Por Diego Alejandro Guerrero
Agencia de Noticias Univalle
Luego de novelas como Mugre rosa (2020) y El monte de las furias (2025), y de diez años de su libro de cuentos No soñarás flores (2016), Fernanda Trías regresa a este género literario con Miembro Fantasma, una publicación con varios relatos atravesados por una ausencia, un dolor, que a pesar del tiempo aún se mantiene latente.
El libro, publicado por la editorial Páginas de Espuma, reúne varios relatos donde el duelo, el silencio, la memoria y la pérdida atraviesan la experiencia de sus personajes: una mujer que va a reencontrarse con una amiga de su infancia; un escritor (o escritora) que busca darle forma al argumento de un cuento; una mujer que experimenta su primera reunión de Alcohólicos Anónimos. Estos relatos cargan dentro de sí con el peso de lo no dicho.
Agencia de Noticias Univalle: El término Miembro Fantasma habla de un dolor que existe y que persiste aún cuando una parte del cuerpo ya no hace parte del mismo ¿Cómo nació este libro? ¿En qué momento comprendiste que esa imagen no solo podía sostener un cuento, sino toda una publicación?
Fernanda Trías: Este libro lo componen diez cuentos que fui escribiendo. Algunos tienen un germen bastante antiguo: eran borradores que tenían versiones iniciales bastante viejas. Me senté a trabajar el libro y a escribir la mayoría de los cuentos en 2020, durante la cuarentena de COVID. Acababa de terminar mi novela Mugre Rosa; la había entregado a la editorial. Estaba a la espera, pensé ¿qué voy a hacer? tengo que sobrevivir de algún modo…
Me puse a escribir. Retomé todos esos cuentos que tenía incubando. Me senté a trabajar de una manera más sistemática, uno por uno. Al dar justamente con este concepto del síndrome del miembro fantasma, que como vos explicaste, le ocurre a una gran parte de las personas que sufren una amputación, que siguen sintiendo el miembro amputado como si estuviera allí, como si siguiera presente. Esa imagen se me apareció mientras escribía uno de los cuentos, pero ahí entendí que podía sostener el resto. A partir de eso empiezo a ver los borradores que tenía y cómo en buena medida estaban hablando de una manera u otra sobre ausencias que se sentían aún muy presentes, sobre dolores pasados que todavía tenían consecuencias. Empecé a trabajar en torno al concepto, pensando que aquí hay un libro. Entre 2020 y 2023 escribí varios cuentos nuevos, ampliando la idea médica del miembro fantasma, hasta convertirla en una forma de pensar o experimentar cualquier pérdida.
Lo fascinante y terrible del síndrome es que se sitúa a nivel neurológico, es a nivel del cerebro que se produce. La sensación de sentir el miembro ausente como presente, significa que es el cerebro el que no procesa una señal de la ausencia.
En ese sentido, todas las ausencias las podemos leer así. Lo que le sucede al cerebro es que aún mantiene la antigua representación del cuerpo. No se ha adaptado a una nueva representación. Pienso que todas las pérdidas y ausencias podemos leerlas así; como una dificultad para aceptarlas y para adaptarse a esta nueva realidad.
ANU: Ahora mencionaste que el libro nació de esos cuentos guardados y que retomaste durante el confinamiento durante el COVID 19. El cuento que da nombre al libro transcurre durante la dictadura uruguaya ¿qué significó hacer ese trabajo de memoria, durante un momento tan difícil como lo fue la pandemia?
FT: Durante la escritura de ese cuento entendí que hay dolores que permanecen como un miembro fantasma porque siguen latiendo. Son dolores colectivos de la memoria colectiva, de un pueblo, y que se convive con ellos.
El cuento que le da título al libro tiene dos dimensiones: por un lado, hay una pérdida personal, pero se da una intersección con una pérdida colectiva. Al protagonista, la dictadura y la violencia del Estado le disolvieron su familia y esto lo ha afectado de manera personal. Pero al mismo tiempo, en el cuento yo quería reflejar todas esas otras pérdidas que se observan en sus páginas, esas otras personas del barrio que van desapareciendo. Quería construir el barrio de mi infancia, lo tenía en mente, imaginaba cómo se desvanecían las personas de la cuadra.
Al final eso es mucho más que un dolor fantasma y personal del protagonista, porque se suman a estos otros dolores fantasmas de toda una comunidad. Queda una marca en la memoria del pueblo. Entender eso también me abrió la puerta a trabajar otros cuentos que de igual manera hacen esa intersección entre lo personal y lo colectivo.
Por ejemplo, otro de los cuentos transcurre durante la pandemia; habla de algo que le pasa a la protagonista y por otro, de todas esas otras muertes que estaban ocurriendo alrededor.
Ahora que lo pienso, también se puede observar eso en el cuento que se llama Si el mundo parara de hacer lo que hace, donde hay un adolescente que es el narrador que está recordando un lugar muy oscuro, una vida llena de dolores, y al mismo tiempo está ocurriendo lo de las Torres Gemelas. Hay dos derrumbes: uno a nivel individual y el derrumbe de las torres que implicó para mí la caída de una manera de vivir, de una época histórica.

ANU: Fernanda, en algunos cuentos aparecen mujeres alcohólicas, junto a otras formas de dependencia que suelen aparecer muy poco en la literatura latinoamericana ¿qué tensiones buscabas revelar a través de esos relatos?
FT: En la literatura latinoamericana sí podemos encontrar referentes, pero es cierto que en el cuento anglosajón se ha trabajado más el alcoholismo, la dependencia a drogas. A mí me interesaba tomarlo desde el lado de la mujer, porque creo que está mucho menos explorado. Aunque las adicciones no diferencian entre hombres y mujeres, la sociedad los castiga diferente.
Hay un castigo social adicional en la mujer que hace que se convierta en un tema tabú. Cuesta mucho que en una familia alguien reconozca públicamente que la madre es alcohólica, es algo que se queda en el secreto familiar. Sin embargo, es tan común como el alcoholismo en los hombres, mientras que ellos tienen una vía de escape mucho más social.
Mis libros trabajan bastante alrededor de temas tabú y con mujeres que de alguna manera son transgresoras y están en lugares incómodos. A mí me interesaba trabajarlo por ese lado-
ANU: En Personaje en construcción, relato que abre el libro, aparece la escritura como tema. Hay un escritor que trata de darle forma a un cuento sobre un Gran Escritor, luego el personaje se revela como escritora ¿Es una forma de poner en crisis el oficio o de dialogar con ciertos prejuicios sobre quién puede o quién tiene derecho a contar ciertas historias?
FT: En realidad, las dos cosas. Estaba trabajando con esos prejuicios, sobre cuáles son las historias que podemos contar si es una escritora o un escritor, con muchas ideas recibidas sobre cómo debería ser un escritor, sobre muchos juicios de valor que se hacen. Quería jugar también, reírme un poco de las propias mezquindades del oficio, de eso que ocurre por fuera del momento de la escritura misma, que tiene que ver con las inseguridades de los escritores.
Los escritores trabajan con sus imágenes, cómo les importa presentarse frente a los demás. Quería, como vos decís, poner en crisis también el estatus del escritor.
ANU: Fernanda hay una constante que se siente en varios de estos cuentos. Los finales no ofrecen una resolución, un cierre definitivo. El lector se queda habitando una inquietud, es como una invitación a pensar qué hubiera pasado ¿Crees que es mejor que el cuento cierre generando preguntas a que genere respuestas?
FT: Depende del tipo de cuento. Habría que verlo caso por caso. En general, creo que cuando el cuento cierra con preguntas, queda latiendo dentro de la imaginación del lector, queda vivo. El lector lo termina de completar, pero además se queda con él, se lo lleva, así como el fantasma. Te quedas pensando en esa inquietud, que para mí como lectora es una sensación placentera.
El cuento queda reverberando mucho más tiempo que si me lo cierran de manera concreta. Digo bueno, ya terminó, paso la página. La certeza produce que el cuento se disuelva más rápido. Creo que cuando un cuento tiene múltiples lecturas posibles, invita a la relectura. La relectura para mí es posible cuando ha quedado un enigma. Si no hay ningún enigma por resolver, no releo. Un cuento como Casa tomada de Cortázar, que es un clásico que uno puede leer y releer ochocientas mil veces porque no va a haber una explicación de qué son esas fuerzas que expulsaron a estos dos hermanos de la casa, siempre te invita a releer tratando de encontrar más pistas. Siempre algo puedes encontrar, porque pistas hay muchas.
Ese es el trabajo del escritor. Voy sembrando pistas, pistas, pistas por todo el texto. Así es como entiendo este género.
ANU: Después de El monte de las furias quizás tu público lector esperaba otra novela, regresaste con un libro de cuentos ¿Qué posibilidades expresivas te permitió el cuento que quizás una novela no hubiera permitido?
FT: Precisamente yo escribí estos cuentos de manera simultánea con esa novela. El Monte de las Furias también lo empecé en 2020 y también lo terminé a finales de 2023. Los dos libros los escribí en los mismos años. Lo que pasa es que eran escrituras que avanzaban de manera paralela, pero no al mismo tiempo. Mientras un proyecto descansaba, me concentraba en el otro,
Siento que en mi proceso creativo siempre intento buscar en otros lugares. Como escritora no me conformo con seguir hurgando en el mismo lugar, porque en el ejercicio de búsqueda se me abren nuevos caminos, aparecen nuevas posibilidades expresivas que ni se me habían ocurrido o que no se me hubieran ocurrido, y que a su vez son muy estimulantes.
En estos cuentos creo que se nota un ánimo de búsqueda, de experimentación, de juego, que como últimamente me estoy relacionando con la escritura.
ANU: Durante un tiempo te desempeñaste como traductora, un oficio donde se busca eliminar todo rastro de ambigüedad. Ahora como autora, en tus relatos ese es uno de los elementos centrales. Desde tu perspectiva ¿cómo dialogan estos dos ámbitos?
FT: Hace por lo menos ocho años que no trabajo como traductora, creo que la última vez fue más o menos en 2019. Dejé la traducción y me dediqué solo a la docencia, a la escritura creativa, que es lo que hago ahora en el Instituto Caro y Cuervo.
Es cierto que la traducción, sobre todo la traducción técnica, que es la que yo hacía, intenta eliminar toda ambigüedad, que es lo opuesto a lo que hace el lenguaje poético, el lenguaje con el que yo trabajo. Esto me enseñó muchas cosas, como por ejemplo de temas médicos que después usé en la escritura, tanto de Mugre rosa, como este libro y otros. Pero también lo que hizo fue ayudar a afinar la precisión de la frase, con mucha atención al detalle.
Los editores me dicen que mis libros llegan muy limpios cuando llegan a sus manos. Eso es porque yo misma edito. La traducción me desarrolló esa mirada.
Siento que nadie lee como un traductor. Cuando trabajo con los traductores de mis libros a otros idiomas, es impresionante porque nunca nadie me ha leído con el nivel de cuidado y de atención con que lo hacen ellos. Muchas veces se dan cuenta de cosas que ningún editor, ningún lector, ningún crítico había notado, pequeñas incongruencias o alguna cosa que quedó en el manuscrito. Eso es porque el nivel de atención de un traductor es diferente.
ANU: ¿Cuál es ese cambio entre No soñarás flores y Miembro fantasma?
FT: Hay una diferencia. Tengo que decir que hice trampa: hace poco volví a corregir todos los cuentos de No soñarás flores para una edición nueva en Colombia, con Penguin Random House, una edición corregida que mejoró muchísimo el libro.
En esa corrección, que fue además reciente, apliqué parte de ese aprendizaje y de ese camino que hice desde No soñarás flores. Afiné mucho mi reflexión sobre el género del cuento, seguí leyendo una cantidad increíble de cuentos, analizándolos, viendo cómo estaban hechos. Eso me llevó a incorporar una intuición sobre cómo moverme dentro del género. Siento que en No soñarás flores me costaba mucho más cerrar el relato. Ahora editando estos cuentos me sentía como pez en el agua, como cuando dominas más tu herramienta. Esta misma sensación me llevó a ser más experimental, a jugar con ciertas estructuras y formas. Ya serán los lectores quienes juzgarán si logré mi propósito.
Habilidades, conocimientos y competencias certificados en corta duración.
Por Iván Enrique Ramos Calderón - Vicepresidente de RIACES. Exrector de la Universidad del Valle
Los cambios e innovaciones en la Educación Superior a nivel global están orientados por tres aspectos principalmente: La formación a lo largo de toda la vida; el descenso en la matrícula universitaria y el avance de las tecnologías digitales. Estos tres elementos están determinando la oferta académica de formación en todos los niveles tanto formal como no formal, entendida la formalidad como la obtención de un grado o título.
La formación a lo largo de toda la vida.
Este enfoque de la formación según Unesco “... tiene sus raíces en la integración del aprendizaje y la vida, y abarca actividades de aprendizaje para personas de todas las edades en todos los contextos de la vida y a través de diversas modalidades (formal, no formal e informal), que, en conjunto, satisfacen una gran variedad de necesidades y demandas de aprendizaje. Considera cinco elementos esenciales que debe abracar: todos los grupos de edad; todos los niveles de educación; todas las modalidades de aprendizaje; todas las esferas y espacios de aprendizaje; una amplia variedad de fines”.
En la Agenda 2030, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 denominado “Educación de Calidad” consiste en “garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. Cuenta con siete metas y la número cuatro establece que: Para 2030 aumentar sustancialmente el número de jóvenes y adultos que tienen las competencias necesarias, en particular técnicas y profesionales, para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento.
La Disminución de la Matrícula Universitaria.
Es un fenómeno reciente (2017 en adelante). En el ámbito mundial, se observa una disminución en la matrícula, con variaciones según la región y el tipo de institución. Algunas universidades han experimentado disminuciones significativas en el número de estudiantes, mientras que otras han mantenido o incluso aumentado su matrícula. Las razones detrás de esta tendencia son diversas, incluyendo factores demográficos, económicos y sociales, así como cambios en las preferencias de los estudiantes.
En Colombia, según el Ministerio de Educación Nacional (MEN), entre 2017 y 2022, la tasa de matrícula en programas de pregrado de las instituciones oficiales se redujo en un 5,3%, pasando de 2.322.000 estudiantes matriculados en 2017 a 2.199.000 en 2022 (MEN, 2023). En las instituciones privadas la matricula se incrementó particularmente en los posgrados.
Este descenso, según el MEN, está vinculado a factores económicos, sociales y estructurales, que han limitado el acceso y la permanencia en la educación superior. Esta situación tiene implicaciones profundas no solo para las instituciones educativas, sino también para el desarrollo socioeconómico del país, dado el papel crucial que juega la educación en la movilidad social y el crecimiento económico.
Iesalc-Unesco señala que la región de América Latina y el Caribe enfrenta desafíos particulares, incluyendo altas tasas de deserción en la educación superior, la creciente necesidad de actualización y reciclaje de la fuerza laboral, la falta de marcos de estandarización y aseguramiento de la calidad, datos limitados sobre la oferta actual y los resultados, y la necesidad de marcos regulatorios claros que equilibren la innovación con la calidad.
Un reciente análisis del Observatorio de la Universidad Colombiana, sobre este tema expresa: “Los datos del SNIES confirman un giro en las tendencias del mercado educativo, la configuración de un cambio en las expectativas de la sociedad con respecto a su universidad y hacen un llamado de atención a quienes creen que solo con tradición, prestigio, relacionamiento y calidad hay suficiente para crecer en número de estudiantes”.
El Avance de las Tecnologías Digitales.
La Organización de Naciones Unidas expresa que “es la primera vez en la historia que una innovación avanza tan rápidamente como lo han hecho las tecnologías digitales: en apenas veinte años han llegado a cerca del 50% de la población del mundo en desarrollo, y han transformado las sociedades. Al mejorar la conectividad, la inclusión financiera, el acceso al comercio y a los servicios públicos, la tecnología puede ser un gran elemento igualador. En el ámbito de la educación, los entornos virtuales de aprendizaje y la formación a distancia han llevado los programas educativos a estudiantes que, de otro modo, quedarían excluidos. Los servicios públicos también son cada vez más accesibles y responsables gracias a sistemas que utilizan las cadenas de bloques y la burocracia es menos gravosa gracias a la ayuda de la inteligencia artificial. Los macrodatos también pueden contribuir a que las políticas y los programas sean más pertinentes y precisos”.
Recientemente, y como una de las consecuencias del confinamiento, se rompió con la forma tradicional del trabajo en educación a la que estábamos acostumbrados y donde nos sentíamos cómodos. Sin embargo, en el campo de la educación, y en particular de la educación superior, trajo consigo una revolución desde el punto de vista conceptual y operativo con grandes ganancias para los sistemas de educación desde el cómo impartir la docencia, del contacto con los estudiantes, del relacionamiento entre profesores y estudiantes, la cooperación internacional, del uso de herramientas ya disponibles y no suficientemente explotadas. La pandemia nos llevó a recurrir a las tecnologías digitales de comunicación, incluidas las herramientas e infraestructuras disponibles, plataformas de comunicación y software de simulación de prácticas, incluidas las de los programas del área de la salud, aunque en menor proporción.
El impacto positivo del uso de las tecnologías digitales para apoyar el desarrollo de los procesos académicos ha valorado las modalidades a distancia y virtual, antes consideradas de menor trascendencia, y está llevando a que instituciones con una tradición eminentemente presencial hayan puesto en marcha procesos de migración a estas modalidades y a la innovación pedagógica como la presencialidad remota, lo que se conoce como modalidad híbrida adoptada por varios países e instituciones de educación superior.
¿Cómo hacer frente a estas demandas?
Se requieren mecanismos flexibles de adquisición y reconocimiento de competencias y que faciliten la movilidad educativa y laboral. Las microcredenciales emergen como una respuesta innovadora a estas demandas.
La microcredenciales constituyen un nuevo paradigma educativo y hacen parte de estas nuevas realidades en una educación superior inmersa en cambios producto de la rápida evolución de las tecnologías emergentes especialmente digitales, en las que cada día trae un nuevo desarrollo bien sea por actualización o por creación, como por ejemplo la Inteligencia Artificial (IA), una herramienta poderosa relativamente reciente y que está permeando la sociedad en su conjunto (educación, industria, política, por nombrar algunos).
La pregunta que nos hacemos es si ¿Son los programas formales de 3, 4 o 5 años apropiados para adquirir una base firme de conociendo y dominio de estas tecnologías? La respuesta es no (1), porque son tecnologías emergentes que están en continua evolución y lo que hoy es novedad, mañana ya puede ser obsoleto, siempre habrá una “nueva versión” de estas herramientas. Las industrias y la sociedad en general están bajo la presión de adquirirlas rápidamente so pena de quedar obsoletas o por fuera del mercado, máxime que en la actualidad los nichos de mercado son igualmente cambiantes y en algunos casos volátiles y efímeros como por ejemplo la gran revolución en marcha de los teléfonos inteligentes donde la innovación permanente es una exigencia de supervivencia.
La reciente publicación de Iesalc-Unesco (Mapeo de microcredenciales en América Latina y el Caribe: hacia un marco común) señala que “el 51 % de las instituciones de educación superior (IES) de todo el mundo ofrecen microcredenciales, y entre las que no lo hacen, el 68 % indica que planea hacerlo en los próximos cinco años (Baker Stein, 2024). La proliferación de las microcredenciales representa un avance importante en muchos países. Las microcredenciales han ganado popularidad con el crecimiento del aprendizaje digital a comienzos del siglo XXI, el aumento de los costos de la educación superior y los rápidos cambios en el mercado laboral que exigen una adquisición ágil de competencias y oportunidades de aprendizaje más flexibles (OCDE, 2021)”.
Hablando de microcredenciales. ¿Qué son y qué no son?
En 2022 UNESCO publicó una primera definición de microcredencial como “Conjunto específico de resultados de aprendizaje en un campo de aprendizaje limitado y se logran en un periodo de tiempo más corto” y adicionalmente identificó unas primeras características: registro de logros de aprendizaje; evaluación basada en estándares; valor independiente; cumple con criterios de calidad. También señaló que una microcredencial:
No ES
La deconstrucción de la oferta ni tampoco cursos cortos.
Orientada académicamente sino para el ámbito laboral.
Sí ES
Oferta que emerge de análisis de necesidades.
En colaboración con la empresa.
18 créditos académicos (54 horas).
Flexible, puntual.
Soportada en tecnología.
Más recientemente han proliferado definiciones a nivel de organismos como la OCDE, Iesalc-Unesco, la Unión Europea, la OEI y a nivel regional en especial México y el ITESM que han avanzado en propuestas, pero, repito, no se ha logrado consenso frente a una definición regional y menos aún a nivel mundial.
Desde el enfoque europeo, que aún está siendo objeto de desarrollo, se ha establecido la siguiente definición provisional de Microcredencial:
“Certificación de los resultados de aprendizaje que una persona ha adquirido tras una breve experiencia de aprendizaje. Los resultados de aprendizaje se han evaluado con arreglo a normas transparentes. La certificación está reflejada en un documento que enumera el nombre del titular, los resultados de aprendizaje alcanzados, el método de evaluación, el organismo que los concede y, en su caso, el nivel del marco de cualificaciones y los créditos obtenidos. El certificado pertenece al titular del aprendizaje, puede compartirse, es transferible y puede combinarse en credenciales o cualificaciones más amplias. Están respaldadas por una garantía de calidad conforme a normas acordadas”.
Esta definición está acompañada de los 10 principios aplicables a la concepción y expedición de microcredenciales recomendados por el Consejo de la Unión Europea.
Los 10 principios de las Microcredenciales
Calidad, Transparencia, Pertinencia, Validez de la evaluación, Itinerarios de aprendizaje, Reconocimiento, Portabilidad, Enfoque centrado en el aprendiente, Autenticidad e Información y orientación.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que incluye cuatro países latinoamericanos entre sus 38 miembros (México, Chile, Colombia y Costa Rica), define una microcredencial como una forma de certificación que las personas pueden obtener al completar actividades de aprendizaje organizadas que son más pequeñas, más específicas y flexibles que los programas tradicionales de educación y formación. (OCDE, 2023).
Las Microcredenciales deben ser:
Acumulables. Los créditos del IIPE (2) pueden acumularse para obtener un Diploma de Fundamentos o de Especialización en Planeamiento y Gestión del Sector Educativo.
Transferibles. Nuestro sistema de créditos del IIPE está alineado con el Sistema Europeo de Transferencia y Acumulación de Créditos (ECTS).
Flexibles. Con nuestros modelos híbridos y en línea, los cursos especializados individuales pueden completarse en cualquier momento del año en que se ofrezcan.
Accesibles. Los recursos y materiales didácticos están disponibles en distintos formatos, con cursos en cuatro idiomas: inglés, francés, español y portugués.
En términos prácticos, el IIPE, para efectos de medición para el reconocimiento establece:
25 horas de aprendizaje = 1 crédito del IIPE
1 curso individual = 100 horas de aprendizaje = 4 créditos del IIPE
Desde la Red Iberoamericana para el Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior - RIACES se realizó la revisión de un estudio con una muestra de 28 instituciones, con un total de 120 casos. Uno de los propósitos era contar con seis (6) microcredenciales por cada institución, pero la realidad no permitió alcanzar ese número en todas ellas, lo cual evidencia un desarrollo asimétrico de esta tendencia a nivel de ALC.
El propósito de esta revisión fue explorar el creciente fenómeno de las microcredenciales en las universidades de Iberoamérica, buscando identificar los beneficios que ofrecen al estudiantado, a las instituciones educativas, a la sociedad y al ámbito laboral.
La búsqueda confirmó que todas las universidades propuestas para el análisis contenían microcredenciales, a pesar de que el número no era igual en todos los casos, y en particular en los países latinoamericanos, donde pocas universidades tenían un número de casos, al menos vigentes u ofrecidos durante el período en que se realizó el estudio (diciembre 2023-febrero 2024).
En el reciente evento de Iesalc-Unesco en Montevideo RIACES presentó avances sobre las microcredenciales señalando algunas de sus características principales que garanticen su inclusión en los MNC:
Calidad: La microcredencial debe evidenciar resultados de aprendizaje definidos, transparentes y evaluados rigurosamente a través de sistemas de aseguramiento de la calidad internos y externos.
Pertinencia: Debe responder a necesidades identificadas del mercado laboral, del desarrollo profesional continuo o del crecimiento personal.
Transparencia: La información esencial (carga de trabajo, nivel indicativo, contenido, proveedor, tipo de evaluación) debe ser clara y accesible, idealmente utilizando estándares como ECTS o equivalentes para la carga de trabajo.
Inicialmente, las microcredenciales podrían tratarse como una categoría de aprendizaje independiente, reconociendo su naturaleza modular y específica. A mediano y largo plazo, se deben desarrollar mecanismos para alinear los resultados de aprendizaje de las microcredenciales con los niveles existentes del MNC, facilitando la acumulación hacia cualificaciones más amplias y la creación de itinerarios de aprendizaje flexibles.
Las microcredenciales, en sus distintas denominaciones, están muy ligadas a la educación basada en competencias y, por lo tanto, entroncan con la identificación de los conocimientos, habilidades y actitudes personales alcanzadas al finalizar un proceso de formación, o un conjunto de ellos.
Las especializaciones de Coursera (Acceso a más de 7000 cursos en línea) por sí solas representan más de un tercio del número total de microcredenciales. Por otro lado, según un análisis de Class Central, cerca del 75% de las microcredenciales se centran en negocios y tecnología.
Proveedores. Es importante saber que en cuanto a proveedores de microcredenciales existen: instituciones de educación superior, organismos públicos, empresas, asociaciones profesionales y otros.
Certificación. Las certificaciones son credenciales designadas que una persona obtiene para verificar su legitimidad y competencia para desempeñar un trabajo. Su certificación suele constar como un documento que acredita que, como profesional, ha recibido formación, capacitación y está preparado para cumplir con un conjunto específico de criterios para su puesto.
Esta certificación se otorga únicamente tras aprobar las evaluaciones pertinentes administradas por una institución acreditadora externa reconocida.
Colombia.
Revisando los sitios Web de las universidades encontramos ofertas en la Universidad de los Andes con el ITESM de México; la Universidad Cooperativa de Colombia, la Universidad EAFIT, la Universidad UNAD, la Universidad Uniminuto, la Universidad EAN, por nombrar aquellas que han establecido las microcredenciales de manera formal.
En un reciente evento convocado por Iesalc Unesco (Uruguay, febrero y mayo de 2025) se señala que la aparición de las microcredenciales representa tanto una oportunidad como un desafío para los sistemas educativos de América Latina y el Caribe. Con más de 100 millones de estudiantes a nivel mundial siguiendo cursos online masivos y abiertos y microcredenciales relacionadas, con un potencial significativo para abordar brechas de habilidades, promover el aprendizaje permanente y mejorar la empleabilidad.
Para terminar, es importante tener en cuenta que las microcredenciales no son un complemento no son un sustituto a los títulos convencionales, sino una necesidad estratégica para el futuro de la educación en nuestra región. Su incorporación en las políticas nacionales y los marcos regulatorios es ahora imperativa si deseamos cumplir con la promesa de educación de calidad para todos y generar oportunidades de aprendizaje verdaderamente inclusivas, equitativas y accesibles a lo largo de toda la vida. Los programas formales deberían incorporar las microcredenciales como parte de sus currículos formales.
1.Mas adelante se hace referencia a la incorporación de las microcredenciales como parte de los programas formales y, en estos casos, la respuesta puede ser sí.
2. Instituto Internacional de Planeación de la Educación. UNESCO
Por Joan Zuñiga
Agencia de Noticias Univalle
La Universidad del Valle obtuvo una patente de invención por el desarrollo de un detector de gases portátil que utiliza espectroscopia de absorción óptica para identificar compuestos presentes en el aire y estimar su concentración.
Desarrollado por los investigadores Carlos Augusto Galíndez Jamioy, Fiderman Machuca Martínez, Jaime Humberto Lozano Parada y Efraín Solarte Rodríguez, el dispositivo puede detectar concentraciones del orden de una parte por millón (1 ppm) de toda clase de sustancias presentes en el aire.
Por su portabilidad, sensibilidad y bajo costo, esta tecnología tiene potencial para ampliar el acceso a sistemas de monitoreo de la calidad del aire en diferentes entornos, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas y la seguridad de los procesos industriales y ambientales.
¿Por qué es importante detectar gases en el aire?
Detectar oportunamente gases presentes en el ambiente puede ser determinante para salvar vidas y garantizar la calidad y seguridad de procesos industriales.
Uno de los hechos más graves que evidencia esta importancia ocurrió en la madrugada del 3 de diciembre de 1984, cuando una fuga de isocianato de metilo (MIC) en una planta de producción de plaguicidas cubrió con una nube tóxica la ciudad de Bhopal, India. El desastre causó la muerte de 20.000 personas y dejó consecuencias ambientales y sociales que persisten hasta hoy.
Más allá de las emergencias industriales, la contaminación atmosférica constituye un problema cotidiano de salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 99 % de la población mundial respira aire que no cumple sus directrices de calidad, lo que está asociado a siete millones de muertes prematuras cada año. Además, para la ONU, la contaminación atmosférica es el principal riesgo ambiental para la salud humana y es un factor clave para la protección de los ecosistemas y la mitigación del cambio climático.
Por eso, monitorear qué sustancias están presentes en el aire y en qué concentraciones es fundamental en todos los contextos: desde la gestión ambiental y la investigación científica hasta la industria y los laboratorios.
Para hacerlo, existen tecnologías como los analizadores por espectroscopia óptica, los sensores electroquímicos, los detectores de fotoionización y los analizadores infrarrojos. Sin embargo, dependiendo de la aplicación, estos sistemas pueden tener costos elevados, requerir infraestructura especializada o estar diseñados para detectar determinados contaminantes.
Estas características pueden dificultar su uso en campo o en lugares con recursos técnicos y económicos limitados.
Una celda óptica para detectar gases
Precisamente para superar estas limitaciones, los investigadores Carlos Augusto Galíndez Jamioy, Fiderman Machuca Martínez, Jaime Humberto Lozano Parada y Efraín Solarte Rodríguez desarrollaron la Celda Espectrofotométrica de Absorción de Luz para Detección de Gases Recubierta con un Material Reflector, un sistema portátil y de bajo costo para detectar sustancias presentes en el aire.
“La idea inicial era crear un instrumento para el laboratorio que fuera capaz de detectar ozono en bajas concentraciones. Sin embargo, a medida que avanzamos en el desarrollo, nos dimos cuenta del potencial del dispositivo”, contó Carlos Galíndez, profesor del Departamento de Física de Univalle y líder del equipo inventor.
¿Cómo funciona?
La tecnología desarrollada se basa en la espectroscopia de absorción óptica, una técnica que permite identificar sustancias a partir de la manera en que interactúan con la luz.
“Cada molécula tiene determinados niveles de energía que solo pueden ser excitados por fotones con una energía específica. Por eso absorbe únicamente ciertas longitudes de onda y deja pasar las demás, dejando una especie de huella única que facilita su identificación”, explicó Galíndez.
Para aprovechar este fenómeno, el dispositivo integra una celda esférica de vidrio recubierta con nitrato de plata, un LED, un sistema de conducción de luz mediante fibra óptica, un fotodetector y un microcomputador.
Vivimos en un mundo marcado por transformaciones tecnológicas, sociales, culturales y ambientales cada vez más aceleradas ¿Qué tan preparada está la universidad para responder a estos cambios y qué tendría que transformar para no quedarse atrás?
Por Diego Alejandro Guerrero
Agencia de Noticias Univalle
En el contexto contemporáneo, donde cada vez surgen más y más tecnologías que están generando cambios vertiginosos en la forma en que nos movemos y relacionamos con nuestro entorno, el modelo de universidad debe ajustarse para responder a estas transformaciones.
En esta conversación, el profesor Edwin German García, actual decano de la Facultad de Educación y Pedagogía, invita a pensar la educación superior más allá del consumo de tecnologías o de la simple repetición de contenidos académicos que la inteligencia artificial ya puede reemplazar. Como destaca este docente e investigador, el reto no está en competir con los algoritmos, sino en conectar la formación con el contexto real, la diversidad cultural y las verdaderas necesidades de los estudiantes.
Edwin Germán García Arteaga es licenciado en Física y Magíster en docencia de la Física de la Universidad Pedagógica Nacional; Máster Europeo en Educación y Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Su labor académica y de investigación se centra en la Física, la Astronomía, y la historia, filosofía y enseñanza de las ciencias. Lidera el grupo de investigación en Ciencia, Educación y Diversidad, donde impulsa proyectos innovadores que abordan la intersección entre la ciencia y la educación en contextos diversos.
Agencia de Noticias Univalle: Desde su posición como pedagogo, investigador y persona cercana a estos temas ¿qué tan preparado está el modelo de universidad para responder a estos cambios¿ ¿Qué tendría que hacer para no quedar rezagada?
Edwin García: Hay que hacer dos lecturas. Por un lado, lo que podríamos denominar el mundo globalizado o la perspectiva global en función del desarrollo de los países emergentes. Allí aparece la colonización del pensamiento tecnológico como un elemento clave que no nos permite desarrollar una identidad, fortalecerla y, mucho menos, proyectarla, sino que nos convierte en consumidores de estas tecnologías.
Y la otra es la condición de lo local. ¿Quiénes somos? ¿Qué tenemos? La Universidad del Valle es una universidad del Pacífico colombiano. Es una universidad regional; por lo tanto, nos identifica enormemente con todo lo que es la región Pacífico y allí la diversidad se manifiesta en su esencia. Diversidad no solo en el vestuario o en la alimentación; es la manera en que los sujetos habitamos la región: indígenas, negritudes, campesinos, en todos los contextos urbanos y rurales, y que siempre mantenemos un concepto de la diversidad.
Y frente a eso, están esas dos lecturas: lo global frente a lo local se espera que sean dialógicas. No es ser consumistas ni ser endógenos a ultranza; es poder construir relaciones dialógicas para fortalecer nuestra dinámica y nuestra perspectiva como universidad. Entonces, mi comentario, en primera instancia, es que tenemos que procurar que la universidad sea dialógica con los contextos, tanto desde lo global como desde lo local, y desde allí construir sentidos para el fortalecimiento del desarrollo de nuestros estudiantes.
ANU: En ese proceso de construcción de sentidos, apelando también a que somos una sociedad y una cultura de gran diversidad ¿cómo debería ser esa construcción o esa articulación de saberes?
EG: Aquí entra un concepto importante: el currículo vivo. Esta expresión no alude a la existencia de formas predeterminadas para establecer conductas y relaciones con los sujetos o los entornos. El currículo vivo parte de las formas en que los sujetos se comunican son abiertas y reconocen las identidades. Por lo tanto, dialogar con el niño o el joven en edad escolarizada implica construir a partir de sus propias necesidades, problemáticas, entornos reales y sentidos.
El profesor que tenga la intención de avanzar en procesos de transformación con sus estudiantes tiene que hacer lectura de ello; reconocer al otro junto con sus contextos, sus características y su idiosincrasia. Muy distinto a aquel, por ejemplo, que, cuando enseña física, se centra solo en las leyes y la teoría. Y uno se pregunta: ¿y el sujeto con el que interactúa qué? Y pareciera desconocerse o no reconocerse. Creo que es necesario avanzar para que las sociedades empiecen a leerse a sí mismas y a entender que el conocimiento se vuelve significativo en la construcción de sus realidades. No el conocimiento por el conocimiento en sí mismo, sino en su reconocimiento para avanzar en procesos de transformación.
Creo que es algo que la universidad viene buscando poco a poco: cuando aludimos a que vamos transformando el currículo, estamos transformando el currículo de la universidad. Poco a poco vamos reconociendo cada vez más los contextos, la diversidad, los sujetos y, por supuesto, la interacción que podemos tener incluso con el mundo globalizado.
ANU: Esta propuesta exige que los docentes tengan un papel más activo e incluso propositivo a la hora de generar dinámicas pedagógicas en el aula.
EG: Sí. Avanzamos poco a poco desde ese papel instrumental que se le ha dado al currículo, a la planificación y a la evaluación, y empezamos a reconocer que las formas no son estereotipos que debemos usar de la misma manera, sino que deben permitir esa lectura de otredad, esa lectura de contexto.
No se trata de aplicar un currículo programático en sí mismo, sino de un currículo que permita flexibilidad en las construcciones discursivas, incluido el conocimiento científico, porque el conocimiento está inserto en las sociedades. Hace parte de las sociedades, pero estas parece que no comprenden su sentido porque no logra insertarse en ellas para producir transformaciones. Eso es lo que nos parece muy significativo.
ANU: ¿Cómo se puede pensar el currículo vivo en torno a otras herramientas, como la irrupción de la inteligencia artificial, que está cobrando mucha preponderancia en la planificación de las clases, de la misma forma en que los estudiantes y las personas acceden al conocimiento común?
EG: La expresión “currículo” procura establecer una relación entre maestros, estudiantes, contenidos y objetivos por alcanzar. Ya la forma en que eso se quiera lograr va a depender de la manera en que utilice herramientas en todo el sentido de la palabra: herramientas sociales, educativas y, por supuesto, tecnológicas. La tecnología no es simplemente algo que se impone, sino una manera de entender mundos. Y desde esa manera de entender mundos, podemos interactuar divinamente con todo lo que viene de la inteligencia artificial, con todos estos lenguajes como Chat GPT, Gemini o Siri, entre otros, pero desde una perspectiva que implica entender que, estoy haciendo uso de una herramienta, no al contrario, ella haciendo uso de nosotros
Si la herramienta se da para que me la aprenda, como cuando aprendía las tablas de multiplicar, pues no estoy haciendo mayor cosa, pero sí, cuando sé la razón por la que la estoy utilizando. Es precisamente eso, lo vivo de la expresión curriculum.
Me parece que tiene mucho sentido que el maestro reflexione sobre la pertinencia de la tecnología en nuestras vidas. Hay muchos colegas en la Universidad del Valle que están investigando sobre la inteligencia artificial, sus aplicaciones, su lenguaje y los algoritmos que utiliza. En la Facultad de Educación y Pedagogía nos preocupamos, además de su utilidad por reflexionar por su sentido y su pertinencia. Entonces, la pregunta es; ¿cómo podemos dialogar en todos estos frentes para que la universidad pueda construir un auténtico sentido del uso de las herramientas y así poder proyectarnos?.
Y lo otro: la universidad tiene muchos laboratorios y grupos de investigación, pero, si uno nota, la mayoría están muy desarticulados; cada laboratorio, en sí mismo, con sus propias funciones. Poco tenemos la capacidad de abrir un diálogo entre laboratorios, materiales, instrumentos y aparatos que puedan conversar entre sí, entre salud y ingeniería, entre ingeniería y educación, entre educación y salud, entre ciencias y artes, etcétera. Pero si avanzamos en esa dirección, empezamos a darle sentido a ese currículo vivo. Por ejemplo, desde hace poco, estamos en un proyecto de investigación con la Facultad de Ingeniería, la Facultad de Ciencias y la Facultad de Educación, centrado en nanociencia y nanotecnología para el tema de aguas y energías, y hemos visto que podemos dialogar y acercarnos desde perspectivas diferentes para comprender qué es lo que nos relaciona y, en este caso, el agua y la energía como elementos fundamentales para toda la sociedad, así como el uso de tecnologías y diálogos sociales. Ese es un ejemplo cercano de que es posible avanzar y que la universidad lo recoja, lo recupere como una forma institucionalizada de seguir avanzando. Sería una forma muy interesante de acercar conocimientos diversos
ANU: Con este cambio tan vertiginoso en las formas de conocimiento, asumir estos cambios desde el currículo vivo podría ser también una buena manera de responder a ese mundo que impone empleos, problemas y otras necesidades que aún no entendemos ni conocemos.
EG: Sin lugar a dudas. En 1945, cuando vivíamos en Colombia una sociedad todavía con rasgos medievales, ya se había desarrollado en los países industrializados la bomba atómica y se estaba utilizando contra un país en dos ciudades diferentes. Ya hacia 1960, se empezó a hablar de las flechas del tiempo y de lo que hoy en día se conoce como mecánica cuántica, como parte de la forma en que las sociedades desarrolladas construían sus sentidos. O sea que el tema de la inteligencia artificial no es de nuestra época; es un tema que viene desde esa época y se construyó un sentido alrededor de ella después de la Segunda Guerra Mundial.
A nosotros nos llega el boom de la inteligencia artificial como algo nuevo y que nos permite suplir muchas de nuestras necesidades. Suple muchas de nuestras necesidades, sí, pero lo hace en tanto no somos capaces de comprender cómo se da la interacción con este tipo de herramientas. En la época en que se creó el primer centro de aceleración de partículas, había toda una problemática social bien fundamentada en el mundo, pero nosotros nunca nos insertamos en esas dinámicas; fuimos simplemente consumidores de ellas.
Una cosa es ser consumidor y otra es ser reflexivo sobre lo que se consume para transformar. Ahí hay una lectura que marca la diferencia. En la Facultad de Educación hemos dialogado sobre el tema: si realmente creemos que la inteligencia artificial y otros tipos de tecnologías desarrolladas son solo para consumirlas, entonces, pues sin lugar a dudas no van a ser meramente un instrumento, sino que van a ser verdaderamente nuestro reemplazo.
¿Por qué? Porque la capacidad de organización de la inteligencia artificial permitirá suplir las demandas futuras mediante la lectura que se está haciendo de ellas. Si nosotros no reflexionamos sobre eso, pues simplemente vamos a hacer profesiones obsoletas, y eso depende mucho de cómo nos leamos en nuestros contextos de diversidad: cómo nos leemos en el Pacífico colombiano y cómo nos leemos en la Universidad del Valle frente a esas dinámicas.
ANU: Hace poco una influencer colombiana preguntó cuál era la necesidad de ir a la universidad si ya teníamos acceso al conocimiento a través de la inteligencia artificial. Esa idea generó mucho debate en redes sociales. Pero es pertinente preguntarse: ¿cómo debería pensarse la universidad y su rol ante la emergencia de este tipo de tecnologías?
EG: No es la emergencia del tipo de tecnologías, sino el papel que nosotros asumimos frente a ellas. Si el currículo de la Universidad del Valle sigue siendo instrumentalizado, cualquier persona puede reemplazarme, y no solo cualquier persona, una tecnología también puede hacerlo. Porque la tecnología va detrás de los pasos, de las formas, de los estereotipos para alcanzar algo, más no de las reflexiones que impliquen reconocernos desde donde somos, desde nuestras identidades.
Mira un ejemplo sencillo: cuando uno habla de los microcurrículos, tan de moda en la universidad, que terminan siendo un orden convencional. ¿Cuáles son los resultados de aprendizaje? ¿Cuáles son las metas y qué debe hacer el docente para alcanzarlas? Entonces uno ve que el microcurrículo tiene un papel instrumentalizado.
Cuando se habla de currículo vivo, tenemos que, lentamente, romper con la instrumentalización y devolverle al docente el papel de autonomía en la reflexión y la construcción de sentidos de su cátedra. Pero si no lo hace, entonces una clase, por ejemplo, de física, será una que la IA puede dictar. Es más, los estudiantes pueden entrar a Google y conocer toda la clase. ¿Dónde está el plus del profesor? ¿Dónde está su manera de entender el mundo que transforma la física en lectura de contextos de la realidad? ¿De cuál realidad? Pues la que viven los estudiantes. Y ahí hay una diferencia enorme. Por eso, lo que dice la influencer tiene sentido siempre y cuando nos veamos en un papel meramente consumidor. Tenemos que avanzar en esa otra dirección.
ANU: El currículo vivo implica un rol mucho más activo por parte de los estudiantes. ¿Cómo deberían ellos asumir su propia formación en el marco de esta propuesta pedagógica?
EG: Allí empieza a aparecer, primero, cuál es la capacidad del docente para poner su disciplina y su conocimiento en el contexto de los estudiantes, ¿cómo problematiza, cómo trae lecturas de la realidad, cómo procura la interacción con el estudiante y cómo hace lectura de esos nuevos medios tecnológicos para provocar reacciones favorables en el estudiante?.
El estudiante siempre será un estudiante. Claro, no podemos decir que el estudiante de hace 30 años sea el mismo de hoy. Los estudiantes de hoy son más bien tecnológicos o, como dicen algunos colegas, vienen con sello tecnológico, son nativos digitales.
Pero para mí, el papel fundamental radica en la capacidad del docente para desdoblar su conocimiento y ponerlo en juego para que el estudiante entre en una interacción. Y no es con jueguitos ni con muñequitos para atraer su atención, es la capacidad de que el otro se integre en una dinámica.
Dos cosas se requieren. Primero, el docente debe tener una comprensión muy clara de su disciplina. No puede ser una disciplina para repetirla, tiene que ser una disciplina pensada, reflexiva, que permita la transformación. Y dos, debe tener una comprensión muy amplia de su contexto de la realidad. Si el estudiante viene de Guapi, de Nariño o está aquí en Cali, es un estudiante diverso, y la diversidad es clave y fundamental.
Diría algún profesor…. “Ahhh no, es que aquí todos deben aprender lo mismo”. Y yo digo, un momento, ¿aprender lo mismo qué significa? ¿Recitar todos la lección? o, por el contrario, empezar a comprender que el conocimiento debe tener sentido allá donde los estudiantes habitan el mundo, sin que eso les impida dialogar entre ellos, dialogar con el docente, dialogar con la tecnología y proyectar para transformar sus propios entornos. Esa es la diferencia que percibo con la influencer.
ANU: También me imagino, poniéndolo por ejemplo en el plano de la administración de empresas, debe existir un marco general para todos los estudiantes sobre la gerencia, pero también que cada uno debe transformar ese conocimiento, aplicándolo a sus realidades y a las necesidades de su entorno.
EG: Hablando con colegas decanos, cuando se hace referencia a la Administración de Empresas, esta se puede asumir en términos sociales, de legislación y también de condiciones humanas. Esto de los estudios en sociología y antropología, han entrado en las reflexiones en la administración de empresas, ha logrado mostrar que es posible que el maestro tenga autonomía, no para alterar los parámetros y los estándares, sino para hacer una nueva lectura de ellos en función de lo que significan para sus estudiantes, y allí es donde ese plus aparece.
Veo que la universidad hace grandes esfuerzos por reconocernos entre distintas facultades, pero a veces los parámetros sobrepasan las condiciones de las facultades y terminan aplicando los mismos estereotipos a todas, sin mostrar esas diferencias. Esto es lo que nosotros llamamos precisamente “globalidad” y lo que, en las condiciones de la OCDE, empieza a aparecer como parámetro para hablar de calidad, eficiencia y eficacia. Esa es una lectura que ya viene desde el marco de la globalidad, pero habría que mirar desde lo local qué tanto se reconoce y se reflexiona para avanzar en procesos transformativos.
ANU: Nos gustaría saber si le gustaría proponer una reflexión final para cerrar este diálogo.
EG: La Universidad está muy preocupada por el tema del currículo, pero también por la deserción estudiantil, incluso porque hay programas a los que casi no llegan estudiantes. La lectura de la realidad es que muchos estudiantes y personas no encuentran ahora un atractivo significativo en la universidad, como sí se la encontraba años y tiempos atrás. Frente a esa lectura, que no es marginal, es una lectura real (incluso la misma Vicerrectoría Académica la ha mostrado y el Consejo Académico la ha discutido), tenemos que empezar a mostrar ahora un currículo más significativo, un currículo vivo que recoja el sentir y el pensar de profesores, estudiantes, funcionarios y empleados, en todo el sentido de la palabra, para avanzar en procesos transformativos.
¿Y de dónde vienen esos procesos formativos? Del plan estratégico que la universidad configura hacia el 2025-2035, pero un plan estratégico que dé ese plus, esa posibilidad de avanzar. Digamos que, teóricamente, podríamos decirlo; vamos a ver si en la práctica podemos avanzar. Esa sería una reflexión fundamental para mí. Y tal vez la otra reflexión es, ¿cuál es el mismo concepto de universidad?. ¿Qué es lo que llamamos universidad?
Porque el concepto, si bien fue creado en la época medieval, en los siglos XII y XIV, parece haber sufrido muy pocas transformaciones, y hoy en día hablar de universidad sí que nos debe promover una nueva reflexión: ¿Qué es la universidad hoy en día? Y pues claro, no son ni las paredes. Otros dicen que son los profesores y los estudiantes.
Yo creo que la universidad es una complejidad, y me meto en un concepto también muy importante: ¿qué significa algo complejo? Que son sistemas dinámicos, no estáticos, y esos sistemas dinámicos se leen desde distintos frentes; esos frentes hay que saber entenderlos para poder avanzar con sentido. No avanzar a la loca como forma aleatoria, sino avanzar en un sentido que permita, pues entre todos, con discrepancias y posturas diversas, mostrar un norte factible para una universidad anclada en el Pacífico colombiano, que responde a contextos de diversidad y tiene una profunda incidencia en el mundo global.
Las transformaciones tecnológicas, sociales, culturales y ambientales del mundo contemporáneo están modificando nuestra forma de comprender el mundo, de relacionarnos con los demás y de proyectar el futuro. La inteligencia artificial, los nuevos escenarios del conocimiento y los desafíos de la sostenibilidad nos obligan a generar una reflexión sobre el papel de la educación superior ¿Cómo formar a las nuevas generaciones para un mundo que cambia a una velocidad cada vez mayor? ¿Cómo responder a los desafíos del presente sin renunciar a los principios que dan sentido a nuestra misión?
Con este número de la Revista Institucional Campus buscamos invitar a nuestra comunidad universitaria y a todos nuestros lectores a pensar a las instituciones de educación superior como entidades capaces, no sólo de adaptarse a los cambios, sino también en su capacidad de comprenderlos, anticiparlos y orientarlos. Desde la Universidad del Valle creemos que nuestra comunidad académica debe desempeñar un papel fundamental en la construcción de esos futuros posibles, al tiempo que se amplíen las fronteras del conocimiento y los desarrollos que se gestan desde nuestras aulas y laboratorios puedan estar al servicio de las necesidades apremiantes de la sociedad.
Para nadie es un secreto que para las universidades y centros de pensamiento la inteligencia artificial representa un desafío significativo. A través de ella y de sus aplicaciones se abren nuevas posibilidades para nuestras actividades de investigación, academia e innovación. Sin embargo, también generan dudas sobre la ética, la autonomía, la privacidad y el pensamiento crítico, por mencionar algunos elementos sobre los cuales tendremos que generar discusión. El desafío será siempre comprender estas nuevas tecnologías, explorar sus alcances y discutir el nuevo adecuado para su uso.
Esta discusión no solo pasa por la incorporación y manejo de las herramientas educativas, sino también por una revisión de los modelos educativos, las formas de enseñanza y aprendizaje, entre otros. En este contexto, la formación de las nuevas generaciones de profesionales debe ir más allá de la transmisión de conocimientos especializados; debe cultivar la capacidad de generar preguntas sobre aquello que se ha normalizado, reconocer la diversidad y plantear una mirada crítica sobre los problemas de nuestro entorno.
En esta edición de Campus exploramos algunas de esas preguntas, experiencias y posibilidades, que además pueden generar un aporte para esta reflexión tan necesaria y pertinente. Los artículos que componen este número proponen una mirada a los retos de una institución que aprende, se interroga y se transforma sin perder de vista su responsabilidad social.
Por: Diana Sevilla y Laura Parra
Agencia de Noticias Univalle
Armado con un cable canon, un parlante gigante y un micrófono, Mauricio Prieto Muriel calmaba a centenares de estudiantes. Era el 2009 y una masa se amontonaba a las afueras del Auditorio Germán Colmenares para escuchar a Jesús Martín Barbero, fundador de la Escuela de Comunicación Social.
Muchachos, no podemos entrar, pero nos podemos sentar a escuchar al profe. Nosotros no podemos ir a la conferencia, pero la conferencia puede venir.
Por ese entonces, él trabajaba en el laboratorio de sonido de la Escuela de Comunicación, y esa misma capacidad de crear con recursos mínimos lo llevó a dirigir el Festival Oír+, un evento en el radialistas apasionados compartían experiencias en ámbitos universitarios y comunitarios a nivel local, nacional e internacional.
Desde ese entonces ha venido moldeando una disciplina y sensibilidad sonora que imprime a su trabajo como realizador audiovisual. Así lo reflejan sus proyectos audiovisuales: 384 instantáneas, documental sobre el archivo fotográfico del puente Ortíz, resultado de su maestría en Historia; El alma cuando sale y Tuktu, padre maíz; todos ganadores del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC).
Actualmente, es creador, productor audiovisual, artista intermedia y docente cátedra de las asignaturas Animación Experimental y Sonido del Departamento de Artes Visuales.
Su último trabajo está nominado a los premios Macondo en la categoría de cortometraje animado, ganador de la Santa Lucía a mejor música en los BOGOSHORTS 2025.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Qué historia cuenta Tuktu?
Mauricio Prieto: Tuktu es la historia de Juan, un niño indígena campesino, a quien el monstruo de la guerra llega a medianoche. Sus padres le han dicho que, si viene la guerra, huya. En esa huida deja a toda su familia atrás, y mágicamente la tierra lo protege, todos sus seres tutelares, sus antepasados.
Entonces, cae en una tumba prehistórica; un hipogeo común en los territorios indígenas. Allí recibe el poder Tucuna de transformarse. Primero, permanece ese hipogeo en cuidados intensivos; después, sale convertido en un ser especial con muchos poderes. Nosotros decimos un superhéroe, pero en realidad se convierte en un Taita.
Agencia de Noticias Univalle: Sabemos que llevar esta historia a término te tomó alrededor de cinco años, pero ¿cómo nació?
Mauricio Prieto: Nació en el 2014 mientras trabajaba en El Tambo, Cauca, en una institución educativa que se llama Maestra Vida. Estábamos haciendo un documental que se llama Juego de palabras, sobre unos niños que saben un montón y que producen sus propios libros para aprender a leer y escribir.
Un día yo estaba entrevistando a Erika, una niña muy chiquita, por ahí de 8 años, que venía en bicicleta desde su casa, recorría 10 kilómetros hasta el colegio. Le dije, -- "Erika, ¿te da miedo andar en la bici por aquí por el campo a esta hora?" – me respondió -- no, profe, a mí no me da miedo. A mí solo me da miedo (eh) cuando vienen los helicópteros y empiezan a tirar bombas, ahí yo me tiro."
Erika es una niña campesina indígena, no es netamente campesina y no es netamente indígena, sino que es ch'ixi, como diría Silvia Rivera Cusicanqui. Es una contradicción, como muchos. Entonces, Erika me despierta dos ideas. Por un lado, la preocupación por la guerra, que yo compartía; por el otro, esas posibilidades entre la vida y la muerte.
Agencia de Noticias Univalle: En Tuktu hay un universo de sonidos y colores que nos ayudan a transitar el miedo de la guerra y la creación de Taita que nos protege ¿cómo fue la inspiración?
Mauricio Prieto: Hay una inspiración en comunidades indígenas transandinas, en estatuarios, materiales documentados arqueológicamente. En la importancia de los tejidos y de las prácticas de tejer, caminar y de habitar el mundo de vida y muerte, moviéndose en esas posibilidades y no a la manera occidental. De los mitos familiares con los que crecí. En los que la gente se transformaba en un animal para escaparse o de repente que había una guaca alumbrando en el patio de mi abuela.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Cuántas personas se necesitaron para hacer esta película?
Mauricio Prieto: Tuktu es una película hecha técnicamente por cuatro personas trabajando con computadores caseros en la casa. Sentados a la mesa con muy pocos recursos, con el puro deseo de contar algo.
Trabajamos tres hermanos de sangre: Daniel, Alejandro, y yo. Además, está nuestra familia extendida, el parche de la universidad y que ahí estamos todavía. Por ejemplo, Jhina Hernández que es la productora de Cintadhesiva. Ese equipo no es dinero en dinero en cash, pero es un capital enorme, ¿me entiendes?
Con Daniel escribimos el guion. Daniel es comunicador social y trabaja en animación. Para la gente de afuera no parece tan evidente la relación con la carrera, pero un comunicador aprende a narrar y a contar. Entonces él intenta contar a través del dibujo. Su trabajo de grado también es una animación documental.
Alejandro es el diseñador. El despliega la composición, la creación digital e integrar el equipo haciendo toda la parte de campo final de la película. Él recibe los dibujos que hace Daniel siguiendo el guion, el storyboard y el animatic, y los compone para que terminen convertidos en video de movimiento.

Agencia de Noticias Univalle: ¿Este año la premiación será en Cali, crees que es el reconocimiento a la ciudad y eso que se llamó Caliwood?
Mauricio Prieto: De hecho, es un antireferente porque en realidad lo que hay es un tufo de Hollywood, ¿no? De que el cine necesita Hollywood para existir, pero no necesitás todo el músculo de Hollywood para hacer un cortometraje, por ejemplo.
Todos imaginamos que hacer películas es Hollywood, pero en la vida práctica casi nadie produce así, incluso Pixar ya está en la quiebra. Es irreal el modelo de producción donde hay mucho dinero y uno está relajado en su casa pensando en una película. Un chico, una chica que tiene un deseo de contar, que tiene la pulsión y el interés, pues de repente lo está haciendo en este momento. En otro lugar está sentado haciendo una película.
Además, Cali no es una región extraña o particular porque hace audiovisuales. Con la ruta de animación que estamos haciendo, conocimos un parche en montería produciendo animación, en Santa Marta, en Medellín, en el eje cafetero.
Agencia de Noticias Univalle: ¿Cuál es la importancia de tener un trabajo nominado a los premios Macondo?
Mauricio Prieto: Estar nominados en los premios Macondo supone que algún sector que vio la película le llamó su interés y entendió la película en su contexto. Que la Academia Colombiana de Cinematografía sea capaz de presentar unos productos audiovisuales en sociedad. Decir "Vea, en Colombia está pasando esto. Hay una gente que en pequeños equipos de producción con pocos recursos producen unas piezas de alto nivel”.
Por ejemplo, hay una película en la que un artista está tratando de capturar la vida de un animal y haciendo una animación muy surrealista, con una técnica que no tiene antecedentes en otro lado, eso es importantísimo que se conozca.
Con los premios macondo ganamos la posibilidad de imaginar, una máquina imaginante, como dice Guatari. Eso es lo que hago en mis clases: inspirar a los estudiantes para que se metan de frente “no, profe, es que yo no tengo nada.” No, padre, si usted tiene un talento enorme, tiene un computador, un celular y con eso puede hacer cosas, vamos es para adelante. Hay que hacerle y no esperar hasta que no tenga miles de millones de pesos para poder hacer algo. Es urgente. Es necesario, es posible.
Más de 500.000 visitantes son esperados en el Boulevard del Río y el Paseo Bolívar, donde habrá cerca de 250.000 libros a la venta, alrededor de 900 eventos y una programación de conversatorios y encuentros alrededor de la música dominicana, de la salsa al merengue.
Cali-Lee abre sus puertas del 23 de octubre al 2 de noviembre, todos los días de 10:00 a.m. a 8:00 p.m., en el Boulevard del Río y el Paseo Bolívar, con una edición que combina literatura, música y cultura. República Dominicana será el país invitado de honor, con una delegación de más de 40 personas entre escritores, funcionarios y gestores culturales, que traerán a la ciudad una muestra de su música, danza, teatro, artesanías, gastronomía y cine. El evento llega a su undécima versión.
En palabras de Paola Guevara, directora del festival, “este será el primer evento de ciudad que vuelve sacarnos a compartir el espacio público”, en referencia a los sucesos del 10 de agosto. “ Recordemos la pandemia, luego vino el estallido y el primer evento masivo que nos devolvió al espacio fue esta misma feria. Entonces, hay una curiosa tradición de que el libro nos vuelve a convocar después de las situaciones que afronta la ciudad. Tal vez el libro también tiene esa connotación de ser un un punto intermedio de encuentro que está alejado de los sectarismos y donde todo el mundo cabe”, agregó.
La feria espera más de 500.000 visitantes y reunirá a más de 1.000 invitados, entre ellos más de 200 autores nacionales, regionales e internacionales, también se contará con casi 900 eventos y con más de 150 expositores. Habrá cerca de 250.000 libros disponibles para la venta. Además, este año se ampliará la zona infantil y se fortalecerá la zona gastronómica, para que las familias puedan disfrutar de la feria de principio a fin.
Al ser República Dominicana el país invitado, la feria tendrá una programación musical dedicada a los ritmos que han hecho bailar al Caribe: la salsa, la bachata, el son, el dembow y, por supuesto, el merengue dominicano, declarado por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La delegación presentará además artesanía tradicional, como la muñeca sin rostro; degustaciones culinarias; un ciclo de cine y documentales, y conversatorios sobre literatura y actualidad.
Conversatorios musicales, charlas, conferencias, novelas para melómanos y exhibiciones artísticas hacen parte de un diálogo de ritmos entre Cali y Santo Domingo. También habrá literatura del Caribe, reflexiones sobre la huella afro, el Caribe y la actualidad política, migraciones y más.
Entre los invitados dominicanos están los escritores: Frank Báez poeta, narrador y cronista que recibió el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña en el 2009. Su libro Anoche soñé que era un DJ fue seleccionado como uno de los poemarios del año por el periódico NRC Handelsblad de Amsterdam, y Desarmando la biblioteca de mi padre, fue considerado en el 2024 uno de los libros del año por Casa Macondo.
Ledis Priscila Velázquez Rivera es doctora en Creación e Investigación Literarias área Novela. Entre sus libros más destacados se encuentran Tía Pura, finalista en el Premio Mujeres Inspiradoras 2018 de la Embajada de Francia en Santo Domingo, y La cuna del escorpión Premio de Novela Manuel de Jesús Galván 2021. Además, está última ha sido adaptada al teatro.
Pastor de Moya, viceministro de Identidad Cultural y Ciudadanía. Es escritor y artista performance, ganador del Premio Internacional de Cuentos Casa de Teatro 1993, 1996 y 2000 y del Libro Más Hermoso del Año (1996) con El alfabeto de la noche. Así mismo, recibió el Premio Internacional de Arte Miniaturas en Portada 2006 en la categoría arte-objeto con la obra El libro del paladar viscoso.
Además, Alicia Baroni, viceministra de Industrias Culturales y Creativas, compositora, participará en el acto inaugural. Ella es compositora, cantante e intérprete desde los 11 años. Por tres años consecutivos fue ganadora de los Premios Casandra y su composición de Esperándote, canción interpretada por Tito Roja, fue reconocida como una de las canciones con mejor desempeño del año en los Premios Latinos ASCAP de 1996.
Charlas, conferencias y encuentros con autores alrededor del autismo, el síndrome de Tourette, el síndrome de Down, el déficit de atención, la hiperactividad y, en general, la neurodiversidad, sus aportes y desafíos.
En palabras de la directora del Festival, Paola Guevara, “Tenemos que ampliar el mundo del libro en el mayor rango posible y reconciliar a la gente que quedó herida en su escolaridad, con el mundo del libro. Pero también comprender que no todos leemos igual, ni fijamos el conocimiento igual; no todos entendemos igual, ni nos comportamos igual ante los retos de la lectura”, una invitación a reconocer la diversidad que habita en cada persona y las expresiones artísticas que la habitan.
Presentación de libros infantiles, picnics literarios, zona gráfica, ilustración y creación de personajes, avistamiento de aves, manualidades, lectura de cuentos en voz alta y talleres de escritura creativa.
En el marco de las acciones que Cali-Lee impulsa para acompañar la recuperación de las comunidades afectadas por el terremoto y contribuir a la reconstrucción desde la cultura, el festival gestionará y realizará la donación de 100.000 libros de la línea infantil y juvenil. Los ejemplares, aportados por Editorial Planeta y el Fondo de Cultura Económica, serán destinados a bibliotecas, fundaciones, colegios y municipios del Valle del Cauca, llegando a los 14 municipios donde Cali-Lee tiene presencia a través de Cali-Lee Región. Con esta iniciativa, el festival busca acercar la lectura a niños y jóvenes y aportar, desde los libros y la cultura, a los procesos de recuperación de las comunidades.
Una franja para presentar libros sobre actualidad política y económica nacional e internacional, historia, ensayo, derecho, filosofía, ciencia, inteligencia artificial y debates del mundo contemporáneo.
Un espacio dedicado a libros que ofrecen herramientas para vivir mejor, comprender, aprender y transitar diferentes momentos de la vida. En una ciudad que atraviesa un proceso de recuperación y reconstrucción después del terremoto, esta franja cobra especial sentido al abrir conversaciones sobre el cuidado, el bienestar y las herramientas que pueden ayudar a afrontar momentos de cambio, incertidumbre y transformación, tanto a nivel individual como colectivo. Psicología, nutrición, meditación, psiquiatría, familia, finanzas, infancia, adolescencia, vida laboral y salud física, mental y espiritual hacen parte de esta programación.
Novelas, cuentos, poemas, ensayos y otros géneros literarios que invitan a pensar, soñar e imaginar. Autores de relevancia nacional e internacional se encontrarán con públicos de distintas edades, intereses y perspectivas.
La programación incluirá presentaciones de libros, conversatorios y encuentros con el público, así como la conmemoración de los diez años de la reedición de ¡Que viva la música!, la novela de Andrés Caicedo.
Serán prioritarios los libros y autores que permitan descubrir y conocer mejor a Colombia y al Valle del Cauca. Autores consagrados compartirán escenario con nuevos talentos y jóvenes artistas, mientras la riqueza natural y cultural del país será protagonista.
Un espacio dedicado a la relación entre los libros, la naturaleza y la ciencia. Ríos, aves, biodiversidad, cuidado del agua, urbanismo y medio ambiente, entre muchos otros temas, harán parte de la programación.
Destacados fotógrafos presentarán sus imágenes en charlas en las que compartirán las historias detrás de las noticias. Una mirada visual a la memoria y al pasado y presente, con espacio también para imaginar otros futuros.
Un amplio encuentro alrededor de las artes gráficas y el patrimonio caleño. Ilustración, afiches, fanzines, artes gráficas, impresión, creación de personajes y los retos del diseño en tiempos de inteligencia artificial.
Un espacio dedicado a resaltar a los escritores de Cali y el Valle del Cauca. Novelistas, cuentistas, poetas, ensayistas, columnistas y otras personalidades destacadas del mundo de la palabra se darán cita cada año por invitación de la Universidad del Valle y la Gobernación del Valle.
La Universidad del Valle, referente nacional y considerada el “gran ascensor social” del suroccidente del país, presenta una muestra de su producción editorial. Literatura, ensayo, investigación, opinión y otros géneros que contribuyen a comprender y apreciar las raíces y potencialidades de la región.
El Programa Editorial de la Universidad lanzará veinte libros nuevos entre los que se destacan: De misas a fandangos. Espacios y prácticas sonoro- musicales en Santiago de Cali, 1536-1809, de las profesoras María Victoria Casas Figueroa y Carolina Abadía Quintero; Locura, guerra y civilización, conjeturas y referidos a las olas de Virginia Woolf en el contexto de sus escritos del profesor Eric Rodríguez Woroniuk; Pajareando: —Haikus en pleno vuelo— de los profesores Armando Collazos, Diana Paola Valero, Everett Dixon; La educación en ciencias emancipadora y crítica para la acción social y política de los profesores Boris Fernando Candela Rodriguez y Robinson Viafara Ortiz; Los inmigrantes de la India Oriental en el Valle del Río Cauca de la profesora María Cristina Navarrete Peláez, y Causalidad: Entre metafísica y ciencia. Una introducción histórica, del profesor Germán Guerrero Pino.
El festival se vive en las sedes y seccionales de nuestra institución con presencia en municipios de Valle del Cauca y Cauca con más de 628 actividades que permitirán a las comunidades un encuentro con escritores, la literatura y el arte. Igualmente, las ciudades contarán con conversatorios alrededor del libro, muestras comerciales, bibliotecas itinerantes y gastronomía.
Un espacio para destacar la producción editorial de las universidades públicas y privadas de Cali y el suroccidente colombiano, que refleja la fuerza del sector educativo en la región y reúne a instituciones que hacen parte del Grupo de Editoriales Universitarias del Pacífico, GEUP: Univalle, Antonio Nariño, Icesi, Uniminuto, Universidad de Nariño, Santiago de Cali, San Buenaventura, Autónoma de Occidente, Javeriana, Bellas Artes y Cidesco.
La Red de Bibliotecas Públicas de Cali cuenta con más de 60 bibliotecas en la ciudad. A estos espacios llegarán charlas, actividades culturales y autores nacionales e internacionales, fortaleciendo la circulación de autores y la descentralización de la programación en distintos territorios de la ciudad.
Durante 11 días, Cali-Lee convertirá el Bulevar del Río y el Paseo Bolívar en espacios para encontrarse alrededor de los libros, las ideas, la música y la cultura. En un año marcado por el proceso de recuperación que vive la ciudad y la región, esta edición busca también reafirmar el valor de la cultura como espacio de encuentro, acompañamiento y reconstrucción, llevando la palabra y la lectura a distintos públicos y territorios.
El Pabellón del oído es la nueva creación del Teatro Petra, con la dirección y dramaturgia de Fabio Rubiano. Una comedia hilarante y desbordada sobre dos personas que se quieren, aunque parezca que se odian (¿o al contrario?), que pone la mirada sobre la relación entre quien cuida y quien necesita ser cuidado. Narra la historia de una madre y una hija que han compartido toda una vida y cuya convivencia ha derivado en una relación atravesada por el afecto y la dependencia, la compañía y la obligación, hasta hacer cada vez más difícil distinguir dónde termina una y comienza la otra.
La obra estará en temporada de estreno a partir del 30 de septiembre, con funciones de miércoles a sábado a las 8.00 pm. En la sede del Teatro Petra.
Sobre la obra
Esta puesta en escena transcurre durante un día en la vida de estas dos mujeres: Esther, una mujer de alrededor de 90 años, interpretada por Juanita Cetina, e Ida, su hija cercana a los 60, interpretada por Marcela Valencia o Javier Riveros, las acompaña una mayordoma interpretada por Derly Neira. En esta casa, doña Ester toma las decisiones sobre la comida, la distribución del espacio, el vestuario, el orden, los horarios, los remedios, el futuro y hasta los recuerdos. Ida obedece —aunque primero se niegue a hacerlo—, asumiendo que en un futuro será cabeza de familia y tomará las decisiones cuando obtenga el trono. Sin embargo, en este caso, tomar el trono no significará gobernar sobre nadie, sino simplemente sobre sí misma, que ya es bastante.
Ida ha permanecido junto a su madre durante décadas y ha postergado su propia vida para cuidarla. Pero esta es una fecha especial y solo pide una cosa: “Tener un día para ella sola”. La madre no concibe que su hija pueda, quiera o deba estarlo. Mientras las horas avanzan, a la casa llegan visitas: la tía, hermana de doña Ester; don Felipe, el señor de servicios generales; el doctor Darwin, un pretendiente; y hasta la policía. Al mismo tiempo, salen a la superficie reclamos, frustraciones, recuerdos y heridas familiares. En esa convivencia extrema, madre e hija han desarrollado un lenguaje propio. La obra deja abierta la duda de si estas personas realmente entraron a la casa, si existieron, si ellas salieron o si todo es producto de una necesidad por compartir con alguien más, por construir situaciones y motivos para discutir, para vivir y para enfrentar lo que queda de vida.
Sobre el amor con humor
Fabio Rubiano parte de una inquietud alrededor de quienes deciden permanecer junto a sus padres durante la vejez y de las relaciones que se mantienen tras décadas de convivencia. La obra observa el cuidado no solamente como un acto de amor o una obligación, sino como una decisión vital atravesada por contradicciones: querer permanecer y querer escapar, desear un momento de libertad y, al mismo tiempo, temer profundamente la ausencia del otro. Sin embargo, la posibilidad de liberarse de esa responsabilidad tampoco resulta sencilla. En este caso, la cercanía de la muerte para cualquiera de las dos mujeres abre una pregunta inquietante sobre qué queda cuando cuidar al otro se ha convertido en el sentido mismo de la existencia.
El Pabellón del Oído no renuncia al humor. Fabio Rubiano plantea una obra profundamente dramática que evita convertirse en un relato solemne y lleva situaciones reconocibles hasta extremos extravagantes para hablar de una forma de familia, y de una forma de amor, no del amor romántico, ni siquiera del filial. Es sobre el amor a estar aquí, vivos y vivas, con la pasión por la confrontación. La propuesta se sostiene sobre una base cercana al realismo, pero la relación entre las protagonistas puede alcanzar momentos desmesurados y absurdos. La puesta en escena acompaña esa tensión: el espacio propone una casa detenida en el tiempo, con una estética hiperrealista marcada por muebles antiguos, manteles, cortinas, tapetes, radiola, teléfono fijo y objetos que remiten a décadas pasadas.
El pabellón del oído hace parte de la Temporada de Trabajos de Puesta en Escena de Grado de la Maestría en Creación y Dirección Escénica de la Universidad del Valle, tercera cohorte Bogotá (2024-2026). La Maestría es un programa de la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle, en convenio con la Fundación Teatro Nacional.
Fechas- Miércoles a sábado
Hora: 8:00 pm
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El profesor de la Escuela de Estudios Literarios Juan Moreno Blanco participará en un conversatorio de lanzamiento del libro "Leer Cien años de soledad en clave transcultural", publicación de la cual es coautor. Esta actividad se desarrollará el jueves 15 de octubre de 202, a las 6:30 p.m., en Oromo Librería, ubicada en la Calle 17 #85-27, Barrio El Ingenio.
Este libro es resultado del proyecto de investigación Ruta Pedagógica Gabriel García Márquez, ejecutado por un equipo de investigadores-docentes de las universidades Nacional, de la Guajira, del Magdalena y del Valle, en los departamentos de la Guajira y del Magdalena, entre agosto de 2024 y junio de 2025.
La Universidad del Valle financió esta investigación mediante Comisión Posdoctoral concedida al profesor Juan Moreno Blanco, director de este proyecto.
Como explicó el profesor Moreno Blanco: "el objetivo principal era el relacionamiento entre literatura y territorio en el caso particular de la obra literaria de Gabriel García Márquez. Se buscó comprender, por un lado, la relación del espacio imaginario de la narrativa de este autor con el espacio geográfico de su región originaria, que en la primera mitad del siglo XX se llamaba Magdalena Grande (y comprendía los hoy departamentos de César, Guajira y Magdalena) y, por otro, las prácticas escolares de abordaje de esta obra en las instituciones educativas en la región (principalmente en Riohacha y Santa Marta)".
Los resultados de este proyecto se ven reflejados en varios productos. Por una parte, en dos videos que siguen un itinerario en forma de ruta que relaciona la obra del escritor con el espacio regional. Ambos audiovisuales están disponibles para su consulta en Youtube (los dos accesibles enYouTube: “Ruta pedagógica Gabriel García Márquez” y “Ruta literaria intercultural”).
Así mismo, el proyecto contempló la publicación del libro “Leer Cien años de soledad en clave intercultural”, bajo la Editorial Aula de Humanidades.
Además está prevista la publicación del artículo “Gabriel Garcia Márquez y la transculturación narrativa: propuesta pedagógica para la lectura crítica intercultural”, aún en proceso de evaluación en la revista Poligramas de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.
"El libro, en particular, propone una perspectiva crítica y una secuencia lectora que puede servir de marco de referencia para construir en las Instituciones Educativas un Plan Lector dirigido a la lectura de la obra del Nobel colombiano que, a lo largo de veinte años, con la paulatina escritura de cuentos y novelas cortas culminará con su obra maestra, Cien años de soledad, publicada en 1967".
Por su extraordinaria labor en la renovación y promoción de la tradición teatral del mundo hispano, el Consejo Académico de la Universidad del Valle le entregó un reconocimiento a los docentes Ma Zhenghong y Alejandro González Puche, adscritos al Departamento de Artes Escénicas de la Facultad de Artes Integradas.
Bajo la dirección y tutoría de estos dos maestros e investigadores, se han realizado montajes escénicas de diversas obras teatrales, desde los autores del Siglo de Oro español hasta autores contemporáneos, adaptando obras imperecederas a nuestras particulares expresiones culturales.
"Es una satisfacción muy grande para el trabajo de todos esos años. Es también muy significativo que nos valoren todos estos años de trabajo con los estudiantes, nuestra investigación, nuestra creación artística, no solo para esta universidad, sino también para la ciudad, Colombia y el mundo. Hemos estado en muchos países presentando nuestras obras, participando diferentes espacios académicos y grandes montajes que hemos realizado en diferentes países", manifestó la maestra Ma Zhenghong.
"Detrás de nosotros hay cientos de actores, colegas y personas que nos han colaborado en engrandecer el nombre de la universidad, y a través de las artes escénicas dignificar esta profesión como una forma de pensamiento y de vida. Así que estamos muy agradecidos de que la Universidad nos haya reconocido este trabajo durante 30 años", expresó el maestro Alejandro González Puche.
Una distinción a una trayectoria de creación
A través de los años, ambos docentes e investigadores han llevado a diversos países obras del teatro universal montadas con el talento de los estudiantes de la Universidad del Valle, concebidas con un arraigo cultural propio, que han abierto nuevos espacios de entendimiento entre diversas culturas.
Durante la sesión del Consejo Académico se destacó el trabajo alrededor de la Maestría en Creación y Dirección Escénica, un programa presencial e intensivo de cuatro semestres que abarca el trabajo con actores, cuya sede principal está en Cali, pero con cohortes e iniciativas en Bogotá mediante convenios institucionales. Este posgrado aborda las diversas maneras de crear un espectáculo, la escritura, la adaptación, la composición y, particularmente, propone una valiosa reflexión artística sobre la Dirección Escénica.
Estos docentes además han impulsado el desarrollo de la Licenciatura en Arte Dramático en Buenaventura, de formación en actuación para teatro, cine y televisión, además de herramientas en danza, voz y manejo corporal ha sido un eje de transformación social, resistencia y liderazgo cultural en el Pacífico.
Ma Zhenghong es profesora titular del Departamento de Artes Escénicas, es Doctora y Magíster en Filología Española y Estudios Hispánicos de la Universidad de Valencia (2009). Egresada de la Facultad de Dirección Teatral del Instituto Estatal de Artes Teatrales (GITIS de Moscú, 1993);
Por su parte, Alejandro González Puche es profesor titular del Departamento de Artes Escénicas, es Doctor y Magíster en Estudios Hispánicos Avanzados por la Universidad de Valencia, España (2006-2009). Egresado con honores de la Academia Teatral Rusa de Moscú (GITIS) (1986-1991). Docente Invitado a la Academia Central de Drama de Beijing (2008) y de la Universidad Católica de Chile (2001). Director de la Escuela Nacional de Arte Dramático, Bogotá, Colombia (1994-1996). Director del Grupo de Creación e Investigación, Laboratorio Escénico Univalle.
Esta distinción se entregó este jueves 8 de octubre, en el Salón del Consejo Académico en el Campus de Meléndez.