alrededor de ellos cambia.
Su interpretación también le permitió obtener en 2025 el Premio India Catalina a Mejor Actriz Protagónica, uno de los reconocimientos más importantes de la televisión colombiana. En los Premios Platino de ese mismo año fue nominada en la categoría de Mejor Actriz de Miniserie o Teleserie.
En medio del homenaje la actriz explicó que necesitaba aprovechar ese espacio para poner a Vijes en el mapa y mostrar que allí también se construyen historias y proyectos culturales. “Yo necesitaba decirle al mundo que nosotros existíamos y que aquí hacemos cosas grandes y bellas”, expresó durante el reconocimiento.
Después cerró su intervención con una declaración que sintetiza el sentido del homenaje: “Orgullosa de ser vijeña”.
Consolidar las grandes universidades, acreditar las demás y descentralizar su tarea es un camino seguro de fortalecimiento de la equidad.
Por: Guillermo Murillo Vargas, rector de la Universidad del Valle
Tomado de El Tiempo
La Contraloría General de la República invitó a la Universidad del Valle a compartir sus ideas sobre el futuro de la universidad colombiana visto desde las regiones, pues ese ha sido un debate muy concentrado en Bogotá, donde están la mayor parte de las universidades y las más grandes. Aquí, algunas reflexiones.
Una primera idea es que independientemente de su ubicación la universidad colombiana enfrenta los mismos desafíos en un mundo donde todas las fronteras se han borrado. La diferencia está no tanto entre las grandes universidades bogotanas y las grandes universidades regionales, que son comparables en su complejidad académica, su tamaño y sus problemas, sino en el menor desarrollo académico, menor disponibilidad de recursos y menor preparación del cuerpo profesoral de las universidades públicas o privadas de menor tamaño, estén donde estén. El club de las universidades con acreditación institucional de alta calidad sigue siendo muy exclusivo. De 316 instituciones de educación superior (IES), solo 92 están acreditadas. Cubrir esa brecha sería el principal desafío para el futuro de la educación superior en Colombia.
Ese desarrollo debe darse dentro de unos principios y condiciones indispensables. Lo primero y fundamental, mantener la universidad como institución autónoma creadora y divulgadora de conocimientos, independiente frente al poder del Estado. Lo segundo, afrontar con creatividad y claros límites éticos los retos a los métodos de enseñanza creados por la inteligencia artificial generativa. Ninguna IES está hoy preparada para afrontarlos. Lo tercero, referido a la universidad pública, es que esta debe ser íntegramente financiada por el Estado, con gratuidad en la educación de pregrado. La reforma de los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 y la gratuidad para los estratos 1,2 y 3 son pasos correctos en ese sentido, pero ponen de relieve que los recursos que se asignan a las universidades públicas para ampliar la cobertura, garantizar la permanencia y el grado, además de crear la infraestructura necesaria para mantener un alto nivel investigativo, han sido y son hoy insuficientes.
En cuanto a la necesidad de extender la cobertura geográfica de las universidades a ciudades intermedias, en lo cual la Universidad del Valle ha sido pionera, pues lleva cuarenta años en ese proceso y tiene hoy las dos sedes en Cali más nueve sedes regionales y cinco nodos que dependen de ellas, donde estudian cerca de 15.000 estudiantes, es necesario precisar que este ha sido un proceso de lenta maduración en el que han estado involucrados tanto la universidad como los sectores públicos y privado de las regiones. La participación del Gobierno Nacional y el departamental en el fortalecimiento de la infraestructura física y de laboratorios, así como del Ministerio de Educación en la formalización de la oferta, ha sido fundamental.
La meta de ese esfuerzo es que la oferta académica y el bienestar universitario sean comparables a los de Cali, puesto que la universidad debe ser una sola. El principal resultado de esa tarea ha sido generar un poderoso factor de arraigo de los ciudadanos a sus regiones. La demanda por educación superior en las regiones del departamento ha sido creciente, y la oferta académica se ha ido ajustando a las necesidades del entorno. Aunque el departamento del Valle del Cauca es un departamento de ciudades, el modelo es perfectamente replicable a nivel nacional, pero requiere importantes inversiones adicionales a la base presupuestal.
Consolidar las grandes universidades, acreditar las demás y descentralizar su tarea es un camino seguro de fortalecimiento de la equidad.
Por: Alberto Valencia Gutiérrez
Profesor Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, columnista de El Espectador.
El proyecto de retirar a Colombia de la Corte Penal Internacional (a pesar de las críticas que se puedan hacer a esta institución) y los esfuerzos por bloquear la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) son un claro mensaje del régimen de impunidad que se quiere restablecer en este país en el nuevo gobierno de extrema derecha. Todo el mundo está de acuerdo con la paz, siempre y cuando se imponga un régimen selectivo de responsabilidades consistente en considerar que durante los difíciles años de conflicto hubo un agresor (las guerrillas) y la respuesta de la sociedad y del Estado fue un ejercicio de legítima defensa, a pesar de los horrores cometidos.
Cuando un país ha pasado por un grave conflicto interno o una guerra con el exterior, debe resolver, al menos, tres problemas para recuperar su estabilidad: la reparación de los daños y la atención a las víctimas; la asignación de responsabilidades por las exacciones cometidas; y la elaboración del significado de lo sucedido, es decir, la construcción de una “memoria ejemplar” que permita incluir los acontecimientos en una secuencia histórica con sentido. Del éxito de estas tres tareas depende la posibilidad de consolidar una “paz estable y duradera”, meta de la cual Colombia está bastante lejos.
La lista de países del mundo que han pasado por este proceso es bastante amplia en todos los continentes. Alemania, España y Francia han tenido que vivir un “duelo histórico” por su participación en la Segunda Guerra Mundial, la dictadura de Franco o la Guerra de Argelia, respectivamente. En América Latina tenemos el caso de los países que vivieron dictaduras militares atroces para cuya superación crearon “comisiones de la verdad”. En Colombia, La Violencia de los años 1950 tuvo una precaria salida institucional, porque el Frente Nacional, ideado para ponerle fin, fue un pacto de impunidad y de “perdón y olvido”. La única excepción la constituyó la publicación en 1962 del libro La violencia en Colombia de Germán Guzmán (y otros) que contó con todo detalle “lo que no se podía revelar” y causó gran conmoción.
Hoy en día, las víctimas han ganado gran protagonismo y contamos con un amplio material acerca de las últimas cuatro décadas, construido por el CNMH y la Comisión de la Verdad. El problema esencial está en la segunda tarea: ¿cómo asumir las responsabilidades frente al conflicto? El hecho es que la figura jurídica de la legítima defensa, que prescribe una proporcionalidad entre la agresión y la reacción (Art. 32:6 del Código Penal) no es suficiente. Los grupos guerrilleros tuvieron una enorme responsabilidad en lo sucedido pero la reacción de la sociedad y el Estado no fue simplemente un acto defensivo: los paramilitares comenzaron como grupos “contrainsurgentes”, pero rápidamente se convirtieron en depredadores, igual o peores que sus enemigos; los “falsos positivos”, las masacres indiscriminadas, etc.
Un verdadero juicio de responsabilidades debe incluir a los grupos guerrilleros, a las bandas paramilitares, a sectores civiles que las apoyaron y a sectores de las fuerzas militares. Éste fue el proyecto que se esbozó después de las negociaciones con las FARC y que se cristalizó en la JEP, a pesar de los recortes que sufrió.
La tarea no es fácil en un conflicto que no ha terminado. Colombia ha pagado un elevado precio por no haber podido resolver institucionalmente, como era debido, La Violencia de los años 1950. Actualmente estamos en una situación similar. La salida extrema sería la posibilidad de una “Ley de punto final”, que tendría como prerrequisito el reconocimiento de las responsabilidades por cada uno de los actores comprometidos, tarea casi imposible.
Desde el primer día del terremoto, un amplio grupo de egresados de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle —más de 490 personas, entre egresados y profesores— se organizó de manera espontánea para apoyar a las comunidades afectadas. Lo que comenzó como una red de ayuda entre colegas se ha convertido en un esfuerzo coordinado de acompañamiento técnico, evaluación de viviendas y gestión de materiales de construcción en distintos municipios del Valle del Cauca.
Una red de solidaridad que creció desde el aula
La profesora Hilda Ortiz, también egresada de la Escuela, ha sido una de las personas que ha impulsado y coordinado esta labor. Según relata, la iniciativa nació de un grupo de egresados que, desde antes del terremoto, ya se caracterizaba por su espíritu solidario: recomendaciones laborales, apoyo entre colegas y disposición permanente a colaborar. Tras la emergencia, esa misma red se activó para atender un problema mucho más urgente.
La dinámica es sencilla pero efectiva: cuando se reporta una vivienda que necesita revisión, el caso se comparte en el grupo junto con fotos o videos. Quien tenga disponibilidad de tiempo y cercanía con el lugar se ofrece a hacer la visita— profesores, familiares, estudiantes o miembros de la comunidad—, y luego comparte un reporte con sus hallazgos y recomendaciones.
Cuatro frentes de trabajo
Para que la labor esté mejor organizada y el trabajo se distribuya de forma equitativa entre todos los voluntarios, el grupo se ha dividido en cuatro frentes: Consultoría, Diseño, Reparaciones, Construcción.
Cada caso que llega se distribuye entre los egresados disponibles en el frente correspondiente, buscando que ningún voluntario concentre toda la carga y que todos los que quieran aportar tengan la oportunidad de hacerlo.
Articulación con Ingeniería y con la administración municipal
Cuando las visitas revelan daños en edificaciones que superan el alcance de la arquitectura —como el caso de edificios y unidades residenciales que requieren modelado estructural y cálculos con firma profesional para efectos de aseguradoras—, los casos se remiten a un grupo de profesores de Ingeniería, quienes se encargan del estudio técnico especializado.
En varios municipios, los egresados también han trabajado de la mano de las alcaldías locales, siguiendo los formatos y protocolos oficiales para el registro y seguimiento de las viviendas evaluadas.
Refugios y acopio de materiales: la siguiente etapa
Además de las visitas de evaluación, el grupo ya está mirando hacia la siguiente fase de la respuesta. Varios estudiantes están haciendo acopio de materiales de construcción, y un egresado facilitó un patio familiar de grandes dimensiones que servirá como punto de recolección. Este esfuerzo se suma a iniciativas como la construcción de refugios temporales, entre ellos el levantado en el corregimiento de El Cairo, en el que participaron arquitectos egresados de la Escuela como parte de este voluntariado.
Este fin de semana, un grupo de egresados viajará al municipio de Bolívar para realizar visitas técnicas, sabiendo que allí será necesario apuntalar losas y muros; por ello ya gestionan cómo transportar los materiales necesarios, anticipando que en la zona podrían escasear.
Trabajo conjunto con Bienestar Universitario
La labor de los egresados también se ha articulado con la Universidad: la profesora Hilda fue designada para coordinar el componente de infraestructura dentro del trabajo de Bienestar Universitario, con base en los casos reportados a través de la encuesta Univalle Contigo. Actualmente se encuentra clasificando los casos más críticos para distribuirlos según su ubicación y nivel de urgencia.
Un compromiso que continúa
"Hemos atendido casos de profesores, familias de profesores, casas de estudiantes… y va a seguir así, porque los egresados van a seguir colaborando en la medida de lo posible", señala la profesora Hilda.
Lo que comenzó como una iniciativa informal de apoyo entre colegas se ha convertido en una respuesta articulada, con presencia en distintos municipios del departamento, y con la certeza de que el compromiso de los egresados de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle con sus comunidades seguirá firme mientras dure la reconstrucción.
Arriba en la foto: Refugio levantado en El Cairo con el acompañamiento de arquitectos egresados de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle.
La calidad académica y científica, así como su vocación por la transferencia del conocimiento, han llevado a Angélica García Quintero, investigadora de Mindtech s.a.s., a convertirse en beneficiaria de la beca Fulbright Visiting Student Researcher (VSR) de la cohorte 2026, que le permitirá realizar una estancia de investigación en Estados Unidos.
Angélica es egresada del Programa de Química y estudiante del Doctorado en Ciencias - Química de la Universidad del Valle.
La beca Fulbright VSR promueve la cooperación académica y científica entre Colombia y Estados Unidos, permitiendo que estudiantes de doctorado fortalezcan sus investigaciones en universidades estadounidenses de alto nivel, amplíen sus redes académicas y profesionales y contribuyan al desarrollo científico-tecnológico del país. Por ello, Fulbright Colombia selecciona profesionales con excelencia académica, trayectoria investigativa y un marcado impacto científico y social para que, a través de las becas Fulbright, se promueva el intercambio de conocimientos, metodologías y experiencias, el fortalecimiento de redes, así como el crecimiento personal y profesional de sus becarios.
Gracias a este reconocimiento, Angélica realizará una estancia de investigación doctoral en el Laboratorio de Acuicultura Ecológica Kapuscinski-Sarker de la Universidad de California, Santa Cruz. Durante esta estancia de cinco meses desarrollará el proyecto “Innovative Multispectral Assessment of Microalgae-Based Fish Feeds: Integrating Green Analytical Chemistry with Sustainable Aquaculture”, para evaluar la aplicación de análisis de imágenes multiespectrales para caracterizar alimentos piscícolas alternativos. Oportunidad que permitirá fortalecer las redes de cooperación entre investigadores de Colombia y de Estados Unidos, avanzar en el desarrollo de técnicas analíticas más sostenibles y contribuir a la implementación de la agricultura 4.0.
“Estoy muy emocionada por la posibilidad de adquirir y compartir conocimientos en el marco de una cooperación con un laboratorio líder en acuicultura ecológica, y de regresar a Colombia para contribuir al desarrollo de la sociedad, además de pertenecer a una red de personas que trabajan en conjunto para construir un mundo mejor. Recibir la beca Fulbright es parte de un camino vinculado a la excelencia académica e investigativa, que debo a mi formación en la Universidad del Valle y al grupo de investigación GI-CAT. También hace parte esencial de este camino el ejercicio profesional que propende a que el conocimiento se materialice en hechos que trasciendan a la sociedad, aspecto clave en mi trabajo en Mindtech y en mi formación doctoral. Lo que me ha permitido contribuir a la transformación positiva de poblaciones vulnerables mediante la construcción de soluciones a desafíos reales y prioritarios de nuestro país bajo una visión interdisciplinar y un enfoque multidisciplinar.” expresó Angélica.
“Quiero agradecer a la Universidad del Valle, a GI-CAT, a Mindtech s.a.s., a mi familia y a todas las personas que me han brindado oportunidades, consejos y apoyo en este camino para convertirme en becaria Fulbright en la Universidad de California” finalizó la investigadora.
La trayectoria académica y científica de Angélica ha estado estrechamente vinculada a la Universidad del Valle, desde el segundo semestre de su pregrado en Química forma parte del Grupo de Investigación en Ciencias con Aplicaciones Tecnológicas (GI-CAT), liderado por el Dr. Manuel Palencia. Desde ese momento, Angélica ha estado involucrada activamente en diversas investigaciones en química verde, espectroscopia, nanomateriales, polímeros y análisis de sistemas complejos como alimentos y tejidos. Todo ello ha permitido que en su pregrado obtuviera reconocimientos como el mejor póster en el XVIII Congreso Colombiano de Química y una tesis laureada en el campo de la química verde y la remediación ambiental. Además, en su pregrado se desempeñó como monitora del Plan de Nivelación Académica Talentos Pilos y del Semillero de Ciencias de Química de la Universidad, lo que fortaleció sus capacidades de liderazgo, docencia y trabajo colaborativo, pilares que hoy hacen parte de su ejercicio como investigadora.
Actualmente Angélica cursa el Doctorado en Ciencias - Química, donde mediante asignaturas avanzadas y roles como asistente de docencia en talleres y laboratorios, ha fortalecido su pensamiento crítico, su comunicación científica y su conocimiento en química analítica, aspectos cruciales para su investigación doctoral, en la que desarrolla estrategias más sostenibles basadas en imágenes multiespectrales para la evaluación de la calidad e inocuidad de los alimentos piscícolas.
En paralelo a sus estudios de posgrado, ejerce como investigadora en la empresa Mindtech s.a.s., donde diseña e implementa soluciones orientadas a responder a necesidades estratégicas del país. Esta unión entre la formación e investigación de la universidad y el sector privado de CTeI le ha permitido fortalecer la integración entre la investigación fundamental desarrollada en el ámbito académico y la investigación aplicada orientada a responder necesidades nacionales. Lo que se ha reflejado en el fortalecimiento de su currículo, siendo actualmente reconocida como Investigadora Junior de Minciencias, así como en la coautoría de más de 25 artículos de investigación y divulgación, 26 capítulos de libro, múltiples asistencias a congresos nacionales e internacionales y participación como coinvestigadora en diversos proyectos de investigación públicos y privados.
Este logro evidencia cómo la combinación de una sólida formación académica - que inicia desde el pregrado y se fortalece en el posgrado -, la experiencia investigativa, la articulación con el ecosistema de CTeI y el compromiso social puede abrir puertas hacia escenarios de cooperación global y consolidar el liderazgo de la investigación realizada en la Universidad del Valle en el ámbito internacional.
Viceministra de Conocimiento, Innovación y Productividad, Ana Isabel Vargas Salazar; rector de la Universidad del Valle, Guillermo Murillo Vargas; y vicerrectora de Investigaciones, Mónica García Solarte.
La viceministra de Conocimiento, Innovación y Productividad, Ana Isabel Vargas Salazar, visitó este sábado la Universidad del Valle como parte de un recorrido que adelanta el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación por instituciones de educación superior del país, con el fin de conocer de primera mano las afectaciones que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto en las capacidades de ciencia, tecnología e innovación, e identificar en dónde se requieren esfuerzos adicionales para su recuperación.
A la visita asistieron integrantes del equipo de la Red de Innovación en el Valle del Cauca (REDDI), el rector Guillermo Murillo, las vicerrectoras de Investigaciones, Mónica García Solarte y de Extensión y Proyección social, Fátima Díaz y miembros del Comité Central de Investigaciones de la Universidad del Valle.
El rector Guillermo Murillo hizo un balance de la participación de la Universidad en distintos frentes de atención a la emergencia, destacando cómo los profesores han puesto su experticia al servicio de la ciudad, la región y la universidad, como el trabajo de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática, que acompaña a las secretarías de Gestión del Riesgo a nivel institucional, el Observatorio Sismológico y Geofísico del Suroccidente Colombiano - OSSO, la Escuela de Arquitectura entre otros.
La jefe de Seguridad y Salud en el Trabajo, Patricia Andrea Martos Guatusmal, presentó el balance del comité de Sistema de Comando de Incidentes de la Universidad sobre las afectaciones a la infraestructura, con especial atención al estado preliminar de varios laboratorios, cuyo diagnóstico detallado continúa en desarrollo.
La ruta de recuperación definida contempla:
Estas acciones buscan restablecer las condiciones óptimas de seguridad, funcionalidad y cumplimiento normativo en los espacios de investigación.
La vicerrectora de Investigaciones, Mónica García Solarte, presentó un panorama del número de grupos, centros, institutos, proyectos, patentes, productos y laboratorios de la Universidad, junto con el estado de los proyectos que se encontraban en ejecución al momento del sismo. Sobre estos, señaló que se requiere un análisis más detallado, desde distintas perspectivas, para definir el curso a seguir hasta su terminación.
La vicerrectora puso especial atención en cuatro proyectos de becas del Sistema General de Regalías (SGR), que revisten mayor complejidad por tratarse de becas doctorales vinculadas a tesis de doctorado, cada una con sus propias particularidades.
Con base en este primer balance, la Universidad solicitó al Ministerio evaluar la posibilidad de otorgar un período de gracia para los proyectos afectados, así como abrir canales de comunicación directa que permitan revisar caso por caso los compromisos adquiridos.
La viceministra Ana Isabel Vargas coincidió en que este es un momento para poner todo el conocimiento generado por la Universidad al servicio de la sociedad, como una vía para aportar activamente a la recuperación y al desarrollo de la ciudad, el departamento y el país.
Docentes, egresados y profesionales vinculados a la Facultad de Salud de la Universidad del Valle participaron en una brigada de salud que fortaleció la atención hospitalaria y llevó servicios de salud a comunidades del Distrito de Buenaventura entre el 13 y el 15 de agosto.
La emergencia generada tras el sismo del pasado 10 de agosto movilizó las capacidades de diferentes instituciones del Valle del Cauca. Como parte de esta respuesta, el Hospital Universitario del Valle, en articulación con la Universidad del Valle, desarrolló una brigada de salud para apoyar al Hospital Luis Ablanque de la Plata y a las comunidades de Buenaventura que requerían atención.
La Facultad de Salud participó activamente en esta misión a través de integrantes de las Escuelas de Medicina y Enfermería, docentes del programa de Tecnología en Atención Prehospitalaria, profesionales y egresados, quienes se desplazaron al Distrito de Buenaventura para fortalecer tanto la respuesta hospitalaria como las acciones de atención en territorio. La brigada se desarrolló entre el 13 y el 15 de agosto y concentró sus esfuerzos en diferentes frentes: atención prehospitalaria y primaria en salud, apoyo al servicio de urgencias, atención a población vulnerable, primeros auxilios psicológicos, traslado de pacientes y organización de medicamentos e insumos humanitarios.
Una respuesta articulada entre el hospital y los territorios
El equipo se organizó en dos grandes áreas de trabajo: una destinada al apoyo de las actividades hospitalarias y otra enfocada en el trabajo de campo en diferentes sectores de Buenaventura. La coordinación se realizó de manera articulada entre la Universidad del Valle, el Hospital Universitario del Valle, el Hospital Luis Ablanque de la Plata, la Secretaría de Salud y otros actores presentes en el territorio.
La profesora Alejandra María Díaz Tamayo, docente de la Tecnología en Atención Prehospitalaria y quien lideró la brigada de la Universidad del Valle en Buenaventura, destacó el alcance de esta articulación: “Realizamos trabajo de campo en diferentes territorios del distrito, brindando atención primaria en salud, primeros auxilios psicológicos y traslado de pacientes desde los diferentes barrios hacia instituciones de salud. Además, apoyamos la organización y distribución de los insumos médicos de acuerdo con las necesidades de cada territorio”, explicó.
La docente señaló además que el trabajo conjunto con la Secretaría de Salud permitió coordinar el desplazamiento de los equipos hacia los sectores donde se requería una atención prioritaria. Esta coordinación fue fundamental para distribuir el talento humano disponible, organizar los grupos de voluntarios y facilitar el ingreso a diferentes comunidades, en algunos casos con el acompañamiento de líderes comunitarios y organismos de seguridad.

Llegar donde la atención era más necesaria
Una parte importante de la brigada se concentró en comunidades donde las dificultades de acceso a los servicios de salud se habían agudizado por la emergencia.
En sectores como La Ruñidera, San Francisco y Guadalupe, los equipos realizaron valoraciones a niños, adultos mayores, gestantes y otros integrantes de la comunidad. Las jornadas incluyeron toma de signos vitales, valoración inicial, curaciones, entrega de medicamentos con fórmula médica, educación en salud, vacunación y primeros auxilios psicológicos.
El profesor Luis Alexander Lovera Montilla, de la Escuela de Enfermería, hizo parte de las jornadas de atención en territorio y del apoyo hospitalario. Para él, la decisión de sumarse a la brigada fue inmediata: “No hubo ningún momento en dudar cuando solicitaron lo de Buenaventura. La necesidad de ayudar era inmediata y, desde que llegamos, encontramos comunidades y servicios de salud que requerían todo nuestro apoyo”, señaló.
En el barrio La Ruñidera, por ejemplo, el equipo instaló un punto de atención desde el cual se valoraron pacientes de diferentes edades y condiciones de vulnerabilidad. Durante una de las jornadas fueron identificados dos niños que requerían atención prioritaria debido a dificultades respiratorias y deshidratación. Ante la falta de ambulancias disponibles, el equipo gestionó su traslado hacia una institución de salud en un vehículo de la Secretaría de Salud. El profesor Lovera recordó esta experiencia como una muestra de los desafíos que enfrentaron los equipos durante la emergencia: “En situaciones como esta hay que tomar decisiones para garantizar que los pacientes prioritarios reciban atención. En territorio valoramos niños, gestantes, adultos mayores y otras personas que no podían acceder fácilmente a los servicios, y trabajamos articuladamente para lograr sus traslados cuando era necesario”.
Además de la atención en puntos comunitarios, algunos integrantes de la brigada recorrieron viviendas para atender a personas que, por sus condiciones de salud o movilidad, no podían desplazarse hasta los lugares establecidos para las jornadas.

El apoyo dentro del Hospital Luis Ablanque de la Plata
La respuesta también se desarrolló al interior del Hospital Luis Ablanque de la Plata, donde parte del equipo apoyó el servicio de urgencias y otras áreas que requerían refuerzo. Estudiantes y profesores y Tecnólogos en Atención Prehospitalaria participaron en labores de triage, reanimación, procedimientos y atención en las zonas de expansión habilitadas fuera de las instalaciones hospitalarias.
La egresada de la Facultad de Salud y brigadista en Atención Prehospitalaria, Karla Andrea Quiroga Vargas, destacó el impacto que tuvo la llegada del equipo en un momento especialmente complejo para el hospital y su personal: “Fue una experiencia muy enriquecedora, porque cuando llegamos encontramos a muchos pacientes en carpas, expuestos al sol y a la lluvia. Desde el equipo de Atención Prehospitalaria pudimos apoyar para brindar la mayor atención posible y ayudar al personal en diferentes procedimientos y necesidades del servicio”, relató.
Durante los días posteriores, el equipo continuó fortaleciendo diferentes áreas de atención, mientras otros brigadistas se desplazaban hacia las comunidades. Para Karla, una de las experiencias más significativas fue poder llegar a sectores donde, debido a la emergencia, las personas enfrentan mayores dificultades para acceder a los servicios de salud: “Parte del equipo se dividió para llegar a comunidades donde los servicios de salud no estaban llegando y las personas no podían desplazarse por sus propios medios. Lo más gratificante fue ver el agradecimiento de las comunidades y del mismo personal de salud”.
Atención materna, neonatal y pediátrica
Dentro de las acciones desarrolladas también se brindó apoyo a la atención de mujeres gestantes, partos y recién nacidos. En el Centro de Salud Bellavista, el equipo participó en la atención de partos y en la recepción de dos recién nacidos para su adaptación neonatal, además de apoyar la valoración y remisión de gestantes que requerían atención especializada.
El profesor Alexander Lovera recordó algunas de estas experiencias, entre ellas el acompañamiento a pacientes gestantes que presentaban condiciones de riesgo: “Pudimos apoyar el traslado y la atención de maternas en condiciones complejas, participar en la atención de un parto y acompañar la adaptación neonatal de recién nacidos. Son situaciones en las que cada profesional aporta desde sus competencias para responder a las necesidades del momento”.

Organizar para poder ayudar
Además de la atención directa a pacientes, la brigada asumió una tarea fundamental para garantizar que los recursos disponibles pudieran llegar a quienes los necesitaban, la organización de los medicamentos e insumos que llegaban al hospital como parte de las donaciones. Los equipos apoyaron la recepción, clasificación y organización de estos elementos, verificando también las fechas de vencimiento de los medicamentos y preparando los insumos para su posterior distribución hacia los territorios priorizados.
Karla Quiroga destacó que esta labor fue clave para las jornadas desarrolladas en las comunidades: “Llegaban muchos insumos y fue necesario establecer una cadena de organización. Clasificamos los medicamentos y elementos que podían ser utilizados y esto permitió que, cuando salíamos a territorio, pudiéramos llevar insumos de primera necesidad para las comunidades”, explicó.
La brigadista señaló que, con el acompañamiento y aval del personal médico, también se apoyó la entrega de medicamentos de primera necesidad a personas que contaban con su respectiva fórmula médica. Al finalizar las jornadas, el proceso de organización permitió dejar estructurado el almacén de medicamentos e insumos, facilitando su control y posterior distribución.
Una experiencia de compromiso y trabajo colectivo
Para quienes participaron, la brigada representó no solo una oportunidad de poner sus conocimientos y experiencia al servicio de las comunidades, sino también una muestra de la importancia de la articulación institucional ante situaciones de emergencia. Durante los tres días de trabajo, la intervención integró acciones de atención primaria y prehospitalaria, apoyo hospitalario, atención extramural, primeros auxilios psicológicos, gestión de medicamentos e insumos y traslado de pacientes.
La profesora Alejandra María Díaz Tamayo resaltó precisamente el trabajo conjunto que permitió llevar los equipos de salud hacia los diferentes territorios: “La articulación con las instituciones y con la Secretaría de Salud fue fundamental para organizar los equipos y llevar la atención a los lugares donde se necesitaba de manera oportuna”, manifestó.
La experiencia también dejó importantes aprendizajes sobre los retos que enfrentan los servicios de salud durante una emergencia, especialmente frente a la disponibilidad de transporte sanitario y la necesidad de contar con mecanismos de coordinación que permitan responder rápidamente a las poblaciones más vulnerables. Con la participación de docentes, profesionales y egresados de la Facultad de Salud, la Universidad del Valle se sumó a una respuesta interinstitucional que llevó atención y acompañamiento tanto al Hospital Luis Ablanque de la Plata como a diferentes comunidades del Distrito de Buenaventura. Una experiencia que, en medio de la emergencia, reafirmó el compromiso de la Universidad pública con los territorios y la capacidad de su comunidad para poner el conocimiento y el talento humano al servicio de quienes más lo necesitan.

Un equipo de ingenieros de la Universidad del Valle se desplazó hasta El Águilla, el municipio vallecaucano más cercano a San José del Palmar (Chocó), epicentro del terremoto del pasado 10 de agosto. Tan solo 96 km separan a ambas poblaciones. Por esta cercanía muchas de las casas y edificios de El Águila colapsaron o están a punto de hacerlo. A esto se suma que debido a su extensión y ubicación geográfica, las autoridades locales han requerido de toda la ayuda disponible para atender a la población afectada y los daños en su infraestructura.
Es por este motivo que un equipo de 15 personas, entre los que se encuentran profesores y estudiantes de posgrado y pregrado de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle, liderados por el profesor Albert Ortiz, se desplazaron a este municipio para hacer evaluación de infraestructuras.

“Las labores del equipo son básicamente apoyar al municipio de El Águila en lo que tiene que ver con revisión de estructuras, diagnóstico de estructuras afectadas y evaluación. Determinar si hay estructuras que demoler o no, en términos que representen un riesgo repentino de colapso”, explicó el profesor Albert Ortiz.
Este equipo de Univalle se está desplazando por éste y otros municipios del norte del Valle afectados por el sismo, en articulación con la Secretaría de Gestión del Riesgo Departamental y la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica, conformada por varias universidades del país entre las que se encuentran la Universidad del Norte, la Universidad de Medellín, la Universidad Industrial de Santander, la Universidad del Valle y la Universidad Militar Nueva Granada de la que hace parte el profesor Julian Carrillo, otro de los expertos que acompañó la visita.
“Varios profesores unimos esfuerzos justamente para estudiar las diferentes amenazas a las que se encuentra sometida la infraestructura en Colombia y alrededor del mundo, en especial edificaciones, puentes y otro tipo de infraestructura esencial para el funcionamiento adecuado de la sociedad. La Red Colombiana Investigación en Ingeniería Sísmica también tiene la tarea de estudiar estos efectos y proponer evaluar cómo se afectan estas estructuras para que los gobiernos puedan tomar decisiones”, comentó el profesor Carrillo.
La Universidad al servicio de los municipios
El Águila está incrustado entre la cordillera occidental; su población no supera los 9.000 habitantes. Por su tamaño depende de la gobernación departamental para muchos de sus asuntos administrativos. Esta catástrofe excede las capacidades de atención y reacción del municipio por lo que la Universidad del Valle, comprometida con la región, brinda su conocimiento y experticia como parte de una serie de actividades para atender la emergencia.
“Quienes más conocen el municipio son los alcaldes, los organismos de socorro del municipio. Nosotros llegamos, nos reportamos con ellos, vamos al puesto de mando unificado y ellos nos dan las instrucciones de dónde requieren el acompañamiento de la Universidad, dado que son municipios muy pequeños que no tienen personal calificado idóneo para revisar estructuralmente una edificación. Con base en lo que ellos nos informan, procedemos a realizar las respectivas visitas y dar un concepto. Adicionalmente, estamos evaluando un formulario generado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, que va a ser implementado en todo el país para la evaluación de las estructuras afectadas” explica el profesor Ortiz.

El Águila es un municipio representativo de muchos otros en el país, con muchas construcciones y sistemas estructurales típicos en estos municipios. La antigüedad y la falta de mantenimiento hicieron que muchas de estas estructuras colapsaran ante la intensidad del sismo, como lo explica el profesor Carrillo sobre los hallazgos a partir del trabajo de evaluación realizado por el equipo.
“Encontramos diferentes patologías de prácticas constructivas, de corrosión ambiental y obviamente esas patologías, asociadas al movimiento sísmico, afectaron estas edificaciones. Encontramos sistemas de mampostería no reforzada, mampostería confinada, tapia, pisada, adobe. Este tipo de edificaciones es muy vulnerable ante estos eventos sísmicos, ya que su capacidad de resistencia lateral es muy limitada. Actualmente estamos evaluando no solamente las residencias, sino también ayudando a los rectores de los colegios a que podamos, junto con ellos, evaluar estas estructuras educativas y puedan, en un tiempo prudente, adecuado y seguro, ponerla en funcionamiento para la población, especialmente la niñez”.
Además de las instituciones educativas, viviendas y comercio, el Hospital del municipio se vio gravemente afectado: “Infortunadamente lo hemos encontrado totalmente colapsado. Esta es una de las situaciones que nosotros como comunidad en general, junto con las entidades del gobierno, no deberíamos permitir, ya que son estas las principales entidades que deben estar en funcionamiento durante y después del evento sísmico” advierte el profesor Carrillo.
Esta es una de las actividades que realiza la Universidad, que apoyada en la comunidad que la compone, ha brindado atención desde distintos frentes para la atención de esta emergencia y seguirá aportando, como una de la instituciones más importantes de la región, para la superación de la misma.
El Consejo Académico, luego de una larga deliberación sobre la situación actual, considera que como comunidad universitaria debemos tener claro un principio fundamental: por encima de cualquier actividad académica, laboral o administrativa están la vida, el cuidado y el bienestar de las personas. Preparar nuestros campus para retornar a las actividades no significa solamente contar con condiciones técnicas y protocolos de seguridad. Implica también reconocernos como comunidad, actuar con empatía y flexibilidad, comprender que cada persona vive este proceso de manera diferente y fortalecer nuestra capacidad para cuidarnos y acompañarnos mutuamente. Considera que no están dadas las condiciones para retornar a la normalidad académica por lo que se definen las medidas excepcionales que se detallan a continuación.
1. Iniciar el semestre académico como está definido en la resolución respectiva para pregrado y posgrado bajo la modalidad de presencialidad asistida por tecnología (PAT).
2. La semana comprendida entre el 24 y el 29 de agosto, se desarrollarán entre los profesores, en modalidad remota, conversaciones, ajustes pedagógicos y alistamiento para el retorno.
3. La semana comprendida entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre será de reencuentro entre estudiantes y profesores. Se continuará bajo la modalidad PAT.
4. Durante esta semana, se promoverán espacios de diálogo y reflexión entre profesores y estudiantes sobre las experiencias individuales y colectivas asociadas con el sismo.
5. A partir del 7 de septiembre, se iniciará el desarrollo de los cursos en la modalidad PAT, teniendo en cuenta los ajustes necesarios para el cumplimiento del calendario académico.
6. De acuerdo con la evaluación de los expertos sobre las condiciones de la infraestructura para un retorno seguro a los diferentes campus, probablemente se mantendrá la modalidad PAT durante el mes de septiembre, salvo que los análisis técnicos de dichas condiciones determinen que es posible el retorno presencial.
7. Mientras se avanza en el diagnóstico de las condiciones de la infraestructura física y tecnológica en los diferentes campus, se reitera la invitación a la comunidad universitaria para que diligencie la encuesta de caracterización “Univalle contigo”.
La Universidad del Valle enfrenta una situación compleja que exige decisiones rápidas, pero estrictamente sustentadas en diagnósticos técnicos. Las prioridades inmediatas son: salvaguardar la vida de los miembros de la comunidad universitaria, concluir la evaluación de la infraestructura y definir la disponibilidad real de espacios. Por tales razones, se han tomado estas decisiones para promover el encuentro, preservar la continuidad académica mediante alternativas flexibles, así como brindar condiciones adecuadas en las rutas de atención integral a la comunidad afectada, centralizar una comunicación institucional confiable y reconstruir el tejido social de la comunidad universitaria.
Cali, 20 de agosto de 2026.