El nombramiento de las académicas y activistas Carmiña Navia, Bárbara Muelas y Mary Grueso promete un futuro de equidad en la Academia Colombiana de la Lengua
En el país, la Academia Colombiana de la Lengua tiene el fin de estudiar los cambios y evoluciones del habla viva de las personas y su escritura, además de fomentar la literatura nacional. En ese sentido, el reconocimiento a tres mujeres con amplia trayectoria académica y activista marca un precedente para el futuro de esta institución y para el reconocimiento de la literatura y el habla regional y de las mujeres.
Como institución nos llena de orgullo que estas maestras hayan estado vinculadas a distintos procesos de la Universidad y que su trayectoria profesional las haya llevado a este reconocimiento.
El rol de estas maestras será aportar a las investigaciones sobre las variantes del español y las discusiones de la Academia, aunque, por lo pronto, ellas no tienen voto en las decisiones que se tomen.

El reconocimiento a la riqueza étnica
La Maestra Bárbara Muelas es egresada de la Maestría en Lingüística y Español en la Universidad del Valle. Además, es profesora misak y fue la encargada de traducir apartes de la Constitución colombiana de 1991 a la lengua Namtrik.
“En la Academia haré lo que sé hacer como profesora y lingüista", dijo la profesora Muelas ante el Ministerio de las Artes y las Culturas.
Además, desde su formación como licenciada en Educación Primaria ha trabajado por la conservación de su lengua, a través de la escritura y lectura de cartillas para infantes del resguardo Guambia en su pueblo natal.

Narración y oralidad afro
La maestra Mary Grueso es una poeta, escritora y narradora oral, en su género es considerada como una de las más importantes de Colombia. Además, se ha caracterizado por sus aportes a la literatura infantil con la publicación de varios libros donde sus protagonistas son niños y niñas afrocolombianas.
Ella es licenciada en Español y Literatura afrocolombiana de la Universidad del Quindío. En el 2004 fue una de las participantes del Diplomada en análisis y producción de textos que organizó la Universidad del Valle en convenio con la Cátedra Unesco. Ha sido una asidua visitante a las actividades del Doctorado en Humanidades e invitada a varias ediciones del Seminario Internacional Jorge Isaacs.

Feminismo, literatura y activismo
Carmiña Navia desde muy joven incursionó en los estudios de género y ha sido este el motivo de muchas de sus investigaciones consignadas en libros como Judith, relato feminista en la Biblia (1998), Guerra y paz en Colombia: Miradas de mujer (2004), Guerra y paz en Colombia: Las mujeres escriben (2004) con el que le otorgaron el Premio Casa de las Américas en la modalidad de Premio Extraordinario sobre estudios de la mujer. En el año 2000 fue finalista del Concurso Internacional de Poesía Mística, Fernando Rielo, con el poema Oráculo, entre sus libros destacan El fulgor misterioso (2003), Senderos en destello (2004), La niebla camina en la ciudad (1975) y Caminando (1980). Este año también obtuvo el Premio Internacional de Literatura 'Virginia Woolf' por su libro Parajes de los días.
Además, desde 1980 dirige el Centro Cultural Popular Meléndez, en donde además es investigadora y asesora de proyectos sociales. Su trabajo está enfocado principalmente a mujeres cabezas de familia de la comuna 18. Este trabajo fue reconocido en el año 2001 cuando recibió el Premio Mujeres de Éxito en la Categoría Social.

Empobrecerse el hombre para enriquecer el objeto que él crea: esta es la esencia de la enajenación
Erich Fromm
El que no pierde la razón por ciertas cosas es que no tiene razón alguna que perder
Gotthold Ephraim Lessing
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Nos estamos habituando a escuchar frecuentemente, en el ámbito sanitario y hasta en el doméstico y el informativo de los medios de comunicación, asuntos relacionados con la salud mental. El narcisismo, la egolatría, la ansiedad, la depresión, la esquizofrenia, el suicidio, la megalomanía, el homicidio; los problemas mentales son comunes y como trastornos emocionales son diagnosticados cada vez con mayor frecuencia en algún momento de nuestras vidas, afectan las capacidades de relacionarse con los demás y funcionan diariamente.
Pero los problemas de la salud mental en el mundo moderno vienen de antes y a ellos se dedicó Erich Fromm. El volumen titulado La patología de la normalidad (2024) reúne lecciones, conferencias y artículos escritos por él en distintos y dispersos momentos de las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX. Su primera parte (“Patología de la normalidad del hombre actual”, 1953) define el concepto de salud mental, analiza aspectos como el del “sentido” en la cultura y la enajenación como enfermedad del hombre en la sociedad. Se trata de la mentalidad del hombre moderno que comienza a desarrollarse después del periodo de las guerras mundiales y cuyos problemas de salud psíquica vienen agudizándose hasta nuestros días.
Serán, fundamentalmente, los escritos que componen esta primera parte, más el escrito de la tercera (“La ciencia humanista del hombre”, 1957), los que nos sirvan ahora para orientarnos en algo que es sentido con intensidad en nuestra actual vida cotidiana: la incapacidad de las personas para relacionarse por sí mismas con la realidad.
Las estadísticas referentes a los gastos mundiales en asistencia psiquiátrica son alarmantes incluso en los países más acomodados en su vida burguesa y seguridad económica. Si la salud mental es la adopción de los hombres a las formas de vida de una concreta sociedad, las estadísticas demuestran la imposibilidad de esa adopción. Dentro de un consenso socialmente establecido, podríamos decir que esta definición es objetiva y damos por entendido que toda sociedad es normal, que el enfermo mental es quien se desvía de una personalidad favorecida por la sociedad y que la psiquiatría tiene el objetivo de adaptar al individuo al nivel de un hombre medio que no perturbe el tejido social; adaptar al individuo a unas instituciones (culturales, educativas, religiosas, políticas, administrativas) que forman un tipo de personalidad que quiera hacer lo que debe hacer.
Tenemos lo suficiente para comer, beber, dormir y contar con seguridad ciudadana; la vida no representa ningún problema especial y es justo entonces cuando comienza el problema de encontrar solución a la existencia ante su limitación, la necesidad de poder dar sentido a la vida utilizando nuestros empeños en ocupaciones distintas a lo que nos mantiene vivos. Es de esta necesidad, precisamente, de donde procede la búsqueda de asistencia psiquiátrica, la búsqueda de un sistema de orientación como la religión o la búsqueda de algo a lo que adherirnos. Con frecuencia, los más exigentes en la búsqueda de sentido padecen neurosis y psicosis, es decir, crean su propia religión profética. Siempre cabría así, claro, la duda sobre las definiciones que podemos dar a la “cordura” y la “locura”, pues cuando el punto de vista de nuestra particular forma de pensar no coincide con la considerada normal, se nos puede calificar de locos o neuróticos.
Nos ha invadido el ideal de la pereza total, lo mejor será que un día no tengamos que hacer nada, el consumo o el placer de ganar dinero se ha convertido en un fin en sí mismo, hay una reducción general de la intensidad de sentimiento, cercana a la depresión, salvo para quien se deleita con el facilismo de la ganancia material, y mejor si esta llega sin mover un dedo. Formamos, como docentes, personas sin valentía, con miedo a ser libres, orientadas hacia el objetivo del conformismo. Física, mental y espiritualmente nos sentimos inseguros y proyectamos inseguridad en los demás. Intercambiamos palabras sin compartir realidades, lo hacemos solo para ocultar el vacío de la comunicación y la falta de estímulos afectivos. Posiblemente, el fin de nuestro desarrollo psíquico sea el de ser capaces de soportar esta inseguridad, no solo la de ahora, la política y social de nuestros agitados y beligerantes días, también la inseguridad de las maneras en que nos relacionamos.
La arrogancia, la insensatez, la soberbia, el abandono de la razón, son manifestaciones de la incapacidad del hombre de relacionarse por sí mismo con su realidad y la realidad de sus semejantes. Manifestaciones de la imposibilidad de ser objetivos o humildes para ver el mundo tal como es, o de vernos tal como somos, sin que ideas o intenciones así desfiguren la realidad. Somos incapaces, en definitiva, de relacionarnos con el estado de ánimo que asiste hoy en día a la sociedad.
El problema más grave de la salud mental es el de la propia enajenación o la enajenación de nosotros mismos, de nuestro mundo interior y exterior: somos unos extraños para nuestra propia conciencia y el mundo exterior nos es ajeno. Hemos perdido el contacto con todas las realidades (sentimientos, personas, naturaleza) excepto con una, la realidad de la industria, el negocio y la rutina social, es decir, la realidad que nos pone a punta de caramelo al adulador, el lambón, quien trata de quedar bien con todo el mundo, el servil, lisonjero y zalamero, que no falta en las instituciones públicas.

Nos relacionamos con todo lo que “produzca” o nos dé beneficios materiales, pero no con las realidades esenciales de nuestra existencia humana, a las que tenemos miedo incluso ya en los medios artísticos, donde la banalidad opera como sentido común. Uno encuentra tatuajes en el cuerpo que dicen “Love”, que dicen “Te quiero” y, realmente, no significan que quienes los posean estén ofreciendo amor o sean queridos; significan, más bien, una necesidad de ello. Nos relacionamos con las cosas por su forma de ser producidas y funcionar en nuestra economía, las experimentamos en abstracto y solo por su valor de cambio y no de uso.
Estamos relacionados con una abstracción, no con el amor, el odio, el miedo, la duda, la amistad. Es decir, no estamos en contacto con nada ni con nadie, vivimos en un vacío que llenamos con palabras, con estadísticas, con rutinas. Y es precisamente este estado de abstracción el que tiene terribles consecuencias para la salud mental. Tal vez por ello, con el optimismo, la claridad y el empleo de una terminología propia de nuestra cotidianidad con que se expresa Erich Fromm, la alegría, la vivacidad y la felicidad dependan de cuánto contacto tengamos con la realidad de nuestros sentimientos y la realidad de nuestros semejantes, sin entender a estos como abstracciones que podamos considerar de la misma manera que a los objetos del mercado.
Fromm responde a la pregunta de qué es realmente bueno para la salud mental y qué hace enfermar al hombre. Lo bueno para que el actual régimen económico funcione resulta ser nocivo para conservar la salud mental del hombre. Lo que nos conduce al éxito social atenta contra el bienestar emocional y, por ello, lo normal es sospechoso de ser la manifestación de una evolución enfermiza. Desarrolla un concepto clínico de la enajenación y expone sus fenómenos y consecuencias. Llama “patología de la normalidad” a eso que ya no se ve como algo anormal, es decir, a la anulación y la depreciación del individuo y su dependencia del mercado.
Hacemos depender nuestra vida de un sentido de seguridad psíquica y, ciertamente, nuestro futuro depende de que la conciencia de la crisis actual pueda motivar a los Estados y a los hombres más capaces a ponerse al servicio de la humanidad, de una ciencia del hombre que vuelva a hacer de este el núcleo de su interés. Una ciencia que se ocupe de recuperar al hombre, de ciertos intereses, esencialmente los que han interesado a la tradición religiosa y filosófica humanística: la idea de la dignidad del hombre y de sus capacidades expansivas de amor y razón; y una ciencia que se base en nuestra situación histórica: la quiebra del sistema tradicional de valores, el incremento desenfrenado y desorganizado de la actividad puramente intelectual y técnica (sin verdadero fundamento humano) y la consiguiente necesidad de encontrar un centro racional para establecer y mantener los valores de ese histórico Humanismo.
Algunas cuestiones lo impiden: la pérdida de un concepto del hombre como un ser determinado, no solo biológica, sino también psicológicamente, no como un soporte sobre el cual cada cultura escribe su propio texto, y la dificultad de demostrar la objetividad de los valores humanos. Pero los objetivos deben mantenerse y el estudio del hombre debe ser impulsado y dirigido por los problemas en que la historia actual se encuentra, problemas que ella misma produce e incomodan a la salud mental.
Para ello Erich Fromm propone algunos frentes de estudio. El estudio de métodos adecuados a la ciencia del hombre, del concepto del hombre y de la naturaleza humana, de sus valores como fundamento de la misma esencia del hombre, de su destructividad y anulación de los otros, de su creatividad, de la autoridad, de los supuestos psicológicos del orden democrático, del estudio de la enseñanza como sistema que pueda pasar de lo puramente intelectual al terreno de la experiencia significativa y del estudio de la historia como evolución del hombre.
Salvemos así a las palabras, a los discursos, de su vanidad, endureciéndolas con la verdad, salvándolas de la vacuidad académica. Así es, como diría María Zambrano, tras de lo que corre, aun sin saberlo, quien de veras escribe.
Por: Alfonso Rubio
Departamento de Historia
Facultad de Humanidades
Universidad del Valle
En La Terraza del ingenio
Cali, 14 de diciembre de 2024
Con un cálido y emotivo acto, la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle celebró los sesenta años de su creación el pasado 10 de diciembre. El espacio escogido para la efeméride fue el Auditorio 3, que acogió a directivas universitarias, de la Facultad, homenajeados, familiares, funcionarios y estudiantes.
Durante su intervención, el rector Guillermo Murillo Vargas ofreció a la concurrencia un discurso lleno de agradecimiento y admiración por la Facultad. En su alocución, recordó a intelectuales y académicos como Mario Carvajal, Óscar Gerardo Ramos y Armando Romero, artífices de los estudios generales en una Universidad que, por ese entonces, una Universidad veinteañera, apostaba por una formación técnica en orden de satisfacer las demandas industriales y comerciales del Valle del Cauca y la región.

De izquierda a derecha: Liliana Patricia Torres, directora de la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano; Darío Henao Restrepo, decano de la Facultad de Humanidades, y Guillermo Murillo Vargas, rector de la Universidad del Valle.
El rector trajo a la memoria de los presentes los nombres de académicos y académicas que en sus disciplinas sentaron las bases de la Facultad de Humanidades que hoy conocemos. En medio de su intervención, pidió un reconocimiento a la profesora Carmiña Navia, quien fue nombrada por la Academia Colombiana de la Lengua como Miembro Correspondiente. Destacó el liderazgo de Darío Henao, desde el rescate integral de las obras de Jorge Isaacs y Manuel Zapata Olivella, imprescindibles en la constitución de nuestras identidades nacionales, hasta el mantenimiento de la Facultad como un espacio especial para leer, analizar y pensar críticamente la región y el país. Por último, rescató el argumento de Mario Carvajal según el cual el papel de las humanidades es un pilar fundamental en la formación profesional, el progreso social y la comprensión del entorno.
A continuación, el decano de la Facultad de Humanidades Darío Henao inició su reflexión haciendo mención de la reciente realización del XIV Seminario Internacional Jorge Isaacs “Zapata Olivella vuelve a África” en Dakar, Senegal. El decano transmitió al público presente las emociones involucradas en esta visita académica y cultural.

De izquierda a derecha: Carlos Alberto Murgueitio, jefe del Departamento de Historia; la profesora jubilada y escritora, Carmiña Navia; la profesora jubilada Luz Mery Sánchez; Darío Henao Restrepo y la profesora jubilada Amparo Urdinola.
Más allá de los aprendizajes y las anécdotas propias de un proyecto de esta magnitud, la realización del Seminario en África demuestra los alcances académicos de la Facultad en los últimos años y, por supuesto, el promisorio futuro que como comunidad académica de alcance nacional e internacional tiene.
Dentro de estas proyecciones internacionales se cuentan los recientes acuerdos realizados en la Universidad Cheikh Anta Diop (UCAD) entre el Doctorado en Humanidades, en la línea de Estudios Afro-latinoamericanos de la Facultad de Humanidades, el Centro Virtual Isaacs de la Escuela de Estudios Literarios y el Instituto Afroromance de Lenguas, Literaturas y Culturas de la Universidad de Missouri y el Departamento de Lengua Romances de la Universidad Cheik Anta Dioup de Senegal.
El profesor Henao Restrepo resaltó lo que significó la publicación virtual de la obra de Zapata Olivella, un hito editorial cuyas descargas hasta hoy suman aproximadamente 250.000. Con igual importancia, destacó la constitución de la Red Malunga de Investigadores de África, América Latina, Brasil, africanos en Europa y el sur de los Estados Unidos. Conmovido contó la experiencia de la visita a la Casa de los Esclavos en la isla Gorée, lugar de partida de esa “diáspora infame”.
Hizo un especial llamado a las directivas, profesores y profesoras más jóvenes de la Facultad, pues en sus hombros está la oportunidad de fortalecer estos y otros proyectos y programas que enriquecen día a día la actividad académica, cultural y social de la Universidad y la región. Especial momento fue cuando el decano hizo un símil entre el baobab, árbol milenario y místico que crece en tierras senegalesas, con la historia de la Facultad. Para él, la Facultad de Humanidades es un joven baobab, frondoso y vigoroso que se fortalecerá con el paso de las décadas.

En primer plano, de izquierda a derecha: Mario Diego Romero, vicedecano de posgrados y Claudia Galeano, vicedecana académica. Arriba y en el mismo orden: Carlos Alberto Mayora, director de la Escuela de Ciencias del Lenguaje; Javier Enrique Thomas, jefe del Departamento de Geografía; Óscar Osorio, director de la Escuela de Estudios Literarios, y Ángela Katherine Chamorro, representante estudiantil.
En el evento se entregaron certificados honoríficos a familiares de docentes y funcionarios fallecidos, profesores y profesoras ilustres, funcionarios destacados y egresados sobresalientes. Entre los últimos, se destaca la presencia de la egresada de la Maestría en Lingüística y Español Bárbara Muelas, quien, al igual que la profesora Carmiña Navia, fue nombrada como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.
La nota artística estuvo a cargo del coro Magno de la Universidad del Valle, dirigido por la profesora Carolina Romero y, cerrando el acto, el Quinteto de Principales de la Orquesta Filarmónica de Cali.
Acompañaron el acto, además de las directivas de la Facultad de Humanidades, el vicerrector académico Héctor Cadavid Ramírez, la vicerrectora de Bienestar Adriana Reyes Torres y la vicerrectora de Extensión Fátima Díaz Bambula.

La egresada y recién Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua Bárbara Muelas Hurtado con Carlos Alberto Mayora, director de la Escuela de Ciencias del Lenguaje.
Con una nutrida participación de egresados de la Universidad del Valle, delante y detrás de las cámaras, se estrenó el pasado 11 de diciembre la serie latinoamericana más vista en la plataforma de streaming Netflix durante esta temporada, una adaptación homónima de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Marquez.
En este grupo de egresados destaca la participación de la actriz Marleyda Soto, licenciada en Arte Dramático de la Universidad, quien tiene tras de sí una amplia carrera en el teatro, el cine, la televisión y la docencia.
Marleyda Soto, la actriz que interpreta a Úrsula

Desde su época de estudiante Marleyda Soto asumió grandes desafíos artísticos; una de sus primeras obras en la Universidad fue una adaptación de Fausto de Goethe, donde interpretaba a Marguerite y que tomaba la versión íntegra del texto, con una puesta en escena en un escenario no convencional, en una representación casi hipnótica que sumía a los espectadores en el trance de su protagonista. De eso han pasado ya muchos años en los que Marleyda no ha dejado de sorprender a sus espectadores, no solo por su versatilidad como actriz sino también por el compromiso con el que asume cada personaje que interpreta.
En la serie Cien años de soledad Marleyda interpreta a una Úrsula mayor, matrona de la familia Buendía, que tiene que hacerse cargo de la casa después de que Jose Arcadio su esposo enloquece y Macondo empieza a cambiar con la llegada de la presencia estatal y la iglesia. La actriz, nos entrega un personaje en el que se refleja toda la carga emocional que este trae consigo, la severidad, pero también el humor ante la extrañeza de los acontecimientos mágicos que toma la serie del universo garciamarquiano.
Marleyda Soto tiene una amplia y laureada carrera en el cine y la televisión. En el año 2007
debutó en la película colomboalemana Dr. Alemán y un año después figuró en la película Perro come perro de Carlos Moreno, también egresado de la Universidad.
Participó en el largometraje Amores peligrosos del profesor de la Escuela de Comunicación Social Antonio Dorado Zúñiga y en 2015 protagonizó la cinta La tierra y la sombra de César Augusto Acevedo, también egresado de Univalle, película que fue premiada el festival de Cannes de 2015 con la Caméra d'or. En 2016 protagoniza la película de Felipe Guerrero Oscuro animal, interpretación con la que obtiene el premio a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. y en 2019 la vemos en Los silencios, película de la cineasta brasileña Beatriz Seigner, actuación que le mereció el premio a mejor actriz en el Habana Film Festival.
Más talento de Univalle en Cien años de soledad
Además de Marleyda Soto, en esta gran producción participa el actor y también egresado de la Licenciatura en Arte Dramático Rubén Alberto Prado Restrepo, como sparring para los actores de la serie estuvo el estudiante de la misma licenciatura Farid Zorrilla. Y detrás de cámara los egresados del programa de comunicación social Carlos Sandoval en el casting en Cali, Alejandro Fábregas como microfonista y Cesar Salazar como sonidista.
Marleyda Soto, Úrsula Iguarán en Cien años de soledad: "La vida me ha dado más de lo que pedí"
La escritora y profesora emérita de la Universidad del Valle Carmiña Navia Velasco recibió de manos de la gobernadora del Valle Dilian Francisca Toro Torres el Premio a la Vida y Obra como mujer de Letras.
Esta distinción se suma a la trayectoria de la docente, quien recientemente fue nombrada como Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.
Este reconocimiento, como destacó la gobernadora y presidenta del Consejo Superior de la Universidad, "exalta la contribución de nuestra querida maestra por mantener viva la cultura y la memoria de nuestra región".
El Premio Vida y Obra también fue otorgado a la poeta Agueda Pizarro Rayo y al escritor Julio Cesar Londoño, en una ceremonia realizada el pasado 16 de diciembre.
El rector de la Universidad del Valle Guillermo Murillo Vargas y los egresados Luz Valoyes-Chávez y Luis Guillermo Amú hacen parte del grupo de Afrocolombianos del año 2024.
Este galardón, que desde hace 15 años otorgan El Espectador y la Fundación Color de Colombia, es un doble reconocimiento a la urgencia de visibilizar lo que las personas afrocolombianas le aportan al país y de tomar medidas para contrarrestar la exclusión histórica a la que han sido sometidas.
Afrocolombianos del Año es una acción afirmativa de inclusión simbólica que ayuda a contrarrestar estereotipos negativos asociados al color de la piel, rezago cultural del racismo en una parte de la sociedad, y a visibilizar más la integración de los afrocolombianos en la nación.
El profesor Guillermo Murillo Vargas fue escogido como Afrocolombiano del año en la categoría Educación. El rector estaba nominado junto a Maribel Amú Bolaños, decana de Ingenierías de la Universidad de San Buenaventura de Cali y también egresada de Univalle, y Jesús Heberto Bonilla Mosquera, rector de la Normal San San Pío X en Istmina, Chocó.

La egresada de la Licenciatura en Matemáticas y Física y de la Maestría en Educación Luz Valoyes-Chávez fue escogida como ganadora de la categoría Academia. Ella se desempeña como profesora de la Universidad Católica de Temuco (Chile) y es ganadora del Svend Pedersen Lecture Award de la Stockholm University (Suecia).
En la categoría Sector privado fue escogido el egresado de Ingeniería Industrial y de la Maestría en Ingeniería Luis Guillermo Amú Caicedo, en la actualidad gerente agrícola de Manuelita, quien ha hecho historia en la industria azucarera, al punto de asumir las gerencias de Campo y Cosecha de este ingenio.
Por primera vez estos premios se entregaron en una ceremonia fuera de Bogotá. El escenario escogido fue el Hotel Intercontinental de Cali el pasado lunes 16 de diciembre.
“Estar con esta ceremonia por primera vez fuera de Bogotá, y particularmente aquí en Cali, es doblemente significativo. No solo por ser Cali la ciudad con mayor población afrocolombiana del país, por ser de alguna manera la capital de entrada a todo el Pacífico, sino también por muchos símbolos que se proyectan desde Cali y que están íntimamente relacionados con el propósito de este premio, que nos muestran ese camino largo que queda por recorrer y, a la vez, nos muestran el avance innegable, aunque lento, hacia una mayor igualdad”, comentó durante su intervención Fidel Cano, director de El Espectador.
La Universidad del Valle estuvo presente en los III FISU America Games 2024, con la participación de tres destacados deportistas: Leidy Tatiana Torres Imbol de Karate Do, Jhon Edwin Murillo Delgado de Voleibol y Helen Dayan Tenorio Arboleda de Atletismo. Nuestros atletas hicieron parte de la delegación colombiana que compitió con los mejores atletas universitarios de América, dejando en alto el nombre de nuestra alma mater y del país. El evento se realizó en Cali, del 5 al 14 de noviembre, y se desarrolló en distintos escenarios deportivos de la ciudad, entre los cuales la Universidad Universidad del Valle, además de ser parte del Comité organizador, fue sede de las competencias de Fútbol Sala y Baloncesto.
Leidy Tatiana Torres Imbol: Oro y Bronce en Karate Do

Estudiante de noveno semestre de Economía y atleta de Karate Do Univalle, Leidy Tatiana Torres Imbol fue la abanderada de la Delegación de Colombia durante la ceremonia de inauguración de los FISU America Games 2024. Ella compitió el pasado jueves 7 de noviembre en el Coliseo de la Escuela Nacional del Deporte y, gracias a su esfuerzo y disciplina en el tatami, ganó:
-Medalla de Oro en Kumite Femenino Avanzado -68 kg.
-Medalla de Bronce en Kumite Equipos Femenino Avanzado.
Para Leidy, estas medallas son el reflejo de entregar siempre el corazón en cada competencia durante estos 14 años de entrenamiento en la disciplina de Karate Do.
Jhon Edwin Murillo Delgado: Campeón en Voleibol Masculino

Desde la Sede Zarzal, Jhon Edwin Murillo Delgado, estudiante de sexto semestre de Licenciatura en Matemáticas, se consolidó como pieza clave del equipo colombiano de voleibol masculino. En el Coliseo Francisco Chois, el equipo colombiano demostró un desempeño excepcional, ganando todos los encuentros deportivos llevándose el título de Campeón de los III FISU America Games.
Jhon expresó su orgullo por representar a Buenaventura, Univalle y Colombia, destacando cómo el deporte le ha permitido aprender, crecer y conocer nuevas culturas.
Helen Dayan Tenorio Arboleda: Oro en Salto Alto - Atletismo

La estudiante de tercer semestre de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Helen Dayan Tenorio Arboleda, dejó su marca personal en los FISU America Games al ganar Medalla de Oro en Salto Alto. Su dedicación al atletismo desde los 11 años la llevó a representar a Colombia y a Palmira, demostrando que con esfuerzo es posible saltar a la victoria. Helen compitió el pasado miércoles 13 de noviembre en el Estadio de Atletismo Pedro Grajales, destacando su motivación y el orgullo de llevar los colores de Univalle y del país.
¡Gracias, deportistas Univallunos! La Universidad del Valle agradece a Leidy Tatiana Torres Imbol, Jhon Edwin Murillo Delgado y Helen Dayan Tenorio Arboleda por su dedicación, esfuerzo y triunfos que llenan de orgullo a toda la comunidad univalluna.
Para más información sobre el evento, visita la página oficial: fagames2024.fisuamerica.com
Por Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Cuando llegué a la Universidad del Valle en 1966 a estudiar Letras, el decano de la Facultad de Filosofía, Letras e Historia era mi inolvidable maestro Oscar Gerardo Ramos, quien la había fundado dos años antes contando con el patrocinio de las fundaciones norteamericanas, en especial de la Rockefeller.
Estudiar allí resultó ser un lujo que solo el paso de los años vino a ser constatado. No solamente por lo que aprendí, cuanto por lo que pudo servirme de trampolín para mi vida literaria y para gestar un liderazgo del que no he podido desprenderme ni llegando a los 80. Pero es que por esos días se juntaron allí muchos factores.
El esquema fundacional de la Facultad estaba copiado de la estructura de escuelas similares norteamericanas aunque el eje fundamental de la enseñanza se daba sobre la cultura francesa y norteamericana, minimizando la amplitud tradicional que se daba en Colombia a la literatura española.
Pero el honor, el impulso y la sapiencia lo otorgaban la excelsitud de los profesores que nos tocaron. Eran de nivel de doctorado y nos los trajeron como maestros de pregrado. Tuvimos entonces a un Walter Langford, el experto en literatura mexicana; a un John Newabuer, el discípulo de Luckás; a Jorge Zalamea, de nuestras escalinatas; al famoso historiador chileno Retamal; al francés Jean Bucher, traído desde La Sorbona. Y de esa magnitud y nivel los demás que ayudaron a ser lo que somos.
Muchos de mis compañeros terminaron iluminando el horizonte de la literatura nacional como inmensos catedráticos y escritores: Carmiña Navia, Eduardo Serrano, Harold Alvarado Tenorio, Amparo Urdinola. A todos ellos, y en recuerdo a esos sapientísimos profesores ya desaparecidos, la Universidad del Valle celebró elegante ceremonia para honrarnos al cumplir 60 años.
Inhabilitado como estoy de asistir a tantos eventos prefiero asirme a la añoranza de los imborrables años y esperar que la historia enmarque lo orgulloso que me siento de la Facultad donde me gradué. Sin duda me alcanzó el pasado.
Dicen que murió a causa de la tuberculosis que por esos días hacía estragos por el litoral Caribe. Otros afirman que murió agotado de trajinar los pueblos de la costa, tocando y cantando acompañado de su guitarra bohemia y hay quienes dicen que lo envenenaron.
Por Edgard Collazos Córdoba, profesor de la Escuela de Estudios Literarios
Uno se pregunta, ¿por qué hacerle daño a quien solo prodigaba alegría, alguien que con su música descifró el ritmo de su tierra, renovando el folklor de la costa? La gente del Magdalena Grande, sus paisanos de Ciénaga, donde nació, negando la versión del crimen, coinciden en afirmar su naturaleza amistosa y jovial que rehuía las discordias.
Antes de ir a Barranquilla y ser un suceso musical en la Emisora Atlántico, inició sus correrías y lo vieron cantando en Fundación, Villanueva, Urubita, la Pava, Valledupar y los pueblos que la brisa del mar recorre desde el nororiente del Caribe Colombiano, donde distintamente lo llamaban: el trovador del Magdalena; el jilguero de la Sierra Nevada; el mono cantor y pocas veces Guillermo Buitrago Enríquez, el hombre que con su guitarra y su voz cariñosa creó el Vallenato, el género musical más representativo de Colombia que con los años se extendería por todo el continente americano.
Era hijo de Roberto de Jesús Buitrago Muñoz, un comerciante marinillo llegado a Ciénaga, donde conoció a la hermosa cienaguera Teresa Mercedes Enríquez. El matrimonio duró lo que duran los proyectos de un paisa andariego. De esa unión nació el inspirado Guillermo Buitrago, a quien los dioses le dieron todos los dones, el primero de abril de 1920, quien muy pronto se convertiría en el artista más importante de la música costeña.
En su infancia, para ayudar con los escasos recursos de la familia abandonada, trabajó en la elaboración de pólvora, y en las noches, aprendió a tocar el tiple, tal vez un instrumento olvidado por el marinillo y luego, ensayando, sin que nadie le enseñara, practicó en la guitarra que un novio de la hermana dejaba después de las visititas.
En un comienzo las raíces antioqueñas lo arrastraron a interpretar boleros, valses, tangos y rancheras, cantos que lo llevaron a visitar Manaure, Valledupar, la Paz, Villa Nueva, Urubita y los demás pueblos del Magdalena Grande, donde en amistad con los juglares y trovadores aprendió a escribir poemas y canciones. Los historiadores del Magdalena aseguran que en sus correrías visitó la provincia de Padilla y que fue ahí donde encontró la base de su propuesta musical, y donde bajo en el influjo de su sangre Caribe, se dio a la tarea de reunir puyas, merengues, sones, cantos dispersos en las regiones, renovando el folclor y dándolo a conocer en el interior del país.
En busca de un efecto diferente, junto a Julio Bovea, un amigo músico y panadero, eliminaron el sonido continuado de las maracas y las remplazaron por el acompasado de la guacharaca, dándole a la voz de Buitrago un espacio para que se destacara su acento dulce, la dulzura que el Caribe no conocía, un acento que le quedaba de las montañas antioqueñas y seguramente del recuerdo del tono del marinillo y que, con el acompañamiento de los tonos mayores de la guitarra y el ritmo sabroso de los costeños, detonó en el mejor arte musical popular de nuestro país. Con esa música iban de fiesta en fiesta y a decir de Bovea, cada parranda era una canción, porque entre tantos dones que tuvo Buitrago, fue el de ser un connotado repentista.
Los primeros que tuvieron el privilegio de escuchar los cantos de este artista parrandero sospecharon que las navidades de nuestro país ya no tendrían el acompañamiento de los villancicos europeos con los que por más de dos siglos nuestros antepasados celebraron las navidades, porque esta nueva música irrumpía desde muy adentro de nuestro ser, el dejo misterioso de la voz de Buitrago llegaba suave desde la alegría represada por las penurias de nuestra historia, una música con el don de descifrar nuestra tristeza y nuestra alegría como de verdad la siente el alma de los colombianos, y entonces cantó con su inimitable estilo una composición de Tobías Enrique Pumarejo, o don Tobías como le llaman sus paisanos.
La víspera de año nuevo
estando la noche serena
mi familia quedó con el duelo
yo gozando a mi morena
La grabó acompañado del grupo, Los trovadores de Barú. Todo en su canto es sentimiento, todo es territorio, frontera, humildad, grandeza y folklore, pues la unidad de su guitarra, el énfasis suave de su palabra y sus frases medio andinas y costeñas son un sortilegio encantado que entusiasma, y hace que todo aquel que repita sus canciones, sienta que desea “pegar un grito vagabundo”, “porque sus tonadas componen el día de hoy y el de mañana.
Como juglar, le cantó a todo lo que veía: a una araña peluda, a su amigo Eliodoro Miranda, al Ron de Vinola, a la belleza de las mujeres cienagueras. Cantó en una época cuando el vallenato no existía y el canto no se acompañaba con acordeón, era la guitarra puntera el instrumento encargado de hacer largas melodías. Era la época de Abel Antonino Villa y Luis Enrique Martínez, época de cultura y bonanza económica, eran los días de las bananeras.
Dicen que antes de acariciar la fama, existía en Barranquilla una cafetería llamada la Almendra Musical, y que fue Julio Medina Vizcaíno, el gerente para todo el Magdalena, quien construyó una tarima en la cafetería y presentó en público por primera vez a Buitrago, logrando un éxito tan avasallador que ningún artista de esa región ha conocido, porque hacía varias generaciones la gente estaba esperando esa tesitura, esa expresión del verdadero Caribe. Desde ese momento su público iba donde él se presentaba, si visitaba un bar, la gente hacia corrillo para verlo, lo paraban en la calle, los niños lo imitaban cuando pasaba, buscando que el jilguero los saludara, las mujeres querían ver sus brillantes ojos azules, acariciarlo, y escucharle y bastaba que un nuevo tema sonara en las emisoras, para que el pueblo entero, desde la Guajira hasta el Amazona, lo aprendiera y lo cantara en las fiestas de familia.
Así fue como en tan corto tiempo se constituyó en el artista más representativo del Magdalena y luego el de un país entero, al punto de que se dice que si Buitrago no hubiera muerto el ritmo no se llamaría vallenato, que el verdadero nombre tenía que ser música cienaguera.
Pero no todo fue composición, Buitrago sacó del anonimato a don Tobías Enrique Pumarejo grabándole Muchacha Patillanera; a Abel Antonio Villa le grabó Cinco noches de velorio; a Emiliano Zuleta la Gota fría, y varias canciones a Rafael Escalona cuando aún este no saboreaba las mieles del éxito, y que tan mal le pagó, llegando a decir a García Márquez que Buitrago le había plagiado. Así que su actividad fue prolífica, en solo cinco años que duró su creación musical, llegó a grabar cerca de sesenta temas de un género popular que se extendió por todos los rincones del continente.
Murió en 1940, había cumplido veintinueve años, de los cuales cinco estuvo inspirado por las musas y que le bastaron para imponer el inicio de un género musical que a lo largo del siglo XX se extendió por todos los rincones de la geografía, pues en los pueblos y ciudades del Caribe nadie se atreve a contradecir que es el creador del vallenato.
Lea aquí la Edición 199 de Campus
En la edición 199 de la Revista Institucional Campus, el profesor de la Escuela de Estudios Literarios Edgard Collazos publicó un perfil de Guillermo Buitrago, más conocido como El Jilguero de la sierra, pionero de la música popular. En su repertorio se encuentran canciones como "Las mujeres a mí no me quieren", "La piña madura" o "Grito vagabundo", populares en esta temporada.
El egresado de la Universidad del Valle sacerdote Alexander Matíz Atencio fue nombrado como nuevo obispo de la diócesis de Buga.
En la actualidad el sacerdote Matíz Atencio se desempeñaba como Vicario Episcopal de Economía de la Arquidiócesis de Cali.
Alexander Matíz Atencio se graduó en 1986 como Arquitecto de la Universidad del Valle; se especializó en Gerencia de Talento Humano en la Unicatólica; cursó un Diplomado en Alta Gerencia de la Universidad de Los Andes y estudios en liturgia y arte sagrado en el Centro de Pastoral Litúrgica de Cataluña.
Cursó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor San Pedro Apóstol de Cali y fue ordenado sacerdote el 25 de noviembre de 1990, incardinándose en la Arquidiócesis de Cali.
Ha desempeñado los siguientes encargos pastorales: Administrador Parroquial de San José Obrero (1990-1993); Vicario Parroquial en Barcelona – España (1993-1995); Administrador Parroquial de María Madre de Dios (1995-1997); Director de Liturgia Arquidiócesis de Cali (1996); Párroco de Jesús Obrero (1997-2003); Director Comisión de Vida Justicia y Paz (2002-2012); Director de Pastoral Social (2002-2012); Párroco de San Juan Evangelista (2004-2010); Párroco de Nuestro Señor de los Cristales (2010-2017); Párroco de María Inmaculada (2017-2024); y Vicario Episcopal de Economía desde 2024 hasta la actualidad.
En 1995, con el aval de monseñor Isaías Duarte Cancino y el apoyo de la Arquidiócesis de Cali y diferentes actores de la sociedad civil, el padre Alexander Matiz inició la creación de la Fundación Sergente, que tiene el propósito de “atender a las personas más vulnerables, los habitantes de y en calle, carentes de recursos para su autocuidado y vida digna, con el fin de asistirlos, promoverlos e incluirlos nuevamente en la sociedad”.
El anuncio lo hizo la Santa Sede de la Iglesia Católica el pasado 7 de diciembre de 2024.
*Redactado con información del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM).