Por Edgar Cruz.
Agencia de Noticias Univalle
En 2021 un grupo de mujeres se unió para construir una biblioteca exclusivamente de autoras colombianas con el fin de “rescatar y promover el trabajo de escritoras de distintas procedencias étnicas, geográficas y sociales cuyos trabajos revelan distintas perspectivas estéticas”. Así lo dijo la Ministra de Cultura de la época Angelica María Mayolo Obregón. Esas mujeres fueron las escritoras Pilar Quintana (La perra, Los abismos, Selva negra) que trabajó junto con la también escritora y poeta Camila Charry (Arde babel, El sol y la carne), la comunicadora Natalia Mejia y, posteriormente, se une al equipo la editora Ana Lucia Barros.
En 2025 la biblioteca lanza una segunda entrega, esta vez con 10 antologías que reúnen a 97 autoras que escriben en diversos géneros literarios, desde la colonia hasta la primera mitad del siglo XX .
Ana Lucia Barros es coordinadora editorial y editora de no ficción y proyectos especiales. Ha sido editora en Laguna Libros, una de las editoriales responsables del diseño de este proyecto. Desde el año 2020 es coordinadora y asesora de proyectos de narrativa en el Laboratorio de Creación de La Diligencia Libros y asistente editorial de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, del Ministerio de Cultura.

Edgar Cruz. ¿Cómo llegas a este proyecto de la Biblioteca de Escritoras Colombianas?
Ana Lucia Barros. No estuve de lleno en la primera etapa. La primera entrega de la biblioteca de escritoras, que fueron los 18 títulos, se publicó en el año 2021. Las editoriales Laguna Libros y Tragaluz hicieron el diseño y la producción. Y esas eran las dos editoriales que tenían en ese momento más paridad en su catálogo. Soy editora en Laguna y empecé a trabajar en la producción del proyecto, es decir, en el diseño de los libros, en la impresión, la revisión de pruebas y supe que estaban buscando a alguien más y como el proyecto me encanta, pasé a ser parte del equipo de investigación. Entonces, primero hice parte del equipo de producción de la primera parte y ya en un segundo momento junto con Natalia Mejía, Camila Charry y Pilar Quintana comenzamos a investigar, trabajar y consolidar las antologías de esta segunda versión de la Biblioteca de Autoras Colombianas.
E.C. ¿Y cómo fue ese proceso de investigación?¿Cómo llegan a esas autoras?
A.L.B. Los 18 títulos de la primera parte eran novelas, cuentos, crónicas, dramaturgia. Para esa etapa del proyecto, el equipo de investigación y las editoras hicieron un paneo enorme de las escritoras colombianas desde la colonia hasta la actualidad, un rastreo muy grande de todas las mujeres que han publicado en Colombia, incluidas las escritoras actuales. Una vez reunida esta gran base de datos, se pasó a un comité editorial, que seleccionó esas voces imprescindibles, las que representaban un momento, una época, las más destacadas por así decirlo.
Porque la idea de la biblioteca no era descubrir nuevas voces, sino hacer un rescate de esas autoras que habían dejado de circular. Lo que pasó y sigue pasando, es que las escritoras no escribían solo novela, cuento o poesía, sino que en el proceso de escritura, que es mucho más transversal, van haciendo diferentes textos en diferentes momentos.
Lo siguiente era ir a las bibliotecas y comenzar a leer lo que más pudimos de cada escritora. Fue un momento de mucha lectura e investigación, para escoger estos textos en particular. Seleccionamos un texto por cada autora, pensamos que tenía que ser un texto destacado, que reúna el estilo y que represente el trabajo de la autora, pero no necesariamente que sea el que más ha circulado.
E.C. ¿Esto es un proyecto que trata de darle voz o reivindicar la escritura de las mujeres?
A.L.B. Fue algo que pensamos mucho en el proyecto, en cómo esas voces ya estaban allí y siguen estando en las bibliotecas y fueron publicadas en su momento. Por muchos años el canon literario era de los hombres y en los colegios, en las universidades era lo que más se leía, hasta que empezamos a preguntarnos dónde están esas otras voces. Creo que una cosa muy interesante de esta biblioteca es que pone a la mano esas escritoras, textos y nombres, porque la mayoría está en bibliotecas, se pueden consultar, pero llegar a ellas es difícil, no se consiguen en librerías. Lo que hace este proyecto es ponerlas al alcance de las personas, que sea fácil encontrar sus nombres, encontrar los textos.
E.C. ¿Cómo ha sido la respuesta del público a esta publicación?
A.L.B. Recibimos siempre mucho entusiasmo. Por ejemplo, preguntamos en los colegios si recordaban leer a alguna escritora colombiana dentro o fuera de clases. si en la casa había algún libro de alguna escritora y a veces la respuesta era no, o no hemos leído, pero sí conocemos algunas contemporáneas como Pilar Quintana o Laura Restrepo, que también está muy bien ver que hay nombres muy conocidos. En el plan lector en los colegios o en las clases de español no se hablaba tanto hasta hace pocos años de las escritoras colombianas y en general de las escritoras.
Yo he sentido al público muy entusiasmado, dispuesto a leer y entrar a los textos. Lo que hicimos nosotras es la primera parte del trabajo que es investigar y hacer los libros, pero los libros existen para ser leídos. Entonces ahora que ya están afuera, es el momento de que los lectores los compren, los consulten en las bibliotecas y se lean en clubes de lectura.
Otra cosa que hicimos fue buscar que la colección abarcara a Colombia; nos preocupamos porque hubiera escritoras de todas las regiones, que hubieran escritoras afro, indígenas y creo que ahí también ocurre una cosa muy linda, como de identificación, que quienes lean puedan decir que este texto también puede ser sobre mi. En la biblioteca hay un libro para cada lector, porque es diversa y tiene tantos tonos, tantos géneros, tantos temas que siento que hay por lo menos un texto para cada lector.
E.C. ¿Qué escritora te sorprendió o qué fue lo que más te sorprendió de descubrir a estas escritoras?
A.L.B. Me sorprendió mucho la cantidad de textos con los que nos encontramos. Las revistas solo para mujeres, como Letras y Encajes, por ejemplo, que es una revista increíble. Me sorprende también encontrarme esa relación entre literatura y periodismo y con la cantidad de cosas que no había leído, por ejemplo Helena Araujo, es una crítica literaria brillante, que tiene libros muy valiosos para los estudios literarios y es producción nacional y yo no la había leído a ella. Y las periodistas también como Silvia Galvis, Clemencia Hoyos de Montoya, Rocío Vélez de Piedrahita o Alegre Levy, que son voces con mucha fuerza y humor, y están también hablando de la Colombia en la que están viviendo desde su propia postura, o escritoras indígenas como Anastasia Candre
E.C. ¿Qué sigue para este proyecto de la Biblioteca de Escritoras Colombianas?
A.L.B. Este proyecto ha logrado reunir a más de 100 escritoras, es un trabajo monumental y creo que lo que sigue viene de parte de otros agentes, de los lectores, de los profesores, de los académicos que tomen este material y lo trabajen, lo lean.
Es el momento de que los libros estén afuera, circulen, se hable de ellos y sobre todo se lean. Las posibilidades son muy grandes.
También esperamos despertar un interés por estas autoras, que se busque más sobre ellas, es un proyecto que puede también servir como punto de inicio para muchos otros.
E.C. Algunas escritoras en formación se quejan de que no encuentran escritoras dentro del canon que les presentan que puedan servirles de inspiración o guía para sus propios proyectos.
A.L.B. Creo que algo muy valioso de esta colección es presentar una tradición, un linaje del que las escritoras colombianas contemporáneas pueden hacer parte. Es fácil pensar que jóvenes escritoras que están en diferentes regiones, que no están en los centros culturales del país, como Bogotá, Medellín o Cali acceden a estos textos en la biblioteca pública y hay un reconocimiento de decir no estoy sola en esto, hubo mujeres que lo hicieron antes, que escribieron un montón de temas, y yo puedo ser parte de eso, insertarse en esa tradición literaria y saber de que esto no es una cosa nueva, sino que las mujeres han escrito siempre, han escrito de todo y lo han podido hacer.
E.C. Desde tu experiencia como editora ¿hay un cambio ?, ¿las mujeres escritoras de hoy están siendo más reconocidas?
A.L.B. Es una pregunta muy amplia. Pienso que en este momento y por los últimos diez, quince años sí ha habido un interés por lo que están escribiendo las mujeres. Lo que ocurre es que las lectoras también empezaron a interesarse más por otro tipo de escritura que venía de autoras mujeres, como nueva y refrescante. También las editoriales independientes empezaron a proponer a esas autoras, hay una amalgama muy chévere y que funciona muy bien: la labor que hacen las editoriales independientes de buscar esas nuevas voces, comunicar algo distinto, que no necesariamente responda a las lógicas del mercado en su momento, pero después creo que también todas nos dimos cuenta de la riqueza que había en esas voces .Y a partir de ahí, creo que se ha abierto un poco el mercado a publicar cada vez a más autoras.
Hace unos años, pasaba mucho en los festivales de literatura, se ponían a las mujeres en una sola mesa de las escritoras, en ese momento eran pocas y buscaban enmarcarlas en una categoría única, pero en realidad no se parecen en nada entre sí, hay mucha riqueza, mucho por explorar, entonces yo sí creo que ha habido un cambio: las editoriales están publicando más autoras, los lectores están leyendo más autoras y sobre todo las lectoras, porque en la mayoría de casos el público femenino es el que más compra.
Es un gran momento para las escritoras y la literatura escrita por mujeres y espero que siga así.
Por Laura Liliana Gómez Espíndola
Directora Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Mujer y Sociedad
El Centro de Investigaciones y Estudios de género mujer y sociedad nace en 1992 cuando un grupo de 19 docentes de la Universidad del Valle1, al confrontarse con las inequidades y discriminaciones por cuestiones de género, deciden generar mecanismos para promover investigaciones, espacios de formación y de incidencia institucional que permitan la construcción de una sociedad con una mayor equidad de género. Así, a través de más de 33 años de historia, el Centro ha contribuido a visibilizar las brechas, discriminaciones y violencias basadas de género; ha permitido comprender los mecanismos, estereotipos y estructuras sociales que perpetúan estos tipos de violencia, y ha promovido la generación de políticas y cambios sociales que favorezcan la construcción de una sociedad más justa. Gracias a este trabajo el Centro se ha convertido en un referente a nivel nacional en la formación, investigación y desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género.
La justicia social se alcanza a través de fuertes luchas sociales y es justamente como una lucha social como yo misma he percibido el proyecto que el Centro desarrolló desde el año 2014, cuando presentó a las Directivas Universitarias la necesidad de generar una Política institucional de género que permitiera promover un cambio en el ethos universitario encaminado al respeto a la diversidad y al alcance de la equidad de género. Fueron años de lucha, constituida por sendas investigaciones y diálogos con los diferentes estamentos universitarios, que permitieron la formulación participativa de una Política institucional de Género. En este marco el Centro generó en el año 2018 la asignatura Género, Pluralidad y diversidades como parte del componente de formación general; en los años 2019-2020 formuló de manera participativa el Protocolo y Ruta de atención a las violencias basadas en género; en el 2020 diseñó el sistema de indicadores para la equidad de género que fundamenta el Observatorio de Género; en el 2021 propuso la Escuela de Formación de Orientadoras/es en atención y prevención en VDBG; en el 2021 implementó el Diplomado Incorporación de la perspectiva de género en los procesos de enseñanza aprendizaje. Tras este camino, finalmente el 27 de abril del 2023 es aprobada la Política Institucional de igualdad y equidad de género, identidades y orientaciones sexuales y no discriminación de la Universidad del Valle.
Fueron entonces alrededor de 10 años de entrega a esta lucha que finalmente permitieron dar a luz una Política institucional de Género que dota a nuestra institución de mecanismos investigativos, formativos y de atención y orientación a violencias y discriminaciones basadas en género2. Este fue un momento de florecimiento, en el que se gestaron importantes frutos encaminados a nutrir a la institución y generar bienestar en todos sus estamentos.
Paradójicamente el fruto está destinado a ser tomado y esto condujo al Centro a una etapa compleja: una mezcla de gozo al ver el fruto y de desconcierto e incluso de tristeza al sentir que el fruto era arrebatado del árbol. La asignatura Género, Pluralidad y diversidades, el diplomado Incorporación de la perspectiva de género en los procesos de enseñanza aprendizaje, el Observatorio de género, el área de atención, concebidas desde la Política institucional como adscritas al Centro, comenzaron progresivamente a funcionar de manera independiente. Una parálisis, un desconsuelo, llevaron al Centro a una temporada de invierno.
Muchas preguntas y una gran incertidumbre se han dado en el Centro. Si estos son los frutos que hemos dado, ¿podemos seguir nosotros liderando estos frutos? Si nuestra misión es incorporar la perspectiva de género en la investigación, en la formación y en las actividades de proyección social, ¿podemos seguir generando estos frutos que hemos gestado o debemos, como se dice ahora, reinventarnos y encontrar nuevos caminos que nos permitan cumplir nuestra misión institucional?
Doble ha sido el camino que ha buscado el Centro para que la semilla de nuestra vocación pueda romper el hielo que nos dejó el invierno y volver a germinar. Por un lado, hemos buscado la reincorporación del Centro a estas actividades que ha generado. Nos parece fundamental recuperar el lazo con estudiantes y docentes a través de los procesos formativos que hemos creado, así como realizar la observación de las brechas de género en la institución y los impactos que está teniendo la implementación de la Política institucional de género. Pero, por otro lado, hemos tenido que buscar nuevos caminos para desarrollar nuestra misión institucional.
En el eje de investigación, hemos buscado estrechar lazos entre los investigadores con perspectiva de género a nivel institucional a través de la vinculación y cohesión de los grupos de investigación. En la actualidad, el CIEGMS cuenta con la vinculación de grupos de investigación de diferentes Facultades y sedes de la Universidad del Valle3: 8 de la Facultad de Humanidades, 1 de la Facultad de Psicología, 2 de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, 2 de la Facultad de Salud, 1 de la Facultad de Artes Integradas y 1 de la Sede Norte del Cauca. Recientemente hemos realizado contacto también con el Grupo de mujeres STEM, con quienes anhelamos tener un estrecho vínculo. De otro lado, estamos generando el semillero IDiCA del Centro que permita la vinculación de los estudiantes a los procesos de investigación y extensión del Centro. Estamos así mismo generando un Observatorio anidado al Centro de género, que nos permita de manera autónoma generar un análisis de las brechas de género no sólo a nivel institucional, sino también a nivel regional.
En el eje de formación, el Centro ha abierto en el semestre 2026-I una nueva cohorte de la Línea de estudios de género en el Doctorado de Humanidades. Tenemos 16 nuevos admitidos y tres estudiantes han sido beneficiadas con las becas de la Convocatoria 35 del Sistema General de Regalías (SGR). Estamos así mismo trabajando para abrir la Maestría de Género en alianza con la Escuela de Trabajo social.
En el eje de apropiación social del conocimiento, el Centro ha buscado el impacto en la comunidad a través de la creación de dos actividades permanentes a las que invitamos con mucho afecto a la comunidad universitaria y caleña. En primer lugar, la actividad Martes de género, en la que investigadoras e investigadores del Centro dan a conocer los resultados de sus investigaciones más recientes. Es un espacio no formal con un lenguaje menos especializado que permita a la comunidad conocer e incorporar los resultados de las investigaciones que se realizan desde el Centro. En segundo lugar, Cine con Enfoque es una actividad generada en alianza con la Cinemateca de la Universidad del Valle, en la que los viernes cada quince días creamos un espacio de reflexión y diálogo a partir del séptimo arte de diferentes cuestiones relacionadas con el género. El ciclo de este semestre estará centrado en el tema de Violencias basadas en género y violencia intrafamiliar. A través de estos espacios buscamos lograr una mayor conciencia social de las violencias y las inequidades de género y las estructuras que lo permiten, de manera que los diferentes actores sociales podamos comprometernos con transformaciones que permitan la construcción de una sociedad más justa.
Agradezco a las y los integrantes del Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Mujer y sociedad la confianza al encomendarme liderar estos procesos que permitan a nuestra semilla volver a germinar. Después del invierno vuelve la primavera y podemos ver ya los primeros brotes que muestran que nuestra semilla sigue viva y que nos recuerdan ese florecimiento que ha sido posible a lo largo de 33 años de lucha de las mujeres que nos anteceden y que aún nos acompañan.
Notas
1. Simone Accorsi, Gilma Alicia Betancourth, Nora Caballero, Gladiz Eugenia Canabal, Gabriela Castellanos, Toa Castellanos, Beatriz Espinoza, Carmen Lucía Giraldo, Griselda Gómez, Rocío Gómez, Julián González, Rubén Darío Guevara, Martha Cecilia Londoño, Adalgiza Magaña, María Cristina Maldonado, Nancy Motta, Sonia Muñoz, Fernando Urrea y Miryan Zúñiga.
2. Gestaron esta lucha Gabriela Castellanos, Alba Nubia Rodríguez, Susana Matallana, Gladys Eugenia Canaval, María Eugenia Ibarra, Jeanny Posso y Rosa Emilia Bermúdez Rico.
3. Grupo de Investigación y creación en Artes y Educación Artística – GICAEA; Análisis; Estudios Étnico-Raciales y del Trabajo en sus Diferentes Componentes Sociales; Sistemas Socio-Ecológicos Sustentables- SSES, Género, Literatura y Discurso; Sinergia; Ágora: Diálogo Entre Antiguos Y Modernos; Sujetos y Acciones Colectivas; Acción Colectiva Y Cambio Social – ACASO; Equipo De Investigación En Lingüística Aplicada – EILA; Desarrollo Psicológico En Contextos – GDPC; Promesa; Centro De Estudios Históricos Y Ambientales – CEHA; Estudios De Familia Y Sociedad; Grupo Praxis de Investigación en Ética y Filosofía Política.
Por: María del Pilar Blanco Echeverry, PhD
Profesora Programa académico de Trabajo Social
Universidad del Valle sede Norte del Cauca
La igualdad de género es definida por las Naciones Unidas como un derecho humano fundamental, donde el sexo de las personas no limite su acceso al crecimiento económico, al desarrollo sostenible o a alcanzar el potencial de su ser. Asumiéndolo desde esa perspectiva ¿qué relación tiene la igualdad de género con la universidad y con el desarrollo sostenible?.
La respuesta a esa cuestión data de tres fenómenos coyunturales que confluyeron para que el tema de la igualdad de género “aterrizara” en las universidades. El primer fenómeno: la modernidad, el novedoso concepto de la igualdad y el movimiento feminista; el segundo: los Estados de Bienestar (EB) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y el tercero: el proyecto de desarrollo e igualdad de género en el mundo occidental. Podría parecer un exceso de simplificación reducir a tres las circunstancias que conllevaron al escenario actual, sin embargo, este ejercicio permite ubicar el tema en cuestión de manera más sencilla.
En este sentido el primer fenómeno se enmarca en el valor que la sociedad moderna (S.XVIII) le dio a la igualdad; convirtiéndose junto a la justicia, en una exigencia jurídico política para garantizarle a la ciudadanía el principio de igualdad ante la ley (Pérez, 2007). Eventualmente la igualdad pasó a ser uno de los pilares de los derechos humanos de primera y segunda generación, adoptados por los Estados Modernos de Bienestar (Sen, 1998; Valcárcel, 2006) para reconocer a las personas como sujetos de derecho.
La igualdad como valor social politizado y casi que como “fuego revolucionario” avivó el discurso y el accionar de distintos movimientos sociales, entre ellos el feminista, que durante sus tres o cuatro “olas" (Astelarra, 2005; Fernández, 2017; Lamus-Canavate, 2020) viene manifestando que existen y/o permanecen discriminaciones hacia las mujeres que les impiden gozar plenamente de sus derechos humanos en igualdad de condiciones respecto a los hombres. La bandera del movimiento feminista ha sido lograr el reconocimiento de los derechos de las mujeres, la reivindicación jurídica, social, económica, el goce de sus derechos sociales y reproductivos, entre otros.
El segundo, se enmarca en el final de la II guerra mundial, donde en un escenario desolador respecto a los derechos humanos, la paz y el desarrollo en general, la igualdad comenzó a erigirse como una meta política esencial de sistemas democráticos y liberales que adoptaron la figura del Estado de Bienestar (EB), eso se dio en la mayor parte de Europa y el continente Americano.
En teorías tradicionales sobre el EB, la igualdad se asoció con la noción de justicia y ciudadanía, sin embargo, la incorporación paulatina de la perspectiva de género y las exigencias del movimiento feminista (Castro, 2015), trazaron la necesidad en los EB de responsabilizarse frente a su rol en el sostenimiento o disgregación de las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres. Incluso, distintas corrientes del feminismo, aseguran que dicho modelo no se reducía exclusivamente a prestar servicios, pues también contenía una serie de ideas sobre la niñez, la mujer, la familia, que facilitaron el proceso emancipatorio de las mujeres, y gracias a las cuales ellas adquirieron mayor independencia frente al vínculo familiar y conyugal (Astelarra, 2005; Pautassi, 2000).
Articulado a lo anterior, se da el tercer fenómeno, consolidado en la intención directa de la ONU en trazar una agenda internacional donde los derechos sociales ganaran protagonismo y se corrigieran problemáticas sociales por medio de la participación activa de poderes políticos y el desarrollo de políticas públicas. En esa coyuntura, los esfuerzos de los Estados miembros de la ONU, se volcaron a distintas problemáticas, entre ellas la desigualdad y la discriminación de la que eran víctimas las mujeres, dando pie a lo que se conoce como “políticas públicas de género” que se bifurcarían en tres tipos: las políticas públicas para la igualdad de oportunidades; las políticas públicas de acción positiva y las políticas públicas transversales o mainstreaming (Alcañiz y Carbadillo, 2011; Astelarra, 2005).
Desde entonces, las políticas encontraron eco en organismos internacionales como la ONU y posteriormente la Unión Europea, quienes han ejercido una presión “armonizadora” para defender y extender los derechos humanos. La “Carta de las Naciones Unidas” publicada en 1945 (ONU, 2025) marcó el inicio de una nueva etapa en dicha óptica, ya que por primera vez se reconoció a las mujeres como sujetos de derechos y convirtió la igualdad de género en una meta prioritaria para varios países del mundo.
En el plano de la educación universitaria, la mencionada perspectiva se instaló con la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: visión y acción” (UNESCO IESALC, 1998) en la cual la ONU y la UNESCO, hicieron un llamado a las universidades del mundo a prestar atención a las reivindicaciones de movimientos sociales de corte feminista y a la agenda internacional de igualdad de género. La intención siempre ha sido despertar un compromiso universitario para ejecutar transformaciones internas encaminadas a eliminar las barreras estructurales, ideológicas y culturales que impidan la igualdad entre hombres y mujeres en y desde el sector educativo (Blanco-Echeverry, 2022).
Así, las universidades se involucraron en un proyecto internacional supervisado por la Commission on the Status of Women (CSW) y la comisión del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) que promueve desde entonces la igualdad de género basándose en la CEDAW o Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y que, en su artículo 10 destaca la relevancia de la educación para promover la igualdad entre hombres y mujeres.
En la misma línea y en concordancia con los entonces objetivos de desarrollo del milenio (ODM) y los actuales objetivos de desarrollo sostenible (ODS), la igualdad de género es una meta transversal a los 17 ODS; en donde el sector educativo debe velar particularmente por el número 5, que expresa: “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas” y el ODS número 4, que persigue una educación de calidad para todas y todos, pues para las Naciones Unidas y la UNESCO, la igualdad en todos sus matices, es la vía para el desarrollo inclusivo y sostenible.
Y es que en el escenario de la educación superior se tienen varios retos al respecto, porque no ha sido un espacio especialmente fácil de transitar para las mujeres, teniendo en cuenta que desde sus inicios la universidad y la ciencia fueron exclusivas para los hombres y vetadas para las mujeres hasta finales del siglo XIX, cuando el movimiento feminista y su “punta de lanza” de reconocerle a las mujeres sus derechos civiles, lograron su incursión en la universidad (Buquet, 2016; Palomar, 2018).
La entrada de las mujeres a la educación superior se considera uno de los hitos más importantes del movimiento feminista, en su transitar por la conquista de la autonomía política y simbólica de las mujeres (Palomar, 2018; Pessina, 2018) y sentaría las bases de luchas posteriores en este escenario; pues con la masificación del ingreso de mujeres a la universidad desde la década de los 80, se empezaron a cuestionar las estructuras y lógicas de poder que pudiesen obstaculizar las oportunidades de desarrollo y auto realización de la población femenina en espacios distintos al doméstico. En ese sentido, la presencia de las mujeres en las aulas universitarias no eliminó de por sí las desigualdades de género en las universidades, pero, junto a los feminismos, si las vino a poner en crisis.
Esto dispuso la ruta para que las feministas que conforman la comunidad universitaria (las investigadoras/docentes, las trabajadoras, las estudiantes) hayan intensificado en años recientes el cuestionamiento de tensiones y problemáticas tradicionalmente invisibilizadas en la universidad. Para ellas, este puede ser un espacio hostil donde las discriminaciones y los prejuicios en razón del género están a la orden del día; donde persiste la idea de la superioridad de lo masculino sobre lo femenino y donde incluso la violencia tanto simbólica como física (y psicológica) tiene cabida, solo que en los campus universitarios a veces se da en maneras tan sutiles que pueden pasar inadvertidas o ser ignoradas premeditadamente, porque se cree que la universidad es un contexto democrático, intelectual y neutral, en donde no se presenta la desigualdad, ni la vulneración de los derechos humanos en razón del género (Blanco – Echeverry, 2022).
Es menester reconocer que algunas universidades del mundo han tenido avances en materia de igualdad de género, como aumentar la percepción positiva en la comunidad universitaria sobre la paridad entre los sexos en dimensiones institucionales como los procesos administrativos, el clima laboral, las prestaciones sociales, entre otras (Blanco-Echeverry, 2025). Sin embargo también subyacen profundamente en su cultura organizacional, imaginarios, conductas y presunciones que entorpecen el pleno alcance de la meta de la igualdad.
Desafortunadamente en algunas universidades, con mayor o menor intensidad que otras, se presentan aún hacia las mujeres y las personas LGBTIQ+, violencias basadas en género (VBG), que van desde lo simbólico a lo físico y psicológico; segregaciones verticales y horizontales como los llamados “techos de cristal”, “escaleras rotas”, los “maternal walls” (Williams, 2004) entre otras analogías, que proyectan la supremacía del hombre y de lo masculino, perpetuando, y algunas veces encubriendo las VBG y la desigualdad de género a la cual históricamente han estado expuestas las mujeres y las personas LGBTIQ+ en distintos escenarios de la vida cotidiana.
Puede ser una realidad difícil de ver, o incluso de admitir, y más si hacemos parte activa de una comunidad universitaria, pero a su vez, puede convertirse en una oportunidad de acción institucional, en la medida en que se pueden fortalecer las políticas de género universitarias, apoyar (en todos los niveles) a la creación y permanencia de una unidad de igualdad, acompañar procesos de participación de los colectivos universitarios que propenden por la igualdad y la inclusión; en otras palabras, la universidad de la actualidad tiene un rol supremamente importante para el alcance de los ODS, y en el futuro de educación mundial, especialmente cuando vienen reapareciendo discursos políticos con tintes discriminatorios, xenofóbicos, racistas, transfóbicos, homofóbicos, machistas, que buscan retroceder el camino ya recorrido en materia de igualdad de género en el mundo occidental.
En este orden de ideas, la universidad como actor clave para el cambio y desarrollo social, deberá estar a la altura de estos fenómenos y en algún momento definir una postura que para bien o para mal - según la elección realizada- será recordada por las futuras generaciones, aquellas para las cuales se piensa un mundo desarrollado y sostenible.
Referencias
Alcañiz Moscardó, M., & Carballido González, P. (2011). Las políticas de igualdad en España: desde la agenda política internacional al marco de la aplicación municipal.
Astelarra, J. (2005). Veinte años de políticas de igualdad. Editores Cátedra.
Blanco Echeverry, M. del P. (2025). Igualdad de género en el marco de las “culturas generizadas” y las políticas universitarias. Estudio internacional de casos. Cambios Y Permanencias, 16(2), 81–96. https://doi.org/10.18273/cyp.v16n2-202506
Blanco-Echeverry M del P. Emergencia y urgencia de las políticas de género universitarias en Colombia. Revista Prospectiva (35): e20512225. https://revistaprospectiva.univalle.edu.co/index.php/prospectiva/article/view/12225
Buquet, A. G. (2016). El orden de género en la educación superior: una aproximación interdisciplinaria. Nómadas, 44, 27–43.
Castro, C. (2015). Modelos de Bienestar, igualdad de Género y permisos por nacimiento en un contexto de crisis del modelo social Europeo [Universidad Pablo Olavide]. https://rio.upo.es/xmlui/bitstream/handle/10433/2080/castro-garcia-tesis15.pdf
Fernández, M. (2017). Olas del feminismo: la perenne búsqueda de la igualdad. Agnosia. Revista de Filosofía Del Colegio de Filosofía y Letras. http://www.ucsj.edu.mx/agnosia/index.php/component/k2/item/414-olas-del-feminismo-la-perenne-busqueda-de-la-igualdad#_ftn1
Lamus-Canavate, D. (2020). La irrupción de una nueva ola feminista : ¿La cuarta ola? La Manzana de La Discordia, 15(2), 1–29. https://doi.org/10.25100/lamanzanadeladiscordia.v15i2.9808
ONU. (2025). Carta de las Naciones Unidas.
Palomar, C. (2018). Equidad de género en la Educación Superior. Revista de La Educación Superior, 47(187). https://doi.org/10.23857/pc.v4i3.980
Pautassi, L. (2000). Igualdad de derechos y desigualdad de oportunidades: ciudadanía, derechos sociales y género en América Latina. Las Fisuras Del Patriarcado. Reflexiones Sobre Feminismo y Derecho, 65–90.
Pérez, A. E. (2007). Dimensiones de la igualdad (R. González (ed.); 2da ed. Editorial Dikinson
Pessina, M. (2018). Reflexiones sobre las mujeres en la educación superior en el Ecuador. Las persistentes brechas de género. El Cotidiano, 34(212), 55–64.
Sen, A. (1998). Las teorías del desarrollo a principios del siglo XXI. Revista Cuadernos De Economía, 29, 73–200. http://econpapers.repec.org/RePEc:col:000093:007577
UNESCO IESALC. (1998). Declaración Mundial Sobre la Educación superior en el siglo XXI : Visión y acción. Educación Superior y Sociedad, 9(2), 97–113. https://www.iesalc.unesco.org/ess/index.php/ess3/article/view/171/162
Valcárcel, M. (2006). Génesis y evolución del concepto y enfoques sobre el desarrollo (p. 40). Pontificia Universidad Católica del Perú.
Williams, J. (2004). Hitting the maternal wall. Academe, 90(6), 16–20. https://doi.org/10.2307/40252700
No es ficción ni descuido
Por: Laura Sofia Rodríguez Pulecio
Docente Escuela de Ingeniería de Sistemas y Computación (EISC)
Grupo de Mujeres STEM - Facultad de Ingeniería
Las deepfakes ya no pertenecen al terreno de la ciencia ficción ni del entretenimiento digital. Hoy son una tecnología utilizada para ejercer violencia, principalmente contra mujeres y niñas, con consecuencias reales, profundas y duraderas. Lejos de ser un problema marginal o anecdótico, se trata de una forma contemporánea de violencia de género que opera en entornos digitales pero impacta la vida material, emocional, laboral y académica de las víctimas. Frente a este escenario, la pregunta no es menor: ¿quién garantiza los derechos de las víctimas?
Las deepfakes son contenidos audiovisuales —imágenes, audios o videos— creados o manipulados mediante inteligencia artificial, en particular a través de técnicas de aprendizaje profundo. Estos sistemas analizan grandes volúmenes de datos visuales y sonoros disponibles en internet para imitar rostros, cuerpos y voces con un alto grado de realismo. De manera general, funcionan a partir de la interacción de dos componentes: uno que genera contenido falso y otro que intenta distinguirlo del contenido real. En este proceso competitivo, el resultado final puede volverse casi indistinguible de lo auténtico.
Uno de los aspectos más preocupantes es que no se requiere material íntimo previo para producir este tipo de contenidos. En muchos casos, basta con una fotografía pública: una imagen en redes sociales, en una página institucional o incluso en un perfil profesional de LinkedIn. Esto desmonta uno de los mitos más dañinos que rodean estas violencias: la idea de que la víctima “hizo algo” para provocarlas. ¿De qué se les va a culpar ahora, de tener una foto de perfil? Como advierten Lazard et al. (2025), el riesgo no es solo la falsificación en sí, sino la erosión de la noción de verdad: cuando una imagen “parece real”, la duda deja de recaer sobre la tecnología y se traslada a la mujer que intenta demostrar que no lo es.
La evidencia académica es clara: algunos autores explican que el 90% de las imágenes generadas por la IA son de carácter sexual y afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas (Laffier & Rehman, 2023; Lazard et al., 2025). Sus impactos son múltiples, acumulativos y profundamente desiguales. A nivel psicológico, generan miedo, ansiedad, vergüenza, culpa, autocensura e incluso puede llegar a tener efectos estéticos en las victimas. En el plano social y reputacional, producen descrédito, aislamiento y daños severos a la vida académica y laboral. A nivel institucional, se suman el temor a la revictimización y la impunidad.
Desde su perspectiva, Akter y Ahmed (2025) señalan que estas violencias operan como mecanismos de control y silenciamiento que expulsan a las mujeres del espacio digital y del espacio público. Frente a estos daños, aún persiste una pregunta profundamente injusta que circula en la opinión pública: “si no es su cuerpo real, ¿cuál es el problema?”. La respuesta es clara: el daño no reside solo en el cuerpo, sino en la violencia simbólica, social y estructural que se ejerce cuando se fabrica una mentira creíble para disciplinar, humillar o silenciar. Por eso, la pregunta que muchas víctimas se hacen no es “¿por qué lo hizo?”, sino “¿me van a creer?”.
Los casos recientes evidencian la magnitud del problema. En México, el caso de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional marcó un precedente regional. Un estudiante utilizó inteligencia artificial para crear imágenes sexuales falsas de sus compañeras a partir de fotografías públicas. La respuesta institucional fue revictimizante, inadecuada y lenta, y el proceso judicial evidenció un profundo desconocimiento tecnológico y ausencia de enfoque de género. A la fecha, no se le ha imputado directamente el delito de creación de deepfakes, al no poder demostrarse que las produjo más allá de tenerlas en su dispositivo. Aunque el agresor permanece detenido por pornografía infantil, lo que abre una reflexión inquietante: si estos casos se relacionan pero la ley no está siendo suficientemente efectiva para proteger a las mujeres?
En España, lo ocurrido en Almendralejo afectó a decenas de niñas cuyas imágenes fueron sexualizadas digitalmente a partir de fotos comunes, con impactos inmediatos en su bienestar y su vida escolar. Incluso mujeres con enorme visibilidad pública han enfrentado escenarios similares: en 2024, las imágenes falsas de Taylor Swift circularon masivamente antes de ser retiradas, y situaciones parecidas han ocurrido con Rosalía, sin que se conozcan sanciones contundentes contra quienes crearon y difundieron el material. La pregunta es inevitable: si ni siquiera las mujeres más famosas logran justicia rápida y clara, ¿qué pueden esperar las mujeres y niñas que no cuentan con esa visibilidad ni con esos recursos?
En Francia, el allanamiento de las oficinas de X (antes Twitter) abrió un debate internacional sobre la responsabilidad de las plataformas tecnológicas. La investigación incluye la difusión de deepfakes sexuales y el papel de Grok, la inteligencia artificial integrada en la plataforma. Este caso deja una pregunta incómoda pero inevitable: ¿qué ocurre cuando las propias empresas tecnológicas facilitan, directa o indirectamente, estas violencias? Y, más aún, ¿hasta dónde debe llegar la regulación de las empresas tecnológicas cuando sus herramientas amplifican daños estructurales? Aunque las plataformas tienen una responsabilidad ineludible en la prevención, detección, cooperación con la justicia y el diseño ético de la tecnología, la evidencia muestra que no actúan con la diligencia necesaria y que, con frecuencia, priorizan el lucro sobre los derechos.
Existen marcos legales que intentan responder a este fenómeno, como la Ley Olimpia en México o las regulaciones europeas y coreanas emergentes. En Estados Unidos, se han presentado iniciativas como el proyecto de ley Disrupt Explicit Forged Images and Non-Consensual Edits Act (DEFIANCE Act), aunque esta legislación aún no se ha convertido en ley federal vigente. La mayoría de las leyes llegan tarde, se enfocan en la difusión y no en la creación del contenido y no contemplan la responsabilidad algorítmica.
En Colombia, en julio de 2025 se aprobó la Ley 2502, que introduce un agravante penal cuando la suplantación de identidad se comete usando inteligencia artificial, lo que abarca expresamente las deepfakes. No obstante, aún no existe una ley que tipifique de manera específica la creación o difusión de deepfakes sexuales o íntimos no consensuados como un delito autónomo. Hasta ahora, no hay casos judiciales con condenas explícitas por deepfakes en Colombia. Como señalan Laffier y Rehman (2023), el resultado es que la carga probatoria vuelve a recaer sobre las víctimas, reforzando el miedo a la revictimización y la sensación de impunidad.
Este escenario interpela de manera directa a las instituciones educativas, científicas y formadoras de talento. Primero preguntarnos si nuestros protocolos están preparados para enfrentar violencias mediadas por inteligencia artificial? Pero también es necesario revisar qué tipo de inteligencia artificial estamos enseñando, con qué valores y desde qué marcos éticos. ¿Estamos formando profesionales capaces de desarrollar y usar IA con responsabilidad social, enfoque de derechos humanos y perspectiva de género, o únicamente perfiles técnicos entrenados para optimizar modelos sin cuestionar sus impactos? No solo en ingeniería de sistemas, electrónica o desarrollo de software, sino también en programas como derecho, comunicación y gestión pública. La formación en inteligencia artificial no puede limitarse a aspectos algorítmicos o de eficiencia computacional. Incorporar la ética no debe ser un módulo aislado ni opcional, sino un eje transversal. Enseñar IA con enfoque de género e interseccional implica analizar cómo los datos reproducen desigualdades, cómo los modelos amplifican sesgos y cómo ciertas tecnologías pueden convertirse en herramientas de control, exclusión o violencia. También exige discutir quiénes quedan fuera del diseño tecnológico y quiénes cargan con los riesgos cuando las cosas fallan.
Por otro lado, nuestros comités de ética de la investigación ya se están haciendo estas preguntas? ¿Se evalúan impactos diferenciados por género, raza, etnia u orientación sexual? ¿Se diseñan prototipos libres de sesgos? ¿Se consideran los riesgos específicos para mujeres y otros grupos históricamente marginados? ¿La investigación contribuye a reducir brechas o por el contrario, las profundiza? La pregunta de fondo no es solo si nuestras investigaciones son técnicamente sólidas, sino si contribuyen a reducir brechas o si, por el contrario, están profundizando violencias y desigualdades históricas bajo el discurso de la innovación.
Al final, la discusión es sobre derechos fundamentales: el derecho a la dignidad, a la intimidad, a la reputación, a la verdad y al acceso a la justicia. y quien los garantiza ¿Las leyes? Aún son insuficientes. ¿Las plataformas? Han priorizado la innovación y el lucro. ¿Las instituciones? No estamos listas. Mientras la pregunta siga siendo qué hizo la víctima y no quién permitió el daño, las deepfakes seguirán siendo una herramienta de violencia contra mujeres y niñas.
Frente a este panorama, es urgente ampliar la conversación pública y académica. Las deepfakes no son un problema técnico aislado: son una expresión contemporánea de violencias estructurales que encuentran en la inteligencia artificial un nuevo amplificador. Para profundizar en estas discusiones, invito a escuchar el podcast Mi cara pero no mi cuerpo de El Hilo, que aborda el caso de deepfakes en México y sus impactos en la vida de las mujeres, visibilizando testimonios, vacíos legales y responsabilidades institucionales. Asimismo, se recomienda la lectura del artículo de la profesora Laura Rodríguez y el profesor Óscar Bedoya (EISC), que analiza técnicas de inteligencia artificial para la detección de ciberacoso en la plataforma X, aportando una mirada crítica sobre el rol de los algoritmos, lo que sí se puede hacer y podrían hacer las plataformas si quisieran y los límites reales de la tecnología para proteger derechos.
Hablar de deepfakes no es hablar del futuro. Es hablar del presente. Y de qué tan dispuestas están nuestras sociedades, instituciones y plataformas a garantizar los derechos de mujeres y niñas en la era de la inteligencia artificial.
Referencias
Akter, M. S., & Ahmed, P. (2025). The emergence of AI-generated deepfakes as a new tool for gender-based violence against women: A brief narrative review of evidence and the implications of the techno-feminist perspective. feminists@law, 13(2).
Laffier, J., & Rehman, A. (2023). Deepfakes and harm to women. Journal of Digital Life and Learning, 3(1), 1–21.
Lazard, L., Capdevila, R., Turley, E. L., Gilfoyle, K., & Stavropoulou, N. (2025). Deepfake Technology and Gender-Based Violence: A Scoping Review. Trauma, Violence, & Abuse. https://doi.org/10.1177/15248380251384271
Existen múltiples formas de percibir, procesar y responder al entorno. Reconocer esa diversidad es clave para una mejor comprensión de la salud mental. Este fue el tema central de una reciente emisión del programa radial Sanemos Juntos, conducido por Fulvia Carvajal, directora de Comunicaciones de la Universidad del Valle.
Durante esta conversación, la doctora Carolina Zapata Galeano, médica egresada de la Universidad Libre y especialista en Psiquiatría de la Universidad del Valle compartió su experiencia profesional sobre este tema.
La neurodivergencia hace referencia al funcionamiento diferente del cerebro comparado al que conocemos como neurotípico, es decir, lo que se ha asumido como “normal”. Esta diferencia no debe entenderse como una enfermedad ni como una patología. Es una expresión del neurodesarrollo con la que la persona nace; no se adquiere con el tiempo.
Dentro de la neurodivergencia se encuentran el autismo, trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, la dislexia, la discalculia, entre otros.
“Son personas que perciben los sonidos, las luces, los olores, las texturas o los sabores con una intensidad mayor”, explicó la doctora Zapata. Así, ruidos repetitivos, luces muy brillantes, ciertas prendas de vestir o determinados olores pueden generar una sobrecarga que afecta su bienestar emocional y social.
Una persona de alta sensibilidad es aquella que tiene una percepción más profunda de las emociones y de los estímulos sensoriales. Estas personas suelen tener una gran capacidad para conectar con los demás y comprender el sufrimiento ajeno. Sin embargo, esa misma profundidad emocional puede convertirse en una fuente de desgaste. La exposición prolongada a entornos sociales demandantes, el ruido, la sobreestimulación o la carga emocional de otros puede generar agotamiento, cansancio emocional y la necesidad de aislamiento.
En muchos casos, el desconocimiento de estas características lleva a que las personas altamente sensibles sean etiquetadas como raras, exageradas o difíciles, especialmente en contextos escolares y laborales.
Entre las recomendaciones más frecuentes se encuentran, el cuidado de la higiene del sueño, la práctica de ejercicio al aire libre, el contacto con la naturaleza, el uso de técnicas de respiración consciente, la meditación guiada, la música suave o los llamados “ruidos blancos”, así como actividades expresivas como la escritura y la pintura, entre otros.
Un aspecto que llama especialmente la atención es la fuerte conexión que muchas personas neurodivergentes y altamente sensibles desarrollan con los animales. “El vínculo con los animales ofrece una relación menos invasiva, más sensorial y emocionalmente segura”, explicó la médica, destacando el valor terapéutico que pueden tener estos vínculos.
“Las personas de alta sensibilidad tienen una capacidad que puede ser usada para transformar el mundo. Mirar profundamente tiene unas grandes ventajas, aunque también una carga emocional importante, pero creo que en el momento histórico en el que estamos necesitamos más personas de alta sensibilidad que logren una transformación y evolución diferente” afirmó la doctora Zapata.
Para escuchar los episodios de Sanemos Juntos puedes acceder a nuestro podcast en este enlace
La Universidad del Valle exaltó la trayectoria académica, el rigor científico y el compromiso social de 199 docentes que alcanzaron las máximas categorías de investigación en la Convocatoria Nacional de Medición 2024 de Minciencias.
Durante el evento, que se llevó a cabo este viernes 6 de marzo de 2026, se destacó de manera especial las vidas de las y los investigadores Eméritos, quienes durante décadas se han dedicado a la generación y consolidación del conocimiento científico, tecnológico y humanístico en el país.
Entre los exaltados como Investigadores Eméritos se encuentran docentes emblemáticos como Álvaro Zapata Domínguez (Administración), Jaime Ricardo Cantera Kintz (Biología), Silvio Delvasto Arjona (Ingeniería), Fernando Urrea Giraldo(Facultad de Ciencias Sociales y Económicas) y Gladys Eugenia Canaval Erazo (Facultad de Salud), Delfín Ignacio Grueso Vanegas (Facultad de Humanidades) cuyas trayectorias representan el pilar fundamental de la investigación de la institución.
“Lo que nos reúne hoy es un reconocimiento a la excelencia académica, tanto más valioso porque viene de un riguroso proceso adelantado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación, en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación-2024. Es una clasificación externa que valida la calidad interna y coloca en una posición de máxima categoría a los grupos de investigación que nos acompañan,” señaló el rector en su intervención.
“Con esta reunión queremos destacar que la investigación es la columna vertebral de la Universidad del Valle y que el poder transformador de la academia viene de la disciplina, visión y compromiso de nuestros profesores”, agregó el directivo universitario.
Asimismo, se reconoció la labor de 165 Investigadores Sénior, líderes que con su disciplina y ética proyectan a la Universidad hacia nuevos horizontes científicos en áreas que van desde las artes visuales hasta la medicina de alta complejidad. Entre los destacados en esta categoría estuvo el rector de la institución, el profesor Guillermo Murillo Vargas del Grupo de Investigación en Marketing, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Administración.
Durante el acto, se enfatizó que estos logros no son solo cifras en un escalafón, sino una muestra de la dedicación y compromiso significativo al fortalecimiento de la ciencia en la región y el país.
Mujeres investigadoras
Un capítulo especial en esta gala lo protagonizaron las investigadoras de la Universidad del Valle. Con un total de 39 mujeres exaltadas en las categorías de mayor prestigio, la institución celebra no sólo el rigor académico, sino la ruptura de techos de cristal en campos históricamente masculinos. Estas docentes no solo encabezan el desarrollo científico de alto impacto, sino que son mentoras para las nuevas generaciones de investigadores.
El máximo reconocimiento vitalicio de Investigadoras Eméritas fue otorgado a cinco científicas cuya labor ha transformado sus facultades. Se destacó la impronta de Gladys Eugenia Canaval Erazo (Enfermería), Martha Lucía Vásquez Truissi (Enfermería). Cristina María del Socorro Ramírez Toro(Ingeniería de Alimentos), Ayda Rodríguez de Stouvenel (Ingeniería de Alimentos) y Ruby Mejía Rentería (Ingeniería de Materiales)-
“Es un gran honor para mí como mujer, profesional, profesora de la Universidad del Valle e investigadora del Grupo Materiales Compuestos haber sido reconocida como Investigadora Emérita por parte del Ministerio de Ciencias y Tecnología. Es un reconocimiento a una trayectoria de muchos años. Llevo 52 años vinculada a la institución, primero como estudiante, luego como docente en 1974, donde pude desarrollar mis estudios de posgrado y crear y liderar un grupo de investigación. Tengo el orgullo de mencionar que el grupo se ha mantenido en categoría A1, la máxima clasificación de Minciencias por cerca de 15 o 20 años. Todo eso se ha logrado, por un lado no solo por mi dedicación y vocación, sino por la gran cantidad de jóvenes estudiantes que se han vinculado al grupo,” destacó la profesora Ruby Mejía de la Escuela de Ingeniería de Materiales de la Facultad de Ingeniería.
En el nivel de Investigadoras Sénior la participación fue para 33 científicas, destacándose en diferentes áreas del conocimiento. Algunas de las docentes que recibieron esta distinción son: Sandra Johana Silva Cañaveral (Dpto. de Artes Visuales y Estética), Mónica García Solarte (Dpto. de Administración y Organizaciones), Alba Marina Torres González, Inge Armbrecht de Peñaranda y Lorena Cruz Bernate (Dpto. de Biología), Katherine Gross (Dpto de Física), Diana Marcela Jiménez Restrepo (Depto. de Economía), Lyda Elena Osorio Amaya y María Isabel Gutiérrez (Escuela de Salud Pública).
Otras de las investigadoras son Mercedes Salcedo Cifuentes (Escuela de Bacteriología y Laboratorio Clínico), Adriana Patricia López Valencia, Andrea Pérez Vidal, Carmen Rosa Forero Amórtegui, Irene Vélez Torres, Irma Janneth Sanabria Gómez, Martha Constanza Daza Torres y Patricia Torres Lozada (Escuela de Ingeniería de los Recursos Naturales y del Ambiente).
En la Facultad de Humanidades, está la investigadora sénior Karen Shirley López Gil (Dpto. de Lingüística y Filología). Por su parte, en la Facultad de Psicología sobresale la labor de las profesoras Fátima Díaz Bambula y Mónica Roncancio Moreno.
La representación de Regionalización
El profesor Mauricio Quintero Ángel, docente de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Seccional Palmira, hizo parte de los docentes que recibieron reconocimiento como investigador senior de la Universidad del Valle.
Del mismo modo, Grupo de Investigación Sistemas Socio-Ecológicos Sustentables - SISOS de la Seccional Palmira recibió una distinción por su clasificación en categoría A1 de Minciencias. Esto es reflejo del proceso de fortalecimiento del componente investigativo en las sedes y seccionales.
Grupos de investigación de liderazgo internacional
La jornada de reconocimientos también fue para los 79 grupos de investigación clasificados en categorías A1 y A, reflejo de una producción científica de alto impacto y una contribución sostenida a la producción de conocimiento en el suroccidente colombiano.
Las categorías A1 y A son el "sello de alta calidad" que Minciencias otorga únicamente a los equipos de investigación que demuestran producción científica constante, cooperación con universidades en el extranjero y alta capacidad de formar nuevas generaciones (estudiantes de doctorado y maestría).
Entre los grupos que alcanzaron la máxima categoría (A1) se destacan:
-Grupo de Investigación en Marketing.
-GIPAB - Ingeniería de Procesos Agroalimentarios y Biotecnológicos.
-AVISPA - Ambientes Visuales de Programación Aplicativa.
-Neurociencias y Psicología Clínica.
Centros e Institutos de Investigación, también reconocidos
Además, se celebró el reconocimiento, por parte de Minciencias, del Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) y del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (INCIMAR) como actores vitales del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología durante el período 2024-2029. En el concepto del Ministerio, estos centros e institutos de investigación cumplen con la definición de ser una “organización pública, privada o mixta independiente que tiene como misión institucional desarrollar diversas actividades de investigación (básica o aplicada), con líneas de investigación declaradas y un propósito científico específico” ,de acuerdo con lo establecido en la Política de Actores del sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Esos dos centros reconocidos hacen parte del listado de cuatro institutos y cinco centros de investigación que posee actualmente la Univeresidad. El reconocimiento de estas estructuras organizacionales por parte de Minciencias es fruto de la puesta en acción de lo consignado en la misión institucional, donde la generación de conocimiento en las ciencias, las artes y las humanidades se configuran como una razón de ser.
Las siguientes son las palabras del rector de la Universidad del Valle, profesor Guillermo Murillo Vargas durante el evento de reconocimiento a investigadores y grupos de investigación clasificados en las máximas categorías en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación-2024
Lo que nos reúne hoy es un reconocimiento a la excelencia académica, tanto más valioso porque viene de un riguroso proceso adelantado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e innovación, en la convocatoria nacional para reconocimiento y medición de grupos de investigación e investigadores del sistema de ciencia, tecnología e innovación-2024. Es una clasificación externa que valida la calidad interna y coloca en una posición de máxima categoría a los grupos de investigación que nos acompañan.
Con esta reunión queremos destacar que la investigación es la columna vertebral de la Universidad del Valle y que el poder transformador de la academia viene de la disciplina, visión y compromiso de nuestros profesores.
Bien vale la pena recordar algunas cifras del informe de gestión de 2025 que será entregado en los próximos días dentro de nuestra obligación de rendir cuentas a la sociedad. Al cierre del año la Universidad contaba con 261 grupos de investigación activos, distribuidos en las diez facultades y el sistema de regionalización. En la Convocatoria 957 de 2024 de Minciencias fueron clasificados 205, 79 % del total. En cuanto a la distribución por categorías, la categoría C concentra el mayor número (33,7%), seguida de la categoría A (25,9%), la categoría B con 45 (22%), la categoría A1 con 26 (12,7%) y 12 grupos reconocidos (5,9%). Es un sistema de investigación equilibrado, con una presencia destacada en las categorías de mayor nivel y una base amplia en procesos de fortalecimiento y consolidación.
Detrás de esas cifras está el talento humano que las hace posibles: de los 948 profesores nombrados, 449 son investigadores que cuentan con categorización en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación: 165 como sénior, 94 como asociados y 190 como junior. Adicionalmente, la Universidad cuenta con 34 investigadores eméritos, de los cuales 8 fueron reconocidos en esta convocatoria.
En cuanto a la generación de conocimiento existen 355 proyectos activos, 162 proyectos finalizados y 625 productos generados. La Universidad cuenta hoy con 98 patentes (70 nacionales, 28 internacionales), 27 patentes en solicitud (26 nacionales y 1 internacional), 22 diseños industriales (20 concedidos, 2 en proceso), 31 marcas (30 concedidas, 1 en proceso) y 66 registros de software.
El conjunto de estos datos revela que la Universidad es un actor clave en el ecosistema de CTI del país. Una fuerza formidable de generación de conocimiento como bien público, con pertinencia social, con impacto nacional e internacional y con capacidad para transformar el territorio. Como universidad pública aportamos el valor estratégico de la investigación para construir un mundo mejor.
Imposible no hacer en esta ocasión un reconocimiento especial a los investigadores senior y eméritos, quienes en desarrollo de sus carreras han construido escuela, han sido factor determinante en la formación de nuevas generaciones de investigadores y han escrito un capítulo central en nuestros ochenta años de historia.
Es preciso mencionar también el liderazgo de los grupos A y A1, por lo que significan como consolidación de la comunidad científica por su capacidad de gestión, su visión estratégica y su cultura colaborativa. Cada uno de esos grupos llega a esa categoría como resultado un trabajo intenso, coherente, persistente en el tiempo, que desemboca en la excelencia.
En un país como el nuestro tan lleno de necesidades insatisfechas es inevitable que la ciencia tenga un compromiso social, que la investigación este alineada con los desafíos del país, que la universidad pública aporte con la generación de conocimiento al fortalecimiento de la equidad, de la paz, de la sostenibilidad y el desarrollo regional. Debemos estar con nuestro trabajo cotidiano al servicio de la sociedad.
Hemos querido invitarlos esta mañana para expresarles la gratitud de su Universidad, de nuestra universidad, por su trabajo; por lo que representa como un compromiso permanente con la excelencia. Hoy celebramos trayectorias, pero sobre todo celebramos el futuro que ustedes siguen construyendo para nuestra universidad y para el país
Muchas gracias.
Guillermo Murillo Vargas, Ph.D.
Cali, 6 de marzo de 2026
Como parte de la agenda de la asamblea general de la Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior – ACIET, la Universidad del Valle recibió un reconocimiento por sus 80 años de vida institucional, en virtud de su historia, liderazgo y contribución al fortalecimiento del sistema de educación superior del país.
Esta distinción fue recibida por la profesora Bibiana Rendón Álvarez, directora de Autoevaluación y Calidad Académica, en representación del señor rector Guillermo Murillo Vargas.
En una carta leída por la directora de la DACA, el profesor Murillo agradece este reconocimiento. "Creo que no podría entenderse el departamento del Valle del Cauca y su área de influencia sin la presencia de la nuestra universidad en todos los campos de las ciencias y las artes. A esos reconocimientos se suma el de ACIET que generosamente destaca el liderazgo y contribución de la Universidad del Valle al fortalecimiento del sistema de educación superior del país." se destaca en la misiva leída durante la ceremonia.
"80 años después es un centro de educación superior con diez facultades, 5 institutos de investigación y 6 centros de investigación. 35.000 estudiantes, de los cuales 14.000 están en 9 sedes regionales, 51% son mujeres, más de 3.000 se reconocen como afrodescendientes y más de 700 como indígenas. La gran mayoría de esos estudiantes de los estratos socioeconómicos menos favorecidos. 24 doctorados, 91 maestrías y especializaciones clínicas, 51 especializaciones, 139 programas profesionales y 63 tecnológicos, para un total de 379 programas, buena parte de ellos con la acreditación de alta calidad. Una de las ofertas académicas más importantes de la educación superior en Colombia."
"Lo que hay detrás de esas cifras que nos llenan de orgullo es una universidad acreditada de alta calidad desde 2005 hasta 2034, incluyente, diversa, creativa, innovadora; la más poderosa fuerza de movilidad social y de integración regional. La clave de esa historia exitosa han sido los planes de desarrollo producto de un cuidadoso y sólido proceso de planeación del cual la Universidad del Valle es pionera en Colombia. La mejor medida de cumplimiento del Plan de Desarrollo 2015-2025 ha sido la renovación en el año 2024 de la Acreditación Institucional de Alta Calidad por diez años hasta 2034, que avala la transparencia, prudencia y confiabilidad en la gestión institucional y respalda la cultura de autoevaluación, autorregulación y mejoramiento continuo en sus funciones misionales."
"Ese trabajo ha sido resultado del esfuerzo, la dedicación y la creatividad de varias generaciones de vallecaucanos", finaliza la carta.
Con más de 50 años de trayectoria, ACIET es el gremio líder del Sistema Colombiano de Educación Superior (SCES), representando a IES públicas y privadas para fortalecer la calidad, el acceso y el desarrollo educativo en el país.
Este reconocimiento se entregó en un acto llevado a cabo el pasado viernes 27 de febrero de 2026 en Bogotá.
Tanto por su extensión aproximada de un millón de metros cuadrados como por su densidad arbórea, que supera en promedio los 71 individuos por hectárea, la Ciudadela Universitaria de Meléndez de la Universidad del Valle es la principal área verde urbana de Cali.
De manera particular, este campus alberga un parche de bosque seco tropical en proceso de restauración ecológica, integrado por especies nativas propias de este ecosistema que se encuentra altamente amenazado en Colombia.
En el Plan Estratégico de Desarrollo 2025-2035 visión de futuro a 2045 no se proyecta el campus de Meléndez únicamente como zona verde, sino como un fragmento vivo de bosque seco tropical que conserva dinámicas ecológicas propias y alberga múltiples grupos de fauna —aves, insectos, reptiles, pequeños mamíferos y otros organismos— que lo establece como un refugio de biodiversidad dentro del entorno urbano. Su valor radica en la biodiversidad que sostiene y en las relaciones ecológicas que allí se mantienen y se están recuperando.
En un contexto urbano como el de Cali, proteger y fortalecer este relicto implica reconocer el valor propio de la naturaleza que albergamos en el campus y asumir una responsabilidad institucional sostenida en el tiempo, destaca Sergio Andrés Cardona Plazas, jefe de la Sección de Servicios Varios y Gestión Ambiental de la Universidad del Valle.
La protección de este gran patrimonio en el Plan de Desarrollo de la Universidad del Valle es prioritaria porque en su mayoría, los campus de las distintas seccionales y sedes no son solamente espacios para la formación y la investigación sino activos bioculturales y áreas estratégicas de biodiversidad en la región.
Este componente del PED se estructura bajo una visión de "Sostenibilidad Integral" y "Campus Sustentable", afirma el profesor Luis Carlos Castillo Gómez, jefe de planeación de la Universidad pues el Plan reconoce que los campus universitarios cumplen una función ambiental estratégica dentro de las ciudades. Más allá de su infraestructura académica, constituyen nodos de biodiversidad urbana donde convergen procesos ecológicos, dinámicas sociales y prácticas de cuidado colectivo.
En coherencia con esta visión, la Universidad proyecta consolidar el campus de Meléndez como Jardín Botánico universitario y como referente de restauración y gestión socioecológica en el ámbito urbano.
Para avanzar en este propósito se desarrollan acciones concretas:
1. Conocimiento y monitoreo de la flora con una actualización permanente del inventario de la flora del campus y seguimiento a su estado, diversidad y dinámica, como base técnica para la toma de decisiones.
2. Conservación complementaria de especies amenazadas con base en la implementación de estrategias de conservación ex -situ para especies del bosque seco tropical y de la región andina, como medida de respaldo y apoyo a los procesos ecológicos del campus.
3. Restauración ecológica activa por medio de la siembra prioritaria de especies nativas y manejo progresivo de especies introducidas o invasoras, con el fin de recuperar estructura, composición y funcionalidad ecológica.
4. Conectividad y funcionalidad ecológica con base en el fortalecimiento de la articulación entre áreas arboladas y zonas en restauración para mejorar la continuidad del hábitat y favorecer la permanencia y el movimiento de fauna asociada.
5. Adaptación climática y gestión hídrica con base en el incremento de la cobertura arbórea para contribuir a la regulación térmica y reducción del efecto de isla de calor, así como en la promoción de especies que favorezcan la infiltración de agua y la protección de fuentes hídricas internas.
El Plan Estratégico de Desarrollo 2025–2035 plantea que la protección de la biodiversidad del campus no debe ser únicamente una labor técnica, sino un proceso colectivo y formativo que involucre a toda la comunidad universitaria.
En este sentido, el programa Aula Viva promueve el uso de sus campus como laboratorios abiertos para la docencia, la investigación y la apropiación del territorio, donde se pueda aprender viviendo el territorio. Los procesos de restauración ecológica, monitoreo y conservación de la biodiversidad se integran así a la formación académica y al trabajo interdisciplinario.
De manera complementaria, se fomenta la participación de estudiantes, docentes y trabajadores en jornadas de siembra responsable y programas de voluntariado ambiental, fortaleciendo el cuidado compartido del bosque seco tropical y de la diversidad de vida que este alberga.
Para muchos jóvenes y habitantes del oriente de Cali la tarde del 5 de marzo de 2026 quedará grabada en su memoria como un día inolvidable, como la fecha del inicio de una nueva etapa para alcanzar sus sueños de ser profesionales.
Con la participación de un grupo de 120 jóvenes, sus familiares, autoridades universitarias, el Ministro de Educación Nacional Daniel Rojas Medellín, el viceministro de Educación Superior Ricardo Moreno Patiño, se dio la bienvenida al Multicampus Nuevo Latir, un proyecto de ciudad y de país para fortalecer el acceso a la educación superior.

“Este proyecto es fundamental para cerrar las brechas de la desigualdad en Cali. Aquí en el sector del Oriente, en donde habitan jóvenes que han sido víctimas de la exclusión y la pobreza, y que solamente con la oferta de Educación Superior en su territorio podemos ir, no solo cerrando esas brechas, sino abrir caminos para que sus sueños colectivos y los de sus familias puedan hacerse realidad,” señaló el ministro Rojas Medellín.
En este proyecto educativo, la Universidad del Valle, la Institución Universitaria Antonio José Camacho y la Escuela Nacional del Deporte acogieron el llamado del Gobierno Nacional y Distrital para acercar la educación superior a los territorios y ampliar las oportunidades de acceso para los jóvenes del oriente de Cali.
Como explicó el profesor Luis Carlos Castillo Gómez, Jefe de Planeación y Desarrollo Institucional, Univalle atendió con prontitud el llamado a fortalecer la oferta educativa de este proyecto. “Cuando el Ministerio de Educación invitó a la Universidad del Valle a vincularse a este proyecto, el rector no tuvo ninguna duda, lo presentó ante el Consejo Académico donde se aprobó por unanimidad la oferta que estamos presentando hoy. Es una alegría que nuestra universidad esté llevando educación superior al oriente de la ciudad" destacó el directivo universitario.

En el Multicampus Nuevo Latir, Univalle abrió el programa de Licenciatura en Educación Infantil. De los 120 jóvenes que ingresan a partir de hoy a las aulas del Multicampus, 40 lo harán bajo la formación de excelencia de la Universidad del Valle.
Los nuevos estudiantes no podían ocultar su alegría, como es el caso de Luisa María Hernández Patiño: “se siente muy hermoso y agradable, ha sido lo que yo esperaba. Mi sueño siempre fue hacer parte de la Universidad del Valle y aún más en un programa que me gusta. Es un orgullo poder alcanzar esa meta”.
Una sensación similar describe Sofía Alejandra Manyama: “es una oportunidad magnífica estar acá y saber que hago parte de este proyecto educativo. La verdad la carrera de Educación Infantil siempre me ha gustado, crecí en un entorno, varios de mis familiares son profesores y por eso siempre me ha encantado esta carrera.”
Se prevé que para los siguientes períodos académicos la Universidad del Valle pueda fortalecer y ampliar la oferta académica en esta iniciativa con otros programas de tecnología, que sean pertinentes para las necesidades e intereses de los jóvenes y del entorno.
