Como parte de las actividades de conmemoración de los 80 años de la Universidad del Valle, el área de Extensión de la Biblioteca Mario Carvajal presenta al público la exposición “Luz en Concreto”, con el propósito de apreciar los campus universitarios como escenarios vivos, construidos para la convivencia, el aprendizaje y la historia colectiva. Esta muestra estará disponible al público en la Sala Mutis hasta el próximo 28 de febrero de 2026.

Jhon Berger (Inglaterra 1926 – París 2017) comienza su libro “Modos de ver” con una afirmación incontrovertible sobre la vista como el sentido por el cual nos llegan las cosas que nos rodean, mucho antes que lo hagan las palabras porque “…la vista establece nuestro lugar en el mundo circundante” (Berger, 2016). Lo que vemos, antes de cualquier explicación, es lo que nos hace conscientes del entorno y nos genera su reconocimiento, entra en nuestra memoria y genera empatía o ecpatía (distanciamiento). Y Alberto Pérez-Gómez, uno de los actuales teóricos de la arquitectura, también sin titubeos afirma que un entorno –aquel que nos circunda- no es capaz de soportar o estructurar un proceso cultural importante ni puede concebirse como una intención formativa, si está deteriorado: “No es posible tener conciencia sin mundo y de ahí viene la importancia de la arquitectura. Cuando hacemos un entorno que no tiene sentido nos dañamos a nosotros mismos” (González, 2014, pág. 22); o en forma de pregunta: ¿Cómo podemos construir una cultura sólida y de ciudadanos notables, íntegros y con incansable intención de hacer mejor el mundo, si viven y se forman en un ambiente deteriorado y ruinoso?

El fotógrafo de la exposición
José Kattán es un fotógrafo autoformado que se interesa por la versatilidad de la fotografía y sus múltiples campos de trabajo, transitando por variados géneros y explorando la diversidad de medios de creación de imágenes disponibles desde los orígenes de la fotografía.
En 2011, aceptó la invitación del profesor Pablo Buitrago de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle, para estudiar y registrar las edificaciones de las sedes de San Fernando y Meléndez de la Universidad, para el libro Arquitectura para la Educación (Editorial UniValle), que destaca el diseño planificado y armónico de ambas sedes, con el propósito de generar espacios amables para la comunidad académica y en sintonía con el entorno urbano en que se insertaron.
Kattán es docente hora cátedra de la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle, desde el año 2005.
Algunas fotografías de esta exposición, muy pocas, no son de su autoría, aunque corresponden a quienes lo acompañamos en descubrir la Ciudad Universitaria del Valle.
Organiza: Área de Extensión Biblioteca de la Universidad del Valle
Ruby Grisales García
Curaduría: Pablo Buitrago Gómez
Fotografía: José Kattán Kattán
Montaje: Ricardo Mosquera Mondragón

Sobre la exposición “Luz en concreto”
Una fotografía es una historia, captura un instante, es memoria; y por otro lado convierte aquello que ha estado allí y no habíamos visto en algo especial. Una fotografía detiene el tiempo de aquello que solo dura un segundo como un rayo de luz filtrado por una hendija. En conjunto, las fotografías son un relato visual de lo que ha sido e incluso permiten considerar lo que podría llegar a ser. Y es, la fotografía, un testimonio del valor de lo captado con lo cual aflora un mensaje de aprecio y sensibilización frente a lo que la imagen pone ante nuestros ojos y nuestra sensibilidad.
Las imágenes, que son la fotografía misma, son posibles por la luz, el prefijo phos del griego, es la misma palabra luz. Ella crea las imágenes capturadas a través de un artefacto. Al comienzo y hasta hace poco, la fotografía surgía porque la luz hería una plancha o un papel. En concreto: solo por la luz la fotografía es.

Analógicamente, la arquitectura es por la luz, esta luz la configura. Solo con luz podemos estar en los edificios y los podemos recorrer, reconocer, recordar e incluso abrumarnos en ellos. Y es que la luz, viene en haces y se posa sin pudor sobre las superficies con lo cual lo construido se hace concreto, se transmuta en un ambiente. La luz en el concreto hace que este rústico y rotundo material adquiera movimiento, se vea voluble e incluso vulnerable. Nada más sobrecogedor que la luz en forma de círculo que recorre día a día el Panteón de Agripa desde el siglo primero, entrando por el óculo en el ápice inmaterial de su cúpula y buscando la puerta de acceso exactamente el 21 de abril para iluminar al entonces emperador en cada aniversario de la fundación de la ciudad. Sobrecoge también la luz que corta el concreto en cuatro fragmentos como una incisión en forma de cruz, en la pared del altar de la iglesia de La Luz (1988-1989) de Tadao Ando en Osaka; o la que llega desde arriba como lluvia en un interior cenizo, en la capilla de campo del Hermano Klaus en la localidad de Mechernich –Alemania- de Peter Zumthor. Y es inolvidable, en la casa Gilardi de Luis Barragán, en ciudad de México, el momento de caminar por el corredor amarillo intenso con la luz rítmica lateral que parece hacernos trascender en medio del espacio.
La foto testimonial sobre la forma como la luz transforma la arquitectura es una con múltiples versiones sobre el ambiente interno de la Grand Central Station de Nueva York, hay varias versiones, pero al margen de la confusión de origen, esta icónica fotografía no necesita explicaciones sobre la luz, la fotografía y la arquitectura. La versión de 1930, atribuida a Hal Morey, es una de las muchas vendidas como postal de recuerdo, realizadas entre 1920 y los años 50.
Numerosas y sugestivas estrategias de diseño arquitectónico permiten que la luz además de develar y hacer habitable la arquitectura, la convierten en una vivencia memorable. Y para ello, la fotografía de arquitectura es un recurso develador y en su propia lógica: revelador. Esta especialidad puede rastrearse desde el propio origen de la fotografía en 1826, doscientos años atrás, cuando Joseph Nicéphore Niépce (Francia, 1765-1833) logró la primera captura permanente exitosa, que tituló Vista desde la ventana en Le Gras; un conjunto arquitectónico difuminado de alfajías, cornisas y muros que apenas se distinguen: la luz en el concreto, en un proceso de exposición de ocho horas; el instante fotográfico más largo de la historia, quizás.
Los rayos de luz se asientan poderosamente sobre los edificios, atrapan las superficies y a través de sus vanos, ventanales y aberturas lo invaden todo. Las construcciones, grandes obras, imperturbables, tiemblan con la intangible e inasible luz. Ha sido un vector, siempre presente, para darle sentido a la trascendencia a través de los edificios. Aquellos íconos arquitectónicos de la cultura que ahora son testimonios permanentes, sin excepción, son, no sólo un adecuado y pertinente, sino también sorprendente soporte para la acción de la luz.

La arquitectura, en su condición formal, se configura con líneas y formas geométricas, desde las más esenciales hasta las más complejas, desde lo bidimensional hasta complejos volúmenes, que definen la lógica racional que exige su construcción para que sea estable: la condición sustancial para permanecer incólume en el tiempo. Los rayos del sol recorren incesantes y en ciclos las paredes, pisos e interiores y los fotógrafos intentan capturarlos con paciencia. Estos haces de luz generan su propia composición -parece que no hay una línea recta más precisa que la de un rayo de luz-. Una composición sutil, inmaterial y en permanente movimiento que, al recorrer las corpulentas formas de los macizos edificios, afirman que no hay cómo eludir la geometría en la arquitectura y que esta inevitable presencia podría desaparecer sin la luz.
Memorables trabajos fotográficos sobre la arquitectura comienzan en Francia con Charles Marville (1813-1879), Jean Laurent (1816-1943) y Eugène Atget (1857-1927); quienes convirtieron en profesión el trabajo pionero de los socios Niépce y Daguerre. Luego vendrían las exploraciones persistentes de Frederick H. Evans (1853-1943) en Inglaterra y tras él, trabajos cada vez más excepcionales como el de Lucien Hervé (Hungría 1910, Francia 2015), especialmente con Le Corbusier, el arquitecto del siglo XX. Berenice Abbot (1898-1991), Walker Evans (1903-1975) o Ezra Stoller (Estados Unidos, 1915-2004) en Estados Unidos capturaron de modo sobrecogedor la arquitectura; para llegar a momentos culminantes con Julius Shulman (Estados Unidos, 1910-2009): “«la dramatización de la luz es lo más importante en la fotografía de arquitectura y a menudo nos muestra la diferencia entre una fotografía impactante y otra mediocre».
En nuestro medio, Paul Beer (Alemania, 1904, Colombia 1979), Leo Matiz Espinoza (1917 – 1998) y su hermano Armando (1934), el fotógrafo de la nostalgia; Hernán Díaz (1929, 2009), Germán Téllez (1933 – 2022), el arquitecto, crítico y fotógrafo de la arquitectura colombiana de las últimas décadas; todos compilando la historia cultural de nuestra sociedad y con especial interés en la arquitectónica. En Cali, el maestro y profesor de la entonces Facultad de Arquitectura de la Universidad del Valle, Otto Moll (1904-1988) con un impresionante archivo de más de veintidosmil fotos que incluyen abundantes e impecables trabajos de arquitectura. También aquí, en esta ciudad, los brumosos dibujos del artista Ever Astudillo (Cali, 1948 -2015) con los cuales exploró las atmósferas propias de la fotografía interrogando sobre los encuadres y lo que develan u ocultan en contextos sociales altamente caracterizados sucediendo en calles y espacios arquitectónicos, que al narrarlos visualmente, como le corresponde a la fotografía, develan dramáticas dinámicas sociales.
Observadores con enorme sensibilidad frente al rol de la arquitectura, no como objetos en una imagen sino como soporte esencial, como patrimonio y como el escenario de la cultura. Así que con su ojo avizor, demuestran desde la sensibilidad y la estética, que la luz además de dar sentido a todo lo que vemos, subyuga lo tectónico convirtiéndolo en objeto de contemplación.

A ocho años de haber conocido al Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) afuera de una discoteca en Cali y, a pesar de reincidir luego de siete años, creo que el tiempo me ha otorgado una visión única del mismo (como a cada paciente); cuyo alma, a mi juicio, radica en tener claro que, si bien carecemos de alguna cura mágica que borre la ansiedad de nuestra psiquis, el secreto radica en perder el miedo y, en cambio, aceptarla cual parte de nosotros.
En la primera terapia que tuve, entre 2017 y 2018, solo quería salir del paso, dejarla atrás y volver a ser quién era. ¡Cuántos errores! Ignorando que la ansiedad llega para transformarnos en un “mejor yo”. Esa mutación duele, angustia y nos hace sufrir en la medida del beneficio futuro.
En mi caso, sobre la tendencia ansiosa que siempre tuve, y de la que fui consciente a plenitud tras el primer ataque de pánico, hoy sé que hace parte de la química de mi cerebro y de la lógica desde donde escribo. ¿Acaso, he dicho que sea un defecto? Viene del mismo lugar del que surge este artículo; de donde saco ideas para crear poemas y cuentos. Desde aquí, quizá soy más perceptiva, imaginativa y atenta a detalles que otros. Así que piensa: aquella versión ansiosa que estás conociendo, también eres tú.
De igual manera, no te asustes si en el trayecto te sientes peor o conoces nuevos síntomas. Ten presente que, en su totalidad, son pasajeros e inofensivos. Hoy estás bien, atesóralo, disfruta. El sendero hacia la recuperación no es lineal, a pesar de que avance. Mañana tal vez sea el mejor día de la semana o uno desafiante; pasado quizá no lo percibas tan bueno; algunos días después, la vida puede parecer tan fácil que asuste. Y está bien. Te sentirás sano en el momento justo. En mi caso, tardé dos años y medio la primera vez y uno la segunda; aunque conozco amigas que lo han resuelto en cuestión de meses. Independiente de las muchas vueltas que da la mente, también regala breaks y esos son para nosotros. ¡Respira!
Si lo tuyo son los retiros espirituales, la musicoterapia, la arteterapia, meterte en hielo… dale, de la forma en que tu alma se encuentre cómoda. Si te gusta la natación, el nado sincronizado, el yoga, correr o ir al gimnasio, ¡genial! Y, muy importante: otórgale el mismo nivel de prioridad a la salud física que a la mental. Con tu cuerpo en un estado superior, se sentirá mejor tu mente y viceversa.
Incluyo dos que han sido parte vital de mi pócima para la recuperación. Para mí fue maravilloso y casi milagroso el Reiki; al igual que una sigla que se convirtió en mi agenda diaria: M.E.L.O. ¿Cuál era un día M.E.L.O.? Cuando meditaba, me ejercitaba, leía y oraba.
Un día estarás del otro lado y agradecerás cada mal rato que te hizo pasar porque así te ayudó a crecer. Sé que se ve lejano, pero llega. Ya estás en la parte álgida: atravesándolo, la única manera de superarlo. Cada día te acercas otro tanto. Aborda uno a la vez. Deja de pretender darle explicación a todo lo que pasa por tu cabeza. No son más que pensamientos inofensivos, irracionales; pero, de ahí, no pasan. Míralos como si cruzaran frente a ti en un río y se los llevara la corriente. Después, te vas a reír, te lo aseguro.
Por: Lorena Arana
Comunicadora social y escritora
La Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle dio inicio a un proyecto ante el DAGMA que busca fortalecer el seguimiento ambiental en dos territorios clave del sur de Santiago de Cali: la Comuna 22 y el corregimiento La Buitrera. El proyecto busca consolidar y mejorar observatorios que permitan comprender mejor lo que ocurre en estos ecosistemas urbanos y rurales, y aportar información útil para la toma de decisiones ambientales en la ciudad.
La iniciativa “Estudios técnicos y de diseño para la ejecución de los proyectos: Implementación del observatorio de monitoreo ambiental del corregimiento La Buitrera (OACB) y desarrollo del observatorio ambiental de la Comuna 22 (OAC22) de Santiago de Cali” íntegra trabajo académico, participación comunitaria y herramientas tecnológicas, a partir de una integración de saberes provenientes de las ciencias ambientales, la ingeniería, las ciencias sociales y las artes, con el fin de abordar los problemas ambientales desde múltiples dimensiones.

El objetivo del proyecto es crear procesos de monitoreo más claros, confiables y cercanos a las comunidades. En la Comuna 22, donde ya existe un observatorio en funcionamiento, el esfuerzo se centró en su fortalecimiento a través del desarrollo de indicadores, la organización de información ambiental y la realización de actividades participativas para mejorar la recolección de datos.
En el corregimiento La Buitrera, el reto será diseñar un observatorio ambiental. Durante estos meses se avanzó en definir sus objetivos, los temas de trabajo prioritarios, la manera en que se recogería la información y el modelo que permitirá garantizar su continuidad en el tiempo. Este observatorio, tendrá como énfasis responder a las características propias del territorio y promover la participación activa de sus habitantes.

La ejecución del proyecto, desarrollada entre octubre y diciembre de 2025, incluye trabajo de campo, talleres comunitarios y la creación de herramientas de gestión de información ambiental. Con ello, la ciudad contará con dos procesos de observación más sólidos y participativos, fundamentales para enfrentar desafíos como el crecimiento urbano, la conservación de ecosistemas y la protección de la biodiversidad en el sur de Cali.
Cada paso dado reafirma nuestra vocación de trabajo interdisciplinario y nuestro vínculo con el territorio, fortaleciendo el papel de la universidad pública en la gestión ambiental de la región.
De manera reciente, como parte del cierre de la agenda cultural del Centro Cultural Colombo Americano de Cali, la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle recibió una distinción conmemorativa que llena de orgullo a toda nuestra comunidad.
En esta ceremonia, en la cuál estuvo presente el Coro Magno y el coro infantil y juvenil del Programa Pentagrama, el Colombo Americano entregó a la FAI una placa de reconocimiento en celebración de sus 80 años de existencia y los 30 años de trayectoria de nuestra Facultad, exaltando a la FAI como una institución referente para el conocimiento, la cultura y el pensamiento crítico en el suroccidente colombiano.
Durante el acto se destacó la invaluable contribución de la Facultad a la formación artística de generaciones, su aporte al arte y a la investigación, y su capacidad para transformar vidas y territorios a través de la creación y el pensamiento. Tal como se expresó en la ceremonia, la labor de la FAI constituye un pilar irremplazable en la identidad cultural de la región, un reconocimiento que también quedó reflejado en la publicación institucional que circuló en nuestras redes sociales.
En dicha publicación, se resaltó que este logro no sería posible sin el compromiso y la dedicación de toda nuestra comunidad universitaria: estudiantes, docentes, personal administrativo y quienes, día tras día, hacen que la FAI crezca, se fortalezca y siga proyectándose como una de las Facultades de Artes más importantes del país.
Recibir este homenaje por parte de una institución tan significativa como el Colombo Americano —aliado histórico y referente cultural del Valle del Cauca— reafirma nuestro compromiso con una educación pública que inspira, transforma y construye futuro.
Un equipo interdisciplinario de la Universidad del Valle ganó el primer lugar del Premio Corona Pro‑Hábitat 2025, con el proyecto RE‑LAB, laboratorio de vivienda sostenible y reciclaje urbano, una propuesta innovadora pensada desde nuestra comunidad como respuesta a los desafíos de vivienda sostenible en Colombia.
El proyecto que propone reconocer, renaturalizar, reciclar, revitalizar y rehabitar, con énfasis en que las áreas construidas de la ciudad son una estrategia viable para un desarrollo urbano sostenible. Esta propuesta fue presentada por un equipo interdisciplinario que reúne estudiantes de Arquitectura, Ingeniería de Materiales y Diseño Industrial, Carolina Ortiz Conde, Juan Esteban Meneses y Carlos Reyes de la Escuela de Arquitectura, y los estudiantes Ricardo Navia, de Ingeniería de materiales, y Ivethe Liliana Diaz, de Diseño Industrial; bajo la dirección de los docentes de la Escuela de Arquitectura Juan Jacobo Sterling S, Carlos Arturo Bernal, Juan Camilo Muñoz y Maria Angelica Echeverri.

El proyecto RE-LAB, se enfoca en una trabajar con zonas pericentrales, Carolina Ortiz, estudiante que presentó el proyecto Conde Comentó que “ Estas zonas centrales tiene problemas de vacancia, por aumento de zonas comerciales. El proyecto propone volver a habitar el centro de la ciudad, enfocado en un plan de vivienda en la Alameda, comprendiendo sus problemáticas como el ruido, calor, organización de vivienda, desde el uso de estrategias con enfoques de reuso del espacio representativo de la zona y otros elementos en línea con la sostenibilidad y la representación como el bagazo de caña para las viviendas, acero reciclado, concreto puzolánico, entre otros”.

Esta distinción destaca la calidad del diseño arquitectónico, la viabilidad técnica y la pertinencia social del proyecto, valorando su capacidad para generar vivienda urbana eco-eficiente, con criterios de sostenibilidad, autoabastecimiento hídrico, cero dependencia de energías fósiles y bajo impacto ambiental, todo ello con miras a ser un modelo replicable en diversas regiones del país.
El Premio Corona Pro-Hábitat —con más de cuatro décadas promoviendo soluciones de hábitat popular, innovación y sostenibilidad ambiental— recibió esta vez propuestas de más de 100 equipos universitarios, provenientes de distintas regiones. Que nuestra universidad haya superado esta competencia con una propuesta tan relevante demuestra una vez más el compromiso, la creatividad y el rigor académico de la comunidad FAI.
Pero este logro no solo es un galardón: es un mensaje claro de esperanza y compromiso. RE-LAB combina diseño, conciencia social, responsabilidad ambiental y pertinencia local. Es la demostración concreta de que desde la academia podemos aportar soluciones reales a los retos de vivienda, urbanismo y sostenibilidad del país. Nos llena de orgullo ver que el talento de nuestros estudiantes y docentes se traduce en innovación con impacto.
La Universidad del Valle y la Facultad de Artes Integradas felicitan al taller de Vivienda Social y el equipo de docentes que lidera y acompaña este proceso: Juan Jacobo Sterling, Carlos Arturo Bernal, Juan Camilo Muñoz y María Angelica Echeverry y a RE-LAB por este triunfo. A sus estudiantes, a su talento, dedicación y visión. Y a toda la comunidad universitaria: este es un logro de todos.
Esperamos seguir construyendo juntos un camino donde la creatividad, la responsabilidad social y el diseño sostenible sean la regla, y no la excepción.
Entre el 10 y el 12 de diciembre de este año, la Universidad del Valle fue la anfitriona del 8vo Congreso Colombiano de Ornitología, un espacio fundamental para conocer los avances alrededor de este tema en el país.
Por Raúl Sedano
Profesor de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas
La Universidad del Valle, en alianza con la Asociación Colombiana de Ornitología (ACO), fue anfitriona del 8° Congreso Colombiano de Ornitología (8CCO), realizado del 10 al 12 de diciembre de 2025 en el Campus Meléndez. Este evento se consolidó como el principal espacio científico del Valle del Cauca dedicado al estudio y la conservación de la avifauna colombiana.

El congreso reunió a 452 participantes provenientes de casi todos los departamentos de Colombia y de países como Perú, Brasil, Reino Unido, Estados Unidos, España y Argentina, lo que resalta el posicionamiento de la Universidad del Valle como un polo académico regional. La programación científica incluyó cinco conferencias magistrales, 226 presentaciones orales desarrolladas en los auditorios 1, 2 y 3 de la Facultad de Ingeniería, y 96 presentaciones en formato póster realizadas en el edificio Doris Hinestroza, espacios esenciales para promover un intercambio académico de alto nivel entre investigadores, estudiantes y profesionales del sector ambiental.
Un componente central de la agenda académica fue el desarrollo de doce simposios temáticos, que abordaron de manera integral los principales retos y avances de la ornitología contemporánea. Entre ellos se destacaron los simposios dedicados a aves limícolas, aves rapaces y aves migratorias, así como aquellos enfocados en biología reproductiva, sistemática, etno-ornitología y el papel de las colecciones biológicas. Adicionalmente, el congreso promovió una visión aplicada y participativa de la ciencia a través de simposios sobre avifauna y educación ambiental, ciencia participativa para la conservación, aves en paisajes productivos y el avance de la Estrategia Nacional para la Conservación de las Aves (ENCA), reflejando el diálogo entre investigación, sociedad y gestión del territorio.

De manera complementaria, durante los dos días previos al congreso se desarrollaron ocho talleres especializados, concebidos como espacios de formación práctica y actualización técnica, estrechamente articulados con las temáticas de los simposios. Estos talleres abordaron aspectos clave como metodologías de monitoreo acústico, el estudio de la migración de aves rapaces, la preparación de especímenes para colecciones biológicas y la escritura científica, entre otros, fortaleciendo las capacidades de estudiantes, investigadores y profesionales del sector.
El Departamento de Biología y la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas desempeñaron un papel fundamental en la organización del evento. Asimismo, se contó con la participación de 14 stands de muestra comercial, en su mayoría correspondientes a pequeños emprendimientos relacionados con las aves, lo que facilitó el diálogo entre la academia, organizaciones de conservación, iniciativas de turismo de naturaleza y el sector productivo del aviturismo.
El congreso otorgó cinco distinciones al mérito a destacadas presentaciones científicas, todas ellas lideradas por mujeres investigadoras, evidenciando el creciente liderazgo femenino en las ciencias naturales. Entre estas iniciativas se destacó un proyecto de la Universidad Nacional de Colombia orientado a la producción de materiales sobre aves en sistema braille, con el fin de ampliar el acceso a la observación de aves para personas con discapacidad visual.
El evento contó además con la valiosa participación de 25 estudiantes voluntarios de la Universidad del Valle, pertenecientes a los programas de Biología, Geografía y la Licenciatura en Educación, así como de tres estudiantes de la Universidad Icesi, cuyo apoyo fue clave para el éxito logístico del congreso.
El acto de clausura, realizado el 12 de diciembre en el Auditorio 3, reunió a cerca de 300 participantes, reflejando el alto interés del público y la relevancia de los contenidos abordados.
Al realizar el balance general, los profesores Jorge Avendaño y Raúl Sedano, de la Universidad del Valle, junto con Miguel Moreno, presidente de la ACO, y Natalia Pérez, también representante de la Asociación, destacaron el nivel académico del congreso, la amplia participación nacional y el impacto positivo del evento en la formación de estudiantes y en el fortalecimiento de redes científicas. Coincidieron, además, en que la experiencia organizativa y académica adquirida será fundamental para la preparación del próximo Congreso Colombiano de Ornitología, cuya sede se encuentra actualmente en proceso de análisis.
Este esfuerzo organizativo se enmarca en un momento especialmente significativo para la Universidad del Valle, que conmemora los 60 años del Departamento de Biología y los 80 años de la institución, reafirmando su compromiso con la investigación, la formación académica y la conservación de la biodiversidad.
El 8° Congreso Colombiano de Ornitología se consolida así como un espacio clave para resaltar la biodiversidad del territorio colombiano, impulsar la formación de nuevas generaciones de investigadores y posicionar tanto a la Universidad del Valle como a la Asociación Colombiana de Ornitología como referentes nacionales en la conservación biológica.

Sara Lucía Ospina Burbano y Lady Yasmin Valero Gutiérrez fueron ganadoras del Programa Orquídeas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de 2024.
Con el propósito de impulsar el sector bioeconómico de las hierbas aromáticas en Colombia, las investigadoras Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano estudiaron la producción de aceite esencial de orégano cultivado en el Valle del Cauca. Su análisis comparó dos métodos de extracción (destilación por arrastre con vapor y extracción con fluidos supercríticos) y demostró que los extractos obtenidos son seguros, estables y de alta calidad, con aplicaciones industriales y un prometedor potencial de comercialización nacional e internacional.
Origanum vulgare L.
A lo largo de la historia, el desarrollo humano ha estado íntimamente ligado al uso y la transformación de las plantas. De ellas obtenemos servicios ecosistémicos esenciales (como la producción de oxígeno, la captación de CO₂ y la regulación del ciclo del agua) y materias primas clave para la alimentación, la energía y la salud. En Colombia, por ejemplo, se tiene registro de 7472 especies de plantas útiles, de las cuales 2768 poseen aplicaciones preventivas o terapéuticas.
Una de estas plantas es el Origanum vulgare L., u orégano, una hierba euroasiática utilizada desde hace más de 3000 años con fines gastronómicos y medicinales. En este último campo, esta planta se ha empleado tradicionalmente para aliviar afecciones respiratorias y gástricas, favorecer la regulación emocional, prevenir infecciones y reducir la inflamación.
Aunque sus usos y conocimientos asociados se han transmitido de generación en generación durante milenios, solo en el siglo XX fue posible identificar los principales compuestos bioactivos del orégano (carvacrol, timol, p-cimeno y γ-terpineno), responsables de sus propiedades antimicrobianas, antiparasitarias, antiinflamatorias y antioxidantes. Esta caracterización científica ha permitido su aceptación institucional (en Colombia está aprobada como planta de uso fitoterapéutico) y su incorporación como materia prima en las industrias alimentaria, farmacéutica, cosmética, agropecuaria y química.
Una oportunidad bioeconómica para Colombia

El Origanum vulgare L., u orégano, ha sido utilizado desde hace más de 3000 años con fines gastronómicos y medicinales.
La incorporación del orégano en procesos industriales, también impulsada por el auge global en el consumo de productos naturales, ha dinamizado el mercado internacional de hierbas aromáticas, generando nuevas oportunidades para pequeños y medianos agricultores.
En Colombia, este sector ha crecido de manera sostenida y, en 2022, alcanzó 49,5 millones de dólares en exportaciones. Aunque su tamaño aún es modesto frente a otros sectores agrícolas, este posee un gran potencial de expansión y representa una oportunidad para la economía rural del país.
No obstante, la consolidación del sector requiere superar retos clave asociados con la logística, la escalabilidad, la cadena de valor, la trazabilidad y la calidad, factores que influyen directamente en el cumplimiento de las exigencias fitosanitarias de los mercados internacionales a los que se busca acceder.
Un análisis del procesamiento del orégano
En ese contexto, las investigadoras Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano desarrollaron el proyecto Análisis integral del aceite esencial de orégano del Valle del Cauca: Caracterización, química, estabilidad y seguridad para su potencial uso alimenticio y terapéutico.
“Nos interesamos por el orégano y su transformación porque es una planta que se da muy bien en el Valle del Cauca y, actualmente, sus derivados tienen un amplio mercado. Por eso, el orégano y sus productos representan una oportunidad bioeconómica para las comunidades”, explicó Yasmin Valero, doctora en Ciencias Químicas de la Universidad de São Paulo y actualmente investigadora posdoctoral en la Escuela de Ingeniería Química de Univalle.
Dos procesos de extracción
La investigación, desarrollada en el marco del Programa Orquídeas de Minciencias y financiada por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Francisco José de Caldas (Cto. 112721-249-2024 / Proyecto 109097), comparó dos métodos de producción del aceite esencial de orégano (destilación por arrastre con vapor y extracción con fluidos supercríticos) y caracterizó los extractos obtenidos, su composición, estabilidad y seguridad, con miras a su futura aplicación industrial.
“Ambas técnicas permiten obtener aceite esencial, pero con propiedades distintas, útiles para diferentes sectores industriales. Además, la caracterización del producto es fundamental porque debemos demostrar que es seguro y estable para cumplir las normas sanitarias y comercializarlo”, señaló Valero.
Destilación por arrastre con vapor

La destilación por arrastre con vapor es un proceso que se viene realizando hace siglos por diferentes sociedades.
Este es un método tradicional y ampliamente utilizado para la producción de aceites esenciales. Consiste en hacer pasar una corriente de vapor de agua a través de la biomasa de orégano (hojas y tallos) para arrastrar sus compuestos volátiles (sustancias que fácilmente se evaporan). Luego, los vapores se enfrían y se condensan, formando una mezcla líquida de la que, mediante decantación, puede obtenerse con facilidad el aceite esencial.
“Es una técnica antigua y relativamente sencilla, pero muy lenta y demandante en consumo de energía y agua. Además, su rendimiento es bajo: alrededor del 0,5 %”, explicó la investigadora.
Extracción con fluidos supercríticos

La extracción con fluidos supercríticos es una técnica moderna y más eficiente.
Se trata de una técnica moderna en la que se utiliza CO₂ en estado supercrítico; un estado que combina características de sus estados líquido (alta densidad) y gaseoso (baja viscosidad y alta difusividad); junto con un cosolvente, en este caso etanol, para disolver la biomasa de orégano. En esta condición, el dióxido de carbono penetra con mayor facilidad la matriz vegetal y captura una amplia variedad de compuestos, los cuales son liberados en forma líquida o sólida cuando el CO₂ retorna a su estado gaseoso.
“Este método requiere un recurso tecnológico mayor, pero mejora el rendimiento, alcanzando el 2,2 %, con un menor impacto ambiental y menor consumo energético”, agregó Valero.
Dos extractos distintos, seguros, estables y útiles
Según la caracterización química, la destilación por arrastre con vapor produjo un aceite rico en monoterpenos fenólicos, principalmente carvacrol (59 %) y timol (8,4 %), compuestos con una gran capacidad antimicrobiana, antioxidante y antifúngica.
“Este aceite resulta especialmente útil para las industrias alimentaria y química, en aplicaciones como la conservación de alimentos o la formulación de productos antisépticos”, indicó Valero.
Por su parte, la extracción con fluidos supercríticos generó un extracto con mayor diversidad química y una notable presencia de sesquiterpenos y monoterpenos oxigenados, entre ellos el trans-hidrato de sabineno, reconocido por su actividad antioxidante.
“Obtuvimos un extracto compuesto en un 32,3 % por trans-hidrato de sabineno y con alta capacidad antioxidante, por lo que podría utilizarse en la industria cosmética para productos antienvejecimiento”, destacó la investigadora.
El estudio también confirmó la seguridad y estabilidad química de los extractos, esto a partir del análisis de formulaciones del aceite esencial diluido en aceite de coco de grado alimenticio.
“Durante cuatro meses, sometimos a análisis de estabilidad las soluciones y encontramos que no hubo crecimiento microbiano ni degradación o transformación de sus componentes. Esto sugiere que nuestro extracto de orégano es seguro y estable en el tiempo bajo las condiciones evaluadas”, comentó Valero.
Adicionalmente, la caracterización de los aceites ratificó la alta calidad sanitaria del orégano cultivado en el Valle del Cauca y, por extensión, en Colombia, ya que no se detectaron plaguicidas, metales pesados ni aflatoxinas.
“Aunque usamos orégano cultivado por un productor con prácticas orgánicas, el resultado demuestra algo clave: en Colombia, sí podemos producir de manera sostenible sin perder calidad. Además, confirma que contamos con las condiciones para obtener un orégano de excelente calidad, seguro sanitariamente y con potencial para llegar a más mercados”, destacó la científica.
Orégano y sus extractos: una oportunidad para Colombia

Con esta investigación, Yasmin y Sara esperan aportar al sector bioeconómico de las hierbas aromáticas en Colombia.
De esta manera, el estudio elaborado por Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano permitió:
-Comprender la utilidad y funcionalidad de cada proceso de extracción según la industria objetivo.
-Determinar las características químicas de los extractos, aportando información clave para su validación sanitaria.
-Confirmar la seguridad y estabilidad de los extractos para su implementación industrial.
-Validar la calidad sanitaria del orégano producido orgánicamente en el Valle del Cauca.
-Generar conocimiento científico que puede aprovecharse para desarrollar productos de mayor valor agregado en el sector bioeconómico de las hierbas aromáticas.
“Por ejemplo, en la extracción con fluidos supercríticos, logramos aumentar el rendimiento modificando variables como la concentración del cosolvente. Esto significa que es posible producir una mayor cantidad de extracto de orégano, o de otra planta, a partir de la misma biomasa”, destacó la científica.
Ciencia, ingeniería, tradición y bioeconomía: una apuesta de país
La articulación entre ciencia, ingeniería, tradición agrícola y bioeconomía podría convertirse en una apuesta determinante para fortalecer este sector, abriendo nuevas oportunidades para los pequeños y medianos agricultores del país, tanto en el cultivo de orégano y otras hierbas aromáticas como en la elaboración de extractos y productos naturales de alto valor.
“Teniendo en cuenta que, gracias a nuestra diversidad de pisos térmicos, en Colombia pueden cultivarse cientos de especies de hierbas aromáticas y medicinales, este conocimiento científico abre la puerta a fortalecer la confianza en nuestros campesinos para que abastezcan el mercado nacional y compitan en los mercados internacionales”, concluyó Valero.
Así, la ciencia y la ingeniería vuelven a posicionarse como motores de transformación, impulsando sectores bioeconómicos con enorme potencial de crecimiento, generando bienestar en las comunidades rurales y aportando al desarrollo sostenible del país. Por ello, desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle celebramos el trabajo de Lady Yasmin Valero Gutiérrez y Sara Lucía Ospina Burbano, y las animamos a seguir cultivando conocimiento que impulse el progreso y amplíe las oportunidades para Colombia.
Con el propósito de contribuir a la mitigación de la contaminación de los cuerpos de agua superficiales, un equipo interdisciplinario y transdisciplinario de la Universidad del Valle (Univalle), la Universidad del Cauca (Unicauca) y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) desarrolló un índice para estimar la vulnerabilidad a la contaminación difusa de cuencas hídricas como la del Cauca y la del Magdalena. Al ofrecer un panorama amplio sobre las posibles afectaciones, esta metodología podría marcar un antes y un después en la toma de decisiones relacionadas con la planeación y ejecución de estrategias de conservación, remediación y gestión del recurso hídrico por parte de las distintas entidades ambientales del país e, incluso, del mundo.
Pilar de la vida en riesgo
El agua es uno de los pilares fundamentales de la vida. Sus características fisicoquímicas, como su capacidad de actuar como disolvente universal, la hacen esencial en procesos biogeoquímicos (como la fotosíntesis) y biológicos (como el equilibrio osmótico celular) indispensables para el surgimiento y mantenimiento de la vida. No en vano, la mayoría de los organismos vivos están compuestos entre un 60 % y un 95 % de agua.
Además, el recurso hídrico ha sido crucial para el desarrollo de la especie humana, pues interviene en la mayoría de sus actividades: sanidad, agricultura, construcción, manufactura, transporte, minería y muchas otras.Su integración a las dinámicas socioeconómicas es tal que, según estimaciones de World Wildlife Fund, genera alrededor de 58 billones de dólares anuales, equivalentes al 60 % del producto interno bruto (PIB) mundial.
Sin embargo, este uso intensivo ha alterado los ciclos naturales del agua y ha liberado grandes cantidades de contaminantes que superan la capacidad de autodepuración de los ecosistemas, poniendo en riesgo la calidad y disponibilidad del recurso hídrico. En particular, el sector agropecuario es uno de los más problemáticos, pues utiliza cerca del 72 % del agua dulce extraída en el mundo para una amplia variedad de procesos, algunos de los cuales implican la liberación de nutrientes, agroquímicos y materia orgánica en los cuerpos hídricos.
Contaminación puntual y difusa: dos dinámicas con impactos diferentes

Los agroquímicos llegan a los cuerpos de agua por procesos difusos, afectando el equilibrio de los ecosistemas.
La liberación de contaminantes hacia los cuerpos de agua puede darse de dos maneras: puntual y difusa. La contaminación puntual hace referencia a descargas directas e identificables, como vertimientos de purines, estiércoles líquidos o lixiviados provenientes de corrales y establos. Este tipo de fuentes contaminantes son las que principalmente abordan las entidades ambientales, ya que resultan más fáciles de identificar, regular y mitigar.
Por su parte, la contaminación difusa surge de procesos dispersos y difíciles de localizar en el territorio; por ejemplo, las escorrentías generadas por las lluvias que, en zonas agrícolas, arrastran agroquímicos hacia ríos, quebradas y lagunas. Este tipo de dinámicas constituye uno de los principales desafíos para las autoridades, pues su carácter deslocalizado dificulta su monitoreo y control. Como resultado, no siempre se implementan estrategias de mitigación eficaces, lo que ha llevado a que estos procesos sean responsables de cerca de dos tercios de la contaminación total del recurso hídrico a nivel mundial.
IIVCD: una herramienta para conocer la vulnerabilidad a la contaminación difusa
En este contexto, los investigadores Ana María Buitrago Ramírez, de la CVC; Andrés Fernando Echeverri Sánchez y Jhony Armando Benavides Bolaños, de Univalle; así como Víctor Felipe Terán Gómez y Apolinar Figueroa Casas, de Unicauca, desarrollaron el Índice Integral de Vulnerabilidad a la Contaminación Difusa (IIVCD). Esta herramienta permite determinar y representar espacialmente el grado de vulnerabilidad de los cuerpos de agua superficiales frente a los procesos de contaminación difusa dentro de sus respectivas cuencas hidrográficas.
“La contaminación difusa siempre ha sido de mi interés porque representa entre el 60 % y el 70 % de la afectación a las masas de agua, y es la que menos se monitorea por falta de recursos”, explicó Ana Buitrago, quien lideró el desarrollo del Índice en el marco de su maestría en Gestión Integrada del Recurso Hídrico en la Universidad del Valle.
AHP y SIG: la base metodológica del IIVCD

Los SIG son herramientas que permiten almacenar, analizar, gestionar y visualizar datos espaciales.
Para el diseño del IIVCD, se retomó el trabajo previo del docente Andrés Echeverri, adscrito a la Escuela de Ingeniería de los Recursos Naturales y del Ambiente de Univalle, quien, en 2020, propuso un primer modelo para calcular la vulnerabilidad de los cuerpos de agua a la contaminación difusa mediante la integración del proceso analítico jerárquico (AHP, por sus siglas en inglés) y los sistemas de información geográfica (SIG). El primero es una técnica que permite relacionar y jerarquizar múltiples factores de distinta naturaleza para facilitar el análisis de una decisión, un contexto o una situación; mientras que los segundos son herramientas que permiten almacenar, analizar, gestionar y visualizar datos espaciales.
“Para nuestro caso, el AHP nos permitió jerarquizar y relacionar criterios de diversa naturaleza que influyen en la movilidad de los contaminantes, mientras que los SIG posibilitaron situarlos y relacionarlos espacialmente dentro de una geografía determinada, entendiendo cómo los contaminantes pueden desplazarse y afectar los cuerpos de agua”, señaló Andrés Echeverri, ingeniero agrícola, magíster en Ingeniería Sanitaria y Ambiental, y doctor en Ingeniería.

La investigación previa del docente Andrés Fernando Echeverri Sánchez fue clave para el diseño del IIVCD.
Partiendo de esta base, el equipo realizó una amplia revisión bibliográfica y un análisis detallado de 98 artículos científicos para identificar los principales factores que inciden en la movilidad de los contaminantes dentro de una cuenca y poder incorporarlos al AHP. De este proceso surgieron seis criterios de naturaleza ambiental, hidrológica, edáfica y antrópica:
-Pendiente (SL): inclinación o declive del terreno en una dirección determinada.
-Erodabilidad del suelo (SE): facilidad con la que un suelo puede ser erosionado por el agua.
-Uso del suelo (CN/RC): forma en que las personas utilizan la superficie terrestre.
-Erosividad (RE): capacidad de la lluvia para generar erosión y escorrentía.
-Conectividad hidrológica (HC): grado en que el agua, con sus sedimentos y contaminantes, puede desplazarse hacia un cuerpo hídrico.
-Calidad del agua (WQ/CA): condiciones físicas, químicas y biológicas del agua de los afluentes y su capacidad de biorremediación.
Adicionalmente, reconociendo que estos criterios no inciden en igual medida, los investigadores, con el apoyo de pares expertos, los jerarquizaron, asignándoles ponderaciones de importancia relativa (de 0 a 1).
“Mientras más alto es el valor asignado a un factor, mayor es su importancia para determinar si la contaminación generada en una zona específica puede desplazarse hacia otra”, aclaró el docente Echeverri.
Las ponderaciones fueron:
-Pendiente (SL): 0,20
-Erosividad (RE): 0,20
-Uso del suelo (CN/RC): 0,18
-Conectividad hidrológica (HC): 0,16
-Erodabilidad del suelo (SE): 0,15
-Calidad del agua (WQ/CA): 0,11
Del cálculo al mapa: la vulnerabilidad se cuantifica y visualiza
Las ponderaciones establecidas permitieron integrar de manera coherente los factores en la ecuación del Índice, que requiere además normalizar los valores de los parámetros de cada zona de la cuenca hídrica en una escala de 0 a 1:
IIVCD = (0.20 × SL) + (0.20 × RE) + (0.18 × CN) + (0.16 × HC) + (0.15 × SE) + (0.11 × WQ)
El resultado de la ecuación es un coeficiente que se clasifica en uno de cinco niveles, indicando la probabilidad de que los contaminantes provenientes de procesos difusos dentro de la zona analizada se desplacen y afecten el cuerpo de agua superficial principal.

Al aplicar el IIVCD a todas las zonas y definir una convención cromática para representar los niveles, es posible construir el mapa de vulnerabilidad a la contaminación difusa de la cuenca hídrica analizada.

Mapa de vulnerabilidad a la contaminación difusa del río Guchal. Las zonas en amarillo son aquellas en las que los contaminantes presentan mayor movilidad y pueden llegar a afectar el afluente.
“En amarillo se muestran las zonas donde los procesos de contaminación difusa tienen una probabilidad muy alta de afectar el cuerpo de agua superficial principal; en rojo, las de probabilidad alta; y en naranja, las de probabilidad moderada”, indicó Ana Buitrago, administradora ambiental, especialista en SIG y magíster en Gestión Integrada de Recursos Hídricos.
Esta representación permite a las autoridades identificar las áreas críticas y focalizar sus esfuerzos de intervención. Además, gracias al diseño del IIVCD, es posible determinar el factor predominante en cada sector, lo que facilita la formulación de estrategias más eficientes.
“En su estado actual, el Índice podría diagnosticar procesos de contaminación difusa en cuencas como la del Cauca o el Magdalena, convirtiéndose en un recurso informativo clave para decidir qué zonas priorizar e intervenir”, destacó Buitrago, actual especialista en Calidad del Agua y Vertimientos de la CVC.
Una metodología accesible, replicable y adaptable a diversas cuencas
Una de las grandes ventajas del IIVCD es que se basa en parámetros medidos periódicamente por las entidades ambientales, por ejemplo, con monitoreo satelital o de calidad del agua. Esto lo hace más fácil de implementar que modelos basados en procesos físicos, algoritmos de aprendizaje automático o lógica difusa, que requieren grandes volúmenes de datos y capacidades técnicas avanzadas, difíciles de obtener en países en desarrollo.
“Como estos parámetros ya son medidos por los organismos ambientales en distintos territorios, el Índice puede aplicarse para calcular la vulnerabilidad a la contaminación difusa tanto en la cuenca del río Cauca como, por ejemplo, en la del Indo. Esta transferibilidad y capacidad de replicación le otorga un gran potencial”, exaltó el profesor Echeverri.
No obstante, la precisión del IIVCD depende de la disponibilidad y calidad de los datos: mientras más recientes y detallados sean, más exactos serán los resultados.
“Variaciones en el uso del suelo o cambios estacionales significativos pueden generar alteraciones importantes en las características y la movilidad real de los contaminantes, lo que podría reducir la precisión del Índice y limitar su funcionalidad”, señaló Buitrago.
Aun así, el IIVCD constituye una metodología robusta para generar estimaciones confiables, convirtiéndose en una herramienta fundamental para las autoridades ambientales, especialmente en territorios con recursos técnicos y financieros limitados, al facilitar la toma de decisiones para la gestión y conservación del agua superficial.
Aplicación en el río Guachal

El río Guachal, en el sur del Valle del Cauca, se forma por la unión de cuerpos de agua de la vertiente occidental de la cordillera Central y desemboca en el río Cauca.
Para demostrar su utilidad, el IIVCD se aplicó a la cuenca del río Guachal, en el sur del Valle del Cauca. Este afluente, alimentado por cuerpos de agua de la vertiente occidental de la cordillera Central, atraviesa zonas de gran actividad agrícola, con infraestructura agroindustrial y uso intensivo de agroquímicos.
“Al aplicar el Índice, identificamos las zonas de mayor vulnerabilidad y es posible asociarlas con los usos del suelo. Esto es muy importante porque servirá como orientación para la planificación de acciones destinadas a reducir dicha vulnerabilidad”, explicó el docente Echeverri.
La aplicación confirmó la capacidad del IIVCD para identificar la vulnerabilidad de las masas de agua superficiales a la contaminación difusa, especialmente en paisajes agrícolas con configuraciones hidrológicas similares a la del río Guachal. Se trata de una herramienta escalable, transferible y replicable que, con trabajo adicional, podría ampliar aún más su potencial.
“Si avanzamos en la integración de enfoques multiescalares y en la dinámica temporal, el Índice podría evolucionar hacia una herramienta de pronóstico y modelado, ampliando significativamente su impacto”, indicó Buitrago.
Una innovación con impacto para Colombia y el mundo

Ana María Buitrago Ramírez fue quien lideró el desarrollo del Índice en el marco de su maestría en Gestión Integrada del Recurso Hídrico en la Universidad del Valle.
La relevancia del IIVCD es tal que, el pasado 2 de mayo, la revista indexada Sustainability (clasificada como Q1 en el SCImago Journal Rank) publicó el artículo derivado de esta investigación, respaldando la rigurosidad y calidad del trabajo del equipo científico.
“La publicación del artículo es muy valiosa porque representa un respaldo significativo para continuar con este tipo de investigaciones, que visibilizan el impacto de la contaminación difusa. Además, nos permite promover la adopción del Índice por parte de las autoridades ambientales en su toma de decisiones sobre la mitigación de la contaminación en masas de agua superficiales”, concluyó Buitrago.
De esta manera, el Índice Integral de Vulnerabilidad a la Contaminación Difusa se consolida como una herramienta con el potencial de transformar la gestión de los cuerpos de agua superficiales en Colombia y en otros países con medios limitados. Sus diagnósticos pueden servir de base para planificar intervenciones, orientar el desarrollo agrícola y urbano, guiar políticas ambientales y contribuir a la conservación de la calidad del recurso hídrico y los ecosistemas.
Por su gran impacto, desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, exaltamos esta valiosa innovación y el compromiso del equipo investigador. ¡Felicidades!
Como parte de un proyecto financiado por el Sistema General de Regalías (SGR), seis universidades públicas conformaron la Red Nanomat, una alianza estratégica orientada al desarrollo de conocimientos y tecnologías en nanociencia y la nanotecnología, enfocados en afrontar los retos asociados con la gestión del agua y la energía en diferentes regiones del país. La iniciativa, liderada por el Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle, busca fortalecer las capacidades en ciencia, tecnología e innovación (CTeI) de las instituciones participantes, mediante la adquisición de equipos, el impulso a la investigación y la promoción de la apropiación social del conocimiento.
Nanociencia y nanotecnología: campos clave para la sostenibilidad mundial
Para la ONU, el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está profundamente transversalizado por la ciencia, la tecnología y la innovación. Particularmente, en 2021, el organismo destacó a la nanotecnología como una de las áreas de vanguardia con mayor potencial para aportar a la solución de desafíos globales; como la crisis ambiental, la inseguridad hídrica y la transición energética; además de impulsar la productividad y la sostenibilidad a nivel mundial.
La importancia de la nanotecnología radica en que constituye la aplicación práctica de la nanociencia, un campo que estudia los fenómenos, las propiedades y los comportamientos de la materia a escala nanométrica (entre 1 y 100 nanómetros; es decir, la millonésima parte de un milímetro). A esta dimensión, los átomos, compuestos y materiales pueden presentar variaciones significativas en sus características químicas, físicas, biológicas, térmicas y mecánicas, como cambios en su conductividad eléctrica o en su resistencia. Así, el estudio de estos permite el diseño, la manipulación y la fabricación de nuevos materiales, dispositivos y sistemas más eficientes y funcionales en múltiples procesos a nivel macro.
El potencial de la nanociencia y la nanotecnología no ha pasado desapercibido en el mundo. Según la ONU, entre 1996 y 2018 se publicaron 152.359 artículos científicos y se registraron 4293 patentes relacionadas. Además, se estima que este sector alcanzó un valor de 2,23 mil millones de dólares durante este año, con inversiones concentradas principalmente en naciones industrializadas, como Estados Unidos, China y Alemania. Sin embargo, en los países en vía de desarrollo también se adelantan investigaciones prometedoras.
Un campo con grandes desafíos en Colombia
En Colombia, la investigación en nanociencia se enfoca en la síntesis, el diseño y la caracterización de materiales con aplicaciones en sectores como la salud, la energía, la agricultura, la minería, la electricidad, el textil, la electrónica y las TIC. Gran parte de estos desarrollos se lleva a cabo en las universidades públicas, que concentran el 52 % de los grupos de investigación del país y generan el 51,6 % de las publicaciones científicas anuales. No obstante, su labor enfrenta desafíos significativos, entre ellos:
-Limitado financiamiento: Colombia invierte apenas entre el 0,21 % y el 0,31 % del PIB en CTeI, lejos del 3,02 %, promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
-Déficit de talento humano: mientras en Estados Unidos se gradúan más de 57.000 doctores cada año, en Colombia lo hacen menos de 1400.
Una iniciativa nacional para impulsar la investigación nano

Edgar Mosquera, Noralba Martínez y Adriana Niño, investigador principal, gerente y directora científica del proyecto, respectivamente.
Ante este panorama, nació el proyecto Fortalecimiento de las capacidades en CTeI y transferencia de conocimiento en nanociencia y nanotecnología aplicadas a energía y agua, financiado a través de la Convocatoria 36 de la Asignación para la Ciencia, Tecnología e Innovación del SGR y ejecutado por la Universidad del Valle.
“Con este proyecto, buscamos fortalecer las capacidades regionales en investigación e innovación en energía y gestión del agua, mediante el desarrollo y aplicación de tecnologías basadas en nanomateriales”, explicó Edgar Eduardo Mosquera Vargas, docente del Departamento de Física de Univalle e investigador principal del proyecto.
El proyecto tiene tres objetivos estratégicos:
-Generación de nuevo conocimiento: a través de investigaciones experimentales, teóricas y aplicadas en materiales funcionales con potencial para contribuir a la gestión del agua y a la generación y almacenamiento de energía.
-Fortalecimiento de la infraestructura científica: mediante la adquisición de equipos de última generación para los laboratorios que hacen parte de la red Nanomat.
-Apropiación social del conocimiento: a través de programas de formación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas), foros consultivos, semilleros de investigación e intercambios con comunidades.
Red Nanomat: una alianza interregional para impulsar la nanociencia
Para lograr dichos objetivos, se conformó la Red Nanomat, integrada por la Universidad del Atlántico, la Universidad de los Llanos, la Universidad del Quindío, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, la Universidad de la Amazonía y la Universidad del Valle. Esta alianza es clave porque combina trayectorias investigativas consolidadas (que facilitan la articulación interinstitucional) con una distribución geográfica diversa, lo que otorga al proyecto un verdadero alcance nacional.
“Si bien la alianza se conforma en el marco del proyecto, estas universidades ya contaban con una experiencia investigativa importante. Ahora, con esta iniciativa, se fortalecerán sus capacidades mediante la adquisición de equipos, el incentivo a la investigación y la divulgación del conocimiento, todo coordinado desde la Universidad del Valle”, destacó Adriana Katerine Niño Vargas, docente de la Escuela de Ingeniería Química de Univalle y directora científica del proyecto.

El Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle es un referente en nanociencia en el país.
La dirección del proyecto está a cargo del Centro de Excelencia en Nuevos Materiales (CENM) de la Universidad del Valle. Este instituto, creado en 2005, cuenta con diez grupos de investigación reconocidos por MinCiencias, líderes en el estudio del nanomagnetismo y en el desarrollo de materiales compuestos, recubrimientos avanzados y materiales funcionales con aplicaciones en gestión de salud, energía, agua y medioambiente.
“El reconocimiento y la experiencia del CENM son las razones por las que lidera el proyecto. En el sector público, somos referentes en investigación en nanociencia y nanotecnología, y, con esta iniciativa, buscamos fortalecer nuestras capacidades y las de las demás regiones participantes”, señaló Noralba Martínez Lozano, administradora del CENM y gerente del proyecto.
Impacto nacional: ciencia y tecnología para los desafíos energéticos e hídricos
Se espera que, con este proyecto, los departamentos de Atlántico, Meta, Quindío, Caquetá, Boyacá y Valle del Cauca fortalezcan sus capacidades en CTeI en nanociencia y nanotecnología, desarrollando soluciones a los retos locales en los sectores energético e hídrico.
“Primero, los 26 investigadores vinculados estudiarán y desarrollarán diferentes materiales a escala nano: aleaciones, óxidos metálicos, polímeros compuestos, biocarbones, etc. Después, se implementarán estos materiales en diversas tecnologías, entre ellas, sistemas de tratamiento y remediación del agua mediante membranas y procesos electroquímicos, y sistemas de almacenamiento y producción de hidrógeno y de biogás”, aclaró el profesor Edgar Mosquera, quien también es el director del CENM.
Tras ello, se promoverá la apropiación social del conocimiento y las tecnologías mediante diversas estrategias, que contarán con el apoyo de la Facultad de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle.
“Hasta 2030, cuando finaliza la ejecución del proyecto, esperamos impactar a más de 1200 personas; entre investigadores, estudiantes, docentes y miembros de comunidades indígenas, campesinas y grupos firmantes. Esto se logrará a través de foros, congresos, talleres y otras actividades orientadas a que la comunidad se apropie del conocimiento y lo aplique en la solución de problemáticas de su entorno”, concluyó la profesora Adriana Niño.
De esta manera, el proyecto Fortalecimiento de las capacidades en CTeI y transferencia de conocimiento en nanociencia y nanotecnología aplicadas a energía y agua, y la Red Nanomat impulsarán el progreso de estos campos en Colombia, al tiempo que contribuirán a ofrecer soluciones concretas a los desafíos energéticos e hídricos que enfrenta el país. Un paso firme, liderado por la Universidad del Valle, hacia un futuro en el que la ciencia y la tecnología se consolidan como motores del desarrollo sostenible y del bienestar regional.
La Facultad de Salud de la Universidad del Valle celebra la destacada participación de sus egresadas e investigadoras en la tercera cohorte del Programa Orquídeas: Mujeres en Inteligencia Artificial, Ciencias y Tecnologías Cuánticas, una iniciativa del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación orientada al fortalecimiento del liderazgo femenino en la ciencia y la innovación en Colombia.
Las doctoras en Ciencias Biomédicas, Ana María Arboleda Borrero y María José Sevilla Sánchez, egresadas de la Facultad de Salud, junto a sus jóvenes investigadoras Dayana Realpe López, ingeniera biomédica, y María Camila Remolina, bióloga, integrantes del Grupo de Nutrición de la Facultad de Salud, fueron seleccionadas como beneficiarias de este programa de alto impacto nacional.

El Programa Orquídeas tiene como objetivo promover las vocaciones científicas en doctoras y jóvenes investigadoras y fortalecer su inclusión, permanencia y proyección dentro del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. De esta manera, contribuye a la reducción de brechas sociales, académicas y económicas de género, al tiempo que fomenta el trabajo colaborativo entre mujeres con diversas trayectorias académicas y profesionales, favoreciendo el relevo generacional en la ciencia.

Como parte de esta iniciativa, los días 9 y 10 de diciembre se llevó a cabo el Encuentro Nacional Orquídeas MinCiencias 2025, en el Hotel Hilton Corferias de Bogotá, un espacio destinado al reconocimiento y la visibilización de las trayectorias científicas de las mujeres Orquídeas de las cohortes 2023–2024 y a la presentación oficial de la cohorte 2025.
Este logro es reflejo del compromiso institucional con la excelencia académica, la investigación de alto nivel y la promoción del liderazgo femenino en la ciencia.
