Designado coordinador de Protección de Datos Personales de la Universidad del Valle

Durante un acto de posesión que se llevó a cabo el pasado 17 de junio, el abogado Fernando Fierro Pérez tomó cargo de la recién creada Coordinación de Protección de Datos Personales, dependencia adscrita a la Secretaría General de la Universidad del Valle.

Según lo explicó el abogado Fernando Fierro, quien además es magíster en Administración en Salud y en Derecho Constitucional, así como Doctor (Ph.D.) en Sociología Jurídica, este cargo se crea en la Universidad del Valle “al tenor de lo reglamentado en la ‘Ley 1581’ de 2012, mediante la cual se reglamentó la protección de datos personales a nivel nacional, tanto para el sector público como para el sector privado”.

El rector Edgar Varela Barrios, quien presidió el acto de posesión acompañado del Secretario General Antonio José Echeverry, manifestó que la Universidad cuenta ahora con “un cargo de alto nivel adscrito a la Secretaría General como Oficial de Protección de Datos, exigencia que realiza la ley colombiana a todas las Entidades Públicas. Hace un par de semanas llevamos la creación de este cargo ante el Consejo Superior, y una vez otorgada esta autorización, seleccioné al abogado Fernando Fierro, quien ya se había desempeñado como jefe de la Oficina Jurídica de la Universidad”.

Fernando Fierro Pérez es también especialista en Derecho Administrativo de la Universidad de San Buenaventura - Cali. Cuenta con formación y experiencia en gestión de talento humano, derecho laboral, gestión de conflictos, contratación estatal, fundamentos de seguridad social integral, auditoría de sistemas de gestión, nómina y prestaciones sociales, gestión del conocimiento organizacional, gerencia de proyectos y auditoría de calidad.

Fernando Fierro Pérez también se ha desempeñado como Juez de Instrucción Criminal, personero delegado para la vigilancia administrativa, personero delegado del Ministerio Público y asesor jurídico de varias entidades públicas. Además, ha asumido la defensa jurídica de la Universidad del Valle por más de 14 años y también ha actuado en varias oportunidades como Secretario General (e).

Protección de Datos Personales para la Universidad del Valle

Según lo expresó el nuevo coordinador, la Ley colombiana establece que todas las Entidades Públicas y las empresas del sector privado deben contar con un Oficial de protección de datos personales, “quien en esencia es el encargado, el árbitro que regula todo el manejo de los datos que recauda la Universidad del Valle a todo nivel, garantizando así el respeto por el derecho que tienen los titulares sobre sus datos personales”.

El abogado Fernando Fierro resaltó igualmente que, aunque la Coordinación que tiene ahora bajo su cargo es nueva, la Universidad ha sumado esfuerzos en relación a este importante asunto durante los últimos años. “Me reuniré con una abogada contratista que ha atendido este asunto para observar lo que se ha hecho. También se va a ordenar una auditoría para analizar qué tanto hemos avanzado, hacia dónde vamos y qué nos hace falta implementar”.

“Por supuesto que esto no empezó ayer”, señaló el rector, “ya había un contratista ejerciendo estas actividades desde hace varios años, pero hemos elevado el rango y se ha configurado un equipo que va a ayudarnos a resolver esta solicitud, que es una demanda constitucional”.

Pero ¿qué asuntos atenderá la oficina del Oficial de Protección de Datos? El rector Edgar Varela Barrios señaló que su competencia será la de proteger información sensible como la relacionada con habeas data, principios de confidencialidad, protección al derecho a la intimidad, al buen nombre en relación con la información en esquemas de transparencia, entre otros asuntos de importante categoría.

“Sobre esto existe bastante normatividad y legislación en Colombia. En buena hora se ha establecido que cada Secretaría General de las Entidades del Estado cumplan con esta función de protección. Ello va a permitir reforzar a la Secretaría General de la Universidad del Valle, acompañando así otros temas que están correlacionados, como los de rendición de cuentas, transparencia y los programas y políticas de Buen Gobierno en que la Universidad viene empeñada desde hace varios años. Por supuesto, es algo que se dirigirá desde la Secretaría General, pero que irradiará a todas las Facultades, Sedes, Vicerrectorías y en general, a todas las áreas administrativas de la Universidad, en el contexto de transparencia y rendición de cuentas”.

Estudiantes obtienen 4to lugar en concurso internacional de arquitectura

Los estudiantes de Arquitectura de la Universidad del Valle Lina Valencia Fernanda Lozano, Juan Camilo Muñoz, y Jhon Janer Salazar Ruiz, ocuparon el 4to lugar en los LafargeHolcim Awards Next Generation prize for Latin America con su propuesta "Protective Canopy".

El sudeste de Bogotá ha sufrido durante muchos años las consecuencias de la minería ilegal y la construcción de viviendas informales. Entre las colinas de esta zona, se encuentra el Parque Ecológico Entre Nubes, que alberga una amplia variedad de fauna y flora autóctonas. El proyecto, creado por este colectivo de estudiantes propone la construcción de un pabellón botánico que imita la silueta de las montañas y se integra perfectamente al paisaje.

La construcción liviana está compuesta por cables de acero unidos a los paredones de la cantera. Las amarras verticales sujetas en la base le dan estabilidad a la estructura tensil, que tiene una cubierta de polímero translúcido. El pabellón alberga especies vegetales esenciales para el ecosistema colombiano. A lo largo de las secuencias de senderos y plazas alternan áreas pedagógicas y recreativas y el invernadero es, a su vez, una instalación educativa pública. La gestualidad arquitectónica, decidida y amable a la vez, que se propone remediar una herida infligida por la minería en el paisaje, causó gran impresión en el jurado.

Los premios, que fueron anunciados el pasado 16 de junio, son entregados por la Fundación LafargeHolcim, interesada en seleccionar y apoyar iniciativas que combinen soluciones de construcción sustentable con excelencia arquitectónica y una mejor calidad de vida más allá de las soluciones técnicas.

The LafargeHolcim Awards Next Generation prize reconoce proyectos innovadores y conceptos orientados al futuro, y es el concurso mundial más importante para el diseño sostenible. Cada ciclo de competencia dura tres años, desde el anuncio hasta su finalización, y se otorga un total de dos millones de dólares estadounidenses en premios.

Para más información visitar https://www.lafargeholcim-foundation.org/about/foundation 

 

Ganan concurso para el diseño de casa cultural

Estudiantes, docentes y egresados de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle obtienen el primer, segundo y tercer lugar en el “Concurso de Ideas para el Diseño Arquitectónico de la Casa Cultural en el Centro Poblado Las Colinas Jaime Pardo Leal, San José del Guaviare”.

Este concurso, dirigido a estudiantes, docentes y egresados de la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Valle, se realiza en el marco del Convenio Específico de Cooperación entre la Facultad de Artes Sede Bogotá de la UNAL, la Cooperativa Multiactiva Ecomún Jaime Pardo Leal (Coojapal), la Asociación de Mujeres Jaime Pardo Leal (Asomujapal) y la Fundación Cultural y Folclórica Raíces de Mi Tierra, de esta forma las dos universidades contribuyen al proceso de reincorporación, reconciliación y fortalecimiento del tejido social de la Escuela de Arte y Comunicación.

Presentaron sus propuestas 33 equipos conformados por 150 participantes y después de superadas las tres fases en que fue planteado el concurso, estos fueron los grupos ganadores:

PRIMER PUESTO - Universidad del Valle
Arquitecto Norberth Aristizábal Marín: Profesor Asistente de la Escuela de arquitectura.
Gustavo Adolfo Barco Isaza: Estudiante coordinador Escuela de arquitectura.
Natalia Mosquera Caicedo: Estudiante de la Escuela de arquitectura.
Andrés Camilo Acevedo: Estudiante de la Escuela de arquitectura.
Arquitecto egresado Alexis González Ramírez: Egresado de la escuela de arquitectura.
ASESOR Arq. Walter Giraldo Caicedo: Asesor bioclimático.
ASESOR ING CIVIL Mauricio Domínguez: Asesor técnico y estructural.

SEGUNDO PUESTO - Universidad del Valle
Estudiante Danna Marcela Sierra (Coordinador)
Estudiante Laura Noelia Galviz
Estudiante Natalia Hernández López
Estudiante Kevin Andrés Torres
Estudiante Sebastián Ordóñez
Estudiante Juan Carlos Acosta
Arq. Eduardo Alejandro Mejía (Egresado)
Arq. Gabriel Romero Villota (Docente)

TERCER PUESTO - Universidad del Valle
Estudiante Juan Sebastián López (Coordinador)
Arq. Luis Enrique González (Egresado)
Arq. Katheine Orejuela (Egresada)
Arq. Jose Leonardo Martínez (Egresado)
Arq. Paola Andrea Mafla (Egresada)
Arq. Gustavo Sarmiento Peñaranda (Docente)

El Centro Poblado Las Colinas Jaime Pardo Leal inició su proceso de asentamiento en 2016, y hoy tiene una población aproximada de 500 personas, 228 de las cuales están en proceso de reincorporación (143 hombres y 85 mujeres), en el marco de la implementación del “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”, suscrito entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP.

Cuenta con una población infantil de 130 niños, y 15 personas de la tercera edad. Además, 47 habitantes se reconocen como parte de alguna de las etnias que se encuentran en el territorio del Guaviare.

Aunque la comunidad cuenta con espacios educativos, recreativos y culturales, como una cancha de microfútbol, una cancha de vóleibol, un parque biosaludable y un espacio para el cuidado de los niños, requieren de la Casa Cultural, en la cual funcionará la Escuela de Arte Comunitaria y participativa, con enfoque de género y ambiental.

Las raíces del descontento social en Cali

La pandemia, la falta de oportunidades y una larga historia de segregación son algunas de las razones para que Cali sea el centro del estallido social.

Por: Delfín Ignacio Grueso, profesor de Filosofía de la Universidad del Valle.
Tomado de Razón Pública.

“Odio a Cali, una ciudad que espera, pero no les abre las puertas a los desesperados”
Infección, Andrés Caicedo.

El régimen y la ideología
Esta cita de Andrés Caicedo podría servir para entender por qué el Paro Nacional en Cali adquirió una forma particular donde estalló el descontento social.

Otras frases, como las que alaban a esta ‘Sucursal del Cielo’ (definida por Neruda como un ‘sueño atravesado por un río’), podrían describir las líneas de apoyo a los llamados ‘puntos de resistencia’, las expresiones artísticas, las ollas comunitarias; en fin, todo un movimiento organizado, impregnado de calidez barrial y creatividad juvenil. Pero ninguna frase logrará penetrar, como la de Caicedo, en el subsuelo de exclusión social donde se enraízan tanto la voluntad de resistencia como el coraje y el vandalismo.

Que la explosión del descontento no se limita a Cali; nadie lo niega. Que no puede explicarse a partir de tendencias continentales, tampoco. Mas allá de lo local y más acá de lo internacional, está la crisis social nacional: resultado de los estragos producidos por un régimen y por una ideología.

* Al primero lo definen las reformas neoliberales que van desde Uribe hasta Duque, pasando por Santos. Un régimen que socavó conquistas sociales y alejó ese Estado social de derecho que prometió la reforma constitucional de 1991.
* La ideología es el uribismo, que se nutre de un otro fantasmal (el ‘narcoterrorismo’, el ‘castrochavismo’, la ‘revolución molecular disipada’) para apuntalar un moralismo patriotero que nos retiene en la retórica de la guerra, mientras anula los compromisos en materia de justicia social consignados en los Acuerdos de Paz.

Apagar el incendio con gasolina
Este paro, que de alguna forma es la segunda parte del que comenzó en 2019, se multiplicó en formas de protesta social que ya no tienen dueño.

El pliego de negociación, que está empolvado desde hace más de un año en algún escritorio de la Casa de Nariño, fue rebasado por una multiplicidad de demandas provenientes de distintas regiones, etnias y sectores de la economía. La juventud, más que nadie, vino identificando su propia agenda.

Y aunque nadie niega el papel de convocante que cumplió el Comité del Paro, es evidente que a mucha gente salió a la calle, en plena pandemia, por la rabia que le producían las actitudes desafiantes de este gobierno, su silencio cómplice frente al asesinato de líderes sociales, su catastrófico manejo de la pandemia, las ‘jugaditas’ a las que acudió para quedarse con los órganos de control y para legislar por decreto.

El presidente no supo tramitar políticamente el momento. Tratemos de entenderlo: no negoció porque no tiene permiso para hacerlo y tampoco tiene liderazgo propio (ni un solo voto propio, ninguna experiencia como concejal de algún remoto municipio o como presidente de una junta de acción comunal). En general, Duque no conoce este país, no tiene empatía con él, y no tiene músculo político para tomar decisiones osadas.

Entonces, fiel al talante ideológico del partido que lo puso allí, no podía hacer otra cosa que reprimir policialmente la protesta. Y esto, debido el historial militarista de nuestra policía, se tradujo en tratar a quienes marchan como el ‘enemigo interno’, llevándose por delante todos los formalismos en materia de derechos humanos y desprestigiándose —si es que puede hacerlo más— en el plano internacional.

Mala táctica: querer apagar con gasolina el incendio que él mismo ayudó a encender con su inhumana propuesta de reforma tributaria.

El estallido en Cali
A Cali no le faltaba sino esa chispa para incendiarse con su propia leña seca.

¿Qué tan lista estaba ya esa leña para la combustión? Es algo que cualquiera puede entender con revisar las cifras del DANE sobre los efectos, tanto de las mencionadas reformas neoliberales como de la pandemia en Cali. Esa revisión de estadísticas puede complementarse con explicaciones más recientes (entre las cuales recomiendo el valioso volumen del Centro de Investigaciones y Documentación Socioeconómica (CIDSE) de la Universidad del Valle, Pensar la resistencia: mayo del 2021 en Cali y Colombia.

En cualquier caso, quien repase las cifras del DANE entenderá cómo las políticas que favorecen al capital financiero acabaron golpeando al aparato productivo de una ciudad que no ha sido predominantemente industrial. Cali no produce empleo al ritmo de su incesante aumento poblacional, pues tampoco cesan las causas del desplazamiento forzado que producen la guerrilla, el paramilitarismo y los carteles de la droga en las áreas circunvecinas.

Así las cosas, la pandemia vino a agravar el hambre, el desempleo y la inseguridad. En últimas, llegó para hacer más aguda la falta de oportunidades para una juventud que, aquí más que en ninguna otra ciudad colombiana, está atrapada en el ‘ni-ni’ (ni estudia, ni trabaja). Ése era el mapa socioeconómico el día anterior al 28 de abril, cuando el magma represado comenzó a hacer erupción.

El mapa socioeconómico, sin embargo, no acaba de explicar otros fenómenos que se manifestaron durante la protesta social en Cali. No ayuda a entender, por ejemplo:

* el derribamiento de la estatua de Sebastián de Belalcázar, y su impacto en el simbolismo caleño;
* la afectación diferenciada de los bloqueos;
* la resignificación de ciertos espacios como ‘Puerto Resistencia’, el ‘Puente de las Mil Luchas’, ‘Samcombate’, etc.;
* el espectáculo de ‘rambos’ criollos disparándole a la Minga indígena, como quien caza ‘indios’ en una película del Oeste;
* el desgarramiento interno que ese hecho produjo en el seno de la ‘gente de bien’;
* el vandalismo que sobrepasa los esfuerzos por mantener creativa, intensa y pacífica la protesta social.

La segregación en una ciudad ‘triétnica’
Para entender todo esto hay que ir más atrás en la historia de la ciudad y comprender el modo como se han venido acomodando —e ignorando— diferentes ‘razas’, flujos migratorios y narrativas. En este cruce de caminos llamado Cali, impulsado por la Vía al Mar, agrandado por las oleadas de inmigrantes de todas las violencias, con mucha mano de obra sobrante y con poca industria, emergió en la década de los ochenta el más grande asentamiento de miseria de Colombia (anterior, incluso, a las comunas nororientales de Medellín o a Ciudad Bolívar de Bogotá). El Distrito de Aguablanca: 250.000 habitantes largamente ignorados por las administraciones locales.

Hoy, décadas después, la integración de la población del oriente y de las laderas a la ciudad sigue siendo una tarea pendiente. Lo corroborará quien se aproxime a Cali y perciba el fenómeno de la segregación territorial en esta ciudad ‘triétnica’ que no tiene, como Bogotá, un ‘norte’ y un ‘sur’, pues se caracteriza por la vecindad entre conjuntos residenciales de clase alta y barrios informales. El visitante notará que no todos los colores tienen igual posición en el imaginario de la ciudad, así asistan por igual a un partido del Cali o del América, o al Festival Petronio Álvarez. Le llamará la atención la candorosa extrañeza de las damas de alta sociedad, incapaces de entender por qué es ofensivo tomarse fotos de farándula con ‘negras sirvientas’ como decoración de fondo, si eso siempre fue bien recibido entre la gente de bien que comparte un pasado señorial.

Todo esto persiste porque la cálida bienvenida de la que Cali se ufana, tiene sus límites: que el pobre, el negro y el indio no se avecinen demasiado. Persiste la sospecha hacia el negro en ésta, la ciudad más afro de Colombia y la segunda en América Latina, después de Salvador de Bahía. Produce enojo la presencia de ‘chivas’ cargadas de indígenas en los barrios residenciales. Para ciertos ‘rambos’ criollos, los ‘indios’ deben ser devueltos al Cauca, a bala si es preciso; deben, como dijo Duque, volver ‘a sus resguardos’ o, como dijo el presidente del partido conservador, ‘a su entorno natural’.

Abrirles la puerta a los desesperados
Ése es el tamaño de la cerrazón de puertas de que habla el personaje de Andrés Caicedo.

Con relativa independencia de las soluciones políticas a la crisis nacional, Cali tendrá que abordar su propia crisis sistémica y de integración social, produciendo empleo, ampliando el aparato educativo y la cobertura en salud. Y, especialmente, ocupándose de una juventud que ya salió a reclamar, con mayor osadía y con una capacidad de organización que no tuvieron las generaciones precedentes, su derecho a un futuro. Insensato sería, de parte del sector empresarial, las clases medias y el liderazgo político, ignorar el significado de esta fraternidad de madres y universitarios, de líderes barriales y de combos de amigos.

Antes de preguntar quién va a pagar los destrozos del mobiliario público y de las estaciones del MIO (lo pagaremos todos), hay que preguntarse con qué reformas profundas se va a pagar la vida de los muertos y se van a sanar las heridas que está dejando este episodio de protesta social. Sólo en la medida en que se pague la gigantesca deuda histórica con los marginados del progreso, Cali dejará de ser esa ciudad que les cierra las puertas a los desesperados. Sólo así se podrá conquistar, también, una ciudad más segura en sus calles y barrios, y menos propensa a nuevos estallidos sociales.

Foro Innovación Educativa y Educación para la Paz en el Posconflicto

El Departamento de Filosofía, la Escuela de Estudios Literarios, el Grupo de investigación Narrativas y el Centro Virtual Jorge Isaacs de la Universidad del Valle, invitan a educadores, futuros licenciados, gestores de proyectos de desarrollo social, así como a toda la comunidad universitaria, al Foro Innovación Educativa y Educación para la Paz en el Posconflicto.

Se contará con la presencia de los profesores e investigadores: Juan Ricardo Aparicio, Stephany Hernández Mahecha, Ana María Ortiz Millán, Orlando Ariza Vesga, John Hary Ruiz Soler y Jaime Jiménez.

Abordaremos cómo, en la solución de emergencias humanitarias, se ha privilegiado por excelencia la mirada experta. También, por qué, ante un panorama que pretende ser de posconflicto, esta mirada tiene que evaluarse para incluir las reconfiguraciones y reapropiaciones que organizaciones y movimientos sociales hacen de dicho conocimiento. Compartiremos la fundamentación y la experiencia que iniciativas y proyectos volcados a la educación para la paz y la innovación en entornos escolares desafiantes, pueden aportarnos a la hora de diseñar estrategias y aplicar metodologías.

Evento: Año de la Libertad – Foro Innovación Educativa y Educación para la Paz en el Posconflicto
Fecha: miércoles, 16 de junio de 2021
Hora: 8:00 a.m. a 12:00 m
Enlace: https://lobby.sar.ruav.edu.co/#/2ZLT62VN79DX 

Mujeres se graduaron de Semillero de Investigación

“Tenemos que seguir en procesos de construcción social que nos permitan construir desde la equidad. Por medio del semillero reafirmo el hecho de que existimos muchas mujeres poderosas y que a partir del amor propio, de la empatía, del empoderamiento, pude entender que juntas podemos hacer cambios sociales. Me quedo con la satisfacción de haber conocido a todas mis compañeras y de reafirmar que podemos seguir en una construcción colectiva de sociedad”.

Así lo manifestó Katherine Ortiz Sánchez, una mujer de 27 años de edad, habitante del barrio Marroquín II del distrito de Aguablanca, una de las 33 mujeres del Semillero de Investigación Aquelarre Ubuntu, promovido por la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle.

Este semillero fue parte de la iniciativa programática regional “Mujeres jóvenes de sectores populares urbanos en América Latina: entre violencias y las oportunidades laborales”, liderada por la FLACSO y el International Development Research Center - IDRC, con el objetivo de replantear estrategias para mitigar el problema de la falta de oportunidades de acceso a mercados laborales de mujeres jóvenes que viven en contextos de violencia y crimen y a su vez entender sus decisiones con respecto a la generación de ingresos en escenarios en los que muchas de ellas son, al tiempo, cabezas de hogar y cuidadoras.

“Este proyecto se inserta en una línea programática que trabaja con mujeres jóvenes vulnerables en diferentes países en Latinoamérica. Nosotros tenemos el capítulo de Cali, en el que trabajamos oportunidades económicas y laborales para mujeres jóvenes en contextos de alta violencia. Nos ubicamos en los territorios donde hay mayor población juvenil vulnerable que son Oriente y ladera. Este semillero se desarrolló en la Zona Oriente con barrios del distrito de Aguablanca”, mencionó la investigadora María del Pilar Castillo, profesora de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas.

A través de este semillero se desarrollaron procesos de investigación con la participación de mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad, estudiantes de la Universidad del Valle y facilitadoras psicosociales, que contribuyan a la construcción conjunta de saberes, reflexiones y análisis de su situación, en un contexto de violencia y desigualdad, y a la generación de estrategias para transformarlas.

En este proceso participaron 50 mujeres entre los 16 y 35 años de edad, habitantes del oriente de Cali quienes participaron en todo el proceso durante tres meses de desarrollo del Semillero. De este total de participantes, 33 finalizaron el proceso de formación que estuvo enfocado en temas relacionados con los derechos humanos, empoderamiento femenino, autonomía económica y toma de decisiones.

“La idea era que estas mujeres en condiciones vulnerables pudieran realizar un ejercicio de reflexión y análisis sobre el rol que cumple la mujer dentro de la sociedad, dentro de un contexto y un territorio, inmerso en el tema de la violencia y el conflicto urbano” señaló Diana Valdés, coordinadora del Semillero..

“La experiencia con estas mujeres ha sido supremamente valiosa, en la medida en que ellas han logrado conocer y capacitarse en temas relacionados como violencias basadas en género y reconocer que en algún momento de su vida han sido víctimas de este tipo de violencia. También pudieron reconocer su red de apoyo más cercana, cómo pueden fortalecer esas redes, tanto comunitarias como institucionales” agregó la investigadora Valdés.

Esta experiencia fue satisfactoria para las participantes, ya que como señala Katherine, les permitió conocer la experiencia de las mujeres que las rodean. “Me di cuenta que aunque mi vida es compleja y tengo muchas realidades, existen otras más densas y que desde nuestras posturas podemos seguir en una construcción de sociedad. Me di cuenta que el ser y estar para las demás es importante y eso nos da una fuerza muy grande”.

Fallece el maestro Jesús Martín-Barbero

Con profundo sentimiento de pesar la Dirección de la Universidad del Valle informa que el 12 de junio falleció el doctor Jesús Martín-Barbero, insigne profesor de nuestra Alma Máter. Las directivas de Univalle y la comunidad universitaria presentan a sus hijos Olga y Alejandro, familiares, colegas y amigos un sentido mensaje de condolencias.

Autor de numerosas obras sobre comunicación, cultura y educación, el maestro de origen español que llegó al país en 1963 y obtuvo después la nacionalidad colombiana, hizo valiosos aportes al pensamiento crítico sobre comunicación y cultura, que hoy nutren teorías y prácticas en América Latina y en todo el mundo por parte de centenares de analistas y expertos de diversas disciplinas del saber.

Jesús Martín-Barbero fue un intelectual universal que le dio sitio a la comunicación entre las ciencias sociales dada su vasta formación como filósofo, semiólogo y antropólogo. Fue gran impulsor de la creación de escuelas de comunicación en el país y de la formación de varias generaciones de comunicadores desde los años 70. Se tituló en la Universidad de Lovaina como doctor en filosofía, en Francia fue alumno de reconocidas figuras como Paul Ricoeur.

Siempre tuvo una mirada esperanzada y positiva sobre el país y Latinoamérica, valoraba el influjo y las potencialidades de lo popular en las opciones de cambio social en el continente. Vio siempre en las culturas populares, y en procesos como el mestizaje cultural, fuentes inagotables de prácticas para el
cambio social que confrontaran los embates de la sociedad de consumo, de influjos de los medios masivos y de modas foráneas. Reconoció en lo popular formas originales y creativas de convivencia que además transforman realidades y permiten, no siempre de manera evidente, oponerse a diversas formas de poder y dominación.

En Univalle, creó en 1975 la Escuela de Comunicación Social que hoy goza de prestigio a nivel latinoamericano por su calidad formativa y su tradición crítica. En la Escuela se han formado realizadores audiovisuales, investigadores, docentes, periodistas y artistas que sobresalen en sus distintos ámbitos laborales.

En los años 70 y 80 del siglo XX, al lado de pensadores como el historiador Germán Colmenares, la escritora Carmiña Navia, Estanislao Zuleta, Augusto Diaz, Gustavo Álvarez Gardeazabal, Lelio Fernández, Harold Martínez y otros, impulsó la formación humanística de muchos docentes que hoy imparten cátedras en distintas universidades de Colombia y del mundo.

En 2012 la Universidad del Valle creó la Cátedra Jesús Martín Barbero, para promover un diálogo con la sociedad y emprender un programa de acciones. Su biblioteca fue donada por la familia a la Escuela de Comunicación Social. Mediante un acuerdo con la División de Bibliotecas clasificada como una colección especial.

Jesús Martín Barbero era cálido, abierto al diálogo y de una sencillez que hacía sentir a todos sus colegas y discípulos comprendidos y reconocidos. Sus exalumnos han publicado en redes sociales y medios masivos cientos de mensajes recordándolo y destacando su invaluable aporte a la formación de varias generaciones de profesionales en ciencias sociales.

¡Hasta siempre, querido maestro!

Comunicado de la Dirección Universitaria

Comunidad Universitaria: En Defensa de los Derechos Humanos.

Desde la Dirección Universitaria y la Vicerrectoría de Bienestar Universitario abrimos un nuevo canal institucional con el fin que la comunidad universitaria: estudiantes, trabajadores y profesores eleven sus denuncias en derechos humanos, persecución y demás acciones en contra de su integridad, en medio de la coyuntura de paro nacional, esto a través del correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Nuestra comunidad universitaria recibirá todo el apoyo institucional y gubernamental. Además, se dispondrá de un equipo jurídico para apoyarlos ante sucesos lesivos que se puedan presentar contra su integridad, honra y buen nombre. Finalmente, hacemos el llamado a las autoridades a respetar el derecho a la protesta social, nuestra comunidad universitaria está en una disposición constructiva y de diálogo en el Valle del Cauca.

Pedimos respeto para nuestros estudiantes, profesores y trabajadores en medio del paro nacional y los actos de movilización de los que disponga la misma comunidad universitaria. Recibiremos sus denuncias para iniciar procesos ante todos los entes nacionales pertinentes y para coordinar acciones de protección de la vida, teniendo presente que, para el 19 de junio del año en curso, daremos inicio a una Mesa Local para promover espacios de derechos, dignidad, y posibilidades para todos y todas.

Edgar Varela Barrios
Rector
13 de junio de 2021

Estudiante de Univalle alcanzó el podio del torneo FISU AMERICA DE AJEDREZ

Laura Domínguez alcanzó el podio del torneo en el tercer puesto de la FISU AMERICA DE AJEDREZ entre 111 participantes mujeres de 12 países de América.

Laura Lucía Domínguez Barrios es estudiante de octavo semestre del programa académico de Estadística, juega ajedrez desde los 4 años de edad. A los 10 años empezó a participar en campeonatos nacionales representando al Valle del Cauca y a sus 11 años fue al primer torneo internacional.

El ajedrez la ha llevado a jugar en diferentes países latinoamericanos como Perú, Bolivia y México, pero también ha recorrido Alemania, Eslovenia y Austria demostrando su talento y representando a nuestro país. 

El “FISU America Chess 2021” tiene como objetivo llegar a todas las federaciones universitarias en nuestro continente americano, y lograr que las y los estudiantes y atletas participen en una competencia deportiva del más alto nivel internacional.

"Cali necesita un verdadero cambio socioeconómico": Director de Cisalva

Adalberto Sánchez, profesor de la Facultad de Salud y director del Instituto Cisalva de la Universidad del Valle, pide nueva apuesta contra la inequidad, la violencia y la pobreza. 

Por: Alfredo García Sierra / Reportero de El País
Tomado de El País

Aunque Cali es una ciudad que se caracteriza por su espíritu deportivo, alegre y cultural, enfrenta hoy una diversidad de problemas que deben resolverse con un fortalecimiento económico y social de largo plazo. Para ello se requiere el apoyo fundamental de toda la sociedad en aras de superar un descontento que lastimosamente desembocó en bloqueos viales, acciones violentas, y hasta en mayor inseguridad, desde hace 45 días.

Este es uno de los llamados que hace Adalberto Sánchez Gómez, director del Instituto de Investigación y Desarrollo en Prevención de la Violencia y Promoción de la Convivencia Social, Cisalva, de la Universidad del Valle, tras analizar lo que está sucediendo hasta hoy.

Según el experto, es clave que las comunidades excluidas se integren a la ciudad con empleo, educación y oportunidades, un papel que deben impulsar la Alcaldía y la Gobernación del Valle junto al apoyo del empresariado, no como un simple costo sino como una inversión.

Cabe recordar que Cisalva, creada en 1995, es una institución referente que ha realizado importantes diagnósticos con el fin de diseñar, ejecutar y evaluar programas, proyectos y metodologías que contribuyan al entendimiento y prevención de la violencia en la capital del Valle.

De hecho, fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud/Organización Panamericana de la Salud (OMS/OPS) por haber sido Centro Colaborador en Prevención de Lesiones y Violencia durante 18 años.

Cali sigue siendo una ciudad violenta y así lo reflejan las cifras: entre enero y mayo los homicidios sumaron 526, superiores a los 401 de igual lapso del 2020. ¿Qué explica ese crecimiento?

El 2021 ha sido un año con muchas distorsiones, entre ellas la situación coyuntural que estamos viviendo. El paro y sus manifestaciones han traído una reacción de varios sectores que ha llevado a eventos como las muertes violentas en la ciudad. Pero definitivamente, el factor económico tiene una alta incidencia en ese comportamiento, pues a mayor crisis y mayor depresión económica, los indicadores de empleo y productividad bajan, e igualmente las tasas de inseguridad sufren por estas condiciones. Vemos una ciudad con una depresión muy marcada, lo cual lleva a condiciones que son propicias para problemas de convivencia en vista de que aumentan las riñas, el consumo de licor y sustancias sicoactivas, que siempre están ligadas a las muertes violentas.

¿Qué hacer entonces frente a este estallido social con violencia, inseguridad y otros factores en Cali?

Tenemos un caldo de cultivo para todo lo que está sucediendo. Y lo que algunos llamarían como la ‘tormenta perfecta’ en la ciudad, con muchos elementos de confusión lo cual hace imposible diseñar estrategias para mitigar rápidamente y esos efectos negativos de los indicadores.

¿No es una vergüenza que mostremos al mundo ese carácter violento, cuando Cali siempre se caracterizó como la urbe de la salsa, el turismo y el deporte?

El fenómeno nuestro también obedece a un fenómeno global. Para nadie es un secreto, y más cuando miramos a un país como Estados Unidos que tiene un gran desarrollo. El año pasado hubo allá una grave crisis social que produjo eventos similares a los que estamos viviendo, con manifestaciones masivas y enfrentamientos entre la población. Eso es algo mundial, y no es simplemente decir que tenemos una cultura de agresividad en Cali. Eso es mucho más complejo, e insisto en que el factor económico juega un papel muy importante.

El mundo actual está viviendo un escenario donde los modelos de alta competitividad generan un individualismo de tipo acumulativo que influye sobre la sociedad en general. Es decir, con más desequilibrios e inequidad, mientras los grupos vulnerables en vez de disminuir, aumentan. Es lo que se observa hoy en nuestra ciudad de manera dramática, pues se trata de población vulnerable que ha crecido frente a la que teníamos el año pasado y en 2019. Eso genera condiciones que van en contra de la seguridad ciudadana y la convivencia como tal.

¿Entonces retrocedimos en el campo social?

Infortunadamente, Cali se ha etiquetado como una ciudad donde se premia mucho la actividad lúdica, que es muy importante. Pero eso ha marcado y dejado una huella de bajo desarrollo. La industria y los sectores productivos, que son la economía del conocimiento, no se han fortalecido en la ciudad. Y aquí cabe un gran llamado a las administraciones locales, pues si bien somos una ciudad abierta y en materia de diversión y deporte, eso hay que complementarlo también con una estructura económica fuerte.

Cali podría ser, por ejemplo, un gran centro, inclusive a nivel latinoamericano, para servicios en salud de alto nivel, lo que generaría mayor estabilidad económica que las mismas industrias de la diversión. Hay que mirar otros horizontes para producir mayor estabilidad en la sociedad con un papel del Estado mucho más fuerte como sucede en los países nórdicos.

¿Por qué fortalecer el Estado, cuando muchos analistas y expertos piensan lo contrario?

Uno de los errores que hemos cometido desde hace unos 40 años es haber desfortalecido el Estado, cuando este juega un papel muy importante en la economía y no para que actúe solo como un regulador silencioso. En países de alto desarrollo, como Corea del Sur y Singapur, donde hay estabilidad, los Estados son fuertes.

En este sentido hay que hacer un llamado a los líderes del Estado, y en nuestro caso al Alcalde y la Gobernadora, para que se conviertan en líderes del desarrollo y piensen en un verdadero plan estructural. Traer más recursos desde el Gobierno para superar esta crisis es importante, pero solo sería un ‘pañito de agua tibia’ para el corto plazo. Los problemas de fondo no se han atacado. En cinco años podría suceder otro estallido social como el actual.

¿Han fallado entonces las políticas locales en materia de desarrollo económico y social en la ciudad?

No han sido políticas continuas. Y eso nos sucede cada cuatro años. Un ejemplo de ello fue cuando hubo el cambio de la administración Armitage a la de Ospina. Fue un ‘borrón y cuenta nueva’ y no hubo ese ejercicio sano de continuidad de lo bueno y corrección de lo que no estaba bien. Los sistemas de Gobierno necesitan cada vez estar mejorando, y no poner solo el espejo retrovisor para endilgar culpas, sino de responsabilidad como tal. Existen la capacidad y los suficientes recursos para generar un cambio.

Cali es una ciudad diversa y que le abre los brazos a todos. ¿No cree que esas migraciones podrían haber sobrecargado al municipio con problemas de otras regiones?

Las fronteras de Cali no son las del Plan de Ordenamiento Territorial, POT, sino que se extienden hacia todo el Suroccidente colombiano. Tenemos incluso hasta la influencia de grupos ilegales mexicanos. Con ese contexto, y cuando la identidad y la idiosincrasia no se arraigan –por la gran mezcla de culturas y de pensamientos— eso trae problemáticas serias.

Pero la pluralidad también es parte de la identidad caleña...

Nos jactamos en Cali de tener un mundo más variado en materia de riqueza cultural, pero sino se canaliza de manera adecuada, eso siempre implicará problemas, y es lo que estamos viendo en las zonas de alta vulnerabilidad entre la Calle 25 y el Jarillón, lo mismo que en las laderas. Esa diversidad poblacional no logra homogenizarse, sino que entra en una condición antagónica con la ciudad raizal. Nos falta una verdadera integración cultural para que todos pensemos por igual en el futuro de Cali, y no en hábitos de manera cerrada que traen tensiones como las de hoy con los bloqueos viales.

¿A qué obedece que la mayor parte de los muertos en hechos violentos en Cali sean de personas jóvenes?

Es la población más vulnerable. Para nadie es un secreto que en ese grupo poblacional hay mayor exclusión, pues muchos jóvenes no pueden vincularse al sector productivo, al no contar con condiciones educativas y de competitividad. Por eso son presas fáciles de los riesgos de inseguridad al vincularse a grupos al margen de la ley para satisfacer sus necesidades económicas. Ese un gran problema que tenemos en Cali.

A propósito, ¿cuál es su percepción frente a las protestas, que derivaron en cada vez más en hechos de violencia y vandalismo alejados de la protesta pacífica?

Hoy tenemos una epidemia no solo del covid, sino una epidemia de la intolerancia. Esta inequidad social ha aumentado esas conductas de intolerancia entre los individuos cuando manejan o van por la calle. No hay empatía, precisamente por esa amalgama cultural que tiene la ciudad. Y hay espejos de esa problemática, incluso en dos ciudades estadounidenses como son Detroit y Pittsburgh, que tuvieron crisis similares a las nuestras por poca inclusión social. Ambas ciudades, sin embargo, tomaron caminos diferentes, ya que mientras Detroit continúa sumida en problemas de inseguridad y criminalidad, Pittsburgh pensó en un nuevo contrato social. Es el escenario de la oportunidad para Cali de recomponer su modelo socioeconómico. Para ello necesitamos una sociedad más solidaria y no solamente caritativa. La sociedad caleña debe apostarle a eso no como un costo, sino como una inversión.

¿Eso significa que Cali requiere un nuevo contrato y un verdadero cambio social y económico para enfrentar ese descontento y la violencia?

Exacto. Y rescatar valores como el civismo, que era característico en la comunidad caleña y del Valle del Cauca. Recuerdo cuando teníamos aquel eslogan de ‘Cali linda, Cali limpia’ y se instalaron los primeros paraderos de buses donde todo el mundo hacía filas ordenadas. Era el civismo que obligaba a la gente a cumplir las normas. Todo eso se perdió y por lo tanto la apuesta es un nuevo contrato social con el que se puede recuperar esa condición de legalidad y de civismo, no pensando de manera individual competitiva, sino cómo vamos a estar todos bien, respetando las diferencias de tipo económico y facilitando los espacios para que otros logren ese progreso. De esta manera, se superará el deterioro de la estructura social de la ciudad.

Usted plantea ese nuevo rumbo, pero en materia educativa, ¿cuál podría ser ese cambio en la ciudad?

Precisamente las grandes economías que han surgido tienen como elemento transversal la educación. Esa apuesta no debe asumirse como un costo, pues siempre se afirma que la educación es algo muy costoso, cuando la realidad es que se trata de una inversión que genera una altísimo retorno. Al contarse con una sociedad más competente hay mayor chance de convertirnos en una sociedad sostenible, menos violenta y con mejor convivencia.

Se requiere mucha capacidad de gestión de los mandatarios...

Por eso, entre más incompetentes seamos, nos veremos abocados a ver lo que sucede hoy en Cali, aunque no es un fenómeno propio de la ciudad. Es algo similar en todas las capitales colombianas donde existe una incompetencia a nivel gubernamental.

Protestas violentas
Ha quedado claro que los violentos han infiltrado las protestas. ¿Esto desdibuja esa manera de reclamarle al Gobierno?

Es un fenómeno bien complejo. Reducir la manifestación a la condición de que algunos quieren aprovechar una situación individual no es el único factor. Creo que se ha interpretado mal este nuevo escenario que vivimos y mi concepto es que se deben solucionar de manera inteligente los problemas; no con represión, sino por la vía del diálogo.