Como parte de la convocatoria del Fondo de Ciencia Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías para el fortalecimiento de laboratorios regionales, el proyecto: “Fortalecimiento de capacidades instaladas de Ciencia y Tecnología del Laboratorio de Diagnóstico de Agentes Biológicos (LDAB) para atender problemáticas asociadas con microorganismos de alto riesgo para la salud humana en el municipio de Cali - departamento del Valle del Cauca” obtuvo recursos por $3.600 millones.
“Esto le permitirá a nuestro laboratorio tener recursos para infraestructura, equipos y personal y de esta manera incrementar su capacidad de servicios y complementar su labor con otros dos laboratorios del departamento que también recibieron apoyo del Sistema de Regalías” señaló el profesor Héctor Cadavid Ramírez, Vicerrector de Investigaciones de Univalle.
El directivo recordó que desde inicios de la pandemia y por decisión rectoral se destinaron $1.000 millones de recursos de la Universidad para fortalecer el laboratorio y apoyar los estudios de pruebas para la detección del Covid-19.
El proyecto apunta a dar soluciones desde los laboratorios de la Universidad del Valle a las problemáticas asociadas con microorganismos de alto riesgo para la salud humana en el municipio de Cali / Departamento del Valle del Cauca. La iniciativa se propone, a corto plazo, ampliar la capacidad diagnóstica del área de virología del Laboratorio de Diagnóstico de Agentes Biológicos (LDAB) de la Universidad del Valle, a través de la adquisición de equipos que permitan incrementar a 300 pruebas/día, la cobertura actual de ensayos para COVID-19.
Además, prevé la adecuación de la infraestructura del laboratorio para el mejoramiento de las condiciones de bioseguridad en el manejo del coronavirus u otros patógenos emergentes transmitidos por vía aérea como virus influenza, Mycobacterium tuberculosis entre otros.
Con el fortalecimiento de las capacidades instaladas de Ciencia y Tecnología del LDAB se espera, a mediano plazo, apoyar los procesos de formación de estudiantes de posgrado en ciencias biomédicas y pregrados en medicina y bacteriología de la Facultad de Salud. Así mismo, a largo plazo se espera que el LDAB se convierta en un centro de referencia para el diagnóstico y vigilancia de patógenos emergentes y otros prevalentes en Colombia, adquiriendo mayor capacidad de respuesta frente a futuras epidemias o pandemias.
Sobre el laboratorio y el proyecto
El Laboratorio de Diagnóstico de Agentes Biológicos- LDAB ya se encuentra procesando pruebas de detección del COVID-19 y con este proyecto busca fortalecer su atención a problemáticas asociadas con microorganismos de alto riesgo para la salud humana en la Región Pacífico y ampliar sus capacidades de diagnóstico.
El proyecto incluye compra de equipos, contratación de nuevo personal de apoyo y entrenamiento a profesionales de la salud en gestión de muestras durante la pandemia, para conseguir que las muestras lleguen y se manipulen de manera correcta.
“Actualmente venimos procesando entre 80 y 100 muestras diarias para diagnóstico de COVID-19 y esperamos procesar unas 200 durante los seis meses siguientes a la implementación de las mejoras”, asegura el docente de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle y coordinador del Laboratorio, Gerardo Andrés Libreros.
Otro componente importante del proyecto es el acondicionamiento de un laboratorio con nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), con todas las normativas y recomendaciones necesarias, en el que se podría cultivar el virus SARS-CoV-2.
“Este laboratorio será el único en la Universidad del Valle y uno de los pocos existentes en la Región Pacífico. Contará con todas las medidas de protección para trabajar con microorganismos que actualmente no cuentan con tratamientos ni vacunas y que pueden transmitirse por medio de aerosoles. Nos permitirá, por ejemplo, hacer estudios genéticos sobre el nuevo coronavirus, entender cómo causa la enfermedad, la respuesta inmune durante la infección o investigar sobre nuevos compuestos con actividad antiviral; además de implementar nuevos métodos para el diagnóstico del coronavirus. También podremos trabajar con otros microorganismos como los virus dengue, zika, influenza y rabia; o enfermedades como la tuberculosis, entre otras” añade el docente Libreros.
Con la asistencia de este centro de investigación, las autoridades sanitarias podrá tomar medidas oportunas para la mitigación de la pandemia, como mantener en cuarentena a los individuos infectados por el virus y desplegar un cerco epidemiológico que permita cortar su transmisión. Finalmente, agrega Libreros “con el mejoramiento de la infraestructura podremos ampliar nuestro portafolio de pruebas diagnósticas de acuerdo a los requerimientos de las IPS del Valle del Cauca y debido a que el laboratorio estará dentro de la Universidad, se convertirá en un escenario para la formación de estudiantes, además de brindar apoyo a grupos de investigación de instituciones educativas de la Región”.
La Convocatoria que financia el Proyecto hace parte del Fondo de Ciencia Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, publicada a inicios de abril del 2020. La aplicación la hizo la Universidad del Valle, por medio del Laboratorio de Diagnóstico de Agentes Biológicos- LDAB, con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigaciones.
La Facultad de Ciencias Naturales y Exactas invita a la comunidad universitaria a enviar sus artículos de investigación a la revista científica Limnological Review, la cual tiene una convocatoria especial para publicar un número temático sobre la biodiversidad acuática colombiana, específicamente sobre aguas continentales.
Limnoliga Review (ISSN: 2300-7575) es una publicación indexada en Scopus y es Open Access. No tiene costos de publicación.
En esta ocasión la revista tendrá como editor invitado al el profesor Jaime R. Cantera Kintz, de la Universidad del Valle; quien además será el encargado de acopiar los trabajos que se vayan a someter a evaluación.
Las temáticas son:
- Biodiversidad acuática de la cuenca colombiana del río Amazonas.
- Principales amenazas a la biota acuática colombiana.
- Cianobacterias y fitoplancton de las aguas superficiales de Colombia.
- Grupos no-explorados o poco explorados de organismos acuáticos de Colombia.
La fecha límite para presentar los manuscritos a la revista es el 1 de octubre de 2020. Si desea participar por favor envíe sus artículos antes de la fecha indicada al correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..
Recuerde que para someter los artículos debe seguir las indicaciones de la revista: http://limrev.com/index.php/limrev/about/submissions#authorGuidelines
El único satélite con el que cuenta Colombia, Facsat – 1, es monitoreado por la Fuerza Aérea con el apoyo de la Universidad del Valle.
El 28 de noviembre de 2018, la Mayor de la Fuerza Aérea Colombiana Sonia Ruth Rincón se encontraba en la Estación de Comando y Control de la base Marco Fidel Suárez, tratando de distinguir en cuatro enormes monitores al único satélite con el que cuenta Colombia, y que en ese momento se encontraba dentro del cohete PSLV C-29 con destino al espacio.
Fue un día muy feliz. La alegría que se siente cuando algo que parecía muy lejano, por fin se logra. Cuando terminó el lanzamiento y el satélite comenzó a transmitir, en el Comando nos abrazamos y nos tomamos una foto.
El cohete se encontraba en el centro espacial Satish Dhawan, en la India. Además del satélite de Colombia, transportaba los de otros 29 países. Todo sucedió como en las películas. Se escuchó el conteo, el cohete salió disparado bajo una bocanada de fuego, y tomó rumbo hacia el universo como una flecha a la que no rige la Ley de la Gravedad.
Ya en el espacio, a 505 kilómetros de la Tierra, el PSLV C-29 liberó el satélite colombiano, que fue construido en Dinamarca por la empresa GomSpace y fue bautizado como Facsat – 1. ‘Fac’ por las siglas de la Fuerza Aérea Colombiana, la entidad que lo compró, SAT, por satélite, y el 1 por ser el primero de la institución.
Tras dos años monitoreando su órbita alrededor del planeta, la Mayor Sonia y su equipo ya conocen sus ‘rutinas’. Todos los días pasa dos veces por territorio colombiano, entre las 9:00 y las 11:00 de la mañana, y entre las 9:00 y las 11:00 de la noche. La Mayor es oficial de la Fuerza Aérea desde hace 18 años. Nació en Saravena, Arauca, y estudió ingeniería metalúrgica. Al principio se encargó del mantenimiento de nivel mayor de las aeronaves, pero desde que realizó una maestría en manufactura aeroespacial en Inglaterra la nombraron Jefe del Centro de Investigación en Tecnologías Aeroespaciales, Citae.
Desde allí un grupo de físicos, ingenieros mecatrónicos, ingenieros informáticos, administradores aeronáuticos y geólogos expertos en sistemas y en análisis de imágenes, monitorean el Facsat 1, que pesa lo que un bebé, 4 kilos, y posee un lente con resolución de 30 metros por píxel para tomar fotos. Las imágenes las podrá captar aproximadamente hasta 2023, pues su ‘vida útil’ se calcula en cinco años.
Cuando le pregunto a la Mayor si acaso con ese aparato se podrían identificar las pistas del narcotráfico, o los cultivos ilícitos, o seguir la ruta de un grupo armado ilegal – “como en el cine” – se sonríe por semejantes expectativas.
El Facsat – 1 tiene un rol científico y académico. Distintas entidades nos hacen requerimientos para, por ejemplo, detectar patrones de minería a cielo abierto, como cambios en la coloración de los suelos y deforestación. Se han identificado unas zonas posiblemente afectadas, y el satélite hace la toma de imágenes del área. También el Servicio Geológico nos ha solicitado tomas de los nevados, para verificar su estado debido al cambio climático. Igualmente se monitorean incendios forestales y cambios en la cobertura de bosques, y hacemos vigilancia de la Sierra de Chiribiquete, un parque nacional natural amenazado por la deforestación.
Con el Facsat 1 también se pretende mejorar las comunicaciones satelitales de la Fuerza Aérea Colombiana desde la Antártida, donde a inicios de 2020 se instaló una antena prototipo para monitorear el satélite.
El satélite de la Fuerza Aérea estará en órbita aproximadamente hasta 2023, cuando se cumple su vida útil.
Además, con él se capacitan los futuros pilotos y posibles astronautas colombianos en los conocimientos espaciales. La razón por la que el satélite se monitorea desde Cali y no desde Bogotá es justamente esa: es en Cali donde está la Escuela Militar de Aviación de la Fuerza Aérea.
Ya son varios los pasantes del Sena y universidades que han tenido la oportunidad de fotografiar la geografía colombiana desde el Comando terrestre donde se controla todo, al norte de la ciudad. En alianza con la Universidad del Valle se diseña también una maestría aeroespacial que se abriría en 2021.
– Colombia no puede seguir rezagada en la investigación espacial, y uno de los logros del satélite es ese: crear conocimiento de estos sistemas y todo lo que hay a su alrededor, electrónica, Big Data, inteligencia artificial. Estamos creando capacidades para potenciar la industria espacial, que genera tecnología que no es exclusiva de misiones espaciales, sino que la usamos en la vida cotidiana. También sensibilizamos a los ciudadanos sobre las bondades de contar con satélites de observación terrestre que nos permitan controlar incendios, deforestación, los cambios ambientales en los territorios – continúa la Mayor.
505 kilómetros es la distancia aproximada entre el satélite Facsac 1, y la Tierra.
Para monitorear el satélite hay un turno de 24 horas durante ocho días. Eso quiere decir que el físico o el ingeniero asignado debe verificar tanto en la mañana como en la noche que el satélite se encuentre bien de ‘salud’: que el estado de sus baterías sea el óptimo, así como su computador abordo, y registrar esas estadísticas.
También se hace una programación semanal con base en un software que proyecta la trayectoria, el horario y la elevación del satélite en un determinado momento. E igualmente se deben monitorear las condiciones meteorológicas. Si el día está muy nublado se aborta la captura de fotos – no salen bien – y en cambio en el Comando se dedican a otros menesteres: descargar datos, analizar imágenes previas, clasificarlas, enviarlas a las entidades que se las solicitan, trabajar en una nueva misión espacial: construir, en Colombia, un satélite.
Para lograrlo se unieron tanto la Fuerza Aérea como la Universidad del Valle, la Universidad Industrial de Santander y la Sergio Arboleda, que ya envió un satélite al espacio: el Libertad 1. Al parecer la batería se descargó muy pronto, pero alcanzó a transmitir información durante 30 días, en los que emitió datos telemétricos sobre su estado de funcionamiento, su posición respecto al Sol y a la Tierra, además de 11.000 paquetes de datos sobre el universo.
La Mayor Sonia Rincón asiente muy segura cuando alguien le menciona entonces que el espacio no es un asunto exclusivo de Rusia, o China o Estados Unidos, las grandes potencias. El espacio es libre, aclara, y el país tiene mucho qué hacer en él.
– Mucha gente de Colombia ya trabaja en misiones espaciales. El doctor César Ocampo, para citar solo un caso, y quien nació en Armenia, trabaja para la Nasa. Hace los cálculos para llegar a Marte. Los colombianos tenemos mucho potencial. Con el Facsat 1 comenzamos a aprovecharlo, a generar conocimientos. Recuerdo que cuando aprendíamos a apuntar el satélite para tomar las fotos del país, quedó una donde se veía la curvatura de la Tierra. Era una foto muy bella. Ese asombro.
Tomado de El País.com
Profesores de la Escuela de Ingeniería de Materiales de la Universidad del Valle investigan y realizan pruebas para encontrar nuevas alternativas de materias primas, en la fabricación de elementos de protección personal, por solicitud de la Cámara Colombiana de Textiles y la empresa Deskanza.
El grupo de investigadores que trabajan junto a el Doctor (Ph.D.) en Ingeniería Julio Cesar Caicedo Angulo y el profesor Fred Alban adscritos al grupo de investigación (TPMR) dirigido por el Doctor (Ph.D.) Yesid Aguilar buscan determinar la bioseguridad de nuevos textiles para saber si pueden ser utilizados para proteger a las personas del sector salud, ante cualquier tipo de patógeno, en caso de que la pandemia haga que se aumente la demanda de los textiles convencionalmente utilizados para estos usos y lleve a su escasez.
Los investigadores de la Facultad de Ingeniería realizaron varias pruebas a textiles convencionales no empleados en el sector salud y producidos por empresas del sector, con el fin de determinar su capacidad para filtrar gotas de fluidos que contengan microorganismos; abriendo así la posibilidad de fabricación de elementos de protección personal -EPP.
Las pruebas permitieron determinar si los nuevos textiles sirven para protección de la mucosa nasal, bucal o la piel de otras partes del cuerpo para el sector médico y para pacientes; teniendo en cuenta que la distancia o proximidad con los pacientes que padecen de la enfermedad es lo que marca la exigencia de seguridad de la prenda.
Los exámenes de los textiles van desde pruebas microscópicas, forma o densidad del tejido hasta la medición del ángulo de contacto para determinar su carácter hidrofóbico o hidrofílico que es lo que permite repeler o filtrar fluidos.
Desde algún tiempo, pequeñas y medianas empresas de la región nos han consultado sobre nuevas opciones de textiles de protección y ahora empresas más grandes buscan nuestros laboratorios para determinar nuevos productos de bioseguridad cuando se le hacen algunos cambios al tejido y a la materia prima, explicó el profesor Julio Cesar Caicedo.
En cuanto a las pruebas a textiles, existe una variada literatura y una estandarización de las pruebas bajo normas internacionales que permiten entregar resultados y conceptos con un muy alto nivel de precisión.
Tradicionalmente para los textiles, en nuestro medio, se utilizan fibras de algodón, poliester o con base en polimerizada. Además, si es necesario, les hacen tratamientos especiales de termo sellado, pero si se cambia algún componente o estructura debe estudiarse su nueva condición, como aislante, explicó el profesor Caicedo Angulo.
![]() |
|
![]() |
Imagen 1: Vista superficial del lado posterior de la tela empleda para tapabocas (Zona de contacto con el Esterior) (50X).

Imagen 2: Vista de la seccion transversal de la gota de agua sobre la superficie del lado posterior de la tela (de contacto con el Esterior) (50X).
El profesor Robín Alexis Olaya de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática en un trabajo colaborativo con el profesor Daniel Cuartas Arroyave de la Escuela de Salud pública de la Universidad del Valle, desarrolló una herramienta que permite ubicar geográficamente y de manera semiautomática los casos reportados – confirmados y no confirmados- de Covid19, obtenidos a través de información suministrada por la Secretaría de Salud Pública Municipal.
El profesor Olaya es ingeniero topográfico de la Universidad del Valle y magíster en tecnologías de la Información geográfica.
La herramienta es un programa ágil y sencillo que permite leer un archivo de Excel donde se reportan los posibles casos de Covid19 junto con los casos confirmados, recuperados y fallecidos. Se recibe la información con la dirección del sujeto y la herramienta estandariza la mayoría de las direcciones y las geocodifíca (proceso de transformar una dirección en una ubicación geográfica).
Como resultado la herramienta entrega la ubicación geográfica de los casos en un mapa que permite realizar análisis demográficos y espaciales.
Este programa ayuda a geocodificar de manera rápida los datos (direcciones) que llegan a diario a la Secretaría de Salud. Esta acción pasa a ser fundamental en el conocimiento del comportamiento y distribución espacial de los contagios. La importancia de ubicar estos datos en un mapa, toma relevancia para el análisis epidemiológico, mediante el cual se pueden orientar acciones frente al covid19.
Por otro lado, el profesor Robín Olaya también desarrolló un Dashboard o tablero de operaciones interactivo sobre casos de covid19 por municipios en el Valle del Cauca, con datos del Instituto Nacional de Salud, en tiempo real. El usuario puede seleccionar de la tabla o mapa un municipio y se filtra la información detallada de los casos. Esta es una forma práctica de seguir el comportamiento del virus, allí se podrá ver los contagiados, los recuperados, en dónde están llevando su tratamiento y tendencias.
Investigadores de la Escuela de Ingeniería Mecánica de Univalle trabajan en el desarrollo de una cámara germicida que purifica el aire, en espacios cerrados, por medio de radiación ultravioleta.
Los virus y bacterias del ambiente se eliminan mediante la radiación ultravioleta, sistema que puede aplicarse para combatir el virus del Covid-19 mientras permanece flotando.
Después de ser expulsado por un portador, el virus del covid-19 puede permanecer flotando por un tiempo determinado. El virus que contienen las partículas de fluido más grandes caen rápidamente al suelo y la más pequeñas, de tamaño microscópico, flotan por un mayor tiempo y pueden ser esparcidas por corrientes de aire imperceptibles para los sentidos.
El proyecto dirigido por los profesores Carlos Herrera y Miguel Rosillo denominado “Desarrollo de cámara para eliminación de Microorganismos de transmisión aérea de bajo costo”, consiste en una cabina que elimine el virus mientras es transportado por el aire.
La cámara toma el aire y lo pasa por varios filtros que lo irradia con unas lámparas de luz ultravioleta que estarían dentro de la unidad, devolviendo un aire limpio de microorganismos, es decir, libre del virus.
Esta podría ser una alternativa en espacios como salas de espera de clínicas u hospitales, centros de salud o unidades de cuidado intensivo.
La idea cuenta con la colaboración de profesores, profesionales y estudiantes voluntarios de la Escuela de Ingeniería Mecánica y el apoyo académico de las docentes Lyda Osirio, Gloria Palma, y Beatriz Parra de la Facultad de Salud, además de investigadores de la Universidad de Extremadura, España.
En este momento el proyecto tiene el diseño completamente terminado y el primer prototipo está en construcción con el apoyo de la empresa TAS Asociados y, una vez terminado, se implementará en el Hospital Universitario del Valle para su evaluación.
Un equipo que permite el lavado de manos en sitios donde no haya conexión a la red de agua potable está siendo diseñado y perfeccionado por investigadores de la Universidad del Valle.
El equipo es una unidad sanitaria de fácil transporte, mínima mantenibilidad y amigable con el ambiente, construida con plástico reciclado casi en su totalidad, que permite dispensar agua, jabón y toallas de papel. Todo esto sin utilizar las manos. A su vez, tiene la posibilidad de recargarse y de evacuar el agua residual de forma sencilla, así como llevar un conteo de la cantidad de lavados.
Esta iniciativa, denominada “Manos Limpias – Manos Seguras” liderada por el profesor Jorge Lopera de la Escuela de Ingeniería Mecánica, es el resultado de la sinergia en el trabajo de investigadores de las facultades de Salud e Ingeniería de la Universidad del Valle, representada por los profesores Lyda Osorio, Lena Barrera, Orlando Paz y Joao Ealo; de la empresa TAS Asociados y de un grupo de profesores, profesionales y estudiantes voluntarios. El proyecto, financiado en buena parte por la empresa, busca poner el conocimiento generado y desarrollado al servicio de la industria y la Sociedad en general.
La pandemia por el Covid -19 se estima que seguirá extendiéndose hasta que se desarrolle una vacuna efectiva. Entretanto, la vida continúa y la posibilidad de levantar las medidas de cuarentena es casi una necesidad para evitar un impacto económico mayor. Resulta, entonces, indispensable desarrollar estrategias y tecnologías para minimizar las propagación.
El lavado de manos es una de los principales hábitos para lograrlo. Para ello, el equipo, que cuenta con atributos de antivandalismo y permite hasta 300 lavadas, hace uso de un sistema simple de bombeo y dosificación de jabón, con válvulas operadas con el pie, que evitan el contacto con las manos.
El lavamanos portátil será de gran utilidad para personas que deben desplazarse utilizando el servicio público y aquellas cuyas ocupaciones que no se detienen durante la crisis, como vigilantes, policía, domiciliarios, personal de la salud, entre otros.
Se espera que las Unidades sean instaladas en lugares con alto tránsito, como en estaciones de transporte, en algunos puntos del centro de la ciudad, en las entradas de centros comerciales y en otros sitios sensibles al contagio. Se adelanta actualmente la instalación de un primer piloto en la estación Universidades del Sistema de Transporte Masivo - MIO en los próximos días.
Profesores Orlando Paz (derecha), Jorge Lopera (centro) y técnico Vladimir Boada (izquierda).
Investigadores de la Universidad del Valle buscan nuevas alternativas de producción de energía térmica usando los residuos de corte producidos en los cultivos de la caña de azúcar.
La investigación patrocinada por la Real Academia de Ingeniería de Inglaterra, dirigida por el profesor Juan Manuel Barraza Burgos de la Escuela de Ingeniería Química de Univalle y por el profesor Ed Lester de la Universidad de Nottingham –Inglaterra se realiza en cooperación con el Centro de Investigación de la Caña de Azúcar de Colombia –Cenicaña, y una empresa Británica generadora de energía con biomasa.
Durante la cosecha de caña de azúcar, luego de sacar el tallo, quedan como subproductos las hojas, cogollos y raíces, que se conoce como residuos agrícolas de corte de la caña –RAC y se usan, en una proporción cercana al 50%, para adecuar el suelo donde se siembra la caña de azúcar nuevamente.
El resto de los residuos del corte se desecha porque debido a su baja densidad (70-100 kg/m3) los costos de transporte hasta los ingenios o calderas de las plantas de generación de energía térmica resultan muy altos.
El proyecto, en el que participan investigadores colombianos e ingleses, busca transformar esos cogollos, hojas secas y hojas húmedas en partículas desmenuzadas, trituradas y comprimidas, disminuyendo su tamaño, aumentando su densidad y su potencial energético.
Con este proceso se obtienen partículas denominadas briquetas o pellets que pueden facilitar y abaratar los costos de transporte hacia los centros de consumo.
Esta iniciativa apunta a cambiar el manejo de los residuos de la agricultura, agregándoles valor que genera una importante opción de negocio, no solo para el sector del cultivo de la caña de azúcar sino para otros sectores que producen residuos agrícolas o biomasa.
En 2017, según la Asociación de Cultivadores de caña – Asocaña, el sector agroindustrial de la caña de azúcar estaba integrado por 14 ingenios, 11 plantas cogeneradoras de energía eléctrica y 6 destilerías de alcohol.
El área sembrada de caña de azúcar es de aproximadamente 243,200 hectáreas, la producción anual de azúcar de 2.23 millones de toneladas, mientras que de etanol 367 millones de litros y la generación energética de 1.48 millones de MWh.
El uso de residuos agrícolas (RAC) como fuente de energía podría reducir las emisiones de dióxido de carbono dado que en las calderas del sector azucarero se utilizan mezclas de carbón con bagazo.
Por otra parte, esta investigación permitiría liberar en mayor proporción el bagazo de la caña de azúcar que se usa como materia prima en la industria papelera,
El trabajo de los investigadores de la Universidad del Valle, de Cenicaña y las dos instituciones inglesas, es evaluar varios aspectos relacionados con la logística del proceso de recolección de los residuos, su manejo; sí el RAC se debe transformar en pellets o briquetas en el sitio de la recolección o se debe llevar a un centro de acopio, el modo más eficiente de transporte, el análisis de la composición de los pellets o briquetas y el comportamiento en los procesos de combustión.
En la investigación, además del profesor en Ingeniería Química de la Universidad de Nottingham Juan Manuel Barraza, también trabajan tres profesores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle, un estudiante de doctorado, tres de maestría y once de pregrado.
Por su parte, la Universidad de Nottingham, una de las instituciones más importantes de Europa en la investigación en carbón y biomasa, además del profesor Ed Lester, ha vinculado un estudiante de doctorado y adicionalmente le transferirá a la Universidad del Valle varios módulos de enseñanza.
Con esta investigación CENICAÑA busca mejorar el proceso de la extracción de azúcar y uso de los residuos de corte y obtener un combustible alternativo para generar energía, mover los molinos de los ingenios e incluso aportar al mercado de energía.
Adicionalmente, las cuatro instituciones aportantes fortalecen alianzas estratégicas; el intercambio de conocimientos, tecnologías y prácticas docentes, así como la movilidad de estudiantes de posgrado entre la Universidad del Valle y la Universidad de Nottingham; potencializando el cambio de carbón por biomasa como fuente de energía menos contaminante.
Con el nombre de “VentyNet”, la Universidad del Valle desarrolla un sistema de ventilación mecánica fácil de operar, seguro para el paciente y con un bajo costo de mantenimiento, para la atención de afectados por el Covid-19.
El prototipo incluirá un sistema de filtrado de aire de entrada y salida, un módulo informático que permite visualizar los históricos del comportamiento del paciente para realizar los cambios necesarios y un protocolo de rehabilitación respiratoria con manejo local o remoto.
Los ventiladores mecánicos son los equipos de mayor índice de criticidad en las unidades de cuidado intensivo (UCIs) para la atención de los afectados por el COVID-19 y, por tanto, su disponibilidad es indispensable.
Actualmente se presenta escasez de estos equipos, a nivel mundial, y si se logra conseguir es a costos elevados.
Para suplir en parte esta necesidad, bajo la dirección del profesor José Isidro García profesores y estudiantes de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Universidad del Valle trabajan en el desarrollo de un prototipo de respirador artificial para la atención de los afectados por la pandemia, en sus etapas intermedia y critica.
Una de las ventajas del respirador artificial es la posibilidad de ser operado a distancia por medio de un celular o cualquier dispositivo electrónico. Además, de forma directa, el especialista de la salud podrá configurar el protocolo de rehabilitación respiratorio mediante una interface de comando integrado al módulo básico.
En el modo remoto la unidad de ventilación establecerá un intercambio de información con una interface remota que viabilizará la configuración del protocolo de rehabilitación mediante un canal de comunicación de amplio espectro, como es el Internet.
“Se pensó en la importancia de mantener a los médicos tratantes a salvo, por esto se ideó una forma de poder manejar el respirador a distancia”, explica el profesor José Isidro García, director del proyecto.
La unidad prestará servicios iguales o similares a las de los equipos comerciales, pero con requerimientos específicos que favorecen la configuración de todos los parámetros de ventilación fundamentales para los pacientes con COVID-19.
Además, el respirador cuenta con un módulo neumático que tiene una autonomía energética de más de 180 minutos, facilitando el uso en el transporte de pacientes sin dejar la ventilación.
El prototipo permite una operación segura durante millones de ciclos sin fallas y, gracias a esta condición, una vez superada la crisis permitirá la participación local en el mercado de equipos médicos lo que fortalecerá el sector de la manufactura y mejorará la capacidad de reacción del país ante futuras pandemias.
Para su producción en serie el equipo está siendo sometido a tres pruebas antes de ser presentado al INVIMA. La primera prueba se realizó en el laboratorio de simulación de la Facultad de Salud y la siguiente se efectuará con un simulador pulmonar, además de pruebas con biomodelos durante varios días.
Las pruebas son absolutamente estrictas pues los requerimientos que del INVIMA para validar este tipo de equipos son muy altos, si se tiene en cuenta que cualquier falla, por mínima que sea, repercute en la vida del paciente.
Para este proyecto la escuela de Ingeniería Mecánica convocó a estudiantes, egresados y profesores que han aportado sus habilidades y competencias, su tiempo y compromiso para el desarrollo de este prototipo.
En el desarrollo del respirador artificial por investigadores de la Universidad del Valle también participan la empresa Asa Industries y el SENA que han aportado ideas, trabajo y materiales para desarrollar este proyecto.
La actividad investigativa, uno de los núcleos misionales más importantes para la Universidad del Valle, no ha visto disminuida su intensidad, aún cuando las dinámicas impuestas por la Cuarentena Nacional impiden hacer presencia en varios laboratorios de estudio. El profesor Héctor Cadavid Ramírez, quien actualmente se desempeña como Vicerrector de Investigaciones, asegura que aunque no niega que el panorama actual supone todo un reto para la ciencia, “debemos reconocer que la pandemia ha representado para la Universidad del Valle, y para sus investigadores en particular, una gran oportunidad para mantener una actividad plena”.
El pasado 25 de marzo, y durante un periodo que no superó los tres días, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación convocó a las Universidades Públicas y Privadas del país a presentar proyectos que tuvieran como objetivo “Fomentar el desarrollo de soluciones para afrontar problemáticas ocasionadas por la pandemia de COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas (IRA) de gran impacto en salud pública, mediante la selección y financiación de proyectos que promuevan la obtención de resultados científicos y tecnológicos en torno al diagnóstico, tratamiento, mitigación y monitoreo de las enfermedades correspondientes”.
Atendiendo este llamado, que Gobierno Nacional hizo extensivo al grueso de la comunidad científica colombiana, la Universidad del Valle presentó las siguientes propuestas investigativas para hacerle frente a la pandemia: 1. Estrategias formativas, solidarias y comunicacionales para proteger y protegernos del COVID-19: Enfoque sistémico orientado al cambio del comportamiento; 2. Plan de apoyo a la capacidad diagnóstica de SARS-CoV-2; 3. MUCI - Unidad de Cuidados Intensivos Modular; 4. Sistema de gestión logística local en escenarios de riesgo de pandemia COVID-19 - SIGELO; 5. Plataforma de monitoreo de signos vitales para el manejo y seguimiento remoto de pacientes en casa con COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas, garantizando la seguridad de los profesionales de la salud; 6. Productos naturales de plantas colombianas con actividad antiviral contra COVID-19; 7. Unidad para Eliminación de Microorganismos de Transmisión Aérea a bajo costo y fácil implementación; 8. Control de aerosoles con potencial patogénico en odontología: Estudio in vitro dirigido a mejorar la calidad del aire en la practica profesional; 9. Estación desinfectante instrumentada con toma de datos en la nube en tiempo real de parámetros sintomáticos de COVID-19 en áreas de gran tráfico; 10. Desarrollo y producción rápida de elementos de protección personal para el control de propagación de infección por COVID-19 para el personal médico en el Valle del Cauca; 11. Recubrimiento polimérico con actividad antiviral y antibacteriana para uso como refuerzo en elementos de protección del personal sanitario para la atención de pacientes infectados con COVID-19 y otras infecciones respiratorias agudas (IRA).
“En esta convocatoria obtuvimos resultados importantes, en particular, un proyecto de la Universidad resultó favorecido con recursos que permitirán su ejecución”, señala el vicerrector Héctor Cadavid mientras se refiere a las particularidades del ‘Sistema de gestión logística local en escenarios de riesgo de pandemia COVID-19 - SIGELO’. “Esta ha sido una oportunidad para que los Grupos de Investigaciòn interactúen entre sí. Ha sido un proceso de muchas sinergias, con la participación de grupos de investigación de diferentes facultades, lo que nos ha permitido presentar proyectos con una visión muy integral y multidisciplinaria”. Por esta razòn, el proyecto SIGELO es el resultado del trabajo interdisciplinar que adelantaron investigadores de las Facultades de Ciencias de la Administración, Ingeniería y Salud, quienes a su vez conforman los grupos de investigación en Epidemiología y Salud Poblacional; Logística y Producción; Transporte, Tránsito y Vías - GITTV y Previsión y Pensamiento Estratégico de la Universidad del Valle. Ahora, asegura el Vicerrector, el principal reto consiste en lograr la articulaciòn de Instituciones locales, Centros de Investigaciòn y demàs aliados estratègicos, para presentar a las convocatorias proyectos y propuestas sòlidas a nivel regional.
Según lo descrito por Carlos Arango, uno de los investigadores que participan del proyecto, a partir de variables sociodemográficas y socioeconómicas se pretende identificar el índice de vulnerabilidad de una población que se considera realiza desplazamientos en ‘zonas de riesgo’. “Este sistema se realizará mediante técnicas matemáticas que permitirán analizar patrones de propagación y plantear escenarios frente a los desplazamientos de las personas con objeto de aprovisionamiento”, señala el investigador Arango.
“Ahora bien, a esos proyectos se suma el intensivo trabajo del Laboratorio de Virología de la Facultad de Salud”, continúa explicando el Vicerrector Cadavid, “que ya viene cooperando activamente con el Laboratorio Departamental brindando apoyo en el procesamiento y análisis de muestras del Coronavirus COVID-19”. El directivo señala que está próxima a cerrar una convocatoria del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación, que cuenta con fondos del Sistema Regional de Regalías, enfocado en el fortalecimiento de los laboratorios regionales. “Vamos a presentar dos propuestas a esa convocatoria, una de las cuales se encuentra bastante estructurada. En particular, aspiramos a obtener recursos para aumentar el número de pruebas y la capacidad de atención, por lo cual se hace lógico pensar en adecuaciones a nivel de equipamiento e infraestructura”.
El pasado 31 de marzo, el Ministerio Nacional de Salud autorizó al ‘Laboratorio de Agentes Biológicos’ del Departamento de Microbiología de la Facultad de Salud, para que adelantara análisis de muestras para identificar la presencia del Coronavirus COVID-19. Este complejo, que no se encuentra abierto al público general, funciona exclusivamente como un centro de diagnóstico al que le remiten las muestras recogidas en las IPS, todo bajo la coordinaciòn de la Secretaría de Salud de Cali.
Adelàntandose a la emergencia, semanas antes de que el país iniciará la cuarentena nacional, la Universidad del Valle adquirió una importante cantidad de insumos que han permitido mantener este laboratorio en funcionamiento, de igual manera, se tomó la previsión de realizar pedidos estratégicos adicionales, los cuales están próximos a llegar, y que brindarían la oportunidad de mantener operando el laboratorio durante un periodo de dos meses. “Es importante decir que Univalle, con recursos propios, ha venido atendiendo las necesidades para que este laboratorio pueda operar de la mejor manera”, dice Cadavid.
“Es importante indicar que no sólo la estrategia es a nivel central desde la vicerrectoría es la que está dando respuestas a las distintas necesidades, sino las facultades, a manera de ejemplo, la de ingeniería ha integrado equipos de trabajo para el desarrollo de dispositivos, tales como respiradores mecánicos, cabinas de desinfección y propuestas de nuevos materiales relacionados con esta temática. Quiero resaltar tambièn que las Sedes Regionales, dentro de las que estàn Cartago, Santander de Quilichao y Buenaventura, también tienes equipos de trabajo en los cuales se ha integrado médicos, ingenieros, estudiantes de ingeniería y tecnologías, presentando nuevos proyectos”, concluye el Vicerrector Hèctor Cadavid.